Peter Gotzsche: “El modelo de negocio de las grandes farmaceuticas es el del crimen organizado”

Cofundador de Cochrane Colaboration -organización independiente abanderada de la medicina basada en la evidencia y referencia internacional sobre la eficacia real de los medicamentos- el doctor Peter Gotzsche acaba de publicar una durísima obra de denuncia titulada Medicamentos que matan y crimen organizado en la que califica directamente el comportamiento de la industria farmacéutica de criminal asegurando que su actividad se basa en la corrupción y el soborno. Coautor de cuarenta metaanálisis y revisiones publicadas llega a afirmar de hecho que “el modelo de negocio de las grandes farmacéuticas es el del crimen organizado. Hemos hablado con él.

En solo unos meses han aparecido dos libros sobre el delictivo comportamiento de las grandes multinacionales farmacéuticas -la Big Pharma que dicen los anglosajones- de las que las doce más importantes por volumen de ventas son Johnson & Johnson (EEUU), Pfizer (EEUU), GlaxoSmithKline (Reino Unido), Roche (Suiza), Sanofi-Aventis (Francia), Novartis (Suiza), AstraZeneca (Reino Unido/Suecia), Abbott Laboratories (EEUU), Merck (EEUU) -no confundir con la empresa alemana Merck KGaA-, Wyeth (EEUU), Bristol-Myers Squibb (EEUU) y Eli Lilly (EEUU). Denuncias efectuadas por personas que no son ajenas a la industria sino que la conocen muy bien. De la primera de ellas dimos cuenta en el número anterior de la revista -el 177- entrevistando al psiquiatra norteamericano Allen Frances que fue nada menos que presidente del grupo de trabajo del DSM-IV (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) -la “biblia” de los diagnósticos y tratamientos psiquiátricos- con motivo del libro que acababa de publicar titulado ¿Somos todos enfermos mentales? Manifiesto contra los abusos de la Psiquiatría. Catedrático emérito del departamento de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento de la Universidad de Durham habló extensamente con nosotros y no pudo ser más claro aseverando entre otras muchas otras cosas que “los medicamentos psiquiátricos están siendo salvajemente sobreutilizados en personas que no lo necesitan” y añadiendo sin tapujos que “las multinacionales farmacéuticas se han vuelto más peligrosas que los cárteles de las drogas”.

Pues bien, en esta ocasión hemos hablado con el doctor Peter Gotzsche, profesor de Medicina y Farmacología Clínica de la Universidad de Copenhague, cofundador de Cochrane Colaboration, Director del Nordic Cochrane Center y coautor de cuarenta metaanálisis y revisiones sistemáticas sobre la realización de ensayos clínicos y la eficacia de fármacos que acaba de publicar una obra de denuncia cuyo significativo título es Medicamentos que matan y crimen organizado (Editorial Los libros del Lince). Obra en cuyas primeras páginas ya se enmarca el problema al denunciar que “en Estados Unidos y Europa los fármacos son ya la tercera causa de muerte después de las enfermedades cardíacas y el cáncer” dedicando las siguientes doscientas a explicar en detalle cómo ha llegado a triunfar la política del beneficio sobre la búsqueda de la salud. Algo sobre lo que el autor se expresa de forma contundente: El modelo de negocio de las grandes farmacéuticas es el del crimen organizado”. Rotunda afirmación que Gotzsche justifica en su libro: “La principal razón de que tomemos tantos medicamentos es que las compañías farmacéuticas no venden fármacos, venden mentiras acerca de los fármacos. Esto es lo que hace a los medicamentos tan diferentes a cualquier otra cosa en la vida (…) Prácticamente todo lo que sabemos sobre los fármacos es lo que las empresas han escogido decirnos a nosotros y a nuestros médicos (…) La razón por la que los pacientes confían en su medicamento es que extrapolan la confianza que tienen en sus médicos a los medicamentos que prescriben. Los pacientes no se dan cuenta de que aunque sus médicos pueden saber mucho acerca de las enfermedades, la fisiología humana y la psicología saben muy, muy poco, acerca de los medicamentos que han sido cuidadosamente creados y presentados por la industria farmacéutica (…) Y si usted cree que el sistema no está fuera de control envíeme por favor un email y explíqueme por qué los medicamentos se han convertido hoy en la tercera causa de muerte (…) Si epidemia tan letal hubiera sido causada por una nueva bacteria o virus -incluso solo una centésima parte- ya habríamos hecho todo lo posible para ponerla bajo control”.

Y es que hablamos de un negocio fabuloso. Según IMS Health -líder mundial en la investigación de servicios de salud- se espera que en 2014 la venta total de productos farmacéuticos supere el BILLÓN de dólares (trillion en inglés). Obteniendo solo las 11 mayores compañías del mundo un beneficio neto declarado entre 2003 y 2012 de 711.400 millones de dólares. Cifras astronómicas para una industria que además se gasta la tercera parte de sus ingresos en comercializar sus productos lo que representa casi el doble de lo invierten en investigación y desarrollo. No es de extrañar pues que la industria farmacéutica sea hoy el tercer sector de la economía mundial que mayores beneficios obtiene tras la industria de armamento y el narcotráfico.

Lo que no suele tenerse en cuenta al hablar de ello es que en Estados Unidos -donde tienen su sede seis de las doce compañías más importantes del mundo- la industria obtiene unos beneficios cuatro veces superiores a los de los demás sectores industriales pero es asimismo el que acumula ¡más delitos por estafa al Gobierno. Y no hablemos ya de la gigantesca cantidad de dinero que se gastan en indemnizaciones para evitar ir a los tribunales y comprar así la inmunidad de sus directivos. Eso sí, pagando básicamente a las víctimas norteamericanas de sus fármacos que ya se sabe que los muertos de otros países no cuentan. Es más barato untar a sus dirigentes para que hagan de cortafuegos. Directivos de la industria que encima cobran sueldos multimillonarios; en 2010 por ejemplo 4 de los 10 ejecutivos mejor pagados de Estados Unidos trabajaban en el sector farmacéutico con sueldos de hasta 145 millones de dólares al año.

En fin, lo cierto es que el Dr. Peter Gotzsche conoce muy bien el asunto y accedió amablemente a charlar con nosotros.

PEORES QUE LA MAFIA

-Es evidente que usted no se anda por las ramas, doctor, ya que en su libro compara directamente a las farmacéuticas con las “familias” mafiosas del Chicago de los años treinta…

-Porque tanto las grandes compañías farmacéuticas como la mafia basan parte de sus actividades en el crimen organizado. Solo que las actividades de los gigantes farmacéuticos son mucho peores que las de la mafia ya que la industria farmacéutica mata, a sabiendas, muchas más personas de que las que mató la mafia. Y también roba mucho más dinero de las arcas públicas del que la mafia pudo robar nunca. Otra similitud que podemos encontrar se refiere al comportamiento de la jerarquía. Tanto en la mafia como en las compañías farmacéuticas los grandes jefes prefieren mantenerse ignorantes acerca de los incómodos detalles del negocio… siempre y cuando el trabajo sucio se haga y se asegure un flujo abundante de dinero.

¿Cómo hemos permitido que las multinacionales lleguen a ser quienes decidan sobre la salud de las personas?

-El soborno y otras formas de corrupción son muy habituales para la industria de los medicamentos. Ha comprado prácticamente a todo tipo de personas, incluyendo a ministros de Sanidad y a directivos de las agencias responsables del control de medicamentos. La corrupción está tan generalizada que a veces es difícil encontrar ya expertos independientes que no cobren dinero de la industria. La industria del medicamento se ha vuelto tan poderosa que es como si la mafia en un pueblo lograra comprar prácticamente a todo el mundo con influencias, incluidos los jueces, la policía y el alcalde. En este momento es pues muy difícil introducir las necesarias reformas.

-¿Están por encima del propio estado?

-Mire, una de las compañías farmacéuticas más grandes del mundo, Pfizer, es un claro ejemplo de la falta de justicia actual. Es lo que pasa cuando una corporación se vuelve demasiado rica y poderosa. Las leyes federales de Estados Unidos indican que cualquier empresa declarada culpable de fraude en su marketing debe quedar excluida automáticamente de las compañías nacionales de seguros públicos Medicare y Medicaid. Sin embargo los fiscales del Gobierno decidieron que aplicar la exclusión conduciría al colapso de Pfizer y es una empresa “demasiado grande para quebrar”. Frase que viene a decir que como el impacto de su posible quiebra sería demasiado grande para la economía estadounidense el Gobierno no puede permitirlo. Y es que su facturación anual es mayor que el producto nacional bruto de la mayoría de los países del mundo. Así que en la práctica goza de impunidad. De hecho por eso la exclusión de los programas de Medicare y Medicaid se ha producido solo en un puñado de casos y rara vez se ha planteado en casos relacionados con empresas farmacéuticas importantes.

-Usted recuerda en su obra que las multinacionales se gastan mucho más en promocionar sus productos que en investigación.

-Es que las grandes farmacéuticas realizan muy poca investigación innovadora. La realidad es que la mayoría de los avances en fármacos proviene de laboratorios financiados con fondos públicos y luego las farmacéuticas se apoderan de su desarrollo cobrando por ellos precios auténticamente obscenos. Utilizan su situación de monopolio y extorsionan con ello a la sociedad.

En cuanto a la razón de que la Big Pharma se gaste más en marketing que en investigación es simple: el marketing, que a menudo implica sobornar a los médicos, es mucho más rentable. De hecho medicamentos que no mejoran absolutamente en nada a los antiguos se llegan a vender a precios veinte veces mayores y a convertirse en superventas gracias a sus estrategias de comercialización y a la corrupción instaurada en todo el sistema sanitario.

Corrupción para la que parece necesaria la connivencia, consciente o inconsciente, de los médicos…

-Así es. Varios estudios demuestran que los médicos influidos por las estrategias de marketing -los que por ejemplo aceptan recibir a los vendedores de medicamentos o participar en eventos “educativos” patrocinados por la industria- usan con más frecuencia los fármacos así promocionados que los médicos que no los aceptan. Usan los medicamentos de forma más irracional y recetan los más caros. Mire, la actual comercialización de medicamentos -sobre todo en Estados Unidos- es tan perjudicial para la sociedad como la del tabaco y debería pues prohibirse de la misma manera que se ha hecho con el tabaco. Es una práctica muy poco saludable para los pacientes… y para las economías nacionales.

LAS MULTINACIONALES, JUEZ Y PARTE

¿Y qué opina de las prácticas de opacidad sobe los datos de los ensayos clínicos de las multinacionales?

-Es absolutamente inaceptable que se haya permitido a las compañías farmacéuticas ser sus propios jueces. Diseñan sus ensayos con medicamentos ¡sesgándolos con frecuencia desde el propio diseño! Y encima son los únicos que tienen acceso al conjunto completo de datos. A pesar de lo cual hoy sabemos que a menudo manipulan los datos. Es más, el fraude no es infrecuente. Cuando en ningún otro ámbito social se permite que personas con un conflicto de intereses tan obvio se autojuzguen. A mí no se me permite, por ejemplo, pasar la revisión de mi coche de 16 años argumentando que no es necesario porque ya lo he probado yo mucho más cuidadosamente de lo que otros podrían hacerlo; tengo que llevarlo a que los revisen unos técnicos ajenos e independientes. Como no se me permite presentarme ante un juzgado y decirle al juez que ya he valorado yo mismo todas las pruebas de mi propio caso y lo único que tiene que decidir es si soy culpable o no… atendiendo solo a lo que yo le presento.

Son ya muchos los estudios que indican que no podemos confiar en lo que las compañías farmacéuticas publican sobre sus medicamentos. Exageran por norma sus efectos positivos y minimizan u ocultan los negativos; especialmente los que son letales.

-¿Y no hay modo de afrontar este problema?

-Cambiando la legislación. Los ensayos de los medicamentos los deberían realizar siempre empresas públicas en las que las compañías farmacéuticas no tengan nada que ver. Y luego pagar si están interesadas en adquirir el producto ensayado que debería adjudicarse al mejor postor.

-¿Y cuál es a su juicio el papel que están jugando las publicaciones científicas en la difusión de las mentiras y medias verdades de las multinacionales?

-Las revistas médicas más prestigiosas son parte del problema. He visto muchos ensayos dudosos con resúmenes dudosos o engañosos que son publicados en las mejores revistas. Y no tengo ninguna duda de que la razón por la que los editores permiten que eso suceda es porque mediante la publicación de dichos documentos engañosos ganan mucho dinero para sus propietarios a través de la venta de las reimpresiones que las compañías farmacéuticas hacen sobre su investigación. Así que para evitar la corrupción de la integridad académica los ensayos sobre medicamentos no deberían publicarse en las revistas médicas. Deberían estar disponibles gratuitamente en los sitios web, incluyendo todos los datos en bruto para que los investigadores independientes puedan analizar los datos por sí mismos y comprobar si lo publicado es digno de confianza. Eso es hacer verdadera ciencia: intercambiar datos y estar abiertos a la crítica de investigadores independientes. Algo que lamentablemente no sucede hoy.

¿Y las agencias de medicamentos están realmente protegiendo a los enfermos?

-No suficientemente. Han adoptado una actitud permisiva en lugar de una actitud de cautela. Permiten que demasiados fármacos peligrosos lleguen al mercado arguyendo erróneamente que los problemas de seguridad se pueden gestionar durante su comercialización. Cuando numerosos estudios han demostrado ya que incluso las advertencias de alerta con recuadro negro en el prospecto -propias de Estados Unidos- tienen muy poco efecto sobre la decisión de los médicos al recetar medicamentos. Es más, hay una clara presión política sobre las agencias de medicamentos para que apoyen a la industria con el argumento de que es importante para las exportaciones del país. Además las agencias de control están financiadas mayoritariamente por la industria farmacéutica. Se supone que regulan el sector y velan por la seguridad de los fármacos pero nunca antes ha habido que retirar del mercado tantos medicamentos peligrosos que se estaban comercializando.

Mire, el riesgo de corrupción en las agencias de control es obvio y enorme porque hay miles de millones de euros en juego. Especialmente cuando hay compañías cuya supervivencia depende de que se aprueben determinados medicamentos. De hecho muchas decisiones de los responsables de las agencias de control son difíciles de explicar a menos que asumamos que la corrupción, de una forma u otra, ha desempeñado un papel. A menudo científicos diligentes de la FDA -la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos- fueron apartados por sus superiores a pesar de que su trabajo haya sido impecable. De hecho hace unos años varios científicos de ese organismo escribieron una carta al presidente Barak Obama denunciando que en la FDA la corrupción está generalizada.

-¿Y tienen también las multinacionales poder sobre las decisiones de la OMS como quedó bien claro en el caso de la gripe A?

-Los tentáculos y el dinero de la Big Pharma están en todas partes. Y es evidente que incluso organismos como la OMS están bajo su influencia. Se vio de forma muy clara cuando la epidemia de gripe relativamente leve de 2009 fue declarada pandemia por la OMS. ¡Pero si ni siquiera se permitió saber inicialmente qué personas habían “asesorado” a la OMS sobre el tema! Luego se revelaría lo que todo el mundo sospechaba: que varias trabajaban para la industria.

¿EL OBJETIVO?: MENTIR Y VENDER

-Qué aconsejaría usted a los enfermos a los que se recetan hoy tantos fármacos?

-Para empezar que no acepten tomar medicamentos que hayan salido al mercado en los últimos siete años. La mayoría de los fármacos que son retirados lo son en sus primeros siete años de puesta a la venta. Que ingieran solo los que llevan mucho tiempo en las farmacias porque su seguridad está más testada.

 -Hacia el final de su libro usted afirma textualmente: “Lo que debemos hacer es identificar a los pacientes diagnosticado en exceso y con sobretratamiento, y enseñarles que una vida sin fármacos es posible para la mayoría de nosotros.” ¿Cree realmente que este mensaje de puro sentido común terminará calando en la gente?

-Mire, es indudable que los ciudadanos están siendo sobrediagnosticados y sobremedicados de forma masiva cuando lo más probable es que utilizando menos medicamentos haya más pacientes saludables que vivan más tiempo. Porque todos los fármacos provocan daños; algunos letales. De hecho es triste y penoso pero los medicamentos que se recetan son hoy la tercera causa de muerte tras las enfermedades cardíacas y el cáncer. El problema es que para cambiar esta situación hay que lograr que la industria no tenga absolutamente nada que ver con la “educación” de los médicos, que no se la permita hacer sus propias pruebas y que les se prohíba hacer marketing de sus medicamentos. Los datos sobre su eficacia y seguridad deberían obtenerse exclusivamente en investigaciones independientes.

-Pues no va a ser fácil que la sociedad renuncie a la absurda cultura de “pastillas para todo” por falso y peligroso que sea el paradigma en el que estamos inmersos…

-Cada vez más personas se dan cuenta de que el actual estado de cosas no es bueno. En las encuestas de opinión en las que se ha pedido a los ciudadanos que clasifiquen las industrias en función de la confianza que les merecen las farmacéuticas terminan siempre en los últimos puestos junto a las tabaqueras y los talleres de reparación de automóviles. Los ciudadanos saben muy bien que no se puede confiar en la industria del medicamento pero en general no se dan cuenta de que tampoco deben confiar en los fármacos que su médico les prescribe. Extrapolan la confianza que tienen en su médico a la confianza que tienen en las pastillas que éste les prescribe. No son conscientes de que casi todo lo que sus médicos saben de los medicamentos ha sido preparado cuidadosamente por la industria para engatusarles. Su objetivo es vender mentiras sobre los fármacos.

-En su libro hay un capítulo titulado La intimidación, la violencia y las amenazas para proteger las ventas que comienza así: “Se necesita mucho coraje para convertirse en un ‘soplón’. El sistema es tan corrupto que los que informan sobre los actos criminales de las empresas farmacéuticas se convierten en parias” ¿Se siente usted un “paria” tras la publicación del libro?

-Mi libro ha sido bien recibido hasta en los círculos más conservadores que, por lo general, son bastante amigos de la industria. He recibido recientemente por ejemplo el British Medical Associations Annual Book Award (primer premio) en la categoría Bases de la Medicina a pesar de que la sociedad británica es conservadora y sus asociaciones médicas no son una excepción. Mis colegas, incluidos algunos que cobran de la industria, han recibido de forma muy positiva mi libro. Algunos me han dicho que les gustaría ser tan valientes como yo…. pero yo no me considero valiente, me limito a contarle la verdad a la gente.

La OMS lleva años pidiendo a los estados que integren en los sistemas públicos de salud las medicinas tradicionales y complementarias. ¿Podría ello ayudar a controlar las enfermedades crónicas además de suponer un evidente ahorro del gasto farmacéutico?

-Honestamente, no creo que sea la solución a la actual la “epidemia” de medicamentos y no resolvería la escandalosa situación que denuncio en mi libro.

-No quisiéramos terminar esta charla sin hablar con usted del cáncer ya que esta patología se ha convertido en un gigantesco negocio para las multinacionales. Es incomprensible que los fármacos que los estados financian para tratar esta enfermedad sean tan enormemente caros cuando lo máximo que consiguen -si es que lo consiguen- es prolongar un poco de tiempo la vida de los enfermos…

-La razón de que los medicamentos para el cáncer sean tan extraordinariamente caros no tiene nada que ver con los costes de desarrollo sino con la capacidad de la Big Pharma para extorsionar a las sociedades. Para un político es complicado negarse a financiar un medicamento contra el cáncer, por caro que sea, si los periodistas se dedican a entrevistar en las cadenas de televisión a enfermos llorando por ello. Son como piratas que toman rehenes y exigen después grandes rescates para liberarlos. Y eso que muchos de los nuevos medicamentos contra el cáncer no son mejores que los antiguos que, encima, son bastante más baratos. Aunque lo peor es que a los enfermos no se les cuenta la verdad sobre ellos, que en el mejor de los casos solo les va a alargar unas semanas la vida pero a costa de perder calidad y sufrir calvicie, náuseas, vómitos, dolores, infecciones y otros muchos efectos indeseables. Y es razonable preguntarse si eso es realmente lo que un enfermo quiere. Creo que cuando no se puede hacer ya nada lo mejor es permitir que el enfermo pase en paz las pocas semanas que le puedan quedar de vida.

De hecho cada vez más personas denuncian que hay tratamientos naturales para esta enfermedad mucho mejores y carentes de efectos secundarios negativos que no se recomiendan simplemente porque no dan dinero…. ¿Comparte esa opinión?

-Yo pienso que los médicos están interesados en cualquier cosa que funcione y es poco probable que haya tratamientos naturales de notables efectos beneficiosos que no se usen porque la industria farmacéutica no esté interesada en su desarrollo. A mi juicio encontrar un remedio natural así es como encontrar una aguja en un pajar.

Hasta aquí la entrevista. Es evidente que el doctor Peter Gotzsche ha demostrado gran valentía al publicar un libro denunciando la podredumbre del sistema sanitario, algo ya conocido por nuestros lectores porque llevamos años denunciándola de forma muy amplia como puede comprobarse entrando en el apartado de nuestra web –www.dsalud.com– en el que bajo el epígrafe Fraudes y falsedades en el ámbito médico hemos agrupado los textos en los que se da cuenta de todo lo que explica Gotzsche… y de mucho más (este es el enlace: www.dsalud.com/index.php?pagina=fraudes). La diferencia es que él pertenece al ámbito convencional más ortodoxo de la Medicina y por eso es importante el mérito de sus denuncias pero asimismo explica su desconocimiento respecto a todo lo que no se publica en las revistas científicas y de ahí que ignore la existencia de productos y tratamientos naturales eficaces y carentes de efectos secundarios tanto para cualquier patología como en el caso concreto del cáncer; de hecho sobre este último ámbito nuestra revista ha publicado numerosos artículos -¡más de un centenar- que se hallan agrupados en la web bajo el epígrafe Tratamientos del cáncer al que el lector interesado puede acceder desde este enlace: www.dsalud.com/index.php?pagina=dossier_cancer

Antonio F. Muro

Este reportaje aparece en
178
Enero 2015
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