¿Por qué en España la medicina convencional o farmacológica es la única sufragada por el Estado?

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En muchos países los enfermos pueden elegir libremente entre acudir a un médico convencional o alópata u optar por alguna de las numerosas terapias alternativas existentes… costeándolo la Seguridad Social. En España, no. Aquí ni siquiera se reconocen las terapias ni los títulos de los practicantes de otras formas de entender la salud y la enfermedad que no sea la alópata. La salud está secuestrada por las multinacionales farmacéuticas y el Estado ignora las directrices en ese sentido de la propia Organización Mundial de la Salud.

En China, Corea o Vietnam un enfermo puede disfrutar de una atención médica que combina lo mejor de la medicina convencional con lo mejor de la medicina tradicional. En Japón, Canadá, Estados Unidos, Noruega, Alemania, Australia o el Reino Unido son cada vez mayores las facilidades para que los enfermos puedan disfrutar de algunas de las técnicas de las medicinas no convencionales –es decir, no alopáticas- en los hospitales estatales con algún tipo de cobertura en el seguro sanitario, tanto para tratamientos como para productos. En varios de ellos existen incluso Institutos Nacionales de Investigación de Medicina Tradicional.

La situación en esos países es un ejemplo. En España, sin embargo, la política sobre las medicinas complementarias y alternativas de los distintos gobiernos que se han sucedido en el Palacio de la Moncloa se ha caracterizado sin más por el desprecio a sus posibilidades terapéuticas; eso sí, sin dejar de aprovechar su práctica alegal como fuente de ingresos fiscales. Una política estúpida que ha permitido a muchas personas que se autodenominan terapeutas tras haber seguido un cursillo -la mayor parte de las veces sin entidad y que, por tanto, carecen de la mínima formación exigible- abrir consultorios de las más diversas terapias.

Y lo malo es que difícilmente pueden entenderse las reticencias, dificultades y persecuciones que a estas alturas sufre la práctica de la medicina complementaria o alternativa en nuestro país. Es evidente que el Gobierno de Aznar, tan seguidista del pensamiento norteamericano, ignora completamente el peso y la consideración que dentro de la estructura sanitaria del mismo Estados Unidos están adquiriendo las medicinas alternativas. Por ignorar, hasta ignora las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), fuente de infalible sabiduría… sólo cuando interesa.

Y, sin embargo, el extenso documento Estrategia de la OMS sobre Medicina Tradicional 2002–2005 supone una auténtica defensa de las posibilidades terapéuticas y de los beneficios económicos que se derivarían para la sociedad si se legalizara y extendiera la práctica de las medicinas alternativas. Un documento del que nuestro Gobierno hace caso omiso. En cuanto a la oposición -también en el limbo en este caso- ni siquiera se plantea el asunto como argumento de debate político.

Claro que un simple vistazo a la lista de países que han contribuido a la redacción del documento permite entender nuestra peculiar posición, sobre todo respecto de otros de similar desarrollo económico: no estamos en ella. Los estados miembros que han contribuido al mismo han sido Alemania, Armenia, Australia, Bélgica, Canadá, China, Dinamarca, Estados Unidos, Ghana, Holanda, India, Indonesia, Irán, Italia, Japón, Nigeria, Noruega, Pakistán, Reino Unido, República de Corea, Suecia, Tailandia, Vietnam y Zimbawe. Cabe añadir, en cualquier caso, que sólo 25 de los 191 estados miembros de la OMS han desarrollado políticas sobre la Medicina Tradicional o las Medicinas  Complementarias y Alternativas.

Y conviene empezar diciendo que para la OMS el concepto de Medicina Tradicional es sinónimo de Medicina Complementaria y Alternativa. Lo que ocurre, sencillamente, es que la OMS utiliza el término Medicina Tradicional cuando se hace referenciaa África, Iberoamérica, el sudeste asiático y el Pacífico occidental y el de Medicina Complementaria o Alternativa al referirse a  Europa, Norteamérica y Australia. Pero son, en suma, términos que se refieren a lo mismo: las medicinas o terapias no convencionales o alopáticas.

En cuanto a lo que abarcan, el documento de la OMS lo define como aquellas “prácticas, enfoques, conocimientos y creencias sanitarias diversas que incorporan medicinas basadas en plantas, animales y /o minerales, terapias espirituales, técnicas manuales y ejercicios aplicados de forma individual o en combinación para mantener el bienestar, además de tratar, diagnosticar y prevenir las enfermedades”. Y entre ellas incluye a la Medicina China, el Ayurveda, la Naturopatía, el Unani, la Osteopatía, la Homeopatía, la Quiropráctica y las técnicas de Shiatsu, Hipnosis, Sanación, Meditación, Yoga y Qigong.

En definitiva, para la OMS la realidad de esas terapias es un hecho que -en sus propias palabras- “suscita un amplio abanico de reacciones, desde el entusiasmo no crítico hasta el escepticismo no informado”, por lo que considera necesario implementar toda una estrategia política, económica, informativa, etc., para contribuir a su desarrollo e implantación allí donde aún no está reconocida oficialmente. Por ejemplo, España. Un paso no sólo fundamental sino que constituye una auténtica bomba de relojería para los engranajes del actual sistema industrial sanitario-farmacológico ya que el documento reconoce la eficacia para la salud hasta de las terapias espirituales y mentales.

TENDENCIA IMPARABLE

La OMS también reconoce que, aunque queda un largo camino por recorrer, es la propia población mundial quien está provocando un uso cada vez más amplio y creciente de las medicinas alternativas a pesar de las “excelencias” cantadas de la medicina convencional o farmacológica. De hecho, el documento explica que la Medicina Tradicional /Alternativa es la más utilizada en la práctica  totalidad de los países en vías de desarrollo, algo que atribuye a que sus prácticas son a veces “la única fuente asequible de atención sanitaria, especialmente para los pacientes más pobres del mundo”.

La OMS reconoce también, sin embargo, que “varios informes gubernamentales y no gubernamentales” indican que “el porcentaje de la población que ya ha utilizado la Medicina Complementaria o Alternativa es de un 46% en Australia, un 49% en Francia y un 70% en Canadá”. Añadiendo que “ una encuesta realizada entre 610 médicos suizos demostró que el 46% de ellos la había utilizado, principalmente la Homeopatía y la Acupuntura”.

Las causas de este despunte de las medicinas alternativas en los países del Primer Mundo los atribuye la propia OMS a la preocupación de sus ciudadanos por los efectos adversos de los fármacos, al mayor acceso del público a la información sobre salud y al hecho de que se conciban las medicinas alternativas como un medio menos agresivo que la medicina alopática para tratar las enfermedades crónicas. A ello podría añadirse que la Medicina Tradicional/Alternativa es una forma de atención rápida y barata, y que los usuarios de los sistemas sanitarios son cada vez más conscientes del fracaso de muchas de las actuales terapias convencionales. Se considera también que las medicinas alternativas tiene menor riesgo y sus terapeutas ofrecen una atención de calidad.

Una realidad con la que los integrantes de nuestro ultraortodoxo sistema sanitario -desde el más prestigioso investigador o médico hasta el último miembro de la nómina del último ambulatorio de nuestro país- deberían mostrarse al menos respetuosos. Por desgracia, en la mayoría de los casos no es así. Claro que no es extrañar porque quienes marcan la política sanitaria desde las universidades han decidido esconder la cabeza debajo del ala o en un agujero.

CAMBIOS NECESARIOS

La verdad es que en el largo camino hacia la equiparación con la medicina alopática las otras medicinas encuentran muchos escollos. Entre ellos, el tiempo que deberá transcurrir hasta que se asimilen los nuevos conceptos y enfoques sobre la salud, y se produzca la necesaria modificación de las políticas sanitarias de los distintos estados miembros. Algo más que una aventura.

En el mencionado documento de la OMS se puede leer: “Son pocos los países que han desarrollado una política sobre Medicina Tradicional y/o Medicina Alternativa o Complementaria (sólo 25 de 191). Aún así, dicha política ofrece una base sólida para definir su papel en el aporte sanitario nacional  asegurando que se creen los mecanismos normativos y legales necesarios para promover y mantener una buena práctica, que el acceso sea equitativo y que se asegure la autenticidad, seguridad y eficacia de las terapias. También puede ayudar a asegurar una provisión suficiente de recursos económicos para la investigación, educación y formación”.

Para la OMS, las consecuencias positivas del desarrollo de políticas nacionales para incorporar las medicinas alternativas son claras:“Facilitará el trabajo sobre temas globales tales como el desarrollo e implantación de normas y pautas internacionalmente aceptadas para la investigación sobre su seguridad y eficacia, el uso sostenible de plantas medicinales y la protección y uso equitativo de los conocimientos sobre medicina indígena y tradicional”. Otra ventaja será la creación de sistemas nacionales de inspección para controlar y valorar los efectos adversos de esas medicinas: “A pesar de que muchas terapias de la Medicina Tradicional/Alternativa tienen un potencial prometedor y se utilizan cada vez con más frecuencia muchas no están suficientemente probadas y su uso no está controlado. Como resultado, los conocimientos sobre los posibles efectos secundarios son limitados. Esto hace que la identificación de las terapias más seguras y eficaces y la promoción de su uso racional sea más difícil. Si la Medicina Tradicional/Alternativa ha de promoverse como fuente de salud es esencial hacer el esfuerzo necesario para fomentar su uso racional e identificar las terapias más seguras y eficaces”. Esfuerzo necesario porque según el documento de la OMS “la investigación sobre la Medicina Tradicional/Alternativa ha sido inadecuada dando como resultado una opacidad en los datos y un desarrollo inadecuado de la metodología. Esto, a su vez, ha ralentizado el desarrollo de normativas y legislaciones para estas medicinas”.  Claro que las acusaciones sobre la falta de verificación de la calidad o seguridad de estas terapias las hacen quienes deberían encargarse de procurar hacerlo… y, en lugar de ello, lo impiden.

A este respecto, la ministra de Sanidad y Consumo Ana Pastor debería explicar a los españoles qué medidas tomó tras recibir del Parlamento Europeo la recomendación de llevar las Medicinas Alternativas y Complementarias tanto a las Facultades de Medicina como a los hospitales. O qué se ha hecho por alentar a los médicos a que estudien en el ámbito universitario las medicinas complementarias. La respuesta a ambas cuestiones es la misma: nada. Claro que sólo desde el silencio es posible mantener la atmósfera de semiclandestinidad en la que sobreviven  quienes practican en España las medicinas alternativas mientras se fomenta la falacia de que no está probada aún su eficacia o su seguridad.

Pues bien, la “dejadez” –por no decir otra cosa- de las autoridades sanitarias no se le ha pasado por alto a los redactores del documento de la OMS: “La escasa actividad de investigación también ha ralentizado el desarrollo de pautas nacionales para asegurar la seguridad y la calidad de las terapias y productos de estas medicinas. En particular, la falta de dirección e información técnica ha impedido el desarrollo de normativas y registros de las medicinas elaboradas con hierbas. Esto, a su vez, ha ralentizado el desarrollo de, por ejemplo, sistemas de vigilancia nacionales para controlar y valorar la incidencia de sucesos adversos. El hecho de que sólo se haya informado de un 3%  en 771 casos de fármacos falsos a la OMS en abril de 1997 implicadas en medicinas elaboradas con hierbas es un reflejo de este bajo nivel de control en lugar de ser una indicación de los escasos efectos adversos de las mismas. No sorprende pues que las revisiones hayan mostrado que se han realizado muy pocos, pequeños e inadecuadamente controlados ensayos clínicos (…) No respaldar la investigación en esta área durante los últimos años ha dado como resultado una falta de datos y de desarrollo de una metodología para evaluar la seguridad, la eficacia y la calidad de la Medicina Tradicional/Alternativa”.

Es decir,que una y otra vez el equipo de expertos detecta en cada uno de los apartados falta de voluntad política y un déficit de actuaciones que ahora tratan de corregir diseñando una estrategia a medio plazo de la que, evidentemente, nos estamos quedando fuera.

LA ESTRATEGIA DE LA OMS 

La OMS quiere acabar con la desidia gubernamental y por eso ha decidido “alentar a los gobiernos a reconocer la importante contribución que determinadas formas de la Medicina Tradicional/Alternativa pueden hacer para mejorar y mantener la salud”. Agregando que  “ayudará a los estados miembros a desarrollar e implementar políticas y normativas nacionales sobre la Medicina Tradicional/Alternativa además de fomentar formas seguras y eficaces de medicina tradicional indígena de acuerdo con las guías de la OMS. La OMS también facilitará que se comparta información entre diferentes países sobre estas medicinas”.

En suma, la estrategia de la Organización Mundial de la Salud sobre la Medicina Tradicional o Alternativa comprende cuatro objetivos:

1) Incrementar la accesibilidad de las medicinas alternativas entre la gente.
2) Fomentar su uso terapéutico.
3) Lograr su integración en los sistemas de salud nacionales.
4) Fomentar su seguridad, eficacia y calidad difundiendo los conocimientos básicos sobre ellas y ofreciendo directrices sobre normas y estándares.

Pues bien, ninguno de estos cuatro objetivos de la OMS les ha sido explicado públicamente a los españoles a los que se quiere seguir convenciendo de que sólo hay una única manera de entender la salud y la enfermedad. La Estrategia de la OMS sobre Medicina Tradicional 2002–2005 no es ningún documento secreto pero ninguna autoridad española -ni política ni sanitaria- ha hecho nada hasta ahora para que transcienda. Secreto, no; ignorado, sí. Nuestros políticos  -gobierno y oposición- se encuentran a meses de una nueva cita electoral. ¿Tendrán el coraje político de superar el miedo, sus propios intereses y reflejar en sus propuestas políticas este documento? Ya ha transcurrido un año en el que nada se ha hecho pero las cosas podrían cambiar. ¿Quién podrá ahora seguir discutiendo la validez de lasmedicinas alternativas?

 

Antonio Muro

 


 

Creciente popularidad de las medicinas alternativas

El documento Estrategia de la OMS sobre Medicina Tradicional 2002-2005 reconoce abiertamente la creciente popularidad y uso de las medicinas alternativas y explica que muchosgobiernos “están respondiendo ante su creciente uso” desarrollando ya normativas para regularlas y seguir así la senda marcada por 24 países. “Además –dice el documento-, el cada vez mayor número de institutos de investigación nacionales sobre medicinas alternativas en los países en vías de desarrollo es también un signo de su creciente importancia. Ejemplos destacados podemos encontrarlos en China, Ghana, la República Popular Democrática de Corea, la República de Corea, India, Malí, Madagascar, Nigeria, Tailandia, Indonesia, la República Popular de Laos, Sri Lanka y Vietnam”.

En cuanto a la situación en los países desarrollados, se comenta:“Las reacciones ante la popularidad de las medicinas alternativas se está haciendo cada vez más amplias. En 1995 el parlamento noruego examinó cómo estas medicinas podían incorporarse mejor al servicio sanitario noruego. Pero la provisión de medicinas complementarias y su uso también se ha revisado oficialmente en el Reino Unido (…) En ese país el aumento en las oportunidades de formación y educación en medicinas alternativas refleja el creciente interés en este tipo de atención sanitaria. A los estudiantes de Medicina también se les ofrecen cursos de medicinas alternativas y la proporción de escuelas médicas que ofrecen esos cursos subió de un 10 a un 40% entre 1995 y 1997.”

El texto analiza también la situación en Estados Unidos: “Gran número de escuelas médicas cuenta ya con clases y programas electivos de medicinas alternativas.En 1992 el Congreso estableció una Oficina de Medicinas Alternativas en los Institutos Nacionales de Salud cuyo mandato se vio ampliado en 1999 al convertirse la oficina en el ‘Centro Nacional de Medicina Complementaria y Alternativa’. En el año 2000 se creó también la llamada ‘Comisión de la Casa Blanca sobre Medicinas Alternativas’ que se encargó del desarrollo de un grupo de recomendaciones legislativas y administrativas para maximizar los beneficios de esta medicina para el público en general. Cuenta con diez miembros, incluyendo senadores y expertos.”

Finalmente, el recorrido por la actualidad de las medicinas alternativas regresa a Europa: “La Unión Europea -explica el informe de la OMS- ha completado recientemente un proyecto denominado ‘Cooperación europea en el campo de la investigación científica y técnica’ (COST) sobre medicina no convencional. Y en 1999 el Parlamento Europeo pidió a los estados miembros que fomentasen el reconocimiento oficial de las medicinas alternativas en las facultades de Medicina a fin de alentar su uso en hospitales y animar a los médicos alópatas a estudiar este tipo de medicina en el ámbito universitario”.
 

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Noviembre 2003
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