¿Por qué los estudiantes españoles de Medicina solo aceptan la convencional y farmacológica?

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En octubre de 2013 el Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM), presunto órgano de representación de los estudiantes de esta disciplina en España, comunicó públicamente a la sociedad que estaban solo a favor de la medicina convencional -es decir, de la fundamentada básicamente en las estadísticas y el uso de fármacos paliativos y iatrogénicos- y en contra de las medicinas tradicionales y alternativas o complementarias que avala y apoya la propia Organización Mundial de la Salud. ¿Cómo se explica tamaño dislate? ¿Poseen los estudiantes conocimientos suficientes como para adoptar posturas tan radicales y acientíficas? ¿Quiénes están detrás de una decisión tan absurda e irracional impropia de personas de mente abierta y carentes de prejuicios?

En octubre de 2013 se celebraron en la Universidad de Lérida las LXX Jornadas Estatales de Estudiantes de Medicina durante las cuales el denominado Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM) aprobó un documento titulado Posicionamiento contra las terapias alternativas sin evidencia científica en el que los “representantes” de los estudiantes se posicionaron abiertamente contra las terapias tradicionales y alternativas avaladas por la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) alegando falsamente “la falta de evidencias científicas de su eficacia y el hecho de que suelen estar basadas en premisas que contradicen el conocimiento científico actual”. Lo que a cualquier persona mediadamente informada y formada le hace preguntarse cómo es posible que unos simples estudiantes de escasos conocimientos osen manifestarse públicamente en contra de la propia esencia de la profesión para la que pretenden formarse. Porque con su displicencia demuestran no saber NADA de la Historia de la Medicina y mucho menos de los débiles fundamentos de lo que hoy se llama tan pomposa como falsamente la “medicina basada en la evidencia” y que en realidad es sobre todo una medicina basada en la estadística (ni siquiera se basa en una aceptable evidencia clínica). De hecho cualquier estudiante medianamente inteligente se preguntaría por qué tantas decenas de miles de médicos formados en universidades de todo el mundo -muchos de ellos profesionales con un amplio bagaje vital y profesional, algunos ejerciendo desde hace décadas- han asumido la fundamentación, utilidad y eficacia de las mismas si realmente no funcionaran. ¿Se consideran quizás más “listos” que esos miles de médicos universitarios con amplia experiencia y mucho más formados que ellos? Porque si así fuera demostrarían que es su ignorancia y estrechez de mente lo que les ha llevado a actitudes tan prepotentes y soberbias. Salvo que se trate solo de jóvenes bienintencionados a los que se ha manipulado de forma lamentable.

En fin, la verdad es que una postura tan huérfana de fundamentos solo se explica porque han asumido el absurdo modelo médico impuesto hace unas décadas por la industria farmacéutica en casi todo el planeta y que, ante todo, se caracteriza por afirmar que existen miles de enfermedades de las que en el 99% de los casos se ignoran las causas y solo pueden pues paliarse con fármacos tan ineficaces como iatrogénicos. Un modelo que tiene un solo objetivo: hacer de la salud un gigantesco negocio y asegurarse de que además sea un monopolio infiltrando abiertamente en gobiernos, organismos, universidades y colegios médicos a sus bien pagados testaferros.

LOS “ARGUMENTOS” ESTUDIANTILES

El Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina -su pronunciamiento puede consultarse íntegramente en http://esmateria.com/wp-content/uploads/2013/10/POSICIONAMIENTO-DE-TERAPIAS-ALTERNATIVAS-SIN-ENVIDENCIA-DEMOSTRADA.pdf- afirma sobre la medicina convencional: “La adopción sistemática de la MBE (Medicina Basada en la Evidencia) en la práctica clínica ha sido responsable de la gran mejoría de la calidad asistencial que ha experimentado la medicina en los últimos años, no sólo a nivel técnico y científico sino también a nivel humano”. Y sobre las medicinas alternativas -que denominan “no científicas”- que consisten en “diversos procedimientos empleados con el fin de curar a las personas que no pertenecen al campo de la medicina convencional y carecen de denominador común, excepto la falta de evidencias científicas de su eficacia y el hecho de que suelen estar basadas en premisas que contradicen el conocimiento científico actual”.  Definición “sui generis” a la que añaden que “dichas medicinas alternativas suponen un problema de salud ya que no se ofrece al paciente el tratamiento con más evidencias científicas en el momento actual sino que se le ofrecen en su lugar medicinas sin estas evidencias con posibles efectos secundarios no conocidos lo que llevará en numerosas ocasiones a agravar el pronóstico del paciente y dificultar su tratamiento”.

Y por si tanto argumento demagógico no fuera suficiente los estudiantes se permiten dar lecciones de ética a los médicos formados en ellas y que las practican en sus consultas diciendo: “Realizar un procedimiento cuya eficacia y seguridad se desconoce, y más aún cuando está demostrada su ineficacia o la existencia de alternativas claramente superiores supone una clara vulneración de los principios éticos de beneficencia y de no maleficencia”. Agregando como remate una alusión normativa: “La legislación española, a través de la ley 41/2002 que regula la autonomía del paciente, establece que para otorgar su consentimiento informado, indispensable para la realización de cualquier acto médico, ‘los pacientes tienen derecho a conocer, con motivo de cualquier actuación en el ámbito de su salud, toda la información disponible sobre la misma’, y que dicha información ‘será verdadera, se comunicará al paciente de forma comprensible y adecuada a sus necesidades y le ayudará a tomar decisiones de acuerdo con su propia y libre voluntad”. Grandilocuentes palabras llenas de buenas intenciones que cualquiera suscribiría si no fuera porque los argumentos dados demuestran un alto grado de cinismo ya que la llamada “medicina basada en la evidencia” incumple los propios principios que dice defender y pretende abanderar porque ni está científicamente fundamentada, ni a menudo se sostiene éticamente su práctica, ni respeta los derechos más básicos de los enfermos. Y si alguien lo duda le invitamos a leer en nuestra web -www.dsalud.com– los numerosos artículos que hemos publicado explicándolo, algunos de los cuales referenciamos en el recuadro adjunto.

LA MEDICINA ACTUAL NO ES CIENTÍFICA

En suma, los estudiantes defienden como única opción “válida” la que denominan “medicina basada en la evidencia” porque creen -¡qué ingenuidad!- que es realmente la única científicamente fundamentada. Es decir, basada en datos estadísticos obtenidos mediante los conocidos ensayos clínicos, bien in vitro, bien con animales o personas; ensayos que se suponen serios, rigurosos e independientes… algo que como en esta revista se ha denunciado amplia y documentadamente es muy a menudo FALSO.

De hecho la afirmación de que solo los llamados “ensayos clínicos aleatorizados” avalan la utilidad o eficacia de un producto, tratamiento o protocolo es una falacia. No hay mejor y más contundente evidencia que proponerle algo a un paciente y ver que éste mejora o se cura. Eso sí que es pura evidencia. Claro que eso es algo que no logran normalmente los productos y tratamientos convencionales porque casi todos son sintomáticos o paliativos -es decir, alivian u ocultan temporalmente los síntomas- y no se dirigen a la causa del problema. ¿Y por qué? Pues porque dicen ignorar la causa del 99% de las llamadas “enfermedades” (“etiología idiopática” es el nombre con el que designan su absoluto desconocimiento de las causas). Además a la industria no le interesa curar a los enfermos: lo que quiere es que la enfermedad sea crónica para que la persona tenga que tomar fármacos que le alivien durante largos periodos de tiempo; si es posible, durante toda su vida. Curar no es negocio.

En otras palabras, los médicos convencionales aseguran que no pueden curarse las patologías que tratan y les molesta mucho que alguien pueda hacerlo… y encima con productos o tratamientos naturales no iatrogénicos que no han sido patentados. Y no es una afirmación que hagamos nosotros: la vienen haciendo desde hace décadas investigadores y expertos de todo tipo -profesionales de la salud, biólogos, químicos, farmacéuticos, etc.-, incluidos médicos de enorme prestigio a los que desde entonces se ha arrinconado cuando no perseguido. Para muestra un botón: Des Spence publicó al pasado 3 de enero de 2014 -¡nada menos que en el British Medical Journal-  una demoledora declaración en la que afirmaba con rotundidad: “La medicina basada en la evidencia está rota” (este es el enlace: www.bmj.com/content/348/bmj.g22); añadiendo: “¿A cuántas personas le preocupa que la actual investigación esté contaminada por fraudes, falsos diagnósticos, datos a corto plazo, regulación casi nula, cuestionarios que no se pueden validar y resultados estadísticamente significativos pero clínicamente irrelevantes? Los expertos médicos que deberían supervisarlo están en el ajo. Incluso el Instituto Nacional de Salud y Buenos Cuidados y la Colaboración Cochrane no excluyen autores con conflictos de interés que pueden tener agendas predeterminadas Los fundamentos de la medicina basada en la evidencia están corruptos, abandonados a su suerte por académicos y reguladores”.

Breve y contundente párrafo que resume las ideas claves con las que Des Spence descalifica en su artículo la “moderna” medicina actual aseverando -como en esta revista mantenemos desde hace años- que las “evidencias” en las que dice apoyarse son estadísticas y no clínicas; es decir, que la relación entre un determinado producto o tratamiento y los supuestos efectos que logra no es directa sino indirecta y circunstancial. Denunciando que las asociaciones estadísticas pueden dirigirse en una u otra dirección a conveniencia de quienes realizan los estudios. Y todos sabemos que quienes los realizan son precisamente las empresas interesadas en vender los productos que testan. Luego la credibilidad de los estudios estadísticos es hoy muy escasa por no decir nula. A menudo sirven para decir una cosa… ¡y la contraria!  El procedimiento no es objetivo y desde luego no puede calificarse  de “científico”. Así que utilizar esos estudios como arma arrojadiza contra las medicinas naturales es, sencillamente, ridículo.

Y por si fuera poco se obvia el hecho de que si no hay estudios sobre los productos o tratamientos naturales es porque son muy costosos y no son patentables. ¡Por eso no se hacen! Pero, claro, de esto no dicen ni una palabra ni la industria, ni los médicos que controlan los colegios, ni las agencias del medicamento, ni los organismos dominados por la gran industria, ni muchos de los adoctrinados médicos convencionales y estudiantes.

ROTUNDO FRACASO

En suma, la actual medicina “moderna” no cumple con criterios científicamente aceptables y a pesar de ello no solo defiende a ultranza el caduco modelo en el que se basa sino que encima desprecia, descalifica, difama y censura cualquier otro. Una actitud que resulta aún más lamentable si tenemos en cuenta que la medicina moderna occidental es responsable de millones de muertes provocadas por los tratamientos farmacológicos que defiende y la brutal deshumanización de los sistemas sanitarios de hoy día en los que profesionales, atrapados en una visión acrítica de la salud y sin apenas levantar la vista de sus ordenadores, se limitan a menudo a prescribir a los enfermos fármaco tras fármaco para paliar síntomas ante la actual avalancha de “enfermedades” que no comprenden, cuya causa desconocen y, por tanto, no saben afrontar eficazmente.

De hecho si la Organización Mundial de la Salud insiste hoy tanto en pedir a los gobiernos que incluyan las medicinas tradicionales y alternativas en sus sistemas sanitarios se debe al evidente fracaso de la medicina farmacológica y a la incapacidad económica para sostenerlos porque cada vez hay más enfermedades, más enfermos, mayor consumo de productos y un mayor coste siendo ya tal el problema que son insostenibles.

Y hay más: basta consultar los datos del Instituto Nacional de Estadística para comprobar que en España mueren ¡más de 400.000 personas al año! mientras están siendo tratadas en los hospitales (más de 100.000 de ellas por cáncer). Muchas de las cuales entraron en esos centros públicos con problemas menores -normalmente puntuales y agudos- que se transformaron en ellos en crónicos y degenerativos a causa del absurdo e irracional uso sistemático de radiaciones y fármacos iatrogénicos, herramientas casi únicas a la que los médicos recurren hoy dada su  manifiesta incapacidad para afrontar de manera inteligente y eficaz la mayoría de los problemas de salud.

En este sentido se pronunció en su día el Dr. Carlos Ponte -presidente y fundador de la plataforma No, gracias– en un documento en el que ese colectivo propuso la adopción de medidas para cambiar el actual modelo sanitario: “Ni la Medicina es tan eficiente como pretende, ni tiene capacidad para explicar la mayoría de los nuevos problemas e interrogantes. Todo apunta a que estamos en tiempos de cambio, en la transición de los viejos paradigmas a otros diferentes de carácter holístico, sistémico, sustentados en la ecología profunda. Quizás el reto fundamental”.

Solo que para lograr eso hay que poner antes en su sitio a la industria farmacéutica -la tercera más poderosa del mundo tras las armas y el narcotráfico- y a sus testaferros en los centros de poder. Algo harto difícil por lo que solo cabe llevarla una y otra vez a los tribunales, denunciar sus prácticas y manipulaciones  y, sobre todo, explicar a la gente que la actual medicina convencional ortodoxa y farmacológica falsamente presentada como “medicina basada en la evidencia” no tiene en el 99% de los casos solución a sus problemas de salud y por eso los médicos se limitan a recetar fármacos meramente paliativos que suelen agravar el problema inicial.

LA MEDICINA “MODERNA” ES INCOMPATIBLE CON LA ÉTICA MÉDICA

Es más, la medicina “moderna” es incompatible con la ética médica. Como ya explicamos hace ahora dos años en el reportaje que con el título La ética médica en el banquillo apareció en el nº 134 de la revista -puede leerlo en nuestra web: www.dsalud.com– basta analizar el comportamiento global de la profesión médica en relación con las normas éticas que ella misma elaboró para constatar que no sólo incumple sus propios códigos sino que ese incumplimiento es consustancial con la situación actual de la profesión y con las condiciones que han hecho posible su hegemonía. Y es que es imposible hablar sin sonrojarse de “medicina científica” o de “respeto a la ética” cuando se sabe que la industria farmacéutica financia el 70% de los estudios clínicos y al menos la tercera parte de la investigación pública, que el 90% de lo que invierte lo dedica a problemas de salud que solo afectan al 10% de la población porque es el que tiene mayor poder adquisitivo y para ella esto es simplemente un negocio, que sólo un 14% de sus beneficios se dedica a investigación y el 32% a marketing, que los Centros para el Control de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos tiene un programa especial para condicionar económicamente a las ONGs y que el Servicio de Inteligencia Epidemiológica de esos CDC tiene miles de agentes de información y control infiltrados en instituciones estatales e internacionales, fundaciones privadas y medios de comunicación, que existe un número creciente de altos cargos públicos con intereses y poder en empresas privadas farmacéuticas, que la propia Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) estadounidense recibe “donaciones” -léase sobornos- de las empresas a las que se supone controla y no ha dudado en utilizar incluso a las fuerzas especiales de asalto para hostigar a los terapeutas alternativos y que el 75% de los trabajos publicados en las revistas científicas más prestigiosas los ha financiado la propia industria… cuando no los ha escrito su propia gente pagando luego en muchos casos a profesionales de “prestigio” para que pongan su firma debajo (fenómeno éste ampliamente denunciado y difundido que se conoce como ghostwritting).  A lo que se añaden los mecanismos de censura mediante el sistema peer review, los sobornos a médicos -problema endémico y escandaloso denunciado ampliamente hasta por algunas de las principales revistas médicas de élite: New England Journal of Medicine, British Medical Journal o el Journal of American Medical Association– y el hecho de que el llamado “consentimiento informado” no es en realidad sino un instrumento legal que tiene como objetivo fundamental cubrir las espaldas de los médicos ante posibles reclamaciones. “Consentimiento informado” que a menudo se resume en una advertencia como ésta: “O firma usted aquí y me libera de cualquier responsabilidad ante lo que pueda pasar o no le atiendo”; porque es a esa exigencia de impunidad a lo que se llama “consentimiento informado”.

En suma, puede afirmarse que los “argumentos” sobre ética así como las alusiones legales del Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM) antes citados constituyen simplemente un insulto a la inteligencia. De hecho Farmacritixs, otro colectivo de estudiantes de Medicina que no debe sentirse precisamente representado por el CEEM, mantiene una posición manifiestamente opuesta: “La enorme hegemonía adquirida por este sector económico (la industria farmacéutica) no se ha debido sólo a su capacidad de innovación (que en realidad ha disminuido progresivamente) sino que se ha basado en gran medida en prácticas no legítimas como la manipulación del sistema de patentes, el control de la investigación, la formación médica y las publicaciones científicas, la compra de voluntades políticas, académicas y profesionales, el marketing engañoso, la invención de enfermedades y un largo etcétera”. Una declaración tan valiente como honesta.

EL CEEM CONTRA LA OMS

De hecho, ¿cómo se atreven los miembros del CEEM a hablar de ayudar al paciente “a tomar decisiones de acuerdo con su propia y libre voluntad” cuando exigen mantener fuera de los programas de estudio y de la práctica médica enfoques, terapias y métodos, algunos de las cuales incluso reconoció en su día como eficaces el llamado Grupo de Terapias Naturales creado por el Ministerio de Sanidad y Consumo para estudiar su posible regulación en España? Es más, su pronunciamiento choca con las recomendaciones de la propia OMS que, como antes adelantamos, aboga desde hace años por incorporar las medicinas tradicionales y alternativas a los sistemas sanitarios y a los estudios universitarios. De hecho recientemente publicó un documento titulado Estrategia de la OMS sobre Medicina Tradicional 2014-2023 en el que reconoce su creciente importancia en el mundo afirmando que ello “exige ya su integración en los sistemas de salud”. Documento que considera otros sistemas de investigación y valoración tan válidos como los ensayos clínicos dejando luego constancia de la enorme cobertura que las medicinas tradicionales y alternativas poseen en determinados países; como China, India, Vietnam o Corea del Sur en los que se atiende con ellas a cientos de millones de personas y donde las mismas están integradas en los sistemas oficiales y en los centros universitarios. Y no solo en los países orientales porque la propia OMS reconoce que en cuarenta estados miembros se incluyen ya entre los estudios superiores y que 73 países poseen institutos de investigación sobre esas disciplinas. Es más, un estudio coordinado por K. von Ammon en 2012 desvelaba que 145.000 médicos y 160.000 terapeutas no médicos ejercen las medicinas tradicionales y alternativas en la Unión Europea (léase en nuestra web –www.dsalud.com– el artículo que con el título La OMS insiste en que se regulen las medicinas tradicionales y alternativas apareció en el nº 170).

Así que mientras la OMS apuesta por “el fomento de la cobertura sanitaria universal a través de la integración de la medicina tradicional y complementaria en la prestación de servicios de salud (…) asegurando que los usuarios puedan tomar decisiones con conocimiento de causa en lo que concierne al cuidado de su propia salud” el colectivo que dice representar a los estudiantes de Medicina en España,  carentes de conocimientos y experiencia pero que se creen mucho más listos que las decenas de miles de médicos que las ejercen, se pronuncia en contra. ¡Realmente patético!

Claro que ya en 2011 se posicionaron contra el documento elaborado por el Ministerio de Sanidad y Consumo titulado Análisis de situación de las terapias naturales en España a cuyas conclusiones dedicaron apenas dos cortos párrafos: uno para decir que las terapias naturales son muy variadas y difíciles de clasificar y otro para recordar que “aunque estas terapias suelen considerarse más inocuas que las de la medicina convencional se han conocido casos de interacciones, sobredosis, toxicidad o malas manipulaciones que pueden originar eventos adversos”. Tal fue el escueto resumen que hizo el CEEM de las seis apretadas páginas de las conclusiones del informe, sin duda porque en ellas había frases muy incomodas que evidentemente se negaron a reproducir para sus “representados” en un ejercicio de censura más propio de otros tiempos y regímenes.  Frases como éstas: “Los niveles actuales de evidencia podrían ser valorados como suficientes para justificar su utilización en determinadas situaciones clínicas”; “la evidencia actual resultante de la lectura crítica de las revisiones sistemáticas publicadas sugiere que la acupuntura es un tratamiento efectivo”; “en cuanto a su seguridad los estudios realizados demuestran que es un tratamiento relativamente seguro”; “los medicamentos homeopáticos, en diluciones extremadamente altas, utilizados bajo la supervisión de profesionales se consideran seguros; la ocurrencia de eventos adversos severos es muy improbable y se han comunicado escasas complicaciones asociadas a su consumo”; “la manipulación espinal osteopática puede ser beneficiosa en pacientes con dolor lumbar inespecífico agudo o crónico”; “en general, un aspecto positivo de muchas de estas terapias naturales es el alto grado de satisfacción manifestado por los usuarios de las mismas”.

Sin comentarios. Hay actitudes que se definen por sí mismas.

FABRICANDO MÉDICOS OBEDIENTES

Llegados a este punto la pregunta a hacerse es obvia: descartando que se trate de apresuramiento juvenil o de que el CEEM esté compuesto por un puñado de insensatos ignorantes, ¿qué ha impulsado a esos estudiantes a realizar tan desatinado pronunciamiento? Pues no es difícil de colegir: basta con saber quiénes están detrás. Y es que aunque el CEEM acordó en abril de 2012 no recibir financiación de la industria tras la asociación de estudiantes hay multinacionales farmacéuticas, empresas de equipamiento médico, aseguradoras, empresas privadas de formación y “sociedades científicas” -la mayor parte creadas por la propia industria-; las mismas que conforman el establishment de la profesión médica. En pocas palabras, quienes más tienen que perder si las recomendaciones de la OMS se llevan a la práctica y, por tanto, quienes han decidido por ello controlar la formación -léase manipulación y deformación- de los futuros médicos. De hecho hablamos de quienes han impuesto los planes de estudio en las facultades de Medicina y de quienes en España se encargan de la llamada “formación continuada”. Es más, hasta se dedican a crear cátedras -dotándolas económicamente-, a apoyar a candidatos asilvestrados que presidan los colegios médicos, las facultades y las asociaciones científicas, a colocar testaferros en cargos clave de las administraciones públicas y privadas, a promocionar investigadores dóciles y a sobornar galenos para que receten los fármacos que fabrican hasta en patologías para las que no se han testado ni aprobado… entre otras muchas cosas. Y es que siempre hay médicos ambiciosos que aceptan seguir sus directrices y consignas.

¿Lo duda? Pues sepa que entre la lista de patrocinadores de los estudiantes se encuentra por ejemplo Generación Elsevier, perteneciente al grupo de Reed Elsevier, editor y proveedor de información que trabaja en sectores científicos y médicos pero también en marketing, capital de riesgo y financiación con sedes en Londres y Amsterdam y que cotiza en las principales bolsas de valores del mundo; su influencia es tal que publica más de dos mil revistas científicas, algunas tan importantes como The Lancet y Cell. De modo que no hay dudas sobre lo que significa su declaración en la web: “Generación Elsevier nace con la voluntad y el compromiso de apoyar al estudiante de Ciencias de la Salud durante toda su etapa formativa”. ¡Y obviamente no se trata de gente altruista sino de gente que mira por su negocio!

Entre quienes también apoyan al CEEM figuran dos organizaciones privadas relacionadas con la formación: el Curso MIR Asturias -que se “vende” como curso privado de preparación de alto rendimiento centrado en el trabajo intensivo del opositor en la dirección de máxima rentabilidad de cara al MIR- y el Grupo CTO, organización privada con actividad de formación en investigación científica -incluyendo igualmente la preparación para el MIR-, desarrollo tecnológico y ámbito sanitario; especialmente en Madrid, Cataluña, Valencia y Andalucía.

El elenco de patrocinadores lo completan -directa o indirectamente- la correduría de seguros Uniteco Profesional, fabricantes de productos médicos o diagnósticos, como Littmann, Siemens, Becton Dickinson, Qiagen, Menarini, Alere o Biomerieux y, por supuesto, los grandes laboratorios farmacéuticos: Janssen, Novartis, MSD, Bristol-Myers Squibb, Gilead, Roche, Viiv Healthcare, Astra Zeneca, Boehringer Ingelheim, Pfizer, Takeda, Glaxo y Abbvie; algunos a través de sociedades científicas como la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC), la Sociedad Española de Neurología (SEN), la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) y la Federación Española de Enfermedades raras en cuya web ésta afirma ser “la voz de más de tres millones de personas en España” aunque más bien es la voz de Johnson and Johnson, La Caixa y Bankia.

No se olvide además que según la Plataforma Tecnológica Española la industria farmacéutica financia desde 2001 el Fondo de Investigación Biomédica del Instituto de Salud Carlos III que a su vez financia a más de once mil investigadores en casi trescientos centros adscritos a áreas como la oncología, la neurología, las enfermedades infecciosas y cardiovasculares y los trasplantes.

En definitiva, que con semejantes patronos el comunicado estudiantil se cierre con declaraciones como “el derecho del paciente a la protección de su salud se encuentra por encima de todo” es indignante.

UNA ENTREVISTA INCÓMODA

Terminamos indicando que en 2011 tuvimos conocimiento de que el CEEM pretendía elaborar una guía sobre “terapias complementarias y pseudociencias” por lo que quisimos entrevistar sobre tan peculiar iniciativa a su presidente, Iñigo Noriega y nos pusimos en contacto con él el 6 de septiembre. Tras varios meses de silencio insistimos y el 15 de noviembre nos respondería que estaba a nuestra entera disposición, le explicamos la dinámica que proponíamos para la entrevista y nos contestó con un breve “perfecto” quedando a la espera de nuestro cuestionario. Unos días después le enviamos las preguntas entre las que incluimos varias sobre la opinión del CEEM respecto a las medicinas tradicionales y alternativas así como sobre su inclusión en los planes de estudio y en los cursos organizados ya en distintas universidades y casi un mes después recibimos un correo en el que nos comunicaba simplemente: “Estamos elaborando la respuesta entre toda la Comisión Ejecutiva”; añadiendo que irían enviando las respuestas poco a poco. Sin embargo transcurrieron semanas sin recibir nada por lo que cinco meses después preguntamos si se nos iba a contestar o no recibiendo el 9 de mayo de 2012 un correo firmado por Federico Pérez que se presentó como nuevo presidente y se comprometió a enviar las respuestas en una semana. Y de nuevo pasaron los días, las semanas y los meses sin que recibiéramos nada por lo que inferimos que no tenían en realidad la más mínima intención de responder. Era evidente que su buena disposición había desaparecido; sin duda en cuanto vieron que nuestras preguntas no iban en la habitual línea complaciente de la mayoría de los medios de comunicación.

No obstante, al saber que había vuelto a elegirse un nuevo presidente, Juan Pablo Carrasco, nos dirigimos a él en un nuevo intento y a primeros de mayo nos mandaría un correo en el que se mostraba “encantado” de responder a nuestras preguntas que ampliamos obviamente tras conocer el pronunciamiento del CEEM sobre las terapias alternativas. El nuevo presidente estudiantil aceptó contestar antes del 7 de mayo pero el 18 no habíamos recibido nada así que insistimos y pocos días después Carrasco se excusó explicándonos que los exámenes habían retrasado sus respuestas y que nos las enviaría el 22 por la noche. Pues bien, ya en junio, llegado el momento de entregar este reportaje, seguíamos sin recibir respuesta alguna. En suma, tres presidentes estudiantiles que en un principio se mostraron “encantados” de respondernos cambiaron totalmente de actitud al recibir simplemente las preguntas. Juzgue el lector lo que vale la palabra de todos ellos.

Jesús García Blanca
Recuadro:


La medicina basada en la evidencia… NO EXISTE

He aquí algunos de los artículos publicados en Discovery DSALUD que ponen en entredicho la llamada Medicina basada en la evidencia y que reflejamos según su cercanía en el tiempo:

168 Manipulación, falsificación y censura en las revistas científicas de élite.
163 La experimentación con animales es tan cara como inútil.
163 Nuevo varapalo a la credibilidad de la industria farmacéutica.
155 ¡El fraude científico es cada vez mayor!
153 Férreo control de la salud mundial por la gran industria farmacéutica.
147 El mito de la Medicina basada en la evidencia.
139 William Rea: “A los médicos se nos ha ocultado la causa de la mayoría de las enfermedades”.
134 La ética médica en el banquillo: del Juramento Hipocrático a la Declaración de Ginebra.
134 Las agencias reguladoras de medicamentos las controla la propia industria farmacéutica.
133 La Medicina: ¿ciencia o pseudociencia?
131 Durísimas acusaciones de John Virapen contra la industria farmacéutica.
128 La política sanitaria mundial la determina un grupo de agencias estadounidenses.
127 ¿La Medicina convencional se basa en la ciencia… o en el engaño?
121 ¿Son realmente independientes las agencias reguladoras de fármacos y alimentos?
101 José Antonio Campoy: “El actual paradigma médico está muerto”.
84 Las multinacionales se inventan enfermedades para vender fármacos.
82 Investigación médica: nuevos escándalos dejan en entredicho a las revistas científicas.
80 Las multinacionales farmacéuticas controlan gran parte de las asociaciones de enfermos.
75 La credibilidad de la industria farmacéutica, bajo mínimos.
65 Los tratamientos médicos son ya ¡la primera causa de muerte!
64 Revistas científicas: las “biblias” de la clase médica.
62 ¿A qué se debe la actual ignorancia médica? ¿A falta de información… o a la censura?
55 ¡Matías Rath: “Son las multinacionales farmacéuticas las que controlan el mundo”.
55 ¿Por qué en España la medicina convencional o farmacológica es la única sufragada por el Estado?
50 Mitos y realidades de la industria farmacéutica.
50 La corrupción del sistema sanitario.
47 Ghislaine Lanctôt: “El sistema sanitario es una verdadera mafia que crea enfermedades y mata por dinero y poder”.
47 ¿Existe la medicina “científica”?
46 El negocio de la enfermedad.
39 Arturo O’Byrne:La medicina convencional tiene los días contados”.

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Septiembre 2014
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