¿Por qué se financian unos métodos para dejar de fumar y no otros de similar o mayor eficacia?

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El tabaco mata o provoca graves enfermedades por lo que no se entiende que sea legal. Y es que los cigarrillos contienen 600 sustancias venenosas y su humo más de 4.700 componentes tóxicos de los que al menos 53 son cancerígenos. Dejar de fumar es hoy, pues, una necesidad. El problema es que fumar es ya una dependencia calificada por la OMS como “trastorno mental y de comportamiento” por lo que no se entiende que el estado sufrague los parches de nicotina y no otros métodos de similar o mayor eficacia.

Las cifras provocan escalofrío. Cinco millones de personas mueren cada año por enfermedades relacionadas con el consumo de tabaco según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).Su director general, Lee Jonk-Wool, confirma que provoca la muerte de una persona cada 6,5 segundos. De ellas, más de 60.000 en España. Y lo peor está por llegar porque la OMS prevé que en torno al 2025 se alcanzarán los 10 millones de muertes relacionadas con el tabaquismo con lo que el fenómeno alcanzará la consideración de epidemia. Una epidemia, por otro lado, evitable y prevenible aunque, por desgracia, amparada por los gobiernos. Basta pues de demagogia. Sólo en España el Estado ingresa cada año ¡más de 8.000 millones de euros! en concepto de impuestos por el tabaco… lo cual explica muchas cosas. Pero no todas si se tiene en cuenta que, según un estudio realizado en el año 2001 por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, los costes sanitarios directos generados por el consumo de tabaco en sólo seis enfermedades -cáncer de pulmón, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, asma, enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares y bajo peso al nacer- de las 25 con las que se relaciona al tabaco se estiman entre 2.600 y 3.700 millones de euros al año. Por lo que si sumamos los gastos que ocasionan las otras 19 enfermedades provocadas o agravadas por el tabaco no es precisamente amplio el margen de “beneficio” que le queda al Estado. Luego, ¿a qué otros intereses -no estrictamente económicos quizás- está cediendo nuestro gobierno cuando permite que un producto tóxico y letal siga siendo consumido legalmente incluso en lugares públicos? Planteada esta cuestión -a principios del mes de julio- a responsables del Plan Nacional de Prevención y Control del Tabaquismo del Ministerio de Sanidad y Consumo no conseguimos obtener respuesta ni a ésta ni a otras preguntas. Nuestra demanda de información -hecha telefónicamente y vía e-mail- fue ignorada por completo. ¿Es que hay algo que ocultar? ¿Por qué no es conveniente que se hagan preguntas? ¿Por qué no es conveniente que se conozcan las respuestas? Esta actitud sólo nos hace suponer quemientras nada cambie el del tabaquismo seguirá siendo un grave problema de salud pública a la vez que un multimillonario negocio legal lo que demuestra la falta de principios y de escrúpulos de la mayoría  de nuestros representantes políticos. Además, ¿por qué se financian unos tratamientos anti-tabaco y no otros de similar o mayor eficacia?

EL TABACO MATA

¿El tabaco “puede matar”?No: el tabaco mata. De hecho, mata a la mitad de sus usuarios habituales. Lo demuestran miles de estudios epidemiológicos en los que queda claro además que es el causante de uno de cada tres cánceres. La asociación tabaco-cáncer es una realidad apoyada por miles de investigadores especialmente en los casos de cáncer de la cavidad oral (labios, boca, lengua y garganta), laringe, faringe, esófago, vejiga y riñones pero, sobre todo, del cáncer de pulmón. Ya en su informe 586 la Organización Mundial de la Salud declaraba que “el riesgo de cáncer de pulmón se multiplica por 25 o 30 entre la población de fumadores con respecto a los no fumadores”. Y en otros informes se especifica que el 85% de todos los casos de cáncer de pulmón pueden atribuirse al consumo de tabaco. Últimamente también se ha encontrado una relación de causa-efecto entre el tabaco y el 30% de los casos de cáncer de páncreas.

Solo que además de cáncer el tabaco provoca más de 25 enfermedades graves, especialmente cardiovasculares y respiratorias además de muerte súbita. En este sentido, según varios estudios avalados por la OMS el consumo de tabaco es el principal factor de riesgo en la enfermedad cardiovascular. Y dan cifras: el30% de los infartos de miocardio los provoca el tabaco, porcentaje que llega al 50% entre las personas de menos de 40 años.Afirman también que el tabaco es responsable del 79% de los casos de la llamada Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica y de un porcentaje similar en los de enfisema pulmonar y bronquitis.

También se ha comprobado que la sola acción de fumar produce un aumento de la tensión arterial sistémica que dura 15 minutos y una elevación de la frecuencia cardiaca de 10 a 15 pulsaciones por minuto. Y si quien fuma ese cigarrillo es una mujer embarazada a estos datos hay que sumar el hecho de que se produce inmediatamente un aumento de la frecuencia cardiaca fetal de 130 a 180 latidos por minuto, el riesgo de aborto, la posibilidad de un desprendimiento prematuro de la placenta, la probabilidad de un parto prematuro, que el bebé nazca con poco peso o, incluso, que provoque su muerte. Además, también en el caso de las mujeres el tabaquismo reduce la fertilidad e incrementa el riesgo de menopausia precoz y de osteoporosis.

Y hay más: la Asociación Médica Británica ha publicado un estudio según el cual sólo en el Reino Unido alrededor de 120.000 hombres sufren impotencia como consecuencia de su adicción al tabaco; la Universidad de Kentucky (Estados Unidos) indica que los hombres fumadores tienen menos capacidad reproductora ya que algunas sustancias contenidas en los cigarrillos acaban con el plasma seminal; expertos de la Universidad de Leeds (Reino Unido) afirman que el tabaco puede producir daños en las células y cambios en el sistema inmune que aumentan el riesgo de contraer leucemia; científicos del Centro de Prevención y Control de Enfermedades de Estados Unidos afirman que el tabaco es la principal causa del 50% de las enfermedades de las encías; y expertos de dos hospitales de Merseyside (Reino Unido) afirman que quien fuma una cajetilla de cigarros al día tiene un riesgo 13 veces mayor de padecer artritis reumática. Y lo dicho no es sino una pequeña muestra de la cantidad ingente de estudios que advierten de la peligrosidad del tabaco. ¿No le parecen razones suficientes para plantearse dejar de fumar de inmediato?

LO QUE EL TABACO ESCONDE

Lo que quizás no sea conocido por muchos españoles es que, por sí sólo, el tabaco mata cada año en España a más del doble de las personas que mueren en ese mismo periodo a causa del sida, los accidentes de tráfico y las drogas ilegales… conjuntamente. De hecho, es la primera causa aislada de mortalidad, morbilidad e invalidez evitable de nuestro país. Sólo este dato bastaría para hacer reflexionar pero añadimos otro: nuestro Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo estima que 10 millones de jóvenes españoles no llegarán a cumplir los 50 años porque morirán de forma prematura por enfermedades provocadas o agravadas por el tabaco.

¿Y qué contiene para resultar tan letal? Pues alrededor de 600 ingredientes y aditivos secretos–tal afirmó Alan Milburn cuando era ministro de Salud británico- aunque otros estudios hablaban recientemente de ¡1.200!. Entre ellos, la sucrosa, el ácido cítrico, el polonio 210 (muy nocivo para los pulmones), el plomo, el amoniaco y más de 4.700 compuestos tóxicos de los que al menos 53 pueden provocar cáncer, según denuncia la Asociación vida sin tabaco. Además, según la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica cada bocanada de humo de un cigarrillo contiene dos millones de radicales libres, moléculas responsables del proceso de oxidación y envejecimiento prematuro de las células lo que debilita los pulmones y los hace más vulnerables a los microorganismos causantes de infecciones.

¿Y cómo se explica que, sabedores de que lo es, los fumadores no abandonen tan peligroso vicio? Pues en muchos casos porque el tabaco ha anulado su independencia. Y es que éste es el único producto de consumo disponible en el mercado diseñado exclusivamente para crear adicción y mantenerla en el tiempo (también es el único que acaba matando a la mitad de sus usuarios). De hecho se ha constatado que la capacidad de la nicotina para generar adicción es cinco veces superior a la de la heroína por lo que llega un punto en el que la persona no fuma porque quiere sino porque, aunque no se dé cuenta, se ha convertido en un ser dependiente.

Dicho lo cual hay que recordar que el peligro del tabaco alcanza también a los llamados fumadores pasivos ya que éstos, al inhalar el humo, se intoxican con el óxido de cadmio que contiene.

Pues bien, todos estos datos son públicos y conocidos por las autoridades políticas y sanitarias de los distintos países. Por eso roza el sarcasmo que los gobiernos de todo el mundo sigan permitiendo su comercialización sabiendo que resulta tan dañino. Aunque lo que es ya absolutamente deleznable es que el Estado permita que la industria tabaquera -que para seguir manteniendo su nivel de ingresos necesita incorporar 8.000 fieles cada día en todo el mundo- siga legalmente tendiendo sus redes, especialmente entre los más jóvenes (según datos del Plan Nacional de Prevención y Control del Tabaquismo 2003-2007 en nuestro país se empieza a fumar con tan sólo ¡13 años!). Ni se entiende tampoco que sea tan sencillo para estos jóvenes comprar cigarrillos y que siga estando permitido fumar en lugares públicos cerrados cuando la propia OMS lo desaconseja en el artículo 8 del Convenio Marco para el Control del Tabaco suscrito por los 192 estados-miembros -entre ellos España- en 2003 y que supone un instrumento jurídico internacional para el control mundial del tabaquismo. En ese documento, además, se dice textualmente que “los cigarrillosy algunos otros productos que contienen tabaco están diseñados de manera muy sofisticada con el fin de crear y mantener la dependencia”,que“muchos de los compuestos que contienen y el humo que producen son farmacológicamente activos, tóxicos, mutágenos y cancerígenos” y que “la dependencia del tabaco figura como un trastorno aparte en las principales clasificaciones internacionales de enfermedades” (la dependencia del tabaco está reconocida como un trastorno mental y del comportamiento tanto en la Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud como en el Manual de Diagnóstico y Estadísticas de la Asociación Americana de Psiquiatría). Sin comentarios.

TRATAMIENTOS ANTITABACO

Bueno, pues si tras leer lo dicho se decide a dejar de fumar sepa que tiene a su alcance distintos métodos. Por ejemplo, puede conseguir en las farmacias chicles o parches de nicotina que proporcionan pequeñas dosis de esa sustancia para ir reduciendo lentamente la adicción y el organismo se deshabitúe poco a poco. Eso sí, es aconsejable que sea un médico quien prescriba la dosis y duración del tratamiento que puede ser de hasta un año según los casos. Y lo decimos porque existen contraindicaciones absolutas durante la utilización de estos métodos. Así, está contraindicado en pacientes con úlcera de estómago, cardiopatía isquémica no controlada y patologías importantes de la piel. Claro que la contraindicación más absoluta es que -según un equipo de la Facultad de Medicina de la Universidad de Standford (Estados Unidos)- esos parches pueden producir en algunos casos cáncer y estrechamiento de las arterias. Al menos se lo produjo a los ratones de laboratorio con los que se experimentó. Además, estos productos con nicotina resultan poco efectivos y se estima que sólo un 22% de los fumadores que intentan dejar de fumar con este método lo consigue.

Otra posibilidad habitualmente prescrita es la de tomar un antidepresivo: Bupropion. Se trata de un fármaco que provoca una inhibición de la absorción neuronal de norepinefrina, serotonina y dopamina aumentando su concentración en la sinapsis neuronal. Esta deplección de mediadores parece ser la causa del síndrome de abstinencia de la nicotina con lo cual lo que se logra con su ingesta es hacer desaparecer -o disminuir- los síntomas de la carencia de nicotina en el organismo.Sólo que se trata de un tratamiento que hay que seguir durante meses y, entre otros efectos secundarios, provoca insomnio en 3 de cada 10 personas así como sequedad de boca y náuseas. Y sólo resulta efectivo en el 42% de los casos aún combinándolo con los parches de nicotina.

ALTERNATIVAS EFICACES PARA DEJAR DE FUMAR

Existen en cualquier caso otras técnicas de contrastada eficacia y resultados inmediatos que además carecen de efectos secundarios negativos. Eso sí, las tendrá que pagar porque -inexplicablemente- el Estado sólo subvenciona los tratamientos sustitutivos de la nicotina y el Bupropion. Sepa, en todo caso, que merece la pena la inversión. Nos referimos a la Hipnosis, a la Acupuntura y, en el seno de ésta, a la Laserpuntura.

Eso sí, ante todo debe convencerse de que puede dejarlo. Ésa es la clave para conseguirlo. No se autoengañe diciéndose “No puedo hacerlo” o “Ya es tarde para dejarlo”. Y sea igualmente consciente de que necesita de su voluntad para lograr el objetivo dado el doble componente de la adicción. Porque por un lado está la adicción física que genera la nicotina y que se debe a que actúa sobre el sistema dopaminérgico cerebral que regula las sensaciones de placer y genera la necesidad del fumador de administrarse nuevas dosis (el tabaco incrementa la capacidad de concentración y la memoria y reduce el estrés… y ésa es precisamente una de las cosas que engancha al fumador). El otro componente de la adicción es el hábito de fumar, la asociación que el fumador hace del tabaco y determinadas situaciones y/o estados emocionales. Y son precisamente esas asociaciones las más difíciles de romper ya que la dependencia física de la nicotina dura apenas una semana. La deshabituación es pues la clave del éxito y para conseguirlo sólo se precisa voluntad.

Por eso la hipnosis suele resultar muy efectiva. Eso sí, las técnicas hipnóticas que se utilizan son variadas. El hipnólogo puede limitarse a implantar en el cerebro, por ejemplo, la aversión por el tabaco. O llevar al fumador a identificar el tabaco con sensaciones desagradables hasta el punto de que si intenta volver a fumar sufre náuseas, dolor de cabeza u otras molestias que le disuaden. El método depende del hipnoterapeuta. Aunque la mayor ventaja es que se puede indagar si a nivel inconsciente hay alguna causa para la adicción y resolverla terapéuticamente.

En cuanto a la Acupuntura hay quienes aseguran que puede lograrse en una sola sesión de entre 20 y 45 minutos que el fumador sienta indiferencia hacia el tabaco. La clave está en que la aplique un buen profesional. Si es así en menos de una hora es posible eliminar la necesidad física de fumar y la dependencia de la nicotina. Especialmente si el tratamiento se hace utilizando Laserpuntura. Así actúa el llamado sistema Action Laser del que ya hemos hablado en otras ocasiones en la revista(vea en nuestra web -www.dsalud.com- los reportajes publicados en los números 19, 24 y 43). Probablemente sea la técnica para dejar de fumar con los resultados de éxito más altos del mercado: un 79% según un estudio realizado por expertos de la Universidad de Valladolid, porcentaje que se amplía hasta el 85% en la casuística recogida por los médicos que habitualmente emplean esta tecnología. “Usamos el láser de diodo -nos comentaría el doctor Íñigo Sánchez Urbina que lo aplica en la clínicas Láser Vida y Centro Clínico Menorca, ambas en Madrid- porque atraviesa la piel y estimula los centros energéticos del cuerpo que señala la Medicina china. Así, siguiendo un protocolo perfectamente definido de acupuntura aplicamos energía en dichos puntos. En unos casos para estimularlos y en otros para inhibirlos. De esa forma, normalmente se consigue eliminar la adicción física a la nicotina en dos sesiones de media hora que posteriormente son reforzadas por otra que ya sólo dura unos cinco minutos”. Eso sí, el doctor Sánchez Urbina aclara que el resultado fisiológico es la eliminación de la adicción física a la nicotina. “Para la deshabituación el paciente debe poner de su parte -continúa el doctor-pero hemos observado que el hábito desaparece con la dependencia física. Simplemente, a la persona no le apetece fumar y no lo hace”. Asimismo, como experto en Nutrición que es, recomienda a sus pacientes seguir una dieta donde abunden la vitamina C, los antioxidantes, la fibra y el agua a fin de ayudar a la desintoxicación del organismo. También es conveniente hacer algo de ejercicio, actividad que además de beneficios para nuestra salud aporta un interesante sistema de refuerzo motivacional. “Con este método tan rápido -prosigue- se consigue que hasta el 85% de las personas dejen de fumar. No conozco otro método que ofrezca ni siquiera la mitad de resultados positivos de forma rápida e inocua. Considero que sería muy interesante que hubiera al menos un láser de este tipo en cada provincia española en algún hospital público para que todo el que decidiera dejar de fumar lo pudiera hacer de forma gratuita y sencilla. Pero me consta que las propuestas de los propietarios de los derechos de Action Laseren España no han obtenido ninguna respuesta por parte de las autoridades sanitarias de nuestro país”.

Cuando le preguntamos si la razón de esta negativa podría ser el alto coste económico de implantar un láser antitabaco en un hospital de cada una de las 52 provincias españolas el doctor Sánchez Urbina lo negaría: “No. El coste sería de tan sólo 300 millones de las antiguas pesetas, una nimiedad si se tiene en cuenta lo que ganarían los ciudadanos en salud y lo que se ahorraría la Seguridad Social en tratamientos que, en el mejor de los casos, sólo logran una efectividad del 42%. Las razones han de ser otras, desde luego”.

En resumen, una vez más resulta difícil comprender la actitud de nuestros políticos que no sólo se muestran especialmente permisivos con un producto que mata, enferma y discapacita a millones de personas sino que, además, se niegan a facilitar a sus ciudadanos el acceso gratuito a métodos que, además de ser inocuos, podrían contribuir eficazmente a evitar esas situaciones. Y se entiende menos cuando el propio Plan Nacional de Prevención y Control del Tabaquismo 2003-2007 elaborado por el Ministerio de Sanidad y Consumo dice pretender promover todo tipo de estrategias que eviten los estragos del tabaquismo, a la que considera una “enfermedad crónica”. Entre esas estrategias se definen algunas informativas, legislativas, fiscales y educativas que, de una forma o de otra, se han puesto en marcha desde enero de 2003. Pero, ¿qué ocurre con las estrategias asistenciales y sanitarias de las que también habla el plan? ¿Se van a limitar a tratamientos poco efectivos o de peligrosos efectos secundarios? ¿Es eso todo lo que puede esperar del Estado alguien que decida dejar de fumar y necesite ayuda?

L. J.

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Septiembre 2004
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