Proliferan los libros de denuncia sobre el sistema sanitario

Son cada vez más numerosos los libros que denuncian ya abiertamente el lamentable sistema sanitario actual, absolutamente obsoleto y corrompido. Médicos, físicos, químicos, farmacéuticos, biólogos, naturópatas y periodistas de todo el mundo han mirado tras el telón que ocultaba la trastienda y tras comprobar atónitos lo que había detrás han empezado a dar a conocer a la opinión pública tantos datos que hasta ahora se mantenían en secreto que el sistema empieza a resquebrajarse. Hemos decidido pues dar un breve repaso a algunas de las obras más significativas en ese ámbito para dar a conocer su existencia al público. Ha llegado la hora de que la gente sepa toda la verdad.

Los sistemas sanitarios de la mayor parte del mundo están hoy, si no gobernados, sí al menos controlados por las multinacionales farmacéuticas que han logrado imponer los medicamentos como punto de referencia de todo tratamiento médico. ¿La consecuencia? El número de “enfermedades” aumenta. El de enfermos también. Y los médicos se sienten cada día más impotentes porque son incapaces de ayudar a los pacientes a resolver sus problemas de salud. En suma, el sistema sanitario, además de estar a punto de colapsar porque la avaricia de la industria farmacéutica lo ha hecho económicamente inviable, se halla gravemente enfermo. Y la porquería que lo envuelve empieza a salir a la luz. Lo demuestra, entre otras cosas, la cantidad de libros críticos que en los últimos años han aparecido, algunos de una dureza inusitada. Y que empiezan a preocupar a quienes manejan el “negocio de la enfermedad” es obvio porque algunos se han convertido ya en best sellers.

MAESTROS Y DIGNOS DISCÍPULOS

Némesis médica. La expropiación de la salud es el título del hiperconocido libro deIván Illich. Seguramente no fue la primera obra crítica con el actual sistema sanitario pero desde luego está considerada una de las biblias de los críticos del sistema. Siendo quizás una de sus mayores enseñanzas la exposición del fenómeno de medicalización de la vida que supone el consumo de fármacos de manera indiscriminada e injustificada lo que provoca un enorme número de episodios graves cuando no mortales. Por desgracia hoy es casi imposible encontrar ya un ejemplar.

También muy influyente y exitoso es La mafia médica de la doctora Ghislaine Lanctôt publicado por la editorial Vesica Piscis. El subtítulo dice contundente: Cómo salir con vida de la prueba y recuperar salud y prosperidad. El libro está escrito utilizando muchos gráficos lo que puede despistar a algunos lectores –seguramente a otros muchos ese estilo les parezca incluso más claro-. Pues bien, a su autora, médico convencional durante 27 años, la prohibieron volver a ejercer tras su publicación. ¿Y qué contiene esa obra para que sea tan peligrosa? Pues las “verdades fundamentales” sobre cómo funciona el sistema de salud basado en el consumo de medicamentos y en la “infalibilidad” tanto de quienes los producen como de los médicos. Todo ello explicado de una manera muy directa. Quizás se eche en falta una argumentación algo más sosegada que se apoye mayormente en hechos y datos ya que con frecuencia se deja llevar por su enorme decepción y malestar y ello hace a veces parecer a su autora un tanto dogmática. No tiene desperdicio en cambio su descripción del sistema sanitario y de los actores que lo integran ya que ello le permite afirmar luego que en realidad se trata de “un sistema de enfermedad al servicio de la industria”. Explicando que los pacientes son los explotados, la industria farmacéutica la explotadora, los médicos los vendedores, los hospitales y farmacias los distribuidores y las autoridades los usurpadores del derecho a la salud de los pacientes. En suma, se trata de una doctora que no se anda con rodeos y apuesta porque cada persona autogestione su salud y sea más crítica con lo que denominamos sistema sanitario. Cabe añadir que su segunda obra, titulada ¿Qué he venido a hacer a esta tierra?, acaba de editarse en español.

De manera muy didáctica y amena, y con un sentido del humor encomiable para tratar los temas que trata, el médico vasco Eneko Landaburu ofrece por su parte otras tantas verdades a través de su libro ¡Cuídate, compa! (Editorial Txalaparta), un verdadero manual para la autogestión de la salud como bien reza su subtítulo. Landaburu es un médico campechano comprometido con la tradición sanitaria del higienismo que viene a decir que “lo que hay que combatir no es la enfermedad -el síntoma, el malestar, la consecuencia, la respuesta defensiva o adaptativa- sino las causas: los maltratos, la forma de vida inadecuada…”

LA AMENAZA DE LA MEDICACIÓN

Píldoras, ganancias y políticade Miton Silverman y Philip R. Lee -publicado por Siglo Veintiuno Editores– es un manual para entender el tema que hoy nos ocupa y que muchas personas tienen en fotocopia. Sí, fotocopias encuadernadas a modo de libro. Busquen uno original y, si lo encuentran, avísennos. Su influencia fue enorme y, sin embargo, aunque hoy no se encuentran ya ni copias no volvió a editarse. Es verdad que sus datos son algo antiguos pues la edición original inglesa es de 1974 y la de español de 1983 pero no por ello su denuncia ha perdido vigencia. Es más, la obra sentaría las bases de lo que otros denunciaron después exponiendo con toda crudeza pero de manera muy documentada el negocio que han creado los laboratorios en torno a los medicamentos.

De hecho Silverman y Lee fueron de los primeros en desmontar el argumento de los grandes laboratorios de que su principal razón de ser es la investigación de nuevos fármacos para tratar las dolencias de la población cuando la auténtica razón es económica como demuestra el hecho de que invierten mucho más en promoción que en investigación y de que están más preocupados por vender a toda costa sus fármacos que por encontrar algo verdaderamente útil.

Otro de los aspectos en el que más insisten es en la habitual manipulación de los resultados de los ensayos clínicos por los laboratorios para intentar hacer creer que tienen mayor eficacia de la real. De ahí que destaquen la poca confianza que debería ofrecerle hoy a la gente el sistema de promoción de fármacos que utilizan las compañías. Asimismo cuestionan la objetividad e imparcialidad de las publicaciones médicas que se dedican a publicar propaganda de medicamentos como si fuera información. También criticarían el vergonzoso sistema de “incentivos” -léase regalos- a médicos para que acepten acríticamente la información -léase de nuevo propaganda– de los “visitadores médicos”. Y asimismo denunciaron la enorme corrupción existente en los congresos y reuniones científicas financiadas por la industria farmacéutica.

En definitiva, Silverman y Lee desvelaron en un libro de 450 páginas con datos -muchos datos- los trucos que han hecho de la industria farmacéutica la industria más rentable del planeta. De modo desapasionado -incluso frío- y sin grandilocuencia.

A mi juicio conviene destacar uno de los capítulos de su libro. El titulado El sueño imposible: la búsqueda del medicamento absolutamente seguro en el que denuncian cómo las corporaciones farmacéuticas concentran sus mayores esfuerzos en hacer creer a la opinión pública –y sobre todo a la comunidad médica- que sus fármacos son seguros cuando la Farmacología podría definirse hoy como la Ciencia de la Toxicidad Controlada ya que todos los medicamentos son -en mayor o menor medida- tóxicos. Es verdad que algunos, utilizados de manera racional y con sumo cuidado, pueden ayudar en momentos puntuales pero el sistema de sobremedicación al que hemos llegado hoy no favorece un uso racional de los preparados de farmacia. Lo demuestra que a causa de los efectos adversos provocados por los fármacos mueren cada año cientos de miles de personas.

LA VOZ DE LAS VÍCTIMAS

Una de las obras que queremos mencionar se titula precisamente Peligro mortal: efectos de la prescripción de fármacos escrita por la psicóloga Arabella Melville y el periodista Colin Johnson, ambos británicos. Se trata de un trabajo más moderno que el comentado con anterioridad que si bien también queda algo anticuado en lo que a cifras se refiere -pues lo publicó en español Planeta en 1984- no ocurre así con los temas que aborda, de plena actualidad. Autores que ya en la primera línea afirman con contundencia: “En este libro hacemos una afirmación categórica. Es la siguiente: la medicina occidental ha cometido un error de base al confiar en el uso universal de las terapias con fármacos”. Agregando: “El espectacular comienzo de la moderna edad del fármaco puede que nos oculte el hecho de que todos los fármacos, cualesquiera que sean sus virtudes, son de por sí peligrosos”.

La obra, agotada, tiene además una singularidad: da voz a las víctimas del sistema sanitario. Con lo que se consigue que el lector sintonice con las personas que narran sus casos y su sufrimiento. Es como si esas realidades lo fueran más si cabe por verlas –o leerlas- narradas por las personas que las padecieron. Ciudadanos afectados por la iatrogenia, es decir, por los efectos secundarios de las medicinas que tomaron.

Y es que los autores pusieron especial interés en responder una pregunta aparentemente simple y sencilla: “¿Puede demostrarse que los fármacos mejoran la salud?” Bueno, pues después de estudiar a fondo el asunto cerrarían ese capítulo así: “Hemos demostrado que hay muy poca evidencia de que los fármacos prescritos condujeran a cualquier expectativa de prolongación de la vida. Su éxito más espectacular ha sido con las enfermedades infecciosas, en especial la neumonía, la tuberculosis y la poliomielitis. Solo que esas enfermedades se hallan ya en regresión”.

Melville y Johnson escribieron un libro riguroso, ameno, bien documentado, crítico con quienes no buscan las raíces de las enfermedades y lleno de testimonios y experiencias de personas afectadas por los medicamentos porque lo afrontaron sin miedo a encontrar y transmitir verdades incómodas.

JARDINEROS INFIELES

John Le Carré, autor de la conocida obra El jardinero fiel, no necesita presentación. Eso sí, aunque se publicó en el año 2001 se hizo realmente popular cuando se llevó al cine en el 2006. Se trata de una novela que se lee de un tirón y cuyo argumento -como casi siempre pasa con sus textos- está basado en hechos reales. En concreto, en cómo explota la industria farmacéutica a los habitantes de los países pobres para realizar con ellos sus ensayos clínicos de manera más económica y con menos posibilidades de “reacciones adversas judiciales” en caso de daños a la salud. “Tengo comprados a los tipos que te pagan el sueldo. Les organizo parrandas en mi jodido barco. Con chicas, caviar, champán… Les consigo cargos durante las campañas electorales. Coches, pasta, secretarias con buenas tetas…”, explica uno de los protagonistas. ¿A qué les suena?

Las multinacionales farmacéuticas son gigantes, sí, pero puede que tengan los pies de barro. De lo contrario es difícil entender la precipitada carrera de fusiones que están llevando a cabo en los últimos años. Se compran unas a otras para no desaparecer. Hay que competir para permanecer. La crisis siempre está a la vuelta de la esquina. La industria farmacéutica sabe que no tiene ya buena fama y la poca que le queda la está perdiendo. Por ejemplo, al atacar la expansión de los medicamentos genéricos. El precio de éstos ayudaría a los sistemas públicos de salud a cubrir las necesidades de la ciudadanía de manera coherente pero la propia presión del mercado obliga a las farmacéuticas a lanzar de manera rápida y constante nuevos remedios, cada vez menos eficaces y más peligrosos. Una carrera insostenible. Tiene fin. Y así lo cuenta Philippe Pignarre -quien durante 17 años trabajó para la gran industria- en su libro El gran secreto de la industria farmacéutica (Ediciones Gedisa).

Pignarre es uno de los al menos tres autores que han publicado que la cifra que han adoptado como fetiche las patronales farmacéuticas para explicar cuánto cuesta el desarrollo de un medicamento -800 millones de dólares- no es sino otra de sus mentiras. “Esa cifra –explica este profesor francés-ha sido duramente cuestionada por expertos independientes tras demostrar que los escasísimos estudios económicos sobre el asunto fueron financiados por los laboratorios farmacéuticos sin el respaldo de una metodología rigurosa”.

El libro carece de amenidad y ritmo pero es meticuloso y si bien está pensado más para profesionales que para un público amplio se trata de un documento imprescindible para las personas más versadas en la materia. Cabe destacar que en uno de los apartados con los que concluye su texto Pignarre apunta hacia un Parlamento de la salud como alternativa al caos sanitario actual generado por las compañías farmacéuticas en su propio beneficio. De ahí que hable de la necesidad de “democratizar la democracia” y de “confiar en la dinámica de los movimientos civiles antes que en el poder del Estado”.

CON NOMBRES Y APELLIDOS

El principal problema es que hoy la mayoría de los gobiernos del mundo están condicionados por las multinacionales y muy especialmente por la gran industria farmacéutica. Siendo eso lo que llevó a dos periodistas austriacos de investigación, Klaus Werner y Hans Weiss, a escribir El libro negro de las marcas: el lado oscuro de las empresas globales (Debate), uno de cuyos capítulos, titulado Conejillos de Indias, está dedicado a los ensayos clínicos no éticos realizados en los países pobres y el negocio que los mismos suponen. Weiss ya había publicado en 1981 Negocios saludables. Las prácticas de la industria farmacéutica, obra no traducida al español que constituye un trabajo excepcional pues está basada en los documentos que consiguió mientras trabajaba como asesor farmacéutico de las multinacionales Sandoz y Bayer. Pues bien, esta última compañía se presenta en su nuevo libro con una de sus caras más agrias y desconocidas: hombres, mujeres y niños trabajan de sol a sol en las minas del Congo para obtener un metal muy utilizado en los equipos electrónicos de gran consumo: el tántalo. Mineral que luego Bayer vende a las compañías de electrónica. De hecho el tántalo es un componente muy utilizado en los teléfonos móviles por lo que actualmente está en el centro de las luchas de poder y explica algunas de las guerras de esa parte del continente africano. El texto presenta además una originalidad: ofrece al final una ficha de dos páginas de cada una de las 50 o 60 multinacionales más “importantes” del planeta y entre ellas hay un buen puñado de farmacéuticas.

Agregaremos, yendo un poco más allá, que en los últimos años ha aparecido otro fenómeno lamentable y absolutamente descarado: la invención de enfermedades por parte de los fabricantes de medicamentos. Un ámbito en el que destaca la obra de denuncia del periodista alemán Jörg Blech Los inventores de enfermedades: cómo nos convierten en pacientes publicada en enero del 2005 por la Editorial Destino. Blech, con un estilo relajado que destaca por su fácil comprensión, explica cómo la medicalización de la vida por la industria farmacéutica ha llevado a la conversión en “enfermedades” dignas de tratar con fármacos “nuevas” dolencias de difusa sintomatología y definición como la menopausia masculina, la disfunción sexual femenina, el colesterol alto, los niños inquietos, la timidez excesiva, la fatiga crónica o la hipertensión arterial. “La poderosa industria farmacéutica está redefiniendo la salud humana de tal modo que la convierte en un estado ideal que ya nadie puede alcanzar”, arguye Blech en una obra que todo el mundo debería leer y que acaba de completar con un nuevo título en la misma editorial: Medicina enferma: cómo protegernos de las terapias discutibles. Se trata de un trabajo sobre los intereses económicos que mueven los procedimientos médicos actuales y la inutilidad de buena parte de ellos.

ENFERMEDADES INVENTADAS

Un año después de publicar Blech su obra el escritor y periodista australiano especializado en salud Ray Moynihan escribiría junto a Alan Cassels el libro Selling Sickness -aparecido en inglés en el año 2005 y editado en español en junio del 2006 por la editorial Terapias Verdes- bajo el esclarecedor título de Medicamentos que nos enferman e industrias farmacéuticas que nos convierten en pacientes. El argumento central de este trabajo es que los laboratorios están ampliando a marchas forzadas el ámbito de lo que se considera enfermedad para poder tratar con medicamentos a cada vez más ciudadanos. ¿Cómo? Convirtiendo en enfermedades estados de la vida cotidiana no necesariamente patológicos como la tristeza, la menopausia, la osteoporosis, la presión alta, los cambios de humor, las “disfunciones” sexuales o la timidez. “Hemos pasado del fármaco aprobado para tratar a gente que padece una enfermedad real a la idea de que todo lo que hay que hacer es tomar una pastilla para lidiar con situaciones normales de la vida”, denuncian estos autores.

En suma, ya no se buscan fármacos para las enfermedades. Ahora se buscan enfermedades para los fármacos. Basta con elevar a la categoría de “enfermedad” cualquier malestar o alteración corriente que en muchas ocasiones se supera sola con el tiempo.

Y no sólo eso: la industria también contribuye a crear asociaciones de pacientes o enfermos para que reclamen a los gobiernos que sufraguen los fármacos que ellas fabrican. Aunque en realidad tales medicamentos no sirvan para otra cosa que para engordar las cuentas de las farmacéuticas ya que no se puede curar una enfermedad inexistente.

Moynihan y Cassels demuestran asimismo el conflicto de intereses de muchas de esas asociaciones, de los médicos, de los investigadores, de las empresas de relaciones públicas, de las estrellas mediáticas –los “famosos” que los laboratorios utilizan, sobre todo en Estados Unidos, en sus campañas de publicidad de medicamentos- y de las propias autoridades -especialmente de la FDA, la agencia estadounidense del medicamento que, a fin de cuentas, está financiada en su mayor parte por la propia industria-. En suma, estos dos periodistas explican cómo los medicamentos han pasado de ser bienes esenciales a simples objetos de consumo masivo peligrosos la salud.

Las grandes compañías farmacéuticas son pues hoy, a tenor de los datos que ofrecen Moynihan y Cassels, meras empresas que venden medicamentos a base de hacer marketing, faceta a la que de hecho dedican la mayor parte de sus inversiones. “Existe hoy –denuncian-un desequilibrio abismal entre los mensajes de marketing y las verdades científicas. El espacio entre los dos es tan amplio como aterrador”. Añadiendo: “El nivel de engaño al que millones de personas en todo el mundo están sometidas sobre la naturaleza de la afección y el valor de los medicamentos comercializados para su supuesto tratamiento es, simplemente, alucinante”.

Un libro ejemplar. Desde mi punto de vista el más completo de los que se han escrito hasta ahora a nivel global pues aúna un lenguaje sencillo con la contundencia informativa propia de quienes conocen a fondo el asunto y han trabajado durante años para desentrañar las estrategias de la gran industria farmacéutica.

SECRETOS MÉDICOS

Hay otros dos libros de la misma editorial –Terapias Verdes- que destacan en el ámbito que nos ocupa: el escrito por Bryan Hubbard con el título Secretos de la industria farmacéutica. Efectos adversos de muchos medicamentos: bajo sospecha su fabricación y prescripción y el escrito por la periodista británica Lynne MacTaggart titulado Lo que los médicos no nos dicen. Los riesgos de la medicina moderna. Libros distintos que, por cierto, se caracterizan por una cosa: Hubbard y MacTaggart son marido y mujer.

El primero insiste en una idea: el enorme número de muertes que causan los fármacos. Ofreciendo datos. Como que sólo el 1% de las reacciones adversas provocadas por los medicamentos se notifican. “Mucha, muchísima gente –afirma- muere a causa de la reacción a algún medicamento pero nunca se establece esa relación. Mucha, muchísima gente muere en su casa en lugar de hacerlo en un hospital, o comunica sus síntomas como paciente externo, o a su médico de cabecera. Y, por último, la mayoría de las muertes provocadas por los medicamentos nunca llega a registrarse”. La verdad es que los datos que ofrece no son para estar tranquilos. Según asevera la mitad de los fármacos que pueden llegar a causar la muerte de quienes los ingieren no fueron detectados al principio por lo que hubo millones de personas tomándolos sin saber que ello podía llevarles a la muerte.

Basta leer los libros mencionados hasta este momento para entender que en realidad todos estamos siendo auténticos conejillos de indias. Porque muchos medicamentos poseen efectos secundarios graves que no se descubren hasta que se recetan masivamente al gran público. Y es que una de las conclusiones de Hubbard es, sencillamente, que “las compañías farmacéuticas no pueden satisfacer las necesidades de sus accionistas y, al mismo tiempo, trabajar por el bien de la humanidad”. Por ello, porque son demasiados los medicamentos peligrosos que pueden recomendarnos, aconsejan a los enfermos: “Recuerda que tienes derecho a hacer preguntas inteligentes a tu médico antes de aceptar su receta”. Hubbard concluye su obra con una relación comentada de los principales medicamentos existentes en el mercado. Algo realmente útil.

En cuanto a su mujer, Lynne, tiene una manera parecida de pensar y expresarse. En Lo que los médicos no nos dicen el lector podrá encontrar una serie de argumentos que pretenden, de manera positiva, ofrecer alternativas a los ciudadanos ante la clara corrupción del sistema sanitario. Por ejemplo, ante el exceso de pruebas diagnósticas anima a la gente a hacer al médico preguntas como ¿De verdad es necesaria esta prueba? Y en tal caso, ¿qué riesgo conlleva? O incluso preguntar cosas como ¿Cuándo fue la última vez que se revisó el instrumental? Y hacer lo mismo ante la receta de cualquier medicamento: ¿De verdad es necesario medicarse para este problema? ¿Qué pasa si no me tomo el medicamento? ¿Cuáles son sus efectos secundarios? ¿Y qué terapias alternativas a este fármaco existen? En fin, un libro muy completo que toca todos los palos de la medicina moderna.

TRATAR EL CÁNCER

Y hablando de alternativas a los tratamientos convencionales estoy seguro de que el público leerá con gusto la obra Cáncer: qué es, qué lo causa y cómo tratarlo de Ediciones MK3 escrita por José Antonio Campoy y Antonio Muro. Su alto valor reside en que además de denunciar que tanto la Radioterapia como la Quimioterapia que se utilizan para combatir el cáncer no sólo son ineficaces sino que “pueden a su vez provocar cáncer” muestran en él un casi interminable cuadro de tratamientos alternativos. Hasta 32 capítulos tiene el libro y cada uno corresponde a un modo distinto de tratar la enfermedad de modo diferente a los “oficiales”. Un libro indispensable pues para acabar con el mito de que cuando a alguien se le diagnostica un cáncer existen pocas posibilidades de superarlo y, sobre todo,  como bien expresan sus autores, “de que lo inteligente sea poner la propia vida en manos de los oncólogos”.

Espíritu desmitificador similar al de la obra Contra Hipócrates. El cártel médico. Los siete pecados capitales de la industria de la salud escrito por los periodistas Kart Langbein y Bert Ehgartner que editó en español Ediciones Robinbook. Bien narrado y argumentado, de original factura y estructura, extenso, amplio en lo que respecta al tratamiento de los temas y radical en su planteamiento busca las raíces de los problemas con talento y sentido común. Langbein y Ehgartner -como Campoy y Muro en su obra- hablan también de los intereses ocultos en la lucha contra las enfermedades, de la prevención engañosa de las dolencias, de los falsos diagnósticos, de la prostitución de la profesión médica por culpa de los laboratorios, de la medicalización de la sociedad, de las polémicas vacunaciones y de un largo etcétera. A fin de cuentas, como bien afirman, “la industria de la enfermedad funciona con arreglo a criterios diametralmente opuestos a las reglas de la economía de mercado: la demanda la controlan esencialmente los mismos que se encargan de satisfacerla mediante la prestación de sus servicios”.

Antes de finalizar este repaso por los libros críticos más relevantes sobre el sistema sanitario publicados en español debemos reseñar La píldora de los 800 millones de dólares. La verdad sobre el coste de los nuevos fármacos del periodista especializado en economíaMerrill Goozner editado por Belacqva. Porque en él se explica detalladamente cómo la cifra de 800 millones de dólares que la industria farmacéutica dice que le cuesta producir un fármaco nuevo está artificialmente “hinchada” y de hecho fue “diseñada” por economistas pagados por las farmacéuticas. A nuestro juicio el libro es demasiado denso porque se podría contar lo mismo con menos páginas y tiene un perfil demasiado economicista pero merece la pena leerlo pues se cuentan muchas cosas que desmitifican la imagen que sobre sí han creado los laboratorios farmacéuticos. Desvelando, por ejemplo, que en realidad los contribuyentes pagan buena parte de la investigación de los nuevos fármacos que luego los laboratorios se quedan en monopolio durante años. Con lo que los ciudadanos pagan dos veces por lo mismo: primero por la investigación y luego por los medicamentos que se obtienen merced a esa investigación.

Hay más libros críticos con los que tener una visión más real de cómo funciona el actual sistema sanitario pero a juicio de quien esto escribe los mencionados son los principales. Lo que no impide que para terminar mencione El negocio de la salud. Los intereses de las multinacionales y la privatización de un bien público, obra que recoge varios ensayos de diferentes autores compilados por Meredith Fort,Mary Anne Mercer y Óscar Gish sobre la globalización del negocio de las farmacéuticas y que ha editado en español Paidós.
Que ustedes disfruten de la lectura de todos ellos. Estoy seguro de que después no verán el sistema sanitario de la misma manera.

 Miguel Jara

Recuadro:


Traficantes de salud

Miguel Jara-autor de este reportaje- es periodista especializado en temas sanitarios y escribió tras cuatro años de investigación la obraTraficantes de salud: cómo nos venden medicamentos peligrosos y juegan con la enfermedad editado por Icaria. En ella muestra la trastienda de la gran industria farmacéutica y tras su lectura se llega a la conclusión de que muchos medicamentos no sólo no son útiles en las patologías para las que se prescriben sino que algunos son incluso peligrosos para la salud pudiendo llegar a provocar la muerte de quienes los consumen. En su obra se analizan muchos de los fármacos que han causado durante años graves daños a miles de personas en todo el mundo. Asimismo denuncia que gran número de fármacos han pasado de ser productos de utilización puntual y minoritaria a objetos de consumo masivo e injustificado. Un problema grave ya que las reacciones adversas que provoca la ingesta indiscriminada de medicinas es a día de hoy la cuarta causa de muerte, al menos en Estados Unidos. “La verdad es que el grado de corrupción al que ha llegado el sistema sanitario actual -asevera Miguel Jara- es sencillamente increíble”.

 

Este reportaje aparece en
94
Mayo 2007
Ver número