Se confirma la relación entre la contaminación ambiental y el cáncer

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Una investigación de la Universidad de Liverpool recién publicada en el Journal of Nutritional and Environmental Medicine confirma que los productos contaminantes presentes en el medio ambiente causan muchos más casos de cáncer de lo que se creía; sobre todo de mama, testículos y próstata. Los elementos más dañinos son las llamadas organoclorinas que se encuentran en los pesticidas utilizados en las cosechas y en los plásticos. Y lo más grave es que afectan especialmente a bebés, niños y jóvenes pudiendo alterar su normal desarrollo. Es más, pueden incluso afectar a los fetos mientras están aún en el vientre materno -algo que puede llevarles a nacer con una tendencia inusual al desarrollo de cáncer – así como durante el periodo de lactancia pues la leche materna puede transmitir los contaminantes.

Nuestras vidas sacrificadas en el altar del desarrollo industrial y el beneficio político y económico. Nuestras vidas y las de nuestros hijos… mientras miramos hacia otro lado. La afirmación puede sonar tremendista pero es que el 95% de las más de 100.000 sustancias químicas con las que convivimos a diario están sin regular –el tabaco sólo lleva una mínima proporción de las mismas-, se ignora su influencia real sobre nuestra salud, se ignoran sus efectos combinados y el único intento serio por tratar de controlar semejante despropósito en la Unión Europea -el proyecto REACH de registro y control de productos químicos- va camino del fracaso ante la pasividad de los gobiernos -el español incluido, claro está- y la presión de la industria.

La reciente investigación de la Universidad de Liverpool publicada en el Journal of Nutritional and Environmental Medicine confirma que los productos contaminantes presentes en el medio ambiente causan muchos más casos de cáncer de lo que se creía -sobre todo de mama, testículos y próstata- pero en realidad no es sino el último toque de atención. La propia Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce en un informe del pasado mes de junio titulado ¿Cuántas enfermedades podrían prevenirse a través de un adecuado control de nuestro medioambiente? tras consultar a más de 100 expertos que los factores de riesgo medioambientales contribuyen a la aparición de al menos 85 enfermedades. “La evidencia científica demuestra –dice el informe- que los factores de riesgo medioambientales juegan un papel importante en más del 80% de las enfermedades informadas por la OMS. Globalmente casi una cuarta parte de todas las muertes y de la aparición de enfermedades puede atribuirse a factores medioambientales. En los niños, sin embargo, los factores de riesgo medioambientales pueden provocar más de un tercio de las enfermedades.

Trabajar en el ámbito de los contaminantes medioambientales es trabajar en la prevención. Sin embargo, la prevención es la gran derrotada como estrategia en la lucha contra el cáncer, una enfermedad donde son claras las vinculaciones con los productos químicos. Las alarmas sobre la incidencia de los contaminantes químicos en el cáncer llevan sonando de hecho desde hace tiempo. El debate se inició hace ya 50 años cuando Wilhelm Hueper, un importante científico del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, escribió en 1948: “La carcinogénesis medioambiental es la consecuencia más nueva y una de las más ominosas de nuestro ambiente industrial. Aunque su alcance y magnitud son aún desconocidas al ser tan nueva y los datos tan sumamente difíciles de obtener es obvio ya, a la vista de lo que se conoce, que los carcinógenos externos suponen un problema inmediato y urgente en la salud pública e individual”. Y si ello era obvio hace medio siglo… hoy la situación es mucho peor.

En 1964 Hueper volvería a la carga y en colaboración con W. C. Conway describió ya cómo iba a ser el desarrollo del cáncer: “A través de un continuado, libre, innecesario, evitable y, en parte, temerario incremento de la contaminación del medioambiente humano con carcinógenos químicos y físicos así como con productos químicos que apoyan y potencian su acción se están sentando las bases para la aparición en el futuro de una aguda epidemia, catastrófica, que una vez presente no podrá ser detenida durante varias décadas con los medios disponibles ni su curso alterado apreciablemente una vez se haya puesto en movimiento”.

Continuado, libre, innecesario, evitable y temerario. Así es el camino por el que se nos está conduciendo a todos hacia el cáncer. ¿Cree el lector que se trata de una exageración? Pues las cifras de la OMS indican lo contrario. En su propia página web y en respuesta a la pregunta ¿Está el número de casos de cáncer aumentando o disminuyendo en el mundo? puede leerse que a finales del 2002 había 24,6 millones de personas con cáncer habiendo muerto ese año otros siete millones más de enfermos. Estimándose que a finales del 2020 habrá 30 millones de enfermos y además habrán muerto otros diez millones. Y es que la OMS prevé que en lugar de 10,9 millones de nuevos enfermos al año –cifra del 2002- se pase a 16 millones de nuevos enfermos al año en el 2020.

Hueper se refirió al cáncer en 1964 como una “epidemia en lento movimiento” provocada en gran parte por factores medioambientales. Nos ha alcanzado, nos golpea y, como en la metáfora, nos tienen entretenidos en ver la punta del dedo -en este caso el tabaco- para que no podamos ver la plenitud de la luna: más de 100.000 productos químicos sin regular. Porque desde que Hueper avisó de que el cáncer se podía convertir en una epidemia, ¿cuántos miles de toneladas de productos químicos se han emitido a la atmósfera, se han vertido en aguas y tierras o se han utilizado para la fabricación de utensilios domésticos sin dar a conocer a la población los riesgos?

La propia OMS no ha tenido más remedio que reconocer la gravedad de la situación. “La incertidumbre que rodea estas estimaciones –señala en su informe del pasado mes de junio- se debe al hecho de que las evidencias que unen las exposiciones específicas medioambientales y laborales a varios cánceres estaban incompletas. De forma global hoy podemos afirmar que aproximadamente el 19% (entre el 12 y el 29%) de todos los cánceres son atribuibles a factores medioambientales causando 1,3 millones de muertes al año”. ¿Y qué se hace para evitarlo? ABSOLUTAMENTE NADA. Al menos hasta hoy.

En septiembre de 1998 era la Agencia Europea del Medio Ambiente la que hablaba de los problemas derivados de la existencia de 100.000 sustancias químicas en la Unión Europea, de su uso, desecho y degradación, y añadía en un aterrador reconocimiento: “La exposición generalizada a bajas dosis de sustancias químicas puede estar causando daños, posiblemente irreversibles, especialmente en grupos sensibles como la infancia y las mujeres embarazadas”.

Y en el 2001 el Libro Blanco puesto en marcha por la Comisión Europea denunciaba una vez más el descontrol existente sobre la peligrosidad de las sustancias químicas: “Existe una falta general de conocimientos sobre las propiedades y los usos de las sustancias químicas. La información sobre ellas es difícil de conseguir. Y la de sus potenciales peligros es, en general, escasa. Sólo se pueden tomar decisiones para seguir experimentando con las sustancias mediante un largo procedimiento de comités y esas investigaciones sólo pueden exigirse a la industria después de que las autoridades hayan probado que una sustancia puede representar un peligro grave. Sin los resultados de los experimentos, sin embargo, es casi imposible proporcionar tales pruebas. La evaluación de riesgo final se ha completado, como consecuencia, sólo para una pequeña cantidad de sustancias”. En suma, más del 95% sigue sin evaluarse. El panorama es desolador.

MUCHO PEOR DE LO QUE PODÍA IMAGINARSE

Cumpliendo paso a paso los vaticinios de Hueper la evolución de la investigación demuestra que las cosas son incluso peores de lo que él pensaba. El equipo de investigadores de la Universidad de Liverpool ya mencionado concluye su investigación afirmando que los contaminantes medioambientales y la exposición a carcinogénicos o productos químicos disruptores endocrinos -por ejemplo las organoclorinas encontrados en los pesticidas y plásticos– influyen mucho más en la aparición de diversos tipos de cáncer de lo que se pensaba, particularmente entre niños y adolescentes. “La OMS estima que entre un 1 y un 5% del cáncer en los países desarrollados –explica Vyvyan Howard, una de las autoras del estudio- es atribuible a factores medioambientales pero nuestra investigación sugiere que esa cifra se puede haber infravalorado”. Algo que, como hemos visto, ya hasta la propia OMS reconoce.

La investigación consistió en el repaso sistemático de estudios recientes sobre medio ambiente y cáncer, y fue financiado por la Cancer Prevention and Education Society. Vyvyan Howard y John Newby -del University’s Department of Human Anatomy and Cell Biology-, autores del trabajo, concluyeron también que las variaciones genéticas que pueden predisponer a algunas personas al cáncer pueden actuar sinérgicamente con los contaminantes medioambientales produciendo un efecto amplificador.

Y los más afectados, insistimos, son los niños y los fetos durante el embarazo. “Las organoclorinas –afirmó la profesora Howard- son contaminantes orgánicos persistentes (POPs) qué se dispersan sobre distancias largas y se bioacumulan en la cadena alimenticia. Para los humanos la fuente principal de exposición de organoclorinas es la dieta, principalmente a través de la carne y los productos lácteos. Los niños están expuestos a las dioxinas -un derivado de las organoclorinas- a través de la comida. Además las dioxinas y otros POPs pueden cruzar también la placenta y poner en peligro a los bebés en el útero. También los niños lactantes pueden quedar expuestos a las organoclorinas con propiedades disruptoras endocrinas que se han acumulado en la leche materna. Nuestra investigación contempla también la exposición involuntaria a estos químicos en el aire, la comida y agua”.

Los investigadores añaden que los contaminantes medioambientales -en particular los pesticidas sintéticos y organoclorinas con propiedades disruptoras hormonales- podrían ser un factor básico en la causa de malignidades hormono-dependientes como el cáncer de pecho, el de testículos y el de próstata. “Las medidas preventivas para estos tipos de cáncer –añade Howard- se han enfocado en educar al público sobre el peligro del tabaco, la mejora de la dieta y la actividad física. Nosotros debemos ahora, sin embargo, enfocarlas en intentar reducir la exposición a los químicos problemáticos”.

A juicio de los investigadores y tras examinar la evidencia “anecdótica” de los médicos en sociedades preindustriales es claro que el cáncer es una enfermedad de la industrialización, prácticamente inexistente en comunidades preindustriales como los inuits canadienses o los indios brasileños. Y no dudan en señalar el imparable aumento de la incidencia del cáncer en el Reino Unido entre 1971 y 1999 como muestra de ello: el linfoma de no-Hodgkin aumentó un 196% en los hombres y un 214% en las mujeres; el cáncer de la próstata y cáncer de testículos aumentaron respectivamente un 152% y un 139%; el cáncer de pecho aumentó el 75% y el mieloma múltiple el 100% en hombres y el 86% en mujeres.

Sin embargo, en el capítulo de reacciones una vez más encontramos una inexplicable división de opiniones. Jamie Page, presidenta de Cancer Prevention and Education, afirma: “Esta investigación es muy importante y sugiere que hay una clara relación entre los contaminantes químicos y el cáncer. En nuestra opinión si se quiere progresar en la lucha contra el cáncer debe ponerse mucha más atención y esfuerzo en reducir la exposición humana a los químicos peligrosos”. Pero en el otro lado, John Toy, director médico en el Cancer Research de Gran Bretaña, afirma por su parte: “Las personas no deben alarmarse por los resultados de este estudio. Es una revisión de investigaciones previamente conocidas y no presenta nuevos resultados. Los autores sugieren que es factible que ciertos químicos pudieran ser un factor importante en la causa del cáncer pero no aportan evidencias científicas que demuestren esa relación”. Sólo que olvida Toy que quien debe demostrar la inocuidad de sus productos es la industria y no los afectados. Lamentablemente se usa de nuevo la incertidumbre como excusa para seguir sin hacer nada.

MÁS VOCES Y MÁS ESTUDIOS, ¿HASTA CUÁNDO?

Otro importante estudio publicado a finales del año pasado por investigadores de la Universidad de Massachusetts Lowell volvió a poner de manifiesto la relación existente entre la exposición a carcinógenos medioambientales y de carácter laboral con 30 tipos diferentes de cáncer. Titulado Environmental and Occupational Causes of Cancer: A Review of Recent Scientific Evidence fue realizado por Molly Jacobs, Richard W. Clapp y Genevieve Howe yes otra visión de conjunto de lo que indicanlos últimos estudios en seres humanos sobre la vinculación de las exposiciones medioambientales y laborales con la aparición de los cánceres de vejiga, hueso, cerebro, pecho, cerviz, colon, nódulos linfáticos (enfermedad de Hodgkin y linfoma no Hodgkin), riñón, laringe, pulmones, hígado y conductos biliares, etc. Y al igual que sus colegas de Liverpool los autores se muestran alarmados del constante aumento de ciertos cánceres, sobre todo de algunos que han crecido de manera especialmente rápida durante el último medio siglo en Estados Unidos. Y es que de 1950 al 2001 el melanoma de piel aumentó un 690%, el cáncer femenino de pulmón y bronquial un 685%, el cáncer de próstata un 286%, el mieloma un 273%, el cáncer de tiroides un 258%, el linfoma de no Hodgkin un 249%, el cáncer de hígado y de conducto intrahepático un 234%, el cáncer masculino de pulmón y bronquial un 204%, el de riñón y cánceres de pelvis renales un 182%, el cáncer testicular un 143%, el cáncer de cerebro y otros cánceres del sistema nerviosos un 136%, el cáncer de vejiga un 97% y el de pecho en mujer un 90%.

Clapp, Howe y Lefevre concluyen que entre 1950 y 2001 la proporción de incidencia para todos los tipos de cáncer aumentó un 86% usando datos ajustados a la edad lo que significa que el cáncer no aumenta porque las personas estén viviendo mucho más tiempo sino porque las personas están mucho más expuestas a los agentes causantes del mismo.

Para los investigadores este aumento no puede separarse del hecho incuestionable de que la mayoría de los plásticos, detergentes, solventes, pesticidas y derivados tóxicos de sus procesos de fabricación hayan comenzado a estar entre nosotros después de la II Guerra Mundial. Desde finales de los años 50 del pasado siglo XX hasta finales de los 90 sólo en Estados Unidos se produjeron más de 750 millones de toneladas de basura químico-tóxicas.

“Exposiciones conocidas y evitables –afirmó Molly Jacobs, directora del proyecto- son claramente responsables de decenas de miles de casos de cáncer cada año. Es injusto no llevar adelante una política que permita prevenir la enfermedad y la muerte. Necesitamos prestar mayor atención a los factores de riesgo medioambientales y laborales”.

Y una vez más señalan a los niños como los más afectados y sensibles lo que explicaría la extraordinaria incidencia del cáncer infantil. “Hemos aprendido cómo salvar más vidas afortunadamente –puede leerse en el estudio- pero cada vez más niños son diagnosticados con cáncer todos los años. La incidencia de cáncer entre los niños de 0 a 19 aumentó un 22%. De 13,8 por cada 100.000 en 1973 a 16,8 en el 2000. Y la mayor parte de ese aumento acaeció a partir de los años setenta. Los estudios epidemiológicos han vinculado de forma consistente los riesgos más altos de leucemia infantil, cáncer de cerebro y sistema nervioso central en niños con la exposición de los padres y sus hijos a químicos tóxicos, incluidos solventes, pesticidas, petroquímicos, y ciertos derivados industriales”.

Entre otras muchas vinculaciones en el estudio se citan el cáncer de vejiga y los solventes primarios usados en la limpieza en seco, el cáncer de pecho con disruptores endocrinos como el bifenol-A y otros componentes presentes en la fabricación de plásticos, el cáncer de pulmón con la exposición al radón, el linfoma de no-Hodgkin con solventes y herbicidas, y la leucemia en niños con pesticidas.

El informe rebate también el análisis de Richard Doll y Richard Peto de hace 25 años. El informe Doll-Peto ha sido el estudio de cabecera de la industria e investigadores afines ya que les ha permitido sostener durante años que sólo del 2 al 4% de cánceres era debido a exposiciones medioambientales y laborales de lo que se derivaba la falta de rentabilidad de políticas preventivas. “Nuestra revisión –dijo Clapp- aclara que los nuevos conocimientos sobre las causas múltiples de cáncer -incluyendo las exposiciones involuntarias, exposiciones en las fases tempranas de la vida, los efectos de las sinergias y los factores genéticos- han vuelto tales apreciaciones no solo inútiles sino contraproducentes”. Y su colega Genevieve Howe añadiría: “Las principales agencias de lucha contra el cáncer han evitado durante mucho tiempo actuar con urgencia en el campo de los contaminantes medioambientales y laborales. Pero estamos convencidos de que ese debe ser el primer paso para la prevención contra el cáncer”.

Los investigadores norteamericanos son conscientes de una doble realidad: la necesidad de seguir investigando pero al mismo tiempo la imposibilidad de llegar a conclusiones definitivas. Lo cual no debe impedir la toma de medidas. “Se necesita más investigación –señala el estudio-pero nunca podremos llegar a estudiar y a extraer conclusiones sobre las potenciales interacciones de la exposición a todas las posibles combinación de los casi 100.000 químicos sintéticos usados hoy. Más allá del pequeño aumento en el riesgo de desarrollar cáncer que puede seguir a la exposición a un único carcinógeno medioambiental el número de casos de cáncer que pueden causar los carcinógenos medioambientales es bastante grande debido a su presencia por todas partes. Así pues la necesidad de limitar las exposiciones de los carcinógenos medioambientales y laborales es urgente”.

A los dos estudios citados hay que añadir otro español efectuado por María José López en la Universidad de Granada que se dio a conocer el pasado mes de julio y según el cual el 100% de las embarazadas tiene al menos un tipo de pesticida en la placenta. El estudio revela además la presencia media de ocho sustancias contaminantes organocloradas en las gestantes. Los pesticidas proceden de la comida, el agua y el aire. Los que con mayor frecuencia se encontraron en el tejido placentario fueron DDE, lindano, endosulfán-diol y endosulfán-I. La investigadora encontró pacientes que presentaban en su placenta 15 de los 17 productos analizados. Según María José López esos productos químicos pueden causar malformaciones en el aparato genitourinario del feto como criptorquidismo e hipospadias. En su caso no entró a valorar la relación entre contaminantes y cáncer.

El estudio demuestra en todo caso, en línea con lo que ya hemos visto en este artículo, que cuando la mujer está embarazada las sustancias contaminantes se trasladan a la placenta. Y también muestra que suele haber más presencia de pesticidas en la placenta a mayor edad de la madre, mayor índice de masa corporal antes del embarazo, menor ganancia de peso durante la gestación, menor nivel educativo y mayor exposición laboral así como cuando son primerizas.

REACH, UNA ESPERANZA FALLIDA

Toda esta información no ha servido, sin embargo, para que el Gobierno español –socialista, no se olvide- se alinee con las tesis más comprometidas del Parlamento Europeo y exija un riguroso control de los productos químicos –en el mes de octubre el Parlamento Europeo procederá a la lectura de los cambios introducidos por la Comisión- ahora que el programa REACH (ver www.dsalud.com) entra en una fase definitiva.

Según Sara del Río, responsable de la campaña de tóxicos de Greenpeace,en España, el liderazgo del Ministerio de Industria en el Grupo Interministerial sobre REACH está imposibilitando que el Gobierno apoye un reglamento de químicos respetuoso con la salud y el medio ambiente. Es una lástima que la postura del Gobierno español apueste por mantener el status quo en lugar de evolucionar hacia una industria química segura. El Gobierno, con estas propuestas, está poniendo los intereses de la industria química por delante de su responsabilidad de proteger la salud pública y el medio ambiente”.

Greenpeaceconsidera ambigua y peligrosa la postura del Ministerio de Industria sobre la sustitución de sustancias peligrosas. A juicio de la organización no basta con reflejar de forma ambigua que las sustancias más peligrosas deben ser sustituidas por otras alternativas que “entrañen menos riesgos” sino que debe exigirse de forma sistemática la presentación de planes alternativos de sustitución. “El interés que dice mostrar el Gobierno por la sustitución –añade Greenpeaceno puede ser real mientras no exija que se convierta en requisito legal cuando exista una alternativa disponible. Sólo si se hace como imperativo legal se evitará que la industria utilice sustancias cancerígenas, mutagénicas y/o tóxicas para la reproducción e incluso disruptores endocrinos”.

También considera que es un retroceso convertir las obligaciones legales previstas por REACH en acuerdos voluntarios de la industria tal como considera que ha hecho el Ministerio de Industria español con el Deber de Diligencia que plantea que las empresas tienen responsabilidad sobre las sustancias que no se registren en REACH (las que tienen producciones inferiores a una tonelada) al no proponerlo como imperativo legal. O con la propuesta OSOR (One Substance One Registration) que simplifica el sistema de registro, mejora la información sobre estas sustancias y el acceso a ella, y reduce en un 24% el coste de implementación de REACH. El Gobierno español propone que se creen exenciones a su cumplimiento obligatorio. Algo similar ocurre con el Sistema de Garantía de Calidad que obliga a que un organismo independiente revise los datos aportados por la industria sobre las sustancias químicas. El Gobierno español cree que esta certificación debe ser voluntaria y no obligatoria.

Es lo que suele ocurrir cuando en un tema tan grave como el de los contaminantes químicos y su impacto en la salud el ministerio que lleva la iniciativa es el de Industria. Claro que lo mismo la estrategia consistía en dejar que la Ministra de Sanidad se entretuviera -y nos entretuviera- con la guerra mediática del tabaco mientras su compañero José Montilla, Ministro de Industria, ocultaba a todos los españoles la realidad de un problema 100.000 veces más grave: el de los productos químicos incontrolados. ¿O es que en los últimos meses ha oído usted hablar mucho de ello en los grandes medios?

La “epidemia en lento movimiento”, mientras tanto, sigue sumando víctimas.

 Francisco San Martin

 Recuadro:


Según Greenpeace
Sustancias químicas presentes en objetos cotidianos sospechosas de causar problemas para la salud

Compuestos organoestánnicos y alquilestánnicos. Usados en agentes antibacterianos y catalizadores en la producción de plásticos. Por ejemplo, en algunos productos de PVC y envases. Son persistentes, bioacumulativos y se cree que interfieren con el sistema endocrino. Los compuestos alquilestánnicos también pueden atacar al sistema inmunológico y a las neuronas.

Bisfenol A. Usado en la producción del revestimiento interior de algunas latas de alimentos es también un ingrediente de las botellas de policarbonato. Se trata de un disruptor hormonal y se sospecha que afecta a los órganos reproductores masculinos y femeninos.

Pirorretardantes bromados (PRBs). Usados en tejidos, muebles y plásticos (por ejemplo, en ordenadores personales) para contrarrestar la propagación de incendios. La mayoría son persistentes y bioacumulativos. Varios de ellos han sido identificados como disruptores hormonales. La exposición a estas sustancias ha demostrado interferir en el desarrollo cerebral de algunos animales.

Ftalatos. Usados en muchos productos de PVC (por ejemplo, en revestimientos de vinilo para el suelo y en juguetes), pegamentos y tintas así como en disolventes, cosméticos y productos higiénicos. Varios ftalatos son disruptores hormonales. Algunos causan daños en el hígado, los riñones y los testículos.

Alquilfenoles y derivados. Usados como detergentes industriales y en algunas pinturas y varios plásticos. Son disruptores hormonales y pueden dañar el sistema inmune.

Almizcles sintéticos. Fragancias añadidas a muchos productos como perfumes, cosméticos y detergentes para ropa. Son persistentes y bioacumulativos. Algunos son disruptores hormonales. Pueden causar daños en el hígado e interferir con las funciones cerebrales.

Triclosan. Se trata de una sustancia antibacteriana que se añade a una amplia variedad de productos, incluyendo líquidos lavavajillas, jabones líquidos, enjuagues bucales, trapos de cocina y tablas de cortar. Ahora se está detectando como contaminante en la leche materna y en el pescado lo que demuestra su débil descomposición en el medio ambiente y su capacidad para contaminar nuestros cuerpos.

Fuente: www.greenpeace.es

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Septiembre 2006
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