¿Se cura solo el cáncer?

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Lo que genéricamente se denomina cáncer -y que puede manifestarse en un tumor sólido, una proliferación celular como la leucemia, una úlcera carcinomatosa o una necrosis tumoral- no es en realidad una “enfermedad” sino un proceso biológico natural que el cuerpo pone en marcha cuando se sufre un shock traumático inesperado generador de un “conflicto biológico”. Conflicto que, mientras no se resuelve, lleva al organismo a responder con toda una serie de cambios en sus células que pueden provocar diversas patologías, cáncer incluido. Sin embargo, cuando se soluciona ese conflicto ¬-o conflictos- de forma definitiva –y no sobrevienen recaídas –recidivas- se entra en un proceso de curación en el que al enfermo, una vez ha conocido y comprendido el cómo y el para qué de su enfermedad, le basta seguir una sencillas medidas terapéuticas no agresivas para sanar, entre las que no se descarta la cirugía). Así lo afirma al menos el doctor alemán Ryke Geerd Hamer. Lo explicamos en detalle.

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Todo cáncer –según Hamer- tiene su origen en un shock traumático inesperado que se sufre en soledad, un impacto conflictivo de contenido dramático en el ámbito psíquico que le pilla a uno a contrapié.

Hamer observó que todas las personas que han desarrollado algún tipo de cáncer vivieron antes un fuerte conflicto psicoemocional. Y que, en función del tipo de conflicto –una ruptura de pareja, la muerte de un ser querido, el despido del trabajo, etc.- y de cómo lo vivieron resultaban afectados unos órganos u otros.

Hamer ha demostrado que todo fuerte trauma que termina generando un cáncer queda registrado simultáneamente en el cerebro y en el órgano correspondiente a esa zona cerebral. Y que basta un escáner cerebral con un TAC (Tomógrafo Axial Computerizado) para constatarlo.

El hecho de que un conflicto traumático se manifieste como un cáncer o como otra “enfermedad” depende sólo del grado del mismo, de su intensidad. El cáncer se desarrolla fundamentalmente cuando se trata de un shock traumático de alta intensidad que le pilla a uno completamente desprevenido y que, además, se vive en soledad.

Algunos conflictos traumáticos se “graban a fuego” en nosotros. Por eso a veces basta percibir algo que nos lo recuerde para revivirlo con la misma intensidad. Por ejemplo, un color, una forma, un olor, un paisaje… De ahí la importancia de conocer los traumas que nos han marcado en las primeras etapas de nuestra vida para poder superar un conflicto y curarnos.

Cuando un shock traumático “impacta” en una zona del cerebro antiguo aparecen tumores en los órganos relacionados con el endodermo o el mesodermo antiguo mientras que si impacta en una zona del cerebro moderno lo que se produce son necrosis o ulceraciones en los mismos.

Según Hamer, los hongos, ciertas bacterias y micobacterias tienen como función principal eliminar los tumores producidos durante la fase activa de la enfermedad cancerosa mientras otros microorganismos (bacterias) y algunos virus ayudan a restaurar las necrosis o ulceraciones. Y, por tanto, es una barbaridad combatirlos.

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Abril 2002
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