¿Se puede saber qué patologías podemos sufrir en el futuro analizando simplemente la sangre?

La Microscopía Morfológica Celular divide hoy a la comunidad científica como en su día lo hizo la pugna entre los partidarios del monomorfismo de Pasteur y el pleomorfismo de Béchamp. Para sus defensores se trata de la principal herramienta preventiva de la que podría disponer actualmente la Medicina porque con una sola gota de sangre es posible detectar los microorganismos patógenos que infectan el cuerpo y gran parte de los desarreglos celulares que pueden dar lugar en el futuro a patologías crónicas y/o degenerativas. Y es que hasta 180 morfologías defectuosas diferentes pueden reconocerse hoy ya bajo el microscopio. Después sólo quedaría actuar en consecuencia.

Cualquier agricultor sabe la importancia que tiene para la supervivencia de sus cultivos la naturaleza del terreno donde piensa plantar. Y que es fundamental su composición, su capacidad para retener agua, la calidad del aire, sus nutrientes… Asimismo sabe que si deja que el terreno degenere –por falta de agua, aumento de la acidez, contaminación, pérdida de nutrientes, etc.- se volverá estéril y falto de vida. Y sin embargo, ¿qué sabemos de nuestro medio interno, del terreno del que nuestros órganos y sistemas, como si fueran árboles frutales, obtienen la vitalidad para dar ese fruto tan preciado que es la salud? ¿Qué pasa con nuestra estructura celular? ¿Qué sabemos de su acidez y de su permeabilidad al oxígeno y al agua? ¿O de cómo funcionan sus mecanismos de absorción de nutrientes? ¿O de cómo procede el cuerpo a desintoxicarse? En general, poco o nada. Desde luego menos que el agricultor de sus tierras. La ignorancia sigue aún presente pues en cada una de las decisiones que a diario se toman, sea en un consultorio de atención primaria, sea en el despacho de la ministra de Sanidad. Siendo por eso por lo que sigue siendo más importante actuar contra el virus de la gripe que el estado global del paciente al que afecta. A pesar de que en una misma habitación, con el mismo virus flotando en el ambiente, sólo unos pocos se contagien y el resto no.

Tal sinsentido arranca de la victoria de las teorías de Luis Pasteur a finales del XIX. Y más que de su “victoria”, del uso posterior que se hizo de ella. Porque desde entonces es la capacidad patológica del microorganismo lo que prima –en lugar del estado de las defensas de la persona- y además se da por cierto que la morfología de éste jamás cambia, independientemente de cuál sea el estado del cuerpo en el que se introduce. Enfrente, derrotada, quedaría en segundo plano la teoría del pleomorfismo de Antoine Béchamp quien afirmaba que lo importante era el terreno y que además todo microorganismo evoluciona cambiando su estructura en función de las condiciones del medio interno en el que se aloja.

Bueno, pues desde entonces en lugar de buscar puntos de encuentro donde situar la práctica de la Medicina se apostó únicamente por Pasteur. ¿Tendría que algo ver con que esa teoría era mejor para hacer negocios en el ámbito de la salud? Y es que si el microbio no tiene nada que hacer en un organismo sano que es cuidado y alimentado bien ¡no hay negocio! Pero si se admite que puede ser pernicioso aún en tal caso y por tanto hay que combatir los microbios patógenos con antimicrobianos el negocio es redondo ya que se podrán vender antibióticos, antivíricos, antifúngicos… De hecho la todopoderosa industria farmacéutica encontró en la decisión de apoyar a Pasteur las raíces de sus multimillonarios beneficios. ¿Que alguien enferma? Pues el responsable es un atacante externo al que hay que combatir y allí están ellos para vendernos sus sofisticadas armas biológicas. Pero de explicarle a la gente que no son en absoluto necesarias en un organismo sano y bien nutrido, nada de nada. Bueno, lo contaron quienes optaron por apoyar la Medicina natural y apostar por el cuidado del terreno, por el medio interno, como factor primordial de prevención e, incluso, de tratamiento. ¿El resultado? Se les marginó en las facultades de Medicina, en los colegios médicos y en las instituciones sanitarias en el poder. Ayer como hoy.

Esta pugna se reflejaría también en los métodos de diagnóstico y prevención. De ahí que en el caso de la sangre –que es de la que en este texto queremos hablar- su examen se reduzca hoy a obtener un conjunto de datos que reflejan su bioquímica en un momento dado. Por lo que tales datos proporcionan una capacidad de prevención muy reducida ya que los análisis se realizan normalmente cuando la sintomatología es evidente y el proceso patológico ya está en pleno desarrollo. Por contra, los defensores de la teoría de que lo importante es el terreno han encontrado la manera de contribuir de verdad a una auténtica medicina preventiva gracias al desarrollo tecnológico con el microscopio de contraste de fases y el microscopio de campo oscuro que permiten visualizar fácilmente pequeñas células y partículas sin teñir. Con lo que al poderse estudiar la sangre humana en vivo y sin tinciones ni sustancias añadidas es posible saber si hay excesos alimenticios, déficits nutricionales, carencias vitamínicas y minerales, residuos tóxicos o la presencia de microorganismos patógenos. En definitiva, conocer mejor el estado de salud del paciente y además hacer una previsión realista de posibles problemas futuros.

BRADFORD, EL HLB Y EL HRBM

Bien, pues uno de los principales impulsores de los nuevos métodos de “leer” en la sangre nuestro futuro es el investigador norteamericano Robert Bradford. Poseedor de 15 patentes, 3 doctorados honoríficos y numerosos premios internacionales por sus innovadores trabajos en el ámbito del diagnóstico y de las terapias integrativas es además fundador de la compañía de suplementos nutricionales y biomedicina American Biologics y del Instituto Bradford especializado en la investigación de terapias biológicas e integrativas para las enfermedades degenerativas e inmunológicas. Y que ha desarrollado una nueva disciplina médica, la Oxidología, encargada de estudiar las reacciones de las especies reactivas de oxígeno en tejidos sanos y enfermos. En suma, una persona a la que nunca le ha preocupado enfrentarse al sistema. De hecho en 1972 fundó el Comité por la Libertad de Elección en la lucha contra el cáncer, organización de presión que participó en varias batallas legales para tratar de conseguir la legalización del Laetrile –fármaco que básicamente lleva vitamina B17, también conocida como amigdalina o laetril– como tratamiento para el cáncer (lea en nuestra web –www.dsalud.com– el artículo que con el título Sorprendente tratamiento del cáncer con vitamina B17 y un compuesto de plantas publicamos en el nº 64).

Posee además en el campo de investigación sobre la sangre la patente del Microscopio de Proyección Variable (BVPM) y ha elaborado dos tests sanguíneos -el HLB y el HRBM– utilizados ya en más de 30 países a pesar de lo cual aún son prácticamente desconocidos en nuestro país por la gran mayoría de los médicos.

La técnica es sencilla y rápida pues consiste en extraer del paciente unas gotas de sangre con un ligero pinchazo en la punta del dedo que luego se colocan en una laminilla de vidrio -algunas para ser observadas inmediatamente, otras para hacerlo tras dejarlas secar- que luego se visionan gracias a un sofisticado microscopio equipado con contrastes de fases y campo oscuro. Un singular microscopio que permite ver gran cantidad de detalles en las células sanguíneas así como la formación de redes de fibrina y las especies tóxicas de oxígeno reactivo (EROT) lo que puede indicar disfunciones metabólicas, estrés específico y otros problemas.

Normalmente primero se realiza el HRBM (High Resolution Blood Morphology) -también conocido como análisis de sangre viva- usando de 800 a 15.000 aumentos -frente a los 1.000 que suelen utilizarse en un análisis convencional de la sangre-. Y después el test HLB (Blood Coagulation Morphology) o test de radicales libres. Para éste sí se deja antes coagular la sangre que luego se examina a entre 200 y 400 aumentos. Con él la cantidad y la ubicación de los procesos oxidativos en el cuerpo se pueden evaluar en minutos.

Mediante este doble análisis el médico puede descubrir y valorar en el terreno condiciones patológicas y enfermedades en su fase inicial y crónica. Es más, permite luego analizar tanto la evolución de la enfermedad como las respuestas del organismo a la terapia seguida. En suma, un método útil en todo tipo de trastornos: inmunológicos, autoinmunes, degenerativos, cardiovasculares, neurohormonales, respiratorios, cáncer; etc. Y que permite valorar las posibles intolerancias y alergias alimentarias, las alteraciones de la flora intestinal (disbiosis), los déficits vitamínicos, las disfunciones hepáticas y pancreáticas, las inflamaciones, el estrés fisiológico, una posible hipercalcemia, una candidiasis sistémica, las respuestas menstruales… En definitiva, un amplísimo abanico de posibilidades que en manos de un médico preparado en la identificación adecuada de las imágenes -lo que no siempre es sencillo- constituye una valiosa herramienta de investigación y prevención que puede ayudar al médico a completar un diagnóstico previo o a confirmar –siempre debe hacerlo- un diagnóstico posible.

LA EXPERIENCIA ESPAÑOLA

Así trabaja en Valencia la doctora Inmaculada Reig Monleón, sin duda una de las mayores expertas de nuestro país en el método Bradford de examen de la sangre. Especialista en Medicina Integrativa -ortomolecular, bioecológica y nutricional- es colaboradora desde hace quince años del Bradford Research Institute con el doctor Antonio Marco Chover –uno de los mejores especialistas españoles en Nutrición imparte anualmente cursos para médicos sobre esta técnica. “Es posible que al ser humano le falte ambición por su salud orgánica –nos diría-porque los que se preocupan suelen hacerlo más bien por su apariencia física. También es posible que las personas, más preocupadas por su trabajo, vivan con la convicción de que su cuerpo es una especie de burro de carga que todo lo puede soportar. Pero tales ideas o creencias entran en crisis cuando la enfermedad se manifiesta. Y si es grave siempre surge la misma pregunta: ¿No podría haberse detectado antes?” Obviamente su respuesta, tras tantos años de experiencia con los tests HLB y HRBM, es . Es más, está convencida de que muchas de las enfermedades que padecemos podrían evitarse simplemente conociendo un poco mejor el estado del terreno que nosotros mismos generamos a diario y del que en gran medida depende el adecuado funcionamiento de nuestros órganos y sistemas.

-Díganos ¿qué papel juega o podría jugar a su juicio la Microscopía celular de alta definición en la medicina preventiva?

-Muchos desequilibrios funcionales, tratados en sus primeros estadios, podrían haberse corregido y evitar así la aparición de patologías orgánicas. Son muchas las enfermedades que se gestan de manera subclínica, con apenas sintomatología, que hubieran podido evitarse si se hubiese advertido a los pacientes con tiempo. Y ésa es la ventaja de este tipo de análisis: que permite saber qué alteraciones han empezado a tener lugar en el cuerpo, qué zonas del organismo hay por ello que reforzar y qué factores de riesgo evitar. Nos ayuda a observar cualquier desequilibrio funcional antes de que se convierta en disfunción orgánica. Por ejemplo, entre quienes sufren cáncer de mama suele haber una gran toxicidad intestinal. Evidentemente no todas las pacientes con toxicidad intestinal van a desarrollar cáncer de mama pero si hay toxicidad intestinal hay que tratarla porque a largo plazo puede aparecer algún tipo de patología.

-¿Este tipo de análisis permite detectar enfermedades?

-No. Estos tests no sirven para detectar enfermedades. Yo hago este análisis y con él en la mano no puedo decirle al paciente “usted es diabético”, “tiene usted una hepatitis C” o “padece parkinson”. No le pongo a lo que veo apellidos diagnósticos. Puedo prevenir patologías haciendo estudios en personas sanas, normales. Puedo ver en patologías ya declaradas cómo está el terreno del enfermo, su medio interno, si tiene pocos o muchos radicales libres, si tiene candidiasis, si hay bacterias patógenas, si tiene inflamación intestinal, si está intoxicado por metales pesados, si hay micoplasmas en los hematíes, si su sistema inmunitario está muy debilitado por la fragilidad de las membranas de los leucocitos, si hay riesgo de deficiencia de vitamina C, si sufre disbiosis intestinal, si hay estrés suprarrenal… De esa manera me hago una idea del terreno y obtengo datos que me permiten tratar o seguir indagando mediante otras pruebas si lo considero oportuno. Y finalmente también es un análisis que, en la medida en que varía, me permite hacer un mejor seguimiento del paciente mediante pruebas nada traumáticas. Si tiene muchos radicales libres y le pongo un tratamiento para combatirlos me interesa hacerle un control para saber si han disminuido y en qué grado, si sigue igual o sigue peor, o si tengo que aumentar la dosis

HEMATÍES, LEUCOCITOS Y MICROORGANISMOS

-La verdad es que resulta espectacular observar en directo en la pantalla que está conectada al microscopio el movimiento de los hematíes, sus diversas formas y colores.

-La observación de los hematíes aporta muchos datos acerca de su comportamiento funcional. Con un análisis convencional podemos saber el número de hematíes y la cantidad de hemoglobina que poseen pero con esta técnica podemos observar si los hematíes están libres, separados entre sí, o unidos formando pilas de monedas –o rouleaux– lo que es indicativo de un aumento a nivel sanguíneo de radicales libres así como de una posible deficiencia enzimática a nivel digestivo. Si yo le digo al paciente que tiene cinco millones de hematíes no estoy siendo tan clara como si le digo y le muestro que los tiene muy apelmazados, muy agregados entre sí, lo que significa que no le pueden proporcionar el oxígeno adecuado por todas sus caras ya que al estar pegados no pueden funcionar libremente. Ni pueden dar todo el oxígeno del que son capaces ni liberar todo el CO2 que deberían. La evaluación de los rouleaux en cantidad y extensión permite establecer un tratamiento adecuado a esa situación que no es posible contemplar en los análisis ordinarios. Podemos también observar la nutrición de la membrana de los hematíes, su flexibilidad, -muy importante a la hora de pasar por los capilares-, su resistencia frente a los radicales libres y diversas formas anómalas cada una de las cuáles tiene su significado clínico.

-¿Y qué nos pueden decir estos análisis sobre el estado del sistema inmune, pieza clave sobre la que pivota nuestra salud?

-Este análisis puede explorar el sistema inmune mediante la observación de la morfología y del movimiento de los glóbulos blancos en la muestra sanguínea. Podemos evaluar hasta cierto punto la fortaleza o la disfunción de los glóbulos blancos y estos parámetros son indicativos de estrés funcional, envejecimiento acelerado o deficiencias nutricionales. Observamos especialmente la movilidad de los leucocitos polimorfo-nucleares porque la movilidad nos indica actividad. El leucocito actúa como barrendero del cuerpo, es el encargado de atrapar virus y bacterias y que esté activo significa que tiene suficiente cantidad de nutrientes en su interior; por ejemplo de taurina, muy importante para la movilidad leucocitaria. También observamos la movilidad de los gránulos del leucocito o la calidad de su membrana, si está bien delimitada o no. Con este análisis podemos ver leucocitos, eosinófilos, basófilos, y linfocitos pero hacemos una referencia muy especial a la movilidad de los leucocitos, la fragilidad de su membrana y la calidad de sus gránulos fundamentalmente porque son los más abundantes. Aunque lo más relevante es ver, más que la cantidad, la calidad de la población leucocitaria.

Si yo hago el análisis y observo que la mayoría de los leucocitos tienen forma redonda y no inician ningún movimiento les dejo bajo la luz para que se activen. Y si pasado un tiempo veo que la mayor parte siguen quietos y mantienen su forma redondeada pienso en una deficiencia de taurina a nivel leucocitario.

-¿Qué tipo de bacterias y hongos pueden verse en la sangre?

-Estamos acostumbrados a oír en Medicina que las bacterias en la sangre suponen septicemia pero en este análisis no buscamos ese tipo de bacterias. Hablamos de bacterias del intestino grueso que a través de la permeabilidad intestinal pueden pasar a la sangre. Casi siempre son bacterias procedentes del intestino con el halo de toxinas de rigor pero lo que nos indica es que hay una excesiva permeabilidad intestinal con todo lo que ello puede conllevar con el paso del tiempo: colon irritable, síndrome de fatiga crónica, hepatitis crónica, pancreatitis, etc. Además cualquier compromiso de la membrana intestinal aumenta la producción de radicales libres y de carcinógenos que tienen que ser neutralizados y bloqueados por los mecanismos de detoxificación. La hiperpermeabilidad puede jugar un papel primordial en la evolución de cada una de las enfermedades relacionadas hacia estados crónicos de larga evolución o puede ser secundaria a una disfunción hepática e insuficiencia pancreática creándose un círculo vicioso. Pero volviendo a las bacterias, con el análisis HLB podemos apreciar también si en el intestino delgado existe o no un desequilibrio -y, por tanto, una disbiosis- entre bacterias patógenas y bacterias beneficiosas lo que precisaría de probióticos. Además mediante estos análisis podemos ver si hay hongos. Y aclaro que ver cándidas no significa que los órganos estén colonizados o que se trate de un cáncer o un sida terminal. Significa sólo que hay un aumento de la permeabilidad intestinal que permite que veamos en la sangre algo que hay en el intestino.

PREVENIR MEJOR QUE CURAR

-En el caso de las enfermedades cardiovasculares -tan difíciles de predecir-, ¿cuáles serían los indicios que pueden apreciarse mediante estos análisis?

-En este caso los cristales de colesterol, la presencia de hilos de lípidos -porque tiene que ver con una posible disfunción del metabolismo lipídico-, la presencia de agregados de proteínas y la aparición de estrés cardíaco funcional. Y cuando aparece éste último pido todas las pruebas de riesgo cardiovascular y análisis convencionales para luego valorar en conjunto los factores de riesgo. En este análisis también podemos ver el colesterol LDL oxidado, que es más dañino aún que el LDL. Y si vemos que hay muchos cristales aplicamos un tratamiento preventivo para tratar de evitar una arterioesclerosis.

-Una de las grandes aportaciones de estos tests es la cantidad de información que pueden proporcionar sobre los radicales libres, responsables al parecer de numerosas patologías degenerativas…

-La evaluación de la sangre periférica con el test HLB nos permite evaluar la cantidad y localización -general o parcial- de las especies tóxicas de oxígeno reactivo (ROTS). Y no olvidemos que la formación de estas sustancias afecta a las estructuras celulares y a los procesos redox en los sistemas bioquímicos. Una presencia patológica llevaría al organismo a procesos acelerados de estrés, disfunciones metabólicas, enfermedades degenerativas y a un prematuro envejecimiento. Podemos apreciar su presencia en las gotas de sangre coaguladas observando un tipo de manchas blanquecinas características. Además con el test HLB podemos ver multitud de variaciones morfológicas en la coagulación sanguínea debidas no sólo a los radicales libres sino también características de la presencia de diferentes patologías, deficiencias, desequilibrios hormonales y toxicidad. En ese mismo análisis, por cierto, podemos apreciar también -por ejemplo- la falta de vitamina C; es así cuando vemos un desprendimiento excesivo de hematíes en los bordes de la primera gota. Con este test podemos ver 67 morfologías alteradas que están correlacionadas hasta con 104 factores de riesgo biológicos.

-¿También pueden medir la intoxicación por metales pesados?

-Hay un signo directo de toxicidad por metales pesados que se aprecia en la prueba sobre la sangre coagulada, en la tercera gota; un halo oscuro alrededor, muy oscuro. En estos casos sospechamos toxicidad por metales pesados y lo correcto es hacer un análisis para saber cuáles son los que más están afectando. Fundamentalmente, si es muy evidente, solemos hacer la prueba para el mercurio y el plomo pero también se puede volver a tomar una muestra pasadas unas semanas tras haber realizado una limpieza del organismo. Y si hay toxicidad por mercurio se puede utilizar el selenio, el DSMA, el glutatión y otros antioxidantes.

-¿Para qué utiliza usted principalmente estas pruebas?

-Estos análisis tienen la capacidad de ayudar al médico a determinar si la enfermedad es aguda o crónica, mediana o severa, y nos proporciona la compresión de cuáles son las rutas metabólicas que son necesarias fortalecer o mejorar para mantener la integridad y la salud corporal. Además de utilizarlo como elemento diagnóstico la información recogida nos permite escoger los tratamientos adecuados para mejorar las funciones fisiológicas fortaleciendo el sistema inmune y administrando los nutrientes de los que hay déficit. Utilizamos tratamientos para eliminar las bacterias perjudiciales, restaurar la integridad de la membrana intestinal, damos bacterias saludables saprófitas o probióticos, tratamos las disfunciones a nivel funcional del tracto digestivo, corregimos la candidiasis intestinal y evitamos la proliferación de otros hongos patógenos. También lo utilizo como chequeo cuando los análisis convencionales aparentan normalidad y queremos ver la existencia de posibles desequilibrios funcionales latentes. Es asimismo útil para el control y seguimiento de patologías crónicas y de su tratamiento, bien sea convencional, bien complementario.

Se trata además de un análisis didáctico porque cuando la gente se lo hace ve que no es traumático y le permite asimilar la información que ofrece por lo que se lo termina recomendando a la familia y a los amigos. De hecho hoy se lo hago a otros compañeros médicos a los que también les interesa tener esa visión del terreno de sus pacientes.

Terminamos. Ciertamente cada imagen, cada figura y cada color expresan en la sangre algo diferente sobre nuestro medio interno que sólo un profesional preparado es capaz de interpretar tras muchas horas de estudio y trabajo delante del microscopio. Imágenes que luego ha de digitalizar y comparar con los bancos de imágenes, propios y ajenos. Pero compensa porque el resultado, la labor preventiva que puede conseguirse con esta técnica, supone un punto y aparte en el ámbito de la Medicina preventiva.

Antonio Muro

Este reportaje aparece en
119
Septiembre 2009
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