Sin formarse en medicina ambiental no puede tratarse seriamente a ningún enfermo

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Que la Medicina alopática, convencional, ortodoxa o farmacológica ignora las causas de la inmensa mayoría de las llamadas “enfermedades” y por eso quienes la ejercen se limitan a menudo a dar drogas para paliar los síntomas de los enfermos lo reconocen ya los propios médicos. Sin embargo tal convicción es no ya errónea sino falsa pues hoy se sabe que gran parte de las patologías las provocan los productos tóxicos con los que en los últimos años los humanos hemos envenenado estúpidamente el planeta. Y que es así lo han demostrado médicos, biólogos, químicos, físicos, farmacéuticos y muchos otros profesionales de la salud que optaron por formular una nueva concepción del arte de entender las “enfermedades” y cómo afrontarlas que ha terminado denominándose Medicina Ambiental. Una visión de la Medicina que pretende recuperar el sentido común y volver a ser “original”, es decir, volver la vista al “origen”, a la causa de las patologías. Y que por eso en lugar de buscar “enfermedades” indaga la causa o causas de que alguien esté enfermo. Es decir, valora todo lo que puede alterar el equilibrio, la homeostasis del cuerpo, sabiendo que su pérdida es lo que da inicio a todas las llamadas “enfermedades”. Y es que como bien afirma Pilar Muñoz Calero, presidenta de laFundación Alborada, “al ser humano le influye todo aquello que respira, que come, que bebe, que piensa, que siente, que le preocupa, que le inquieta, que le supera, que le entristece, que le duele, que le anima…” De ahí que la Medicina Ambiental rechace la idea de que el ser humano se reduzca a una serie de reacciones bioquímicas que vienen programadas en los genes y cuyo cuerpo hay que tratar cuando no funciona bien como si se tratara de un coche defectuoso que se lleva al taller, es decir, de forma mecánica.“El ser humano pertenece al ámbito de lo vital–nos diría la Dra. Elisa Sánchez Casas,miembro de la misma fundación y estrecha colaboradora de la Dra. Muñoz Calero- y su organismo no es un mecanismo inerte y rígido sino un sistema vivo y palpitante. Y como tal, imprevisible, misterioso, novedoso y siempre sorprendente”.
Puede decirse que esas dos premisas son de hecho el soporte de lo que hoy se conoce como Medicina Ambiental, nueva disciplina que ya se ha abierto paso en el mundo académico y profesional de muchos países pero que en España está aún desgraciadamente en mantillas. Pues bien, hemos hablado con las dos doctoras mencionadas ya que son sin duda de las que más saben en nuestro país de ella. Formulando preguntas que nos fueron respondidas por ambas consecutivamente cuando no al alimón y de ahí que hayamos decidido plasmar en este texto sus respuestas como algo común y sin matizar cuando hablaba una u otra dada la comunión de ideas y planteamientos que manifiestan.
La Medicina Ambiental asume que una persona puede enfermar porque ha sufrido un shock traumático que le haya afectado profundamente a nivel psíquico y emocional somatizándolo pero se centra especialmente en el problema actual de tremenda intoxicación que sufren nuestros organismos. ¿Es correcto?
-Sí. Porque los problemas psicoemocionales son importantes pero afortunadamente pueden ser hoy valorados y tratados por profesionales de diversas especialidades, especialmente por los psicólogos. Es un ámbito razonablemente bien cubierto a nivel terapéutico. En cambio el de los tóxicos presentes en el aire que respiramos, el agua que bebemos, los alimentos que ingerimos o los productos que usamos de forma habitual es aún una asignatura pendiente para la inmensa mayoría de nuestros colegas. ¿Por qué? Porque nadie se lo ha explicado adecuadamente.
-Y para ustedes es algo crucial.
-Exacto. Por eso cuando atendemos a un enfermo lo primero que hacemos es una anamnesis o historial clínico muy detallado. Pero no con el protocolo estándar ya que es incomprensiblemente incompleto. Nosotros intentamos averiguar todo aquello que a su alrededor le pueda estar intoxicando: pesticidas, aditivos y colorantes de alimentos, ftalatos y almizcles sintéticos de las colonias, formaldehidos de ambientadores, ropa y muebles, fijadores derivados de hidrocarburos para las fragancias, etc. La Medicina Ambiental nos lleva a estar muy atentos delante de la persona afectada y, sobre todo, a valorar cada día todo síntoma o signo nuevo que el paciente sufra. Encaje o no en el marco de lo conocido o estudiado.
Solo con esa actitud y escuchando al enfermo en profundo silencio es posible captar el verdadero sentir de un ser humano. Hay que generar credibilidad y ganarse su confianza.
-Bueno, se supone que eso es lo que hace o debería hacer todo médico…
-Desgraciadamente no es así, sobre todo en las consultas del sistema público. En ellas los médicos atienden a un paciente cada siete u ocho minutos así que o se limitan a desviarlos hacia el “especialista” –y entonces ya puede el enfermo olvidarse de que se le trate de forma integral- o le sugieren que se tome un fármaco paliativo a ver si con el tiempo el organismo resuelve solo el problema. Y cuando no es así descartan con demasiada frecuencia los síntomas que no coinciden con lo que sospechan que padece. Aunque lo peor es cuando los síntomas no coindicen con ninguna de las “enfermedades” catalogadas y el médico decide entonces decirle al enfermo eso de que “se trata de un problema psicosomático y no real”. ¡Como si los problemas psicoemocionales que se somatizan no provocaran problemas orgánicos! ¡Y para qué decir ya de los casos en que se opta por apostar que se trata de un “enfermo imaginario”!
¿Y sabe qué está pasando? Que cada vez hay más personas desesperadas porque los médicos ni siquiera son capaces de entender lo que les ocurre. Muchos se sienten tan incomprendidos que a veces, en los casos graves, sólo desean morir.
Pues bien, la Medicina Ambiental puede ayudar a entender muchos de tales casos y además a romper los “compartimentos estancos” de las especialidades a fin de que los médicos volvamos a valorar el organismo como una totalidad, con su homeostasis y equilibrio, sin obviar el medio en el que nos movemos ya que interacciona permanentemente con nosotros.
-¿Y cómo valora la Medicina Ambiental tantos aspectos a la vez?
-Escuchando al paciente, viendo qué problemas psicoemocionales puede haber somatizado, si hay alguna disfunción orgánica, si tiene déficits nutricionales, si es intolerante y/o alérgico a algún producto –comestible o no- y si está intoxicado. Lo que puede valorarse teniendo claros una serie de conceptos que en Medicina Ambiental denominamoscarga corporal total, adaptación, bipolaridad, fenómeno de expansión, fenómeno de intercambio e individualidad bioquímica.
-Profundicemos pues en ellos. ¿A qué llaman “carga corporal total”?
Se define como carga corporal total a la cantidad de contaminantes procedentes del aire, el agua, los alimentos, la ropa y otros productos que penetran en el cuerpo y el organismo se ve obligado a procesar de forma adecuada para mantener la homeostasis y asegurar la supervivencia. Contaminantes que pueden ser biológicos (parásitos, virus, bacterias, hongos, pólenes, polvo, alimentos…), químicos -orgánicos e inorgánicos- o físicos (radiaciones telúricas, electromagnéticas, ionización del aire, radón, golpes de calor, insolaciones, congelación, ruidos…).
Obviamente la carga corporal total de un paciente no es constante. Puede aumentar con una exposición a contaminantes más intensa –por la duración o por su mayor o menor virulencia- o bien a un número mayor de contaminantes. E igualmente aumenta cuando el organismo está más debilitado por las lesiones tisulares. Algo que puede afectar a un sólo órgano o involucrar a varios de ellos. Podemos hablar de dos tipos: la exposición tóxica masiva y repentina a una sustancia química (pesticida, herbicida…) o un contaminante biológico (bacterias, virus…) y la exposición tóxica constante de bajo nivel (a dosis mínimas) a los contaminantes biológicos, químicos o físicos con los que conectamos cotidianamente y que se van acumulando en el organismo de forma gradual.
Piénsese que desde 1965 se han creado ¡cuatro millones! de compuestos químicos diferentes de los que unos 100.000 se producen y comercializan actualmente. A los que cada año se suman 6.000 nuevos.
Y la mayoría se encuentran ya tanto en el aire como en el agua potable y los alimentos. Bueno, pues un número importante de ellos son tóxicos y solubles en grasa por lo que tienden a acumularse en el tejido graso; especialmente en la capa lipídicade las membranas celulares.
-Es decir, que aunque el organismo logra eliminar buena parte otras muchas toxinas se acumulan en él intoxicándolo…
-Eso es. Algo que adquiere especial gravedad entre quienes tienen limitada su capacidad de desintoxicación, sea por causas genéticas o adquiridas. El organismo elimina o encapsula los tóxicos tanto entre las personas sanas como entre las que tienen limitaciones metabólicas pero el exceso puede alterar los sistemas biológicos de desintoxicación provocando cambios en las rutas de conjugación, en la sensibilidad de los receptores celulares y/o en la depleción de nutrientes. Pudiendo por ello padecer una inflamación generalizada o ver significativamente alterados uno o varios órganos.
-¿Y a qué llaman “adaptación”?
-Todo ser vivo tiene la posibilidad de adaptarse a un ambiente distinto al habitual. Y nuestro organismo, con tal de sobrevivir, es por eso capaz de adaptarse a un ambiente tóxico. Es un mecanismo natural de adaptación que, eso sí, implica un cambio en la homeostasis, en los procesos metabólicos que mantienen el equilibrio de forma constante para lo cual el cuerpo refuerza los sistemas de desintoxicación enzimática e inmunológica a nivel fisiológico. Y claro, durante ese proceso de adaptación pueden enmascararse –no notarse- los efectos producidos por el tóxico. Es más, a veces impide al organismo reconocerlos permitiendo la repetición inadvertida de las exposiciones durante las cuales los contaminantes siguen penetrando, acumulándose en el cuerpo y generando un aumento de la carga corporal total y la depleción de los nutrientes que el organismo necesita para llevar a cabo el proceso de desintoxicación. La consecuencia es un deterioro de las funciones básicas que acabará con la claudicación del órgano u órganos afectados. Cambios metabólicos que obviamente dependerán de la concentración y virulencia de los contaminantes, del volumen y tiempo de la exposición, de la carga corporal total y de la presencia de otra enfermedad.
-¿Pueden poner un ejemplo ilustrativo?
-Claro.Cuando alguien empieza a fumar e introduce en sus pulmones el humo del tabaco -lleno de miles de sustancias químicas tóxicas- el organismo detecta el peligro y lo primero que hace es disminuir su funcionamiento entre un 5 y un 20%. Luego, al tercer o cuarto día, si la exposición persiste la función del órgano vuelve a la “normalidad” (función pulmonar normal). Solo que esa recuperación aparente se hace a costa de un importante esfuerzo metabólico que conlleva la depleción de los nutrientes utilizados para el mismo -enzimas, vitaminas, aminoácidos, hidratos de carbono, lípidos…- y un aumento de la carga corporal total –es decir, de una notable acumulación de toxinas en el cuerpo-. Lo que a la larga abocará en una disminución mantenida de la función del órgano afectado. En otras palabras, los pulmones terminarán siendo dañados; en mayor o menor grado según lo que la persona fume y cuánto. Así que aunque inicialmente la adaptación es un mecanismo beneficioso que nos permite sobreponernos a la agresión de los contaminantes a la larga, como consecuencia del sobreesfuerzo, termina agotando los recursos.
Mecanismo de adaptación que tiene tres etapas: alarma, enmascaramiento y fracaso orgánico. Y el órgano afectado termina funcionando mal o cancerizándose.
-Y esto es extrapolable a todo proceso de intoxicación.
-En efecto. Al principio los sistemas enzimáticos e inmunológicos de desintoxicación establecen un aparente nivel de normalidad -a costa de un mayor esfuerzo- a fin de acomodarse. Un reajuste que tiene lugar en tres fases: en la primera suena la “alarma” y se activan los sistemas de desintoxicación para intentar eliminar la sustancia tóxica con una presión mínima de los sistemas de respuesta; es una fase que suele pasar desapercibida ya que rara vez se agotan los nutrientes, se altera la capacidad metabólica o se establece un proceso inflamatorio.
La segunda se caracteriza ya por el inicio de la inadaptación y del deterioro orgánico como consecuencia de la exposición prolongada o de la excesiva virulencia de los incitantes que va a forzar tanto a los reguladores energéticos (ATP, vitaminas, minerales, carbohidratos, grasas…) como a los sistemas enzimáticos (glucosa 6 fosfato deshidrogenasa, glutatión peroxidasa, superóxido dismutasa y los sistemas citocromo P450) lo que conduce a una depleción gradual de los nutrientes esenciales y a la afectación del sistema endocrino (desregulación hormonal). En esta fase la persona aún no es consciente de la relación exposición/síntoma y suele seguir exponiéndose a los tóxicos aumentando así la carga corporal total.
Finalmente, cuando la exposición crónica hace imposible obtener ya los nutrientes precisos para una adecuada desintoxicación se inicia entonces la tercera y última fase, la que da lugar inevitablemente al fallo orgánico por incapacidad del organismo para procesar tóxicos por muy pequeña que sea la cantidad.
-Entiendo. Háblenme ahora del concepto de bipolaridad.
-Verá, la respuesta de los sistemas enzimáticos e inmunes de desintoxicación a la exposición a una sustancia tóxica se manifiesta en dos fases. En la primera se objetiva una reacción de estimulación / abstinencia predominando la estimulación. La segunda fase se caracteriza en cambio por una reacción depresiva en la que los sistemas de desintoxicación son incapaces de procesar adecuadamente la carga total. Es pues una manifestación bipolar: estimulación primero ydepresión después.
-¿Pueden explicarlo más detalladamente?
-Claro. Mire, ante cualquier tóxico aislado el organismo activa primero los sistemas de desintoxicación (enzimática, inmune), aumenta la síntesis de sustancias mediadoras y refuerza las reacciones biológicas. Inicialmente la persona suele percibirlo como un estado de estimulación que puede manifestarse como euforia, hiperactividad e incluso bienestar (que se corresponde con el estado de activación). Pero tres o cuatro días después si el estímulo nocivo es eliminado repentinamente y el sistema de desintoxicación, como consecuencia del esfuerzo realizado, ha sufrido un deterioro suficiente como para generar un cambio en el metabolismo éste puede manifestarse como un periodo de abstinencia cuyos síntomas son consecuencia de la desactivación lenta de los mecanismos implicados en el sistema de desintoxicación; lo que no debe confundirse con la fase segunda de bipolaridad, la depresión, que se produce cuando hay una activación excesiva y continuada motivada por la depleción de las reservas de nutrientes y el daño en la estructura celular. La segunda fase es pues la depresiva.
Resumiendo, en la fase 1, de estimulación, la persona malinterpreta la exposición tóxica como beneficiosa o no dañina y continúa con ella. Pero en la fase 2 hay una sensación depresiva en la cual los sistemas inmune, metabólico y de desintoxicación enzimática son ya incapaces de afrontar adecuadamente la carga corporal total. Y esa incapacidad conduce a la enfermedad.
-¿Y a qué se refieren ustedes cuando hablan de “expansión”?
-Llamamos expansión a la reacción secundaria del organismo a otros tóxicos. Verá, cuando el organismo se satura desarrolla una sensibilidad creciente a cada vez mayor número de contaminantes. La sobrecarga llega a veces a ser tan importante que cualquier otra sustancia tóxica, independientemente de la dosis y virulencia, desencadena una reacción violenta. Evidentemente eso sucede cuando fallan ya todos los mecanismos de desintoxicación y hay una clara depleción de nutrientes. La expansión puede pues referirse tanto a la aparición de toda nueva sustancia que provoca la reacción virulenta del cuerpo o al hecho de que las mismas sustancias tóxicas alteran más órganos.
-¿Y qué es el “fenómeno de intercambio”?
Hace referencia al hecho de que un mismo tóxico puede provocar reacciones en un órgano totalmente diferentes a las que provoca en otro. La respuesta tóxica puede cambiar en un plazo relativamente corto de tiempo y manifestarse en órganos diferentes. Por ejemplo, ante un pesticida puede haber una reacción inicial de cefalea y posteriormente sufrirse artritis. Y eso dificulta mucho relacionar causa y efecto.
Este “fenómeno de intercambio” que se manifiesta como un cortejo de síntomas dispares es común e insidioso y requiere mayor investigación pero es fundamental tenerlo en cuenta durante la evaluación médica inicial porque puede facilitar un mejor diagnóstico y un tratamiento más adecuado y restringir así la posibilidad de progresión.
-Supongo entonces que cuando se habla de individualidad bioquímica se quiere con ello decir que las reacciones a un mismo tóxico pueden ser diferentes según la persona…
-Efectivamente. La reacción ante los contaminantes es diferente en cada individuo y depende de las reservas de nutrientes, las características de sus sistemas de desintoxicación y la capacidad inmunológica para afrontar las agresiones tóxicas. Ante una misma sustancia nociva el organismo puede reaccionar de forma diversa y manifestarlo con síntomas distintos (artritis, sinusitis, diarrea, cistitis, asma…) o bien no manifestar ninguna reacción. La individualidad bioquímica en la respuesta de cada individuo depende de factores genéticos, del estado nutricional, de la carga tóxica y del estado nutricional en el momento de la exposición. Además también está condicionada por la susceptibilidad adquirida consecuencia de exposiciones ambientales que dañan el esperma, los óvulos o el feto.
Piénsese que los sistemas de desintoxicación en el hígado y los riñones de un feto no están tan desarrollados como en la madre y, por tanto, la carga tóxica de ésta traspasada al feto a través de la placenta no será bien procesada por él permitiendo que se acumulen y genere una carga total con potencial de dañar las células y órganos en desarrollo. Por eso el conocimiento de la carga corporal total dentro de la individualidad bioquímica de la persona es la base para el diagnóstico de la sensibilidad química y para determinar el tratamiento.
-Pues si les parece bien el mes que viene profundizamos en todo ello.
-Nos parece perfecto.

José Antonio Campoy

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Diciembre 2010
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