Sorprendentes y desconocidas propiedades terapéuticas del cacao

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Que el cacao -al igual que el chocolate negro -es un alimento valioso y energizante es bien sabido pero lo que mucha gente ignora es que sus propiedades son numerosísimas; tantas que resulta sorprendente que no se utilice terapéuticamente por los médicos. Ahora bien, hablamos de cacao, no de chocolate; porque la cantidad de cacao que se encuentra hoy en la mayoría de los productos que se comercializan es en general muy baja y además contienen lácteos y azúcares entre otras muchas sustancias no aconsejables. Y otro tanto cabe decir de los populares preparados de cacao en polvo, bebidas industriales de cacao, chocolate a la taza y chocolate blanco ya que las cantidades de cacao de los mismos son insuficientes. Lo explicamos.

Aunque son muchos los artículos publicados sobre las excelencias del chocolate lo que en realidad tiene indudables propiedades terapéuticas -avaladas por numerosas investigaciones- es el cacao. Hablamos de un producto que traería a Europa Hernán Cortés y hoy se comercializa en todo el mundo tras ser disfrutado durante casi dos siglos en conventos y palacios como "chocolate", palabra con la que inicialmente se definió una bebida que se preparaba moliendo los granos o semillas de cacao tras secarlas y tostarlas echando luego ese polvo en agua caliente y batiendo la mezcla que posteriormente se endulzaba con azúcar; bebida de mayor o menor densidad y dulzura en función de la cantidad de los ingredientes usados.

De hecho no sería hasta 1828 cuando se empezó a comercializar como sólido al desarrollar el químico holandés Van Houten un proceso conocido como "dutching" que permite separar la fibra de la materia grasa añadiendo un alcalí que además de neutralizar la acidez permite solidificarlo en tabletas. Tabletas a las que con el tiempo se añadirían otras sustancias como leche, harina, lecitina de soja, aceites vegetales -incluidas margarinas-, gomas vegetales, vainilla, mantequilla, canela, huevo, tapioca, ceras, almidón de trigo y maíz, miel, frutos secos, café, limón, etc. Algunas de ellas claramente perjudiciales.

Lo singular es que quienes lo ingerían notaban tanto sus positivos efectos que hasta casi finales del siglo XIX se consideró una medicina natural vendiéndose como tal en las boticas; sin duda porque los toltecas, olmecas, mayas y aztecas transmitieron a los españoles sus conocimientos. Y que tenían razón lo demuestra que hoy el cacao se está ya aventurando en el ámbito de la medicina pues sus propiedades superan incluso las de muchos fármacos actuales; en especial a las estatinas y a los antihipertensivos.

De ello precisamente se habla en un interesante artículo publicado en 2000 en Journal of Nutrition por un equipo de la Universidad de California-Davis dirigido por el Dr. T. L. Dillinger en el que se resume la historia de sus propiedades curativas. Un texto en el que entre otras muchas referencias se habla de los códices Badianus (1552) y Florentino (1590), documentos profusamente ilustrados escritos en náhuatl -y en latín pocos años después de la conquista de México- que recopilan las dolencias que los aztecas trataban con infusiones de cacao molido: fiebre, fatiga, obstrucción de las vías respiratorias y apoplejía. Agregando posteriores escritos -tanto americanos como europeos- su utilidad en más de un centenar de enfermedades explicando que estimula el sistema digestivo y es útil en los casos de pacientes exhaustos, fiebre, anemia, amenorrea, problemas nerviosos, falta de leche materna, gota, cólicos renales, baja libido, etc. Es más, la pasta de cacao se utilizaría también tópicamente -bien sola, bien como base de otras plantas, cortezas o flores- en el tratamiento de irritaciones y heridas de la piel. De hecho el trabajo cita gran cantidad de tratados médicos de los siglos XVI a XIX -tanto de facultativos españoles como europeos- entre los que destaca una monografía sobre el chocolate escrita en 1741 por Carlos Linneo -naturalista, botánico y zoólogo sueco que estableció los fundamentos para el esquema moderno de la nomenclatura binomial y que tras su ennoblecimiento pasaría a ser conocido como Carl von Linné– en la que se asegura que además de ayudar a superar la debilidad que provocan distintas enfermedades es afrodisíaco. Claro que en esa época el chocolate se tomaba tras fermentar, secar y tostar primero las semillas de cacao y una vez molidas y echadas en agua caliente endulzarlo con azúcar o miel agregándose además vainilla o anís para disminuir su áspero sabor. Es decir, hasta casi finales del siglo XIX el chocolate se preparaba con el grano entero -sin separar pues su grasa o manteca como se hace hoy- por lo que debía ser una bebida enormemente rica en calorías, muy nutritiva y digestión lenta. Es pues comprensible que se recomendase para todo tipo de debilidad e, incluso, para la tuberculosis.

 

DEL CACAO AL CHOCOLATE

El chocolate, en suma, es el resultado de una compleja serie de procesos industriales -que van desde la inicial fermentación del fruto para separar las semillas o granos del cacao hasta el tostado del polvo y su mezcla con grasas originales (manteca de cacao), lácteas o vegetales- cuyo fin es conservar sus principios activos terapéuticos aunque sea algo disminuidos.

El cacao en polvo no es pues "chocolate en polvo" como mucha gente cree erróneamente sino el cacao desprovisto de la parte grasa; llamándose cocoa cuando ese polvo se procesa, acidifica y purifica para su comercialización industrial.

En cuanto al chocolate se obtiene usando tanto el cacao en polvo como la manteca -en distintas proporciones- además de otros productos -leche, azúcares, edulcorantes, cereales, frutos secos…- que son los que dan lugar a sus numerosas variantes. Desde el llamado "chocolate negro” que contiene un 99% de cacao -un 15% manteca- hasta el "chocolate blanco" -que a veces no contiene siquiera cacao y por tanto carece de sus propiedades terapéuticas- pasando por el "chocolate con leche". Variantes que dan lugar a múltiples texturas, formas, sabores y tipos: tabletas, bombones, helados, pasteles, mousse, trufas, galletas…. (vea el recuadro adjunto para más detalles).

En suma, si usted quiere beneficiarse de las propiedades terapéuticas del cacao y busca para ello chocolate deberá necesariamente buscar en la etiqueta la cantidad de cacao que contiene. Y además valorar las demás sustancias que se le hayan agregado porque algunas pueden ser muy perjudiciales; de hecho además de las antes mencionadas es posible encontrar edulcorantes sintéticos peligrosos como el aspartamo, harinas y proteínas desnaturalizadas, grasas "trans" -parcialmente hidrogenadas- tanto animales como vegetales e, incluso, grasas sintéticas como la Caprenina y el Salatrim.

 

COMPOSICIÓN DEL CACAO

En fin, aunque el cacao es una fruta lo que se comen son sus semillas -fermentadas y secadas- siendo su composición similar a la de muchos frutos secos: un 45% de glúcidos (almidones y azúcares) y un 45% de grasas saturadas (el 80% monoinsaturadas y el resto poliinsaturadas). Según un estudio de los doctores R. Pätzold y H. Brückner -de la Justus Liebig University de Giessen (Alemania)- publicado en 2006 en Amino Acids el cacao contiene fenilalanina, acido glutámico, leucina, acido aspártico, GABA, polifenoles, esteres, vitaminas del grupo B y E, minerales -fósforo, calcio, hierro, magnesio y, sobre todo, cobre, zinc, cromo y potasio, importantes para la salud cardiaca y el sistema circulatorio-… y muchos más principios activos que se concentran en el polvo de cacao y sobre cuyas propiedades terapéuticas se desconoce aun casi todo porque son ¡más de 500!

Destacan en cualquier caso entre las conocidas sus polifenoles antioxidantes -flavonoides, procianidinas, catequinas y epicatequinas- que son muy abundantes en el polvo de cacao -más incluso que en el té verde, las uvas negras y el vino tinto- y promueven la síntesis de óxido nítrico -importante vasodilatador y, por ende, hipotensor-, reducen la agregación plaquetaria -aumentando la fluidez de la sangre y facilitando el acceso de los eritrocitos a los capilares- y disminuyen el nivel de LDL aumentando el de HDL.

En cuanto a la teobromina y la cafeína del cacao son estimulantes, al igual que la feniletilamina; esta última un alcaloide de la familia de las anfetaminas presente en casi todos los animales y muchos alimentos que estimula la secreción de endorfinas a nivel encefálico. Es decir, nada especial a pesar de lo que se cuenta interesadamente habiendo comprobado un equipo de la Universidad de Bristol (Reino Unido) coordinado el Dr. H. J. Smit -el trabajo se publicó en 2004 en Psychopharmacology- que sus efectos son los mismos que se logran combinando teobromina y cafeína.

En cuanto a si la alcalinización de la pasta de cacao en las fases intermedias de elaboración del chocolate elimina una parte importante de sus flavonoides unos expertos afirman que sí mientras otros mantienen que la pérdida es mínima y se compensa por la potenciación de otros polifenoles que no se liberan en medio ácido. Estando entre los primeros un grupo de investigadores de la Universidad de Barcelona (España) encabezado por la Dra. Cristina Andres-Lacueva que precisamente publicó en 2008 en Journal of Agriculture and Food Chemistry un trabajo según el cual se produce una pérdida del 60% de los flavonoides -especialmente epicatequinas y quercitinas- y entre los segundos el profesor I. Bitsch -de la Justus Liebig University de Giessen (Alemania)- para quien la reducción "no es significativa".

 

VENTAJAS TERAPÉUTICAS DEL CACAO

Lo que sí está constatado sobre los efectos positivos del cacao -desde la antigüedad- es su eficacia para mejorar la circulación vascular sistémica, incluida la del cerebro. Lo corroboró un equipo del Brigham and Women’s Hospital –adscrito a la Harvard Medical School de Boston (EEUU)- encabezado por el Dr. N. K. Hollenberg -el trabajo se publicó en 2009 en Journal of the American Society of Hypertension- tras valorar el alto consumo de cacao de una tribu de indios kuna que habita en un archipiélago de la costa caribeña de Panamá cuyos miembros se caracterizan por tener la presión sanguínea baja, ausencia de accidentes cardiovasculares y cerebrovasculares, muy escasos casos de diabetes y cáncer y una vida muy longeva. Estado saludable que esos investigadores relacionaron básicamente con el alto consumo de flavonoles -un tipo de flavonoides que contiene el cacao- porque ello activa la síntesis de óxido nítrico. Cacao que los kuna ingieren siguiendo los métodos tradicionales de mayas y aztecas: fermentación, secado, tostado y trituración de los granos, agregación de agua caliente e ingesta como infusión (poco más de un litro al día). Es decir, sin la larga secuencia de etapas que transforman el cacao en chocolate.

Cabe añadir que dos años antes -en 2007- un equipo de investigadores del Hospital Universitario de Colonia (Alemania) coordinado por el Dr. D. Taubert -el trabajo se publicó en JAMA– ya había certificado que la ingesta habitual de cacao promueve la generación de óxido nítrico. Para demostrarlo dieron durante 18 semanas a 22 hipertensos de ambos sexos -de 56 a 73 años de edad- 6,3 gramos diarios de chocolate negro y a otros 22 la misma cantidad de chocolate pero sin polifenoles comprobando que al cabo de ese tiempo hubo entre los primeros una reducción de casi 3 puntos en su presión sistólica mientras permanecía invariable la de los segundos.

Un año después -en 2008- un equipo de la Johns Hopkins University coordinado por el Dr. M. S. Hamed publicó un nuevo trabajo -apareció en 2008 en Southern Medical Journal- con 28 voluntarios sanos a los que se dio a consumir 700 miligramos diarios de flavonoles durante una semana observándose claros efectos hipotensores así como una clara mejoría de sus niveles de colesterol con disminución de la agregación plaquetaria y bajada de la inflamación (proteína C reactiva).

Ese mismo año la Dra. Romina di Giuseppe dirigiría en la Universidad Católica de Campobasso (Italia) otra investigación -se publicaría en Journal of Nutrition- en el marco del Proyecto Moli-Sani -uno de los trabajos europeos de estudios que estudian la relación entre cáncer y nutrición- en la que tras analizar a 10.994 personas sanas de las que 1.317 declararon no haber ingerido chocolate en el último año y 824 que tomaban regularmente chocolate negro se concluyó que la cantidad de proteína C reactiva -marcador bastante fiable de inflamación sistémica- era notablemente menor entre estos últimos.

Ya en 2009 otro equipo del University Hospital de Zurich (/Suiza) coordinado por el Dr. R. Corti publicó en Circulation un estudio epidemiológico que infirió que la ingesta de cocoa reduce el riesgo de accidentes coronarios e infarto al reducir la tensión arterial, la agregación plaquetaria y la resistencia a la insulina; siendo así los primeros investigadores en plantear que el cacao tiene simultáneamente efectos antiinflamatorios, antioxidantes y activadores del óxido nítrico.

Y en 2010 otro equipo coordinado por el Dr. B. Weikert -esta vez del German Institute of Human Nutrition (DIfE) de Potsdam-Rehbrücke (Alemania)- presentó un estudio similar -se publicó en European Heart Journal– con 19.357 personas de entre 35 y 65 años sin antecedentes de infarto de miocardio o accidente cerebrovascular que no habían utilizado nunca medicación hipotensiva a los que se siguió durante 8 años constatándose que los consumidores habituales de chocolate tienen -de media- una tensión arterial menor y sufren menos accidentes cardiovasculares.

El Dr. S. Desch publicaría luego en coordinación con otros médicos del University of Leipzig-Hearth Center un trabajo sobre los efectos del cacao en la hipertensión -el estudio abarcó 18 semanas e incluyó a 297 personas normotensivas- encontrándose entre quienes lo consumían disminuciones medias de 5 puntos en la presión sistólica y de 3 en la diastólica; dándose así por probado el efecto hipotensor de los flavonoles del cacao. El trabajo se publicó en 2010 en American Journal of Hypertension.

También ese año los doctores de la Universidad de L’Aquila (Italia) D. Grassi, G. Desideri y C. Ferri realizaron un extenso metaanálisis -se publicó en Archives of Biochemistry and Biophysics- en el que se concluyó que la ingesta de chocolate negro mejora la actividad endotelial bajando 4,5 milímetros la presión sistólica y 2,5 la diastólica.

En 2011 un equipo dirigido por el Dr. L. Djoussé -de la Harvard Medical School- publicaría en Clinical Nutrition un nuevo trabajo con 2.217 personas según el cual el consumo de chocolate negro inhibe el desarrollo de placas de ateroma en las arterias coronarias. Constatando el mismo equipo ese mismo año que la incidencia de accidentes coronarios es también menor; esa vez tras valorar a 4.970 participantes de entre 25 y 93 años y ajustar los resultados teniendo en cuenta variables como el sedentarismo, el tabaquismo, el consumo de alcohol y la ingesta de frutas y verduras, entre otros parámetros.

Agregaremos que en 2012 se publicó en American Journal of Clinical Nutrition un metaanálisis realizado por un equipo de la University of East Anglia (Reino Unido) dirigido por el Dr. L. Hooper según el cual tanto el chocolate negro como la cocoa mejoran de forma sustancial la circulación sanguínea tanto en casos de insuficiencia cardiaca crónica como aguda; lo que relacionaron con los flavonoles del cacao.

 

CONTROL DEL COLESTEROL Y LA OBESIDAD

Por lo que respecta al colesterol hay también varios trabajos destacables: como el de un equipo de investigadores de la finlandesa Universidad de Kuopio encabezado por el Dr. J. Mursu según el cual los polifenoles del cacao aumentan el nivel del llamado colesterol bueno (HDL) al tiempo que inhiben la peroxidación lipídica. Así lo dieron a conocer en un artículo publicado en 2004 en Free Radical Biology & Medicine tras valorar a 45 personas sanas que consumieron 75 gramos de chocolate blanco, negro y negro enriquecido con polifenoles de cacao encontrando entre quienes consumieron los dos últimos tipos un incremento medio del 12% en el nivel de HDL y una ligera disminución del LDL; comprobando asimismo que éste se hace más resistente a la oxidación. Algo que en 2007 corroboraría el trabajo de un equipo coordinado por el Dr. E. Lecumberri que se publicó en Nutrition y en 2009 otro encabezado por el Dr. N. Osakabe que se publicó en Journal of Clinical Biochemistry and Nutrition.

Agregaremos que más recientemente -el trabajo se publicó en 2012 en African Journal of Medicine & Medical Science– un equipo de la Universidad de Ibadan (Nigeria) dirigido por el Dr. S. O. Nwichi constató los efectos hipolipemiantes del extracto de cacao en ratones con hipercolesterolemia. Tras administrarles 100 miligramos por kilo de peso se observó que bajaba el nivel de LDL, subía el de HDL y se corregía el déficit de enzimas antioxidantes (SOD, catalasa, glutatión, etc.) recuperando los ratones unos niveles normales de lípidos.

La Dra. Laura Di Renzo -al frente de un equipo de la Universidad de Tor Vergata en Roma (Italia)- publicaría por su parte en 2013 en European Review for Medical and Pharmacological Sciences un estudio con 15 mujeres obesas de entre 20 y 40 años a las que se dio durante una semana 100 gramos diarios de chocolate negro con un 70% de cacao comprobando que disminuía la cantidad de grasa abdominal y mejoraban sus perfiles lipídicos.

Y al año siguiente un equipo de la Universidad de Granada (España) encabezado por la Dra. Magdalena Cuenca-García publicaría en Nutrition un trabajo en el que se destaca que el nivel de obesidad entre los adolescentes que ingieren chocolate negro es menor que entre quienes no lo consumen. El estudio valoró a 1.458 adolescentes determinándose el grado de obesidad midiendo el índice de masa corporal y usando impedancia bioeléctrica.

 

EFECTO ANTIENVEJECIMIENTO

En 2008 un grupo de investigadores del Institute for Aging Research publicó en Neuropsychiatry Disease and Treatment un trabajo conjunto con médicos del Brigham and Women’s Hospital -ambos de Boston (EEUU)- coordinado por el Dr. F. A. Sorond sobre el efecto de los flavonoles de la cocoa en el flujo de sangre que va al cerebro mediante un eco-doppler -aparato basado en ultrasonidos- trabajando con dos grupos de 36 personas sanas cada uno y una edad media de 72 años. Para lo cual se dio a todos cocoa pero a los de uno rica en flavonoles y a los del otro sin apenas flavonoles comprobándose a las dos semanas que el flujo sanguíneo de los primeros había aumentado un 10% en comparación con los segundos. Concluyendo los autores del trabajo que el consumo mantenido de cacao ayuda a prevenir los accidentes cerebrovasculares y la demencia senil.

Dos años después -en 2010- un grupo de investigadores de la Universidad de Milán (Italia) dirigido por el Dr. A. Spadafranca y otro del Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo de La Alberca coordinado por la Dra. Cristina Martínez Conesa publicarían en British Journal of Nutrition un trabajo según el cual un flavonoide concreto del cacao, la epicatequina, incide positivamente en el ADN celular. Lo que se coligió dando durante 4 semanas a 10 personas un chocolate negro que contenía 860 mg de polifenoles -de los que 58 mg eran epicatequinas- y a otras 10 un chocolate blanco con solo un 5 mg de polifenoles pero sin epicatequinas. Constatando por cierto que los efectos son rápidos pero deja de actuar a las 22 horas de la ingesta.

Un año después -en 2011- un grupo de investigadores de la Universidad de Valencia (España) encabezado por la Dra. Patricia Martorell estudió los efectos antioxidantes de los polifenoles del chocolate en animales de laboratorio concluyendo que parecen ser eficaces para afrontar el estrés oxidativo, especialmente a nivel cerebral. Es más, comprobaron sus efectos antienvejecimiento sobre las bacterias S. cerevisiae y los vermes C. elegans. El trabajo se publicó en Journal of Agricultural and Food Chemistry.

Y hay más: la epicatequina del cacao aumenta la resistencia a la fatiga y la capilaridad muscular; al menos así lo constató en ratones con diversos experimentos un equipo de la Universidad de California-San Diego (EEUU) encabezado por el Dr. L. Nogueira tras alimentarles con una solución de epicatequina y someterles a una serie de ejercicios. El estudio se publicó en 2011 en Journal of Physiology.

Terminamos este apartado dando cuenta de un trabajo publicado este mismo año -2015- en American Journal of Clinical Nutrition por un equipo de la Universidad de L’Aquila (Italia) coordinado por la Dra. Daniela Mastroiacovo sobre el efecto del chocolate en la vejez. Se trata de un estudio realizado con 90 ancianos -efectuado con placebo y doble control- a los que durante 8 semanas se les suministró chocolate líquido en 4 dosis con distintos contenidos de flavonoles (entre un máximo de 993 mg y un mínimo de 48 mg). Al cabo de ese tiempo se les sometió a pruebas de evaluación cognitiva, resistencia a la insulina y tensión arterial concluyendo los autores que hubo claras evidencias de mejoría respecto al grupo de control; efecto dosis-dependiente pues quienes ingirieron dosis más altas de chocolate mejoraron más.

 

ÚTIL EN CÁNCER

Por lo que se refiere al cáncer diremos que los doctores T. Schewe, H. Kühn y H. Sies -de la Universidad Heinrich Heine en Düsseldorf (Alemania)- constataron que las epicatequinas y procianidinas de la cocoa y los chocolates ricos en flavonoides inhiben la 5-lypoxygenasa y son claramente antiinflamatorias. El artículo se publicó en 2002 en Journal of Nutrition.

Apenas un año después un equipo del National Institute of Health Sciences de Tokio (Japón) coordinado por el Dr. M. Yamagishi investigó a nivel murino si las proantocianidinas del cacao ayudan en la carcinogénesis pulmonar y de tiroides provocándosela a varios ratones a los que luego sometieron a una dieta de cacao de primera extracción observando a las 36 semanas una significativa reducción de la incidencia y multiplicidad de los carcinomas en pulmones y tiroides. La e

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Junio 2015
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