¿Tiene usted parásitos intestinales?

La inmensa mayoría de los médicos europeos desconoce casi todo sobre los parásitos intestinales porque al considerarse básicamente un problema propio de los países tropicales apenas se les ha enseñado nada sobre ellos. Y, sin embargo, el actual movimiento migratorio y la internacionalización del comercio alimentario lo ha convertido en un problema global. Es más, muchas patologías para las que no se encuentra explicación pueden estar causadas por ellos; desde las alergias alimentarias y respiratorias pasando por la fatiga crónica, la fibromialgia, la candidiasis y los síndromes del colon irritable y el intestino permeable hasta problemas mentales como la esquizofrenia. Y como quiera que se trata de un asunto importante vamos a tratarlo en varios artículos. Sirva pues el presente texto para adentrar al lector en el tema –especialmente si es médico- y entienda que incluso muchas patologías mentales consideradas de origen desconocido pueden en realidad tener su causa en determinados parásitos no fácilmente localizables.

El Toxoplasma gondii es un parásito intracelular muy inquieto -tanto que cambia de residencia habitual un mínimo de cuatro veces a lo largo de su vida- pero alcanzada la edad de su jubilación prefiere instalarse en su hostal definitivo: el gato. El problema con este bichejo es que le gusta vivir dentro de los cuerpos de los mamíferos y el del ser humano es uno de sus hábitats favoritos.

Hasta hace pocos años se sabía que la presencia del Toxo en una mujer podía ser causa de abortos afectando también al feto con gravísimas consecuencias: hidrocefalia, sordera, daños en la retina y retraso mental, entre los más graves. Y lo malo es que algunas de estas secuelas no son visibles al nacer porque no comienzan a manifestarse hasta los veinte o treinta años de edad. Además estas manifestaciones críticas de la infección pueden al parecer estar muy amortiguadas o subyacentes si el sistema inmunitario del portador mantiene al protozoario bajo control. Y en tales casos la persona infectada ni siquiera padece consecuencias fisiológicas visibles. Sin embargo, a medida que se adquirieron nuevos datos sobre los efectos del Toxo -tanto en seres humanos como en otros mamíferos- comenzaron a aflorar evidencias que relacionaban la infección en personas y ciertos casos de esquizofrenia, patología que a pesar de que afecta hoy al 1% de la población del mundo desarrollado sigue sin saberse qué la provoca aunque todo indique que puede haber cierta predisposición genética así como factores ambientales (especialmente en el cambio de estación invierno-primavera).

En el año 2003 los doctores E. F. Torrey -del Stanley Medical Research Institute en Bethesda- y R. H. Yolken -del John Hopkins University Medical Center de Baltimore –ambos en Estados Unidos- completaron un extenso estudio epidemiológico donde la conexión entre las infecciones del Toxo y algunos casos de esquizofrenia se dejaban ver con clara evidencia. Descubrirían así que el contagio más habitual en humanos se produce a través de las heces de los gatos domésticos (por eso hoy se recomienda a las embarazadas que eviten el trasiego de “camas” de gatos) y por la ingesta de carne cruda o poco cocida (el Toxo se instala en los músculos de vacas, ovejas, cerdos y otros animales). Y, por supuesto, que el progreso de la infección está relacionado con la capacidad de reacción del sistema inmunitario del huésped humano. Es más, se ha visto que un alto porcentaje de los pacientes con inmunodeficiencia que sufre alucinaciones y trastornos cognitivos reacciona a los anticuerpos del Toxoplasma.

En ese estudio epidemiológico Torrey y Yolken recopilaron asimismo numerosos casos descritos en la literatura médica de todo el mundo basados tanto en cultivos celulares como en autopsias de pacientes esquizofrénicos demostrando que el Toxo afecta con especial incidencia a las células de la glía cerebral así como a varios neurotransmisores. Y que, como otras afecciones relacionadas con el Toxo, la esquizofrenia no suele manifestarse hasta la transición de la adolescencia a la madurez.

Algunos de los estudios revisados mostraron igualmente relación entre el desarrollo de la esquizofrenia y niños que tuvieron gatos en su casa. Y que había una evidente correlación entre la alta frecuencia de infecciones de Toxo en Francia e Irlanda con el alto número de esquizofrénicos de ambos países.
El caso es que para confirmar la conexión entre la toxoplasmosis y la esquizofrenia Torrey y sus colegas hicieron algunos ensayos clínicos que revelaron también que algunas de las drogas que se utilizan para el tratamiento de la esquizofrenia -especialmente el Haloperidol– impiden a su vez el desarrollo del Toxo. Y que antiprotozoarios como la Pirimetamina o la Sulfadoxina –usados especialmente en casos de malaria pero que también se utilizan en la toxoplasmosis- son eficaces asimismo en casos de esquizofrenia.

PRESENTE EN MILES DE ESPECIES

El Toxoplasma gondii habita, en suma, en miles de especies distintas, incluidos varios cientos de millones de seres humanos merced a su estrategia de formar cystos (células de reposo con gruesas paredes) en el interior  de las células de la glía para evitar ser atacado por el sistema inmune. Se trata pues de un protozoo muy “inteligente” que sabe cómo esconderse y viajar sin peligro. Cuando infecta a los ratones, por ejemplo, induce en ellos cambios neuronales-hormonales en su cerebro de forma que pierdan su aversión natural al olor de los gatos y éstos puedan acercarse. Varios estudios biológicos han demostrado que los ratones infectados por el Toxo hacen frente a los gatos o les ignoran totalmente. Por supuesto, los ratones son rápidamente devorados por los gatos y así el Toxo cambia su residencia a otro de sus hogares favoritos: el cuerpo del gato. En biología evolutiva a esto se le llama manipulación del huésped por el parásito y es un hecho tan frecuente en la naturaleza que cada año se publican varios ejemplos nuevos. Y aunque no se sabe todavía cuál es el mecanismo exacto que utiliza el Toxo para transformar la conducta de los ratones se sospecha que libera una toxina cuyo efecto es aumentar la segregación de un neurotransmisor: la dopamina (los ratones tienen los mismos neurotransmisores que los humanos).

Apoyándose en esta posibilidad algunos investigadores especulan sobre un efecto similar del Toxo en los seres humanos. K. Lafferty –biólogo de la Universidad de California-Santa Bárbara (EEUU)- mantiene que en poblaciones donde la infección de este parásito es muy alta se deberían detectar diferencias culturales que señalen la preponderancia de individuos con altos niveles de dopamina: hombres de reacciones lentas, espíritu independiente, poco interés por las novedades, cierto déficit de atención, algo antisociales, con tendencia a asumir situaciones de riesgo, no demasiado inclinados a asumir responsabilidades permanentes (no buenos esposos ni padres de familia), desconfiados y celosos. Y es curioso que este perfil sea tan frecuente en muchos ejecutivos ambiciosos e, incluso -ya en el indefinido límite entre psicosis y neurosis-, en líderes políticos que a veces llegaron a la esquizofrenia total con calamitosas consecuencias para la sociedad. De hecho, ¿no estarían infectados de Toxoplasmosis personajes como Hitler, Stalin o Alejandro Magno? ¿Le gustará a Fidel Castro la carne poco hecha?

En caso de contagio de las mujeres, en cambio, éstas serán más sociables, más inteligentes, con mayor autoestima y más cuidadosas de su imagen. Destacando también por una cierta tendencia a la promiscuidad y un mayor atractivo sexual que las féminas no infectadas. En resumen, las características de muchas mujeres triunfadoras, seguras de sí mismas y que saben alcanzar sus objetivos. Así pues, ¿no convendría investigar el pasado infantil de Margaret Thatcher, Coco Chanel oEva Perón para saber si jugaban mucho con gatos? ¿O quizás es que les gustaba la carne poco hecha?

El parasitólogo J. Flegr -de la Universidad de Praga (República Checa)- ha ido aún más lejos al apuntar que las mujeres infectadas por el Toxo tienen generalmente un mayor número de hijos varones que la media y respecto a los hombres. Pero más importante aún es que debido al déficit de atención que provoca el Toxo ha detectado una frecuencia de accidentes automovilísticos entre los infectados entre dos y tres veces mayor que entre los conductores sanos. Y a nadie se le escapa que los accidentes automovilísticos son una plaga en nuestras sociedades avanzadas en la misma medida que la mujer occidental ha alcanzado unas proporciones desmedidas de consumo de productos que potencian su autoimagen. Hace apenas 50 años –sólo dos generaciones- una europea de clase media compraba de cuatro a cinco prendas al año; hoy adquiere 50 o más. ¿Estará el Toxo detrás de esta exasperada fiebre consumista?

Los estudios de Flegr con relación a los accidentes automovilísticos pueden parecer carentes de lógica pero lo cierto es que despertaron la atención de R. Holliman, un parasitólogo del St. George’s Hospital de Londres (Reino Unido) quien llegó a plantear que se debería someter a pruebas de contagio a todos aquellos profesionales que necesitan tener una capacidad de reflejos y de velocidad de reacción máximas a fin de descartar una posible infección como los pilotos de avión, los controladores aéreos y los conductores de medios de transporte público o de camiones con cargas peligrosas, entre otros.

Hoy se calcula que cerca de la mitad de la humanidad está infectada por el Toxo destacando los franceses por cuanto en su país el consumo de carne cruda o poco hecha es tradicional. De hecho se calcula que la población infectada alcanza ya al 88% estando muy cerca Alemania y Holanda donde el número de infectados llegaría al 80%.

PARÁSITOS MANIPULADORES

En su exitoso libro Parasite Rex el periodista norteamericano Carl Zimmer ofrece ejemplos de otros parásitos que tienen igualmente la habilidad de manipular la conducta de sus huéspedes. Es el caso del Dicrocoelium dendriticum, un gusano parasitario que vive en los intestinos de las hormigas y dirige a éstas a la parte más alta de las hierbas para que los animales herbívoros que pastorean puedan comérsela. Algo que para el parásito es vital ya que completa su ciclo de vida… en el hígado de las ovejas.

Y similar es la intención de otro gusano, el Euhaplorchis californiensis, que obliga a los peces en los que reside a permanecer en la superficie del agua y saltar por los aires con lo que aumenta la probabilidad de ser fagocitado por alguna ave piscícola en cuyo cuerpo completar su ciclo vital.

La Dra. E. Harris –que lleva 30 años como encargada de la sección de gusanos parásitos en el Museo de Historia Natural de Londres (Reino Unido)- llama por su parte la atención sobre un nematodo -especie de microgusano- parásito denominado Spinochordodes telliniique en su estado larval se encuentra dentro de muchos insectos y, en especial, de cucarachas, grillos y saltamontes. También tiene la propiedad de cambiar la conducta de su huésped haciendo que éste busque y se zambulla en el agua de ríos o lagunas donde perece ahogado. El parásito emerge entonces del cuerpo del insecto y se aleja nadando en su nuevo hábitat hídrico. Es frecuente ver a este parásito como largas y finas cabelleras de color marrón oscuro en ríos, lagunas o piscinas hacia el final del verano y principios del otoño.

LOS PARÁSITOS NOS ENFERMAN

En su libro ¿Adivina quién vino a cenar? la experta parasitóloga A. L. Gittleman expone todas las enfermedades derivadas de infecciones parasitarias y cómo su sintomatología puede confundirse con enfermedades frecuentes que la medicina convencional trata mediante métodos equivocados o ineficaces. Desde las típicas colitis causadas por amebas que son diagnosticadas como colitis ulcerosa hasta los síntomas de hipoglucemia y diabetes que no son ni lo uno ni lo otro sino una sencilla colonización de los intestinos por distintos tipos de tenia (solitaria).
La ansiedad puede asimismo derivarse de la acción de sustancias neurotóxicas sobre el sistema nervioso que son el producto de los desechos metabólicos de infinidad de tipos de parásitos que pueden habitar en nuestro organismo.
Algunos nematodos -gusanos redondos del tipo Áscaris– pueden a su vez producir síntomas de úlcera péptica.

Y muchos casos de artritis derivan de la inflamación que provocan vermes (gusanos) que se alojan en músculos o en las cápsulas articulares.

También la anemia puede derivarse de una infección intestinal que al afectar a las mucosas impide la absorción normal de nutrientes. Un efecto que puede estar asimismo en el origen de muchas alergias alimentarias resultado del aumento de la permeabilidad intestinal que provoca la reacción autoinmune al colarse macropéptidos por los capilares sanguíneos.

Sin olvidar que muchos casos de dermatitis, urticarias y otras afecciones de la piel se han relacionado con invasiones de protozoarios.

Terminaremos indicando que los signos clásicos de la parasitosis son el insomnio, el cansancio, los dolores musculares y articulares, la depresión, la obesidad, la anorexia, la anemia y algunos síntomas “griposos”. Y todos ellos pueden confundirse con patologías idiopáticas –es decir, de origen desconocido- como el Síndrome de Fatiga Crónica y laFibromialgia.

CÓMO DETECTARLOS Y COMBATIRLOS

Anomalías digestivas como los gases, la diarrea, el estreñimiento o la distensión abdominal -entre otras- pueden a veces ser causadas por una parasitosis, en especial si se acompañan de bruxismo (rechinar de dientes) y picores anales o nasales. En muchos casos basta para corroborarlo detectar la presencia de parásitos -o sus huevos o quistes- en las heces. La otra forma de detectarlos -en los casos más difíciles- es mediante el análisis de anticuerpos en la sangre.

¿Y qué podemos hacer si estamos infectados? Pues, como en los casos de cualquier enfermedad, la clave está en dos cosas: potenciar nuestro sistema inmune y cuidar de nuestros parásitos amigos.

No olvidemos en cualquier caso que la toxoplasmosis afecta con especial morbilidad a las personas inmunodeprimidas –incluidos pues los enfermos con Sida- y es pues fundamental mantener nuestro sistema inmune a su máxima potencia. Para lo cual hay multitud de soluciones, desde una buena dieta hasta el uso de nutrientes, plantas y oligoelementos que potencien nuestras células-policía. Recordemos lo dicho por Luis Pasteur en su lecho de muerte: Bechamp tenía razón. Lo importante es el terreno y no la bacteria”.

Respecto a nuestros parásitos amigos recordemos que son muy escasos los números de esta revista en los que no se haya hablado de la importancia de nuestra flora intestinal. Los lactobacilos cultivan su parcelita en el colon y la mantienen limpia y cuidada. Son ellos los primeros por tanto en defenderla de los “depredadores” que vienen a importunarles. Claro que no es sólo la flora intestinal. A todos los parásitos “buenos” -microbios, bacterias, virus, hongos y nanobacterias que conviven con nosotros desde hace millones de años- les interesa nuestra salud ya que mientras nos mantenemos vivos ellos tienen su pitanza asegurada. Y, en cualquier caso, no olvidemos que la Naturaleza nos ha dotado de infinidad de plantas que son nocivas para muchos de los parásitos indeseables (creadas en sus propios laboratorios para defenderse ellas también de los mismos “okupas”). No hace falta pues apelar a la industria fármaco-química. ¡Cuidado con los antibióticos!

Cabe añadir que también la conocida Dra. Hulda Clark está convencida de que la mayoría de las enfermedades que padece el ser humano se deben al desequilibrio existente en las poblaciones de parásitos que albergamos así como a la debilidad de nuestro sistema inmunitario. Por eso ante la aparición de cualquier síntoma que nos aleje de la salud propone ante todo una desintoxicación a fondo de posibles microorganismos patógenos mediante la ingesta de una mezcla de sustancias naturales antiparasitarias de amplio espectro: el nogal negro, la artemisa y el clavo (vea en nuestra web –www.dsalud.com-lo publicado al respecto en el número 67). Además de sugerir el empleo de un aparato de su invención denominado Zapperque elimina no sólo los protozoarios y vermes que habitan nuestro cuerpo sino también todas las bacterias, virus, hongos e insectos (los famosos ácaros) patógenos que son causa de múltiples dolencias. Sus investigaciones -apoyadas por trabajos desarrollados en el Instituto Politécnico Nacionalde México- demuestran claramente que utilizando corrientes continuas de pequeño voltaje (de 5 a 10 V) y haciendo un barrido de frecuencias de entre 10 y 500.000 hertzios se elimina una amplia gama de microorganismos con unas cuantas sesiones de sólo 3 a 7 minutos de duración.

EL CONTROVERTIDO CASO DEL VIRUS BORNA

El nombre de este virus procede de la ciudad alemana de Borna donde en 1885 se detectó una epidemia de caballos que se atribuyó a un virus. Afectó a casi todos los animales de sangre caliente -tanto mamíferos como pájaros- pero con especial incidencia en los caballos (casi siempre mortal) y ovejas (con una mortandad del 50%).

Algunas evidencias indican que el virus Borna produce en los humanos síntomas muy similares a la depresión y al trastorno bipolar. Inoculado en ratones de laboratorio se constató que el virus se aloja preferentemente en el sistema límbico cerebral, zona especialmente importante en el campo emocional. Los primeros anticuerpos del virus en humanos se descubrieron hace unos veinte años y desde entonces se mantiene una intensa polémica sobre si el virus Borna puede ser realmente el origen de algunas enfermedades mentales en el hombre. Siendo una de las evidencias más discutidas que algunos casos de depresión se resuelven con el fármaco Amantadina, muy utilizado para combatir el virus de la gripe. Aunque lo más sorprendente es que ese mismo fármaco ha resultado también efectivo –al meno eso se asegura- en muchos casos de pacientes con Parkinson.

MICROORGANISMOS… ¿CAUSANTES DEL AUTISMO?

Desde hace varias décadas se viene asimismo especulando con la posible relación entre el autismo y la bacteria Clostridium, causante del peligroso tétanos. Al parecer la presencia de esta bacteria en cantidades subclínicas podría afectar los receptores sinápticos de las neuronas. Ensayos hechos con ratones inoculados con cantidades mínimas de toxinas tetánicas demuestran alteraciones de conducta muy similares a las características del comportamiento autista. También se observaron claras mejorías de pacientes autistas cuando fueron tratados con antibióticos específicos anti-Clostridium lo que confirmaría su presencia.

En todo caso la vía antibiótica no parece la más aconsejable ya que en muchos casos de autismo hay evidencias de que la enfermedad se asocia también con la proliferación del hongo Cándida. Hablamos de un hongo o moho que se encuentra normalmente en nuestro organismo pero cuyo crecimiento está muy controlado tanto por nuestro sistema inmunitario como por la flora bacteriana protectora. Por tanto, es conveniente que el tratamiento anti-Clostridium se realice mejor potenciando el sistema inmunitario e ingiriendo bacterias intestinales benéficas. De esa forma controlamos a los dos posibles enemigos: la bacteria Clostridium y la candidiasis.

Juan Carlos Mirre

Recuadro:


El Proyecto Microbioma Humano

La microbiota o flora microscópica que puebla el interior y la piel de los humanos equivale a 10 veces el total de células de nuestro organismo. Y el número total de genomas de esos microorganismos supera ampliamente por tanto los 20.000 genes codificados en el genoma humano. Pues bien, a ese conjunto de genes que acompaña nuestro genoma se le denomina microbioma. El ser humano debería ser entendido pues como el conjunto de células propias (unos 50 billones) y células microbianas (unos 500 billones) que viven en simbiosis. Y es que somos realmente superorganismos que incluyen la mezcla de las células del genoma humano más las células del microbioma.

Bueno, pues el denominado Proyecto Microbioma Humano trata de conocer las relaciones existentes entre las células de nuestro organismo y las de nuestros microbios huéspedes. Saber en qué medida influyen en nuestra fisiología y, sobre todo, qué papel juegan en el equilibrio entre los dos genomas en relación con nuestra salud.

Durante casi dos millones de años -desde el Homo erectus u Homo ergastus- los humanos vivimos en muy estrecha e íntima relación con el medio natural pero en el tramo final de todo ese largo tiempo, transcurridos ya 1.990.000 años, comenzamos a apartarnos rápidamente de la naturaleza. Primero cambiando nuestros hábitos alimenticios con el invento de la agricultura y la ganadería y, más adelante, concentrándonos progresivamente en los espacios cerrados de viviendas y ciudades. Hemos modificado por tanto paisajes, hábitats y ciertas plantas y animales… pero en los últimos 100 años también empezamos a modificar la biología, la química y la física de nuestro entorno. Por ejemplo, emitiendo gases y partículas a la atmósfera, vertiendo elementos químicos y bioquímicos en las aguas y en los suelos o creando espacios saturados de intensas radiaciones electromagnéticas.

Y no sólo hemos modificado la ecología del medio ambiente: también hemos cambiado nuestra propia ecología interna con las consecuencias que ello puede acarrear no sólo a nuestras propias células sino también a la de los microorganismos que junto a nosotros han emprendido esta aventura de la vida.

El Proyecto Microbioma Humano es en suma, por un lado, la continuación o extensión del Proyecto Genoma Humano pero también una tarea multidisciplinar a la que se están afiliando científicos de todo el mundo. Uno de cuyos objetivos más ambiciosos es el de cerrar el actual abismo existente entre la microbiología médica y la microbiología del medio ambiente (este mismo artículo es una muestra de que se sabe más de la manipulación de huéspedes por parásitos en los insectos que en los seres humanos). Cabe agregar que en un principio el proyecto dedicará especial atención a la biota intestinal donde habita la gran mayoría de nuestra población agregada.

 

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106
Junio 2008
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