Valor terapéutico de las antocianinas

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El color oscuro -violáceo, púrpura o morado- de frutas, verduras, legumbres y cereales indican ante todo una cosa: son ricas en antocianinas, tipo especial de flavonoides con notables propiedades terapéuticas. De hecho son poderosos antioxidantes, antiinflamatorios y hasta antitumorales. Por eso su consumo se recomendó en las civilizaciones antiguas ante cualquier problema de salud. Y es que tienen más propiedades terapéuticas que el mismo alimento cuando el color de éste es verde o amarillento. Téngalo pues en cuenta cuando acuda a comprar al mercado y elija -siempre que sea posible- las variedades más oscuras. Son mejores para la salud. Como lo son las que han madurado en la planta y se compran recién recogidas: saben mucho mejor y sus propiedades son igualmente mayores.

“Garbanzo negro” es una expresión peyorativa que se utiliza para designar a toda persona de comportamiento antisocial o carente de empatía que proviene de la cultura gastronómica al considerarse insano… cuando no es así. ¡Todo lo contrario! Los garbanzos negros son más nutritivos. De hecho son muy apreciados en numerosos países. Son los casos de lugares tan distantes como la India -donde se conocen como kabuli- y el sur de Italia, en particular en la región de Apulia donde se cultivan los ceci neri con los que se elaboran deliciosas fainás, platos hechos con harina de garbanzos, agua, aceite de oliva, sal y pimienta.

Pues bien, hay muchos otros alimentos oscuros -violáceos, morados o púrpuras- entre las frutas, hortalizas, verduras, legumbres y cereales y lo que eso indica simplemente es que son ricos en antocianinas así que desecharlas es un error.

¿Y qué es una antocianina, palabra que proviene de las palabras griegas anthos (flor) y kyanos (azul)? Pues se trata de un pigmento vegetal antioxidante perteneciente al grupo de los flavonoides (compuestos polifenólicos) de las que se han identificado ya unas 600 moléculas distintas cuyas propiedades terapéuticas se conocen desde hace siglos administrándose por eso en forma de zumos, extractos, infusiones o decocciones. Es más, la riqueza en antocianinas de un alimento lo determina en buena medida su grado de "oscuridad" y de ahí que la Universidad de Texas (EEUU) elaborara en su día una escala que compara el color de los alimentos con el más rico de ellos en esos flavonoides -y por tanto el más "negro"- que se toma desde entonces como referencia: el arándano azul (blueberry).

Conviene aclarar no obstante que en algunas publicaciones se utilizan indistintamente los términos antocianidina y antocianina aun cuando ésta es la unión de una molécula de antocianidina con otra de azúcar que es como se encuentra en estado natural en los vegetales. Pues bien, sepa que en Occidente las antocianinas representan el 90% de los flavonoides que ingerimos con los alimentos lo que es destacable ya que hay numerosos estudios científicos que demuestran que…

…son hipotensoras y antitrombóticas y previenen por ello patologías cardiovasculares.

…son antiinflamatorias; incluso a nivel neuronal (útiles pues en casos de alzheimer y parkinson).

…reducen en sangre el exceso del colesterol total y del llamado "colesterol malo" o LDL.

…disminuyen el nivel de azúcar en sangre y regulan la secreción de insulina por lo que son útiles en caso de diabetes y ayudan a evitar el sobrepeso y la obesidad.

…previenen el envejecimiento prematuro y protegen la piel de los rayos ultravioleta.

…previenen el cáncer (especialmente los de piel y colon).

Es importante destacar que los alimentos que vamos a analizar a continuación son todos ricos en muy diversos nutrientes de valor terapéutico pero si a ello le sumamos su riqueza en antocianinas es obvio que se revalorizan. Los tomates por ejemplo -y hay una extensa variedad- son todos ricos en carbohidratos, vitaminas, minerales y carotenoides pero el verdoso o rojizo tiene menos antocianinas que el oscuro. Por eso los alimentos de color más oscuro se consumen para resolver múltiples dolencias en extracto o zumo desde tiempos inmemoriales como pudo corroborar un equipo de la Flinders University de Australia coordinado por los doctores Izabela Konczak y Wei Zhang con un trabajo que se publicó en 2004 en Journal of Biomedicine and Biotechnology. Hablemos pues de lo que se sabe de ellos empezando por las bayas o "frutas del bosque" ya que constituyen el grupo de alimentos más ricos en antocianinas y otros polifenoles.

 

LAS BAYAS

 

Las bayas son los alimentos ricos en antocianinas más estudiados por lo que solo vamos a hacernos eco de los trabajos más recientes. Y vamos a empezar por el efectuado por un grupo de científicos del Exponent Center for Chemical Regulation and Food Safety de Washington (EEUU) coordinado por el doctor P. J. Mink que con el título Iowa Women’s Health Study se publicó en 2007 en American Journal of Clinical Nutrition y que tras controlar durante 16 años la salud de 34.489 mujeres posmenopáusicas sanas constataron que los problemas cardiovasculares fueron menores entre las que consumieron fresas o arándanos más de una vez a la semana.

Un estudio posterior basado en el seguimiento durante 14 años de 87.242 mujeres constataría que cuantos más frutos ricos en antocianinas se ingieren menos posibilidades hay de sufrir hipertensión. El estudio, titulado Nurses Health Study, apareció en 2011 en American Journal of Clinical Nutrition y fue coordinado por el doctor A. Cassidy. Este mismo investigador publicaría en 2013 en Circulation un segundo estudio

-Nurses Health Study II- basado en 93.600 mujeres sanas a las que se siguió 18 años e indica que hubo un 34% menos de infartos de miocardio entre las que consumieron frutas ricas en antocianinas más de 3 veces a la semana. Y a conclusiones similares llegaría un estudio coordinado por el doctor A. Jennings –se publicó en 2012 en American Journal of Clinical Nutrition- según el cual la disminución de accidentes cardiovasculares se debe a que las antocianinas disminuyen la tensión arterial y además mantienen la elasticidad de las paredes vasculares.

Por lo que a sus propiedades anticancerígenas se refiere diremos que los doctores L. S. Wang y G. D. Stoner publicaron en 2008 en Cancer Letters un interesante trabajo de síntesis en el que expusieron numerosas experiencias in vitro con células tumorales malignas de colon, pulmón, esófago y melanoma comprobando que las antocianinas bloquean su crecimiento y división. A estas observaciones le seguiría un ensayo murino con un nuevo equipo en el que el propio doctor L. S. Wang inhibió el desarrollo de cáncer de esófago por tres vías distintas: detención de la proliferación celular, acción antiinflamatoria y acción antiangiogénica. Y ello administrando a los ratones simplemente un concentrado de frambuesas rico en antocianinas. El trabajo se publicó en 2009 en Cancer Prevention Research.

Un año después -en 2010- el doctor J. P. Spencer publicó en British Journal of Nutrition un importante trabajo con el sugestivo título de The impact of fruit flavonoids on memory and cognitions (El impacto de los flavonoides de la fruta en la memoria y la cognición) según el cual las antocianinas inhiben -junto a otros flavonoides- la neuroinflamación al tiempo que mejoran la actividad sináptica y el flujo de sangre al cerebro. Aspecto este último que recalca un grupo coordinado por el doctor K. A. Youdim que presentó evidencias clínicas de que las antocianinas -moléculas muy pequeñas- son capaces de atravesar la barrera hematoencefálica y actuar directamente sobre el sistema neuronal potenciando la actividad neurotransmisora al tiempo que ejercen su acción antioxidante y antiinflamatoria. El trabajo se publicó en 2004 en Free Radical Biology and Medicine.

Y hay más. Un grupo de investigadores de la Universidad Federico II de Nápoles (Italia) dirigido por el doctor A. Rossi realizó un estudio murino -se publicó en 2003 en Free Radical Research– en el que se comprobó en animales que las antocianinas de las moras regulan la actividad inflamatoria pulmonar de forma dosis-dependiente. Según explican la antocianina cianidina-3-O-glucosido bloquea la infiltración de leucocitos al tiempo que estimula la secreción de prostaglandinas PGE2 (EP2) relajantes.

Y también ayudan en el alzheimer. Un equipo de la National Chung Hsing University de Taiwan dirigido por el doctor P. H. Shih publicó en 2010 en Journal of Nutritional Biochemistry un ensayo murino sobre los efectos de las antocianinas de las moras (Morus atropurpurea) para prevenir la enfermedad para lo cual se suplementó con moras la dieta habitual de ratones genéticamente modificados para una senectud acelerada durante 12 semanas al cabo de las cuales no solo mejoraron en sus habilidades mentales sino que además sus cerebros mostraron menor cantidad de proteína beta-amiloide que los animales de control. También se observaron mejoras en las transaminasas hepáticas y menor oxidación lipídica en el cerebro y el hígado infiriéndose que las antocianinas potencian las enzimas antioxidantes además de reparar el deterioro de los mecanismos de la memoria con la edad.

El doctor X. Gao dirigió por su parte un equipo en la Harvard Medical School de Boston (EEUU) que evaluó la relación entre una dieta rica en flavonoides y el riesgo de desarrollar parkinson evaluando el consumo habitual de té y frutas ricas en flavonoides por parte de de 49.281 varones del Health Professional Follow-up Study y 80.336 mujeres del Nurses’ Health Studies. Se identificaron 805 participantes que desarrollaron parkinson en los 20-22 años del seguimiento y después de corregir los resultados por distintos factores se encontró que el grupo de mayor consumo de flavonoides mostraba un 40% menos de riesgo de contraer parkinson que los de menor consumo. El estudio apareció en 2012 en Neurology.

Cabe añadir que un equipo de expertos de la Cornell University (EEUU) dirigido por el doctor M. Liu estudió las distintas variedades comerciales de frambuesas y comprobó que las más oscuras son siempre las más ricas en antocianinas -hasta 103 miligramos en 100 gramos- y por tanto las de mayor capacidad antioxidante constatando in vitro que inhiben el crecimiento de las células hepáticas tumorales HepG2. El trabajo se publicó en Journal of Agricultural and Food Chemistry.

 

LAS UVAS NEGRAS

 

Aunque las llamadas uvas blancas -en realidad verdes- son las preferidas de los consumidores contienen escasas antocianinas -proceden de las uvas rojas por mutación de dos genes que hace que no desarrollen antocianos- y no contienen el preciado resveratrol. Y otro tanto pasa con los mostos y vinos blancos, incluidos los que se elaboran con uvas negras separando inmediatamente el mosto del hollejo para que no le dé color. En los mostos y vinos blancos solo hay antocianinas en las semillas de las uvas -tanto blancas como negras- pero en muy pequeña cantidad. Por eso consumir “uvas sin semillas” es, desde el punto de vista de la salud, un error.

El caso es que un grupo de investigadores de la University of Maryland (EEUU) coordinado por el doctor G. Lala publicó en 2006 en Nutrition and Cancer los resultados de unos ensayos murinos sobre el efecto inhibitorio de los extractos de antocianinas en células tumorales de colon comparando un grupo de control con ratones alimentados con extractos de antocianinas procedentes de uvas y otras frutas y constataron que reduce el estrés oxidativo, reduce la expresión del gen inflamatorio COX-2 y disminuye la proliferación de las células tumorales. Un trabajo que confirmó los resultados de una investigación anterior realizada in vitro por científicos de la misma universidad -aunque esa vez dirigidos por el doctor C. Zhao- sobre el efecto positivo de un extracto de antocianinas procedentes de uvas y arándanos en células tumorales malignas de colon. El trabajo se publicó en 2004 en Journal of Agricultural and Food Chemistry.

Agregaremos que un grupo de investigadores de la Catholic University of America de Washington (EEUU) coordinado por el doctor A. Di Castelnuovo realizó un metaanálisis sobre 13 estudios -que incluyeron a 209.418 personas- concluyendo que el consumo moderado de vino tinto -a pesar de que la cantidad de antocianinas en él es pequeña- disminuye el riesgo de sufrir un accidente cardiovascular, algo que no pudieron colegir sin embargo del consumo de cerveza. El trabajo se publicó en 2012 en Circulation.

 

EL TOMATE ÍNDIGO

 

Dos profesores de la Università della Tuscia de Viterbo (Italia), Gian Piero Soressi y Andrea Mazzucato, desarrollaron en coordinación con otras universidades italianas un tomate negro denominado Sun Black que según explicó en 2011 en Journal of Agricultural and Food Chemistry un equipo de la Universidad de Sevilla dirigido por el doctor E. Borghesi es muy rico en antocianinas y carotenoides que, curiosamente, incrementa su contenido en polifenoles cuando se riega con aguas ligeramente salobres.

Por su parte, un grupo de investigadores japoneses de la Gifu Pharmaceutical University capitaneado por el doctor E. Ooe publicó en 2015 en Bioscience, Biotechnology and Biochemistry un informe sobre el tomate azul japonés asegurando que la riqueza en antocianinas y licopeno de su piel permite inhibir in vitro la acción superoxidante del peróxido de hidrógeno (H2O2) en células murinas.

En cualquier caso el tomate negro más difundido en España es el conocido como olmeca o kumato cuya semilla ha sido obtenida mediante procesos de hibridación y selección; está patentado por Syngenta, empresa de biotecnología especializada en transgénicos que lo suministra solo a agricultores franquiciados y afirma que lo ha obtenido sin modificaciones genéticas. Es de suponer que su color oscuro se debe a la presencia en la piel de antocianinas pero no hemos podido confirmarlo ya que no se explica siquiera en la descripción oficial de la patente.

 

LECHUGAS Y CEBOLLAS ROJAS

 

Cuanto más oscura es una lechuga mayor contenido tiene en polifenoles y vitaminas -especialmente betacarotenos- y, por tanto, más valiosa es para la salud. Y si bien el tipo más frecuente de lechuga oscura -un tanto rojiza- es la denominada lollo rosso -de nombre científico Lactuca sativa acephala– hay otros tipos de parecido color igualmente ricas en antocianinas y otros polifenoles. Bueno, pues un equipo de la Chungnam National University de Gungdong (Corea) coordinado por el doctor J. H. Lee suministró durante 4 semanas a un grupo de ratones obesos y con colesterol alto una dieta que incluía un 8% de lechuga roja y disminuyó en sangre el nivel de colesterol a la vez que aumentó su capacidad antioxidante. El artículo se publicó en 2009 en British Journal of Nutrition.

Algunos años después un equipo de la State University of New Jersey (EEUU) dirigido por el doctor D. M. Cheng realizó un ensayo con ratones obesos a los que suplementó su dieta -rica en grasas y carbohidratos- con un extracto de polifenoles extraídos de lechuga escarlata y a los 28 dias aumentó en ellos el metabolismo de la glucosa mejorando su perfil lipídico; de lo que se infirió que su ingesta tiene efectos antidiabéticos. El trabajo se publicó en 2014 en Nutrition.

Por lo que a las cebollas se refiere son muy ricas en flavonoides -destacando la quercitina- y contienen algunas antocianinas -independientemente de su color- pero en las rojas la cantidad de ambos flavonoides es mayor pudiendo llegar a 20 miligramos de antocianinas por cada 100 gramos. Lo constató un equipo del Istituto Nazionale di Ricerca per gli Alimenti e la Nutrizione de Roma (Italia) coordinado por la doctora Laura Gennaro que destacó que es necesario consumir las cebollas lo más frescas posible ya que si se almacenan pueden llegar a perder hasta el 65% de sus antocianinas. El trabajo se dio a conocer en 2002 en Journal of Agricultural and Food Chemistry.

 

LA LOMBARDA

 

No es una de las verduras más consumidas y sin embargo fue estudiando el pigmento morado de la lombarda (Brassica oleracea var. capitata) -variedad roja, morada o violácea de la col- cuando el farmacéutico A. T. Lewandoski (1804-1881) descubrió las antocianinas; pues bien, según el nutricionista Sandi Busch la lombarda contiene 10 veces más betacarotenos que la col corriente verde -en especial, luteína y zeaxantina- además de más vitamina C y hierro pero la diferencia fundamental es su alto contenido en antocianinas.

En cuanto a sus propiedades queremos mencionar un ensayo murino llevado a cabo por un equipo de la M. S. University of Baroda de Gujarati (India) coordinado por el doctor J. M. Sankhari en el que se alimentó con lombarda a un grupo de ratones que seguía una dieta rica en grasas y se comprobó que disminuía en sangre su nivel de colesterol. El trabajo se publicó en 2012 en Journal of the Science of Food and Agriculture. Y, por cierto, ese mismo año se publicó en Journal of Agricultural and Food Chemistry el trabajo de un equipo del Norwegian Institute of Food, Fisheries and Aquaculture Research coordinado por el doctor H. Olsen según el cual las propiedades anticancerígenas y antioxidantes de la lombarda, a diferencia de lo que pasa con otras crucíferas, apenas disminuyen al ser congelada.

Un año después un equipo de la Bharathiar University de Coimbatore (India) dirigido por el doctor R. Thangam realizó in vitro una serie de estudios que demostraron la actividad anticancerígena de las antocianinas extraídas de la lombarda frente a las células tumorales HeLa y PC-3. Lo explicaron en un artículo publicado en 2013 en Phytotherapy Research.

Terminamos este apartado indicando que un equipo de la Fujian Agriculture and Forestry University de China dirigido por el doctor X. J. Ye explicó en 2011 en Journal of Agricultural and Food Chemistry que había hallado en la lombarda una proteína antifúngica que es eficaz contra la Candida albicans y otros hongos patógenos; es más, demostró in vitro con células tumorales hepáticas y de cáncer nasofaríngeo que la lombarda posee propiedades anticancerígenas.

 

LAS PATATAS VIOLETAS O MORADAS

 

En 2006 un equipo de la Obihiro University of Agriculture and Veterinary Medicine de Japón dirigido por el doctor K. H. Han publicó en British Journal of Nutrition un experimento que comparó un grupo de ratones alimentados con patatas violeta con otro de control alimentado con maíz no morado durante 4 semanas constatándose al final de ese tiempo que se había incrementado de forma notable la capacidad antioxidante de los que ingirieron las patatas violeta al aumentar en ellos la superóxido dismutasa (SOD) y el glutatión hepáticos e inhibirse la oxidación del ácido linoleico. Y el mismo equipo presentó ese mismo año en Bioscience, Biotechnology and Biochemistry otro trabajo pero esa vez sobre su efecto hepatoprotector; en el experimento se provocaron lesiones hepáticas a un grupo de ratones y luego se les alimentó con extracto de patata violeta durante 8 días constatándose al finalizar que su daño hepático era menor que entre los ratones del grupo de control al haber inhibido la peroxidación lipídica y disminuir la inflamación.

En cuanto a su actividad antitumoral fue estudiada in vitro por un grupo de la Texas A&M University dirigido por el doctor L. Reddivari -el trabajo se publicó en 2007 en Carcinogénesis– constatándose que provoca la apoptosis en células malignas de próstata por vías independientes de la caspasa.

Ya en 2008 un grupo de investigadores de la Kyunghee University de Seúl (Corea) dirigido por el doctor S. S. Yoon realizó una serie de ensayos murinos con una variedad de patata púrpura llegando a la conclusión de que puede ser utilizada para tratar el síndrome metabólico. Los ensayos demostraron que en los ratones alimentados con ella durante un mes -en dosis de 0,2 gramos por kilo de peso- el colesterol total, el LDL, los triglicéridos, el peso y la acumulación de grasa hepática disminuyeron; es más, se atenuaron los niveles de insulina y leptina al actuar sobre la actividad de las células 3T3-L1 (adipocitos del ratón). Así lo dieron a conocer en un artículo publicado en 2008 en Journal of Ethnopharmacology

Agregaremos que en la 244ª reunión de la American Chemical Society celebrada en Denver en 2012 el doctor J. Vinson -de la Universidad de Scranton en Pensilvania (EEUU) presentó un ensayo clínico con 18 pacientes obesos con problemas de hipertensión a los que se añadió diariamente en la dieta durante un mes 6 patatas violetas o moradas con piel -del tamaño de un puño- y la tensión arterial disminuyó de media un 4% sin variación alguna de peso.

 

LAS ZANAHORIAS MORADAS

 

En el número de noviembre de 2010 del British Journal of Nutrition aparece un estudio murino de la Universidad de Queensland en Brisbane (Australia) realizado por los doctores H. Poudyal, S. Panchal y L. Brown en el que se describen ensayos murinos que muestran la capacidad dislipémica de la zanahoria púrpura frente al síndrome metabólico y sus problemas concomitantes. Y es que a pesar de seguir una dieta rica en grasas y azúcares el grupo de ratones a los que la comida se le suplementó con extracto de zanahoria púrpura vieron disminuir su oxidación lipídica, la inflamación, la hipertensión y la acumulación de grasas mejorando su resistencia a la insulina.

Se corroboraba así lo constatado in vitro -con células endoteliales y macrófagos- por un equipo de investigadores de la Universidad de Wisconsin-Madison dirigido por el doctor B. T. Metzger que al añadir un extracto de zanahorias moradas ricas en antocianinas y falcarinol -un poliacetileno- observó que se reducía la segregación de citoquinas proinflamatorias. El trabajo se publicó 2008 en Journal of Agricultural and Food Chemistry.

Un grupo de investigadores de la Poznan University of Life Sciences de Polonia dirigido por la doctora Anna Olejnik demostró por su parte mediante ensayos in vitro con células de la mucosa colónica que el extracto de zanahoria púrpura es antioxidante e inhibe los radicales libres que la dañan. El trabajo se publicó en enero de 2016 en Food Chemistry.

Es más, las antocianinas hacen bajar el exceso de ácido úrico (hiperuricemia) al inhibir la enzima xantina-oxidasa en el hígado. Lo comprobó en ratones un equipo de la Huazhong Agricultural University de Wuhan (China) coordinado por el doctor Z. C. Zhang con antocianinas procedentes de batatas y patatas dulces púrpuras (Ipomoea batatas). El trabajo se publicó en 2015 en Food & Function y en él se explica que la actividad hipouricémica de las antocianinas se logra regulando la expresión de genes inflamatorios en los túbulos renales del tipo mURAT1 o mGLUT9.

 

LOS GARBANZOS "NEGROS"

 

En cuanto a los garbanzos "negros" que citábamos al principio de este texto son garbanzos normales que simplemente poseen una capa externa rica en antocianinas y otros polifenoles que son los que le confieren su color violáceo oscuro. Pues bien, un equipo de investigadores indios de la International Crops Research Institute for the Semi-Arid Tropics de Patancheru dirigido por el doctor A. K. Jukanti explica que son ricos en fibra, oligosacáridos, vitaminas, minerales y aminoácidos esenciales -todos salvo los azufrados- y además contienen tres fitosteroles: beta-sitosterol, campesterol y estigmasterol. El trabajo se publicó en 2012 en British Journal of Nutrition.

En todo caso debemos aclarar que los garbanzos claros corrientes poseen igualmente en su capa más externa tres tipos de antocianinas además de otros polifenoles antioxidantes; unos 100 miligramos en 100 gramos. Lo corroboró un equipo del Council of Scientific and Industrial Research coordinado por el doctor Y. N. Sreerama cuyo artículo se publicó en 2010 en Journal of Agricultural and Food Chemistry.

 

LAS JUDÍAS NEGRAS

 

Las alubias o porotos negros -variedad de la especie Phaseolus vulgaris que se utiliza de forma habitual en muchos países caribeños y está asimismo presente en el plato nacional brasileño: la feijoada- contienen 280 miligramos de antocianinas en 100 gramos de cáscaras según cálculos de un equipo de la Samcheok National University de Corea dirigido por el doctor Myoung-Gun Choung cuyo trabajo se publicó en 2003 en Journal of Agricultural and Food Chemistry.

Pues bien, un equipo de la Facultad de Medicina de Itajubá en Minas Gerais (Brasil) coordinado por el doctor L. Azevedo realizó una serie de ensayos murinos -se publicaron en 2003 en Food and Chemical Toxicology- según los cuales las judías negras protegen el ADN. Lo que hicieron fue someter a los ratones a una sustancia mutagénica y darles luego una dieta que contenía un 20% de judías negras constatando que éstas evitaban los daños en la médula ósea y en las células sanguíneas periféricas.

Seis años después el doctor V. J. Lara-Díaz -del Instituto de Biotecnología y Salud de Monterrey (México)- coordinaría un trabajo en el que colaboraron miembros de varias universidades mexicanas -se publicó en 2009 en Basic & Clinical Pharmacology & Toxicology- según el cual las judías negras son además -se constató in vitro y en ratones- bactericidas y antiparasitarias.

 

EL MAÍZ MORADO

 

El maíz es el cereal más cultivado del planeta al adaptarse la planta a muy distintos tipos de climas y suelos merced a la facilidad con que se hibridiza. Y si bien se conocen más de mil especies esta diversidad está amenazada por las grandes multinacionales agrícolas que ofrecen hoy híbridos de alto rendimiento y fácil cultivo por medios mecánicos haciendo que por razones económicas -mayor producción por hectárea y ahorro en pesticidas- los agricultores los adopten. Su poder nutritivo está acreditado en todos los casos pero hay una variedad de la especie Zea mays poco conocida típica de la región del altiplano peruano y boliviano que destaca: el conocido como morado, azul o negro (en Galicia millo corvo). Bueno, en realidad se trata de unas diez variedades distintas con tonalidades que van desde el rojo oscuro o granate hasta el violáceo y negro con distintos tamaños de grano; no se trata pues de un hibrido reciente pues puede verse pintado con sus colores originales en piezas de cerámica mochica de hace 2.500 años. Y es extraordinariamente rico en antocianinas.

Según un trabajo de los doctores B. A. Cevallos-Casals y L. Cisneros-Zevallos -de la Texas A & M University- publicado en 2003 en Journal of Agricultural and Food Chemistry el maíz morado contiene casi la misma proporción de antocianinas que los arándanos llegando a valores de hasta 170 miligramos/100 gramos si bien hay que destacar que su poder antioxidante es superior.

De hecho un año antes -en 2002- un grupo de investigadores de la Universidad de Salamanca (España) coordinado por la doctora Sonia de Pascual-Teresa Fernández publicó en Journal of the Science of Food and Agriculture un trabajo según el cual el glucósido cianidina-3 (C3G) -el tipo de antocianina más abundante en el maíz morado- es un antioxidante 3,5 veces más potente que la vitamina E. Potencia que no se pierde con la cocción e incluso se mantiene en las palomitas de maíz. Por su parte, la doctora Elyana Cuevas Montilla dirigió un equipo de investigadores en la Technische Universität Braunschweig (Alemania) -el trabajo se publicó en 2011 en Journal of Agricultural and Food Chemistry- sobre cuatro variedades de maíz de granos rojos y cinco variedades azules con contenidos variables de antocianinas de entre 2 y 72 miligramos por cada 100 gramos.

En cuanto a sus propiedades cabe decir que un equipo de la Doshisha University de Japón coordinado por el doctor T. Tsuda publicó en 2003 en Journal of Nutrition un interesante estudio murino según el cual las antocianinas previnieron la hiperglicemia y la obesidad en un grupo de ratones que la ingirieron durante doce semanas a pesar de seguir una dieta rica en grasas. Estudios posteriores efectuados en el Instituto Politécnico de México revelarían que el maíz azul tiene menos almidón y menor índice glucémico (IG) que el maíz blanco por lo que en casos de obesidad se aconseja su consumo. En suma, el maíz morado es -además de un cereal rico en nutrientes- un valioso aliado para la salud dado su alto contenido en antioxidantes.

Terminamos este apartado indicando que ensayos murinos realizados por un equipo de la Hallym University (Corea del Sur) dirigido por el doctor Min-Kyung Kang muestran que las antocianinas del maíz bloquean el proceso de angiogénesis en el glomérulo renal, principal causa de la nefropatía relacionada con la diabetes. El trabajo se publicó en 2013 en PLoS One.

Y un ensayo murino realizado por un grupo de investigadores de la Daiyu-kai Institute of Medical Sciences de Japón bajo la supervisión del doctor A. Hagiwara mostró que las antocianinas procedentes del maíz inhiben el carcinógeno PhlP asociado a las carnes asadas a alta temperatura. Según explicaron en 2001 en Cancer Letters los ratones que ingirieron una dieta con un 5% de antocianinas mostraron al cabo de 36 semanas una notable reducción de carcinomas colorrectales.

 

EL ARROZ ROJO

 

Según un equipo de la Cornell University de Ithaca (Nueva York) coordinado por el doctor M. W. Zhang el arroz rojo contiene entre 2 y 8 veces más antocianinas y fenoles que el blanco y de ahí que su efecto antioxidante sea mucho mayor. Lo dieron a conocer en un artículo publicado en 2010 en Journal of Agricultural and Food Chemistry. Es más, según un equipo de la Chinese University of Hong Kong coordinado por el doctor Y. Zuo que trabajó con moscas de la fruta el extracto de arroz rojo actúa sobre varios genes que controlan el envejecimiento ya que consiguió prolongar la vida de esos insectos hasta un 14%. El trabajo se publicó en 2012 en Food & Function.

 

NO DESPRECIE LAS MONDAS O PIELES

 

Agregaremos que la piel de las manzanas rojas y las berenjenas son también ricas en antocianinas y polifenoles. Los doctores de la Cornell University de Nueva York K. Wolfe, X. Wu y R. H. Liu lo constataron en las manzanas comprobando que in vitro inhiben la proliferación de las células cancerosas tipo HepG2 -lo dieron a conocer en 2003 en Journal of Agricultural and Food Chemistry– y un equipo de investigadores de la Ubon Ratchathani University de Tailandia dirigido por el doctor P. Akanitapichat que la piel violácea de la berenjena es in vitro antioxidante y hepatoprotectora -el trabajo se publicó en 2010 en Food and Chemical Toxicology-. Comprobando por su parte un equipo de la University of Connecticut (EEUU) dirigido por el doctor S. Das mediante ensayos murinos que las berenjenas son cardioprotectoras, capacidad que no se pierde con la cocción. Lo explican en un artículo publicado en 2011 en Food & Function.

Terminamos advirtiendo que los citados en este texto no son los únicos alimentos ricos en antocianinas. En absoluto. Hay muchas otras frutas, verduras, legumbres y cereales de color oscuro cuya relación completa es imposible volcar en un breve artículo; son los casos de las uvas pasas o de corinto, las acerolas, las ciruelas violáceas, las cerezas, las guindas, los pimientos rojos, las naranjas sanguíneas, las granadas y muchos otros. Eso sí, valore en cada caso la posible presencia de pesticidas y herbicidas tóxicos en las mondas y pieles. Es hoy día el principal problema para obtener suficientes antocianinas.

 

Paula M. Mirre
 

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Febrero 2016
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