Wi-Fi en las escuelas: nuevo peligro para la salud de nuestros hijos

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Durante el curso 2009-2010 se ha puesto en marcha en España el Plan Escuela 2.0 para que todos los colegios tengan ordenadores conectados a Internet lo que supondría una excelente iniciativa si no fuera porque muchas administraciones -no todas- han apostado porque esa conexión sea mediante WiFi y eso puede provocar problemas de salud en alumnos y profesorado debido a la contaminación electromagnética que emite esta tecnología inalámbrica. De hecho ya hay en nuestro país profesores que empiezan a tener problemas de salud por electrosensibilidad. Desvelamos cómo se está impulsando este nuevo negocio y algunos de los oscuros intereses que hay detrás.

A mediados del pasado mes de septiembre el Congreso español dio su visto bueno al denominado Plan Escuela 2.0 cuyos beneficiarios serían los estudiantes de entre Quinto de primaria y Segundo de la E.S.O. -es decir, de entre 10 y 13 años- y los profesores de Primaria y Secundaria. Dotando para ello durante el curso escolar 2009/2010 de ordenador portátil a 400.000 alumnos y 20.000 profesores para lo que se preveía digitalizar 14.400 aulas. “Esta medida –se explicaría-permitirá adaptar al siglo XXI los procesos de enseñanza y aprendizaje dotando a nuestros alumnos de conocimientos y herramientas claves para su desarrollo personal y profesional fomentando además el capital humano y la cohesión social, y eliminando las barreras de la brecha digital. Se dotará a las aulas de pizarras digitales y conexión inalámbrica a Internet y cada alumno tendrá su propio ordenador personal que usará como herramienta de trabajo en clase y en casa”. Una excelente iniciativa si no fuera porque el Gobierno no ha regulado cómo podrán hacerse las conexiones a Internet y el sistema elegido por muchos centros ha sido el WiFi en lugar del cable que no contamina electromagnéticamente. Y eso ha abierto las puertas a un nuevo drama: se está irradiando irresponsablemente con microondas a decenas de miles de escolares y profesores.

El proyecto se impulsó además sin contar con la comunidad educativa y sin que los contenidos estuviesen preparados, los profesores formados y las líneas de actuación pedagógica definidas. Lo cual quiere decir que de momento el plan se ejecuta pues a un nivel puramente comercial. Pero siendo esto preocupante no lo es tanto como el hecho de que no se haya proporcionado a los directores y responsables de los colegios así como a los profesores, padres y alumnos la información existente sobre los peligros potenciales de conectarse a Internet mediante WiFi. Sobre eso ¡ni una palabra! Porque aunque hay quienes niegan ese peligro –curiosamente la inmensa mayoría de ellos están relacionados con la industria de la telefonía y por tanto su opinión no es precisamente independiente- existe la suficiente controversia a nivel científico como para exigir que esa información se haga llegar a los afectados. Nadie puede tomar una decisión razonada cuando se le oculta información.

De ahí que muchos padres, alumnos, directores, profesores y expertos bien informados sobre los peligros de la contaminación electromagnética se pregunten qué sentido tiene este incomprensible despliegue de routers por WiFi cuando hoy todos los colegios pueden acceder a Internet por cable y de hecho prácticamente todos están cableados en su interior.

“Se trata de un brutal ataque a la salud de niños que están desarrollando todavía su sistema nervioso que será bombardeado sin pausa por microondas a una velocidad de 2,4 millardos de ciclos por segundo, exactamente la frecuencia que un horno microondas necesita para hacer vibrar la molécula del agua existente en los alimentos para que se calienten o incluso hiervan. Una exposición crónica que se sumará en el caso de muchos niños a la radiación que buena parte de ellos recibe ya en su casa provenientes de las conexiones inalámbricas tanto de WiFi como de los teléfonos inalámbricos (los conocidos como DECT) y de los móviles que se usan dentro de la vivienda y permanecen encendidos todo el día en la mayoría de los casos”, denuncia con contundencia la Asociación Vallisoletana de Afectados por las Antenas de telefonía (AVAATE).

Claro que las mediciones realizadas por sus miembros en un ordenador portátil conectado con WiFi situando el lector a la altura del cuerpo de un niño son preocupantes. Porque cuando la antena del ordenador se activó la medición fue de 5,396 w/cm² y eso supone un nivel ¡50 veces superior al que el comité internacional de expertos que se reunió en Salzburgo en junio del 2000 recomendó y 500 veces mayor del que aconsejó sólo un año después! Por otra parte, la antena interna del ordenador no emite a un nivel constante: fluctúa entre los 3 y los 7 w/cm² como han comprobado ellos mismos. Y esa radiación es la que se recibe con un solo ordenador encendido así que imagínese el lector la radiación de un aula con 20 o 25 aparatos encendidos y conectados al WiFi.

¿Y de qué riesgos estamos hablando? Pues el Servicio de Prevención de Riesgos Laborales de Valencia (UPV) asegura que puede producir transformaciones celulares cromosómicas y genéticas, cambios en el ritmo cardiaco, subida de la tensión arterial, alteraciones electroencefalográficasy alteración de la conducta. Cabe añadir que los cientos de estudios publicados hasta la fecha alertan sobre otros muchos posibles efectos a medio y largo plazo. Entre ellos, cefaleas, migrañas, fibromialgia, pérdida de apetito, problemas de memoria y auditivos (ruidos e incluso pérdida de audición), insomnio, déficit de atención, disminución del tiempo de concentración y dificultades de aprendizaje.

ENTORNOS CONTAMINANTES 

En suma, el Gobierno quiere formar “superniños” en entornos contaminados que afectan a su salud. Y no se trata de un error cometido por ignorancia. Los miembros de la Administración están muy bien informados. Es más, de que no pudieran alegarlo algún día se ha ocupado la Plataforma Estatal Contra la Contaminación Electromagnética (PECCE) algunos de cuyos  miembros, al reunirse en septiembre de 2009 con representantes del Ministerio de Industria, hicieron entrega de un informe con documentación internacional que incluía un gran número de estudios independientes publicados sobre los efectos nocivos de la exposición crónica a las radiaciones provenientes del WiFi y, en general, de los aparatos y antenas con tecnología inalámbrica, especialmente cuando los expuestos son niños.

“Se habla mucho de lo concerniente a los plazos y de quiénes van a recibir los preciados portátiles –denuncia la citada organización- pero del coste en salud que digitalizar las aulas supondrá para los escolares y profesores no se ha vertido ni una triste palabra. Ni desde el Gobierno, ni desde los centros de enseñanza, ni desde las APAS, ni desde el Ministerio de Sanidad, ni desde la Pediatría, entre otras especialidades. No sólo no existe estudio previo alguno que pueda asegurarnos que esa exposición crónica a microondas no va a tener efectos perjudiciales para la salud de los escolares y profesores sino que tampoco habrá responsables que se hagan cargo de los resultados  de este ‘experimento’, el más grande que se haya hecho con niños en la historia de la humanidad sin necesidad de contar con permiso paterno y/o materno”.

Ciertamente llama la atención que nuestro Gobierno pretenda ser “líder en Europa en la expansión de redes inalámbricas” cuando en los países de nuestro entorno lo que se está haciendo desde algún tiempo es ¡justo lo contrario!: desinstalar el sistema WiFi en escuelas, bibliotecas, hospitales y demás centros públicos. Francia, por ejemplo, ha elegido 16 ciudades para hacer el experimento de reducir los límites de la irradiación de las microondas de alta frecuencia a 0,6 V / m ó 0,1 microwatios/cm² como recomienda el informe internacional independiente BioInitiative, trabajo basado en 1.500 estudios previos que concluye afirmando: “Las agencias sanitarias y las autoridades escolares deberán evitar o prohibir con firmeza la construcción de antenas sobre edificios escolares y en sus proximidades (en un radio de 300 metros) y retirar toda instalación de red WiFi en aulas, guarderías y centros de ocio. Es más, deberían suprimir o desactivar las instalaciones inalámbricas existentes”. Evidentemente estas recomendaciones en España ni se tienen en cuenta. En otros países, en cambio, sí. En Colonia (Alemania) por ejemplo hay ya un plan para cablear toda la ciudad con fibra óptica ofreciendo así a los ciudadanos una alternativa óptima en términos de salud y calidad tecnológica.

El Ministerio de Sanidad español –denuncia la mencionada organización vallisoletana-ha decidido lavarse las manos en este asunto de instalar WiFi en los colegios. Lo comunica usando eufemismos en un escrito a la PECCE  y lo hace sin preocupación exhibiendo argumentos que tienen que ver con la justificación de los niveles máximos que se permiten en España –una de las normativas más permisivas de toda Europa- asimilando recomendación y Principio de Precaución a legalidad vigente a sabiendas de que las normativas se modifican si ha lugar como ya han hecho once países en Europa, algunos hasta 5.000 veces por debajo de lo que se permite en España gracias sobre todo a que el Ministerio de Sanidad se ha empeñado en que probemos con nuestra salud si esos niveles nuestros son seguros o no”.

DIFERENTES ACTITUDES 

Una actitud que contrasta con la de algunos gobiernos autonómicos. En Extremadura, por ejemplo, todas las aulas de la ESO de la comunidad tienen ya ordenadores desde el 2005 pero se conectan entre sí y con Internet ¡por cable! Y en el País Vasco el Parlamento ha aprobado una resolución -curiosamente por unanimidad- que pone igualmente en entredicho el proyecto del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero de expandir el WiFi por toda España. Y es que antes de implantar el WiFi en los colegios va a medirse el nivel de las radiaciones electromagnéticas que éste genera, datos que se darán a conocer en la web del departamento de Educación del gobierno autonómico. Con la importante peculiaridad de que las mediciones deberá realizarlas un organismo especializado e independiente que deberá atender además las recomendaciones de las instituciones internacionales en un claro guiño a la reciente petición del Parlamento Europeo de alertar sobre la cada vez mayor contaminación electromagnética.

Y eso que hay fuertes presiones en toda España para que se instale el sistema WiFi en lugar del cable. Miembros de la Plataforma de Euskal Herria contra la Contaminación Electromagnética, por ejemplo, nos manifestarían que en algunos colegios vascos se ha escuchado decir a representantes del gobierno que los centros educativos que decidan poner cable en lugar de WiFi sencillamente no recibirán el equipamiento informático. Y así se les ha comunicado como medida de presión -de palabra por supuesto- a varios representantes de colegios que optaron por el cable. Lo que no sucedería si la Administración enviase los ordenadores a los colegios y fueran luego sus responsables los que libremente eligiesen si se conectan a Internet por cable o WiFi. No es de recibo lo que está pasando. Según la citada plataforma Carlos Crespo, director de Administración y Gestión Económica del Gobierno Vasco, llegó a decir a algunos representantes de colegios que estaba “terminantemente prohibido poner cable”. Mintiendo pues, por supuesto.

“Los altos cargos del Gobierno vasco–nos contaría uno de los miembros de la plataforma-no tienen idea ni de las cuestiones más básicas. Siguen instrucciones de ‘arriba’. Lo demuestra que al día siguiente de la aprobación de la resolución del Parlamento vasco la Consejera de Educación, Isabel Celáa, declaró que el WiFi en las escuelas es inocuo. Con esas palabras. Obviamente no dijo en qué se apoyaba para hacer esa afirmación. Los responsables de la escuela de euskera Odon Apraiztambién nos contaron que Carlos Crespo les dijo que o ponían WiFi o no les daban ordenadores”.
Así lo certificarían en el colegio público vitoriano Arantzabela donde se había optado por el cableado y se encontraron a poco de comunicar su decisión con una convocatoria por parte la Administración en el edifico central de los Centros de Apoyo a la Formación e Innovación (Berritzegunes) donde se les comunicó que no había otra opción que instalar el sistema WiFi.

Obviamente esta actitud hace que muchos se pregunten quién se está haciendo de oro vendiendo los peligrosos routers WiFi a costa de poner en riesgo la salud de nuestros hijos. ¿Alguien puede explicárnoslo? Porque la insistencia en ese sistema sabiendo que está en entredicho su seguridad tiene que tener alguna razón… económica.

CADA VEZ MÁS MAESTROS SUFREN ELECTROSENSIBILIDAD 

En una resolución de 2 de abril del 2009 el Parlamento Europeo pidió a los estados miembros “que sigan el ejemplo de Suecia y reconozcan como una discapacidad la hipersensibilidad eléctrica a fin de garantizar una protección adecuada e igualdad de oportunidades a las personas que la sufren”. ¿Y qué es la electrosensibilidad? Pues una hipersensibilidad a los campos electromagnéticos que lleva a la persona a enfermar. Y si bien hay países como Suecia donde ya está reconocida como enfermedad en España no es así; aquí las personas que la sufren suelen ser derivadas ¡al psiquiatra! Cuando son cada vez más las personas que padecen el problema. Y eso incluye a quienes trabajan en las escuelas, tanto al personal  escolar como a los niños. Es el caso de Miquel Roselló que trabajaba como profesor en un instituto de Tarragona hasta hace poco y ahora está de baja laboral diagnosticado de electrosensibilidad. Simplemente se había trasladado de un colegio que no tenía WiFi a otro que sí lo tenía y al año y medio comenzó a notar buena parte de los síntomas propios de las personas con hipersensibilidad a los campos electromagnéticos: “Sufría nerviosismo, agitación, arritmias, insomnio, embotamiento, malestar, irritabilidad, cefaleas, cansancio… Todo ello al mismo tiempo y sin motivo aparente. En clase notaba el aire cargado, como denso. En los periodos de vacaciones, cuando ya no estaba en el aula, me recuperaba. Al comienzo del curso 2009/2010, unos días antes de que empezaran las clases, me encontraba en el aula preparando la inauguración del ciclo y comencé de nuevo a encontrarme mal, con los mismos síntomas. Cuando yo soy una persona sana, vivo a las afueras en un pueblo en pleno campo  en el que no hay radiaciones, cuido mi salud física y mental, me encanta mi trabajo en el colegio y me llevaba bien con mis compañeros. Y todo eso lo he tenido que dejar por la electrosensibilidad que muestro ante las ondas; ante las WiFi en particular pero también ante todos los campos electromagnéticos de cierta intensidad en general”. La mujer de Roselló, que también cuida su salud de la misma manera e igualmente es profesora –en este caso de Inglés en una escuela oficial de idiomas- tenía los mismos síntomas pero en cuanto en su centro optaron por instalar cable -gracias a su recomendación-  dejó de sufrirlos. Suele notarlos, eso sí, cuando se traslada a la casa de algún amigo o familiar que tiene conexión WiFi. “Tenemos la suerte –nos diría Roselló-de disponer de un médico de cabecera, Miguel Solans Ezquerra, muy sensible a estos temas –al punto de que hoy tiene sus propios aparatos de medición- al que al principio le costaba un poco entender mi problema pero hoy lo tiene muy claro y lo reconoce abiertamente”.

Hablamos de un maestro que hoy tiene varios informes médicos que reconocen su padecer siendo quizás el más significativo el firmado por la doctora María Pérez: “Se ha detectado en el señor Miquel Roselló –a través de pruebas de biorresonancia-moraterapia- la presencia en muy alta intensidad de campos geopáticos de origen fundamentalmente de altas frecuencias (3.000-5.000 GHz) y radiofonía móvil, y otros aparatos con dicho mecanismo (como ordenadores en red tipo WiFi) así como cargas electrostáticas ambientales, etc., sometiendo al organismo, sobre todo a nivel del sistema nervioso, a un estrés importante, manifiesta la doctora en el informe.  Un diagnóstico que continúa con la mención de los síntomas del paciente relacionados con la electrosensibilidady donde se le recomienda evitar el contacto con las radiaciones electromagnéticas.

Pudimos hablar con la doctora Pérez y le preguntamos a qué se debe que en España tan pocos médicos diagnostiquen los problemas de electrosensibilidad. Nos respondió: “Hace al menos doce años que yo vengo  advirtiendo  de los peligros  en la salud  de los campos electromagnéticos, diagnóstico que establezco a través de la terapia de biorresonancia ‘Mora’. Evidentemente es una forma de diagnóstico que por desgracia está aún fuera de los circuitos de la medicina convencional y ello dificulta su expansión; sin embargo hablamos de un problema que  no es posible valorar con una analítica clásica o una radiografía porque su impacto es a nivel ‘cuántico’, a nivel molecular, y eso no hay máquina de las que se utilizan convencionalmente que pueda detectarlo”.

La doctora Pérez añadiría que hoy la mayoría de las personas a las que valora su estado con el Mora presentan bloqueos por campos electromagnéticos -de diferente origen- que repercuten en diversas zonas del organismo. Depende de cada persona pues su sensibilidad varía mucho de una otra. “Lo interesante en cualquier caso  -añadiría-es poder hacer el diagnóstico mientras el organismo aún cuenta con fuerza para recuperarse pues eso permite prevenir patologías degenerativas que es lo más importante”.

En cuanto al hecho de que los actuales aparatos de biorresonanciaque permiten medir la contaminación electromagnética de un organismo no estén oficialmente avalados por el estado se mostró contundente:   “Hay otras muchas terapias y especialidades no convencionales que siguen sin estar reconocidas. Como la Homeopatía o la Acupuntura que, sin embargo, están asentadas en nuestro país y muchos otros desde hace años y cuya efectividad ya no es cuestionada salvo por ignorantes. Por suerte las personas  son hoy inteligentes y buscan cada vez más aquellas opciones eficaces que causen el menor daño posible”.

Debemos añadir que si bien el profesor Roselló ha decidido hablar y contar su experiencia existen otros muchos colegas en situaciones similares que tienen “miedo” a explicar lo que les pasa porque temen una posible “reacción adversa” del establishment educativo. Es el caso de otra maestra en circunstancias parecidas, Amparo M., profesora de 2º de Primaria –da clases a niños de siete años de edad- en un colegio de un pueblo de Guipúzcoa que prefiere que silenciemos su apellido: “Suelo tener –nos diría-dolor de cabeza, picor, escozor intenso en la coronilla, picores por el cuerpo -sobre todo en los ojos-, cansancio constante y, a veces, hasta sensación de no poder tenerme en pie además de peso en la cabeza. El médico se limitó a recomendarme que tomara una aspirina. No estoy pues de baja y procuro aguantar. Afortunadamente hoy tengo dos dispositivos que neutralizan un poco los efectos del WiFi”. Preguntada sobre si cree que puede estar afectando a los niños a los que da clases el WiFi instalado en las aulas respondería: “Sí. Veo a los críos en clase más inquietos, más nerviosos, más impacientes y con dificultades para concentrarse y poner atención”.

En Sevilla tres profesores que nos pidieron igualmente permanecer en el anonimato intentan en la actualidad que en sus colegios no se instale WiFi sino cable porque todos ellos sufren electrosensibilidad en grados diferentes, en un caso ya oficialmente diagnosticado. Uno de ellos nos contaría que es diabético y que las ondas electromagnéticas le “disparan” el índice glucémico. Una posibilidad que atestigua por cierto el trabajo La electricidad “sucia” sube los niveles de glucosa en diabéticos electrosensibles y podría explicar la diabetes volubleque se publicó en Electromagnetic Biology and Medicine en el 2008.Y explicaremos que se llama “diabetes voluble” a la de tipo I que se descontrola sin que oficialmente se sepa por qué. Se trata de un maestro que durante diez años vivió cerca de una antena de telefonía móvil y al que hoy se le detectan niveles de 20 microwatios en el cuerpo. Licenciado en Química Industrial hoy da clases en un colegio donde también hubo WiFi pero consiguió que lo quitasen… no sin un duro y desagradable enfrentamiento.

Uno de los otros dos maestros vivió durante ocho años con su familia en una zona alta de Sevilla en la que por sus características geográficas se congrega gran cantidad de antenas de telefonía, radio o televisión. Farmacéutico de profesión y profesor en un colegio sevillano además de insomnio, estrés, alergias, dolores de cabeza y otros males -que luego comprobó afectaban a buena parte del vecindario así como a otros miembros de su propia familia- sigue sufriendo hoy una altísima tensión ocular que sólo le desaparece cuando se aleja de los focos de contaminación electromagnética; de hecho su oculista ha certificado que en efecto el problema podría estar relacionado con las radiaciones. Bueno, pues a pesar de que hoy ya no vive en el mismo barrio la tensión ocular permanece porque en el instituto donde ahora da clases se instaló un sistema WiFi hace dos años.

Obviamente la aparición de casos de profesores de instituto con síntomas de hipersensibilidad a las radiaciones electromagnéticas va cada día a más y los que lo reconocen son sólo la punta de un iceberg que sin duda se dará a conocer en su verdadera dimensión en los próximos años.

Solo que el problema principal lo constituyen los niños porque, ¿cuántos de ellos han sido y están siendo afectados por las radiaciones electromagnéticas sin que sus padres, profesores y médicos perciban que la causa de sus problemas mentales, emocionales y físicos se deben a ellos? ¿Y cuántos están siendo por ello estúpidamente medicados con fármacos que no sólo no van a ayudarles sino que les perjudican notablemente?

NEGOCIO, PURO NEGOCIO 

Bueno, pues lo más lamentable y vergonzoso es que la justificación para utilizar sistemas inalámbricos en los colegios con motivo del Plan Escuela 2.0 en lugar de cablear para evitar la radiación es ¡puramente económico! Por una parte, cablear las escuelas cuesta más dinero que poner emisores de microondas. Y por otra, hay todo un sector de empresas instaladoras que han apostado fuerte porque se digitalicen las aulas. Además asegura el servicio de mantenimiento porque el WiFi da problemas de funcionamiento e interferencias que el cable no tiene. Sin olvidar que ganan también los fabricantes y distribuidores de portátiles, programas informáticos y de servicios, empresas de telefonía…

Y por si todo esto fuera poco ha molestado a mucha gente que el plan sea más propagandístico que real porque la mayoría de los alumnos no ha recibido el portátil prometido por Rodríguez Zapatero. Aunque por eso no deberían preocuparse ya que el Ministro de Industria Miguel Sebastián -el mismo que regaló bombillas radiactivas y repletas de mercurio tóxico a cientos de miles de españoles con la socorrida excusa de que se ahorra electricidad con ellas (lea en nuestra web –www.dsalud.com- el artículo que con el título Las llamadas “bombillas de bajo consumo” son peligrosas para la salud apareció en el nº 116) no permitirá que el negocio decaiga. Hay 1.300 instaladores en la Federación de Instaladores de Telecomunicaciones (FENITEL) -lobby de la patronal del sector-, operadores y demás actores “interesados en el proyecto” dispuestos a recordarle que quieren comerse el pastel del Plan Escuela 2.0, puro negocio disfrazado de altruismo y modernidad al que se destinaron nada menos que 200 millones de euros. Y es que no puede obviarse que Sebastián tiene unas excelentes relaciones con el lobby de las telecomunicaciones.

Hasta el diario El País se ha atrevido a explicar ya parcialmente la verdad de todo esto con motivo de la instalación de antenas de telefonía: “El Gobierno quiere convencer a los ayuntamientos de que poner antenas de móvil es saludable. Y para acabar con las reticencias que tienen las corporaciones locales a dar permiso para la instalación de antenas prepara un plan de incentivos económicos para los ayuntamientos que más colaboren en ampliar la cobertura del móvil dentro de sus municipios”. Esto ocurría en septiembre de 2008 de modo que los consistorios que ofrezcan más licencias a las compañías de telecomunicaciones inalámbricas para que ubiquen en su territorio nuevas antenas tendrán más dinero público para, a su vez, desarrollar las tecnologías de la información. El evento donde hizo su propuesta Miguel Sebastián estaba organizado por la Asociación de Empresas de Electrónica, Tecnologías de la Información y Telecomunicaciones de España (AETIC), lobby que además se encarga de acallar las críticas de quienes quieren informar a la sociedad de la verdad.

Lo singular es que sólo tres días después de las declaraciones de Sebastián el Parlamento Europeo publicaba una resolución –Revisión Intermedia del Plan de Acción Europeo sobre Medio Ambiente y Salud 2004-2010– según la cual “el número de personas que enferman por culpa de factores medioambientales sigue en aumento y debe establecerse un registro epidemiológico que ofrezca un cuadro completo de las enfermedades vinculadas, parcial o totalmente, a factores medioambientales”. Claro que el Parlamento Europeo ya expresó su “gran interés por el informe internacional BioIniciative sobre los campos electromagnéticos que resume más de 1.500 estudios dedicados a este tema y cuyas conclusiones señalan los peligros que entrañan para la salud las emisiones de telefonía móvil como las emitidas por los teléfonos portátiles, las emisiones UMTS-WiFi-Wimax-Bluetooth y el teléfono de base fija DECT”.

Y ahora si tiene usted a su hijo en algún colegio piénsese si debe hacer o no algo para protegerlo. Pero sepa que normalmente las emisiones radiactivas de un WiFi afectan a todo el colegio.

 Miguel Jara
Recuadro:


En Francia se prohíben los móviles para niños 

Mientras en España nuestras autoridades y los responsables de la industria de la telefonía siguen empeñados en asegurar que no hay problemas de salud en el uso de los móvilesel Gobierno francés está preparando una nueva ley que convertirá en ilegal la publicidad de móviles que se dirija a niños de menos de 12 años. Así lo anunció el Ministro de Medio Ambiente galo quien asimismo contempla ilegalizar la venta de teléfonos móviles expresamente diseñados para niños de seis años o menos. Es más, quiere obligar a que todos los teléfonos móviles se vendan acompañados de auriculares de manos libres para alejar la radiación del cerebro de los ciudadanos. En Finlandia y Reino Unido, por su parte, se han emitido recomendaciones oficiales para que los niños no usen estos aparatos.

¿Y en España? Porque que una empresa como Movistar utilice el “todo vale” como modus vivendi no nos extraña pero que llegara a comercializar un teléfono móvil específico para niños -el modelo MO1- de Imaginarium es el colmo. ¿O no? Hablamos de un móvil diseñado para niños ¡a partir de seis años! con botones directos en los que aparecía papá y mamá.  Y es que la crueldad en los negocios no tiene límites. Olga López, responsable de marketing de Imaginarium, se limitaría en su momento a manifestar que “todos los artículos que comercializamos cumplen los más estrictos controles de calidad”. Y desde luego tenía “razón”: sus móviles se vendían porque la ley lo permitía ya que quienes tienen la responsabilidad de proteger a nuestros hijos han optado por proteger los intereses de la industria de la telefonía. Afortunadamente esos móviles terminarían retirándose del mercado ante las críticas suscitadas.  Así que hoy corresponde a los padres organizarse para impedir que en los colegios de sus hijos haya WiFi y que además usen móviles indiscriminadamente. Quienes no lo hagan saben ya a lo que se exponen.

 

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Abril 2010
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