Xilitol: un dulce remedio

Más de 1.500 estudios científicos certifican que la ingesta de xilitol –alcohol que se obtiene mediante reducción del azúcar xilosa presente de forma natural en muchas plantas y animales- es sana. No sólo regenera el esmalte al promover la remineralizacióndental sino que tiene la propiedad de bloquear la adherencia de las bacterias a los tejidos sanos impidiendo así su acción patógena. Evita pues la formación de caries pero asimismo previene las infecciones periodontales, las de las fosas nasales y paranasalesy las otitis ayudando a su superación cuando ya se han manifestado. Es más, es eficaz incluso ante muchas bacterias resistentes a los antibióticos e impide que prolifere el hongo Candida albicans.Y ayuda a prevenir la osteoporosis. Aunque lo más singular es que si bien tiene el mismo valor energético que la sacarosa el cuerpo no precisa de insulina para metabolizarla. Se lo explicamos en detalle.

Durante la Segunda Guerra Mundial Finlandia se quedó sin azúcar –sacarosa- porque como apenas producía remolacha debía importarla de Rusia y Alemania y entonces estaba en guerra con ambos países. Así que sus técnicos propusieron usar como sustitutivo un edulcorante natural -paradójicamente aislado por un químico alemán en 1891, Emil Fischer– que se extrae del abedul aprovechando que casi la tercera parte de la masa boscosa de su país la integran distintas especies de abedules cuya savia recogían de hecho los campesinos desde tiempos inmemoriales al ser rica en una sustancia dulce, la xilosa, de la que por reducción se obtiene un alcohol: el xilitol. Obviamente los finlandeses se acostumbrarían pronto a él empezando a producirse a gran escala y popularizándose entre la población, especialmente entre los diabéticos a los que no afectaba igual que el azúcar. Claro que la sacarosa es una sustancia poco saludable para las personas sanas y puro veneno para los diabéticos -insulinodependientes o no- a pesar de lo cual su consumo se dispararía porque empezó a estar presente en infinidad de productos elaborados -desde refrescos y zumos hasta pasteles, tartas, galletas, bollería, golosinas y conservas de todo tipo- lo que ha terminado afectando negativamente a la población, cada vez más obesa y con más problemas de intolerancia a la glucosa. Valga como ejemplo que en España su consumo pasó de doce kilos por habitante al año en 1930 a veinte en 1950 y a treinta y cinco en la actualidad. Mostrando las estadísticas otro dato alarmante: la proporción de dulces en la dieta habitual de los niños españoles de 6 a 13 años de edad pasó de un 3,5% de las calorías totales en 1984 a un 6% en el 2000 calculándose que podría acercarse en nuestros días ¡al 10%!

Pues bien, el xilitol puede ser consumido sin problemas hasta por los diabéticos –sin abusar- ya que sólo la tercera parte del ingerido lo transforma el hígado en glucosa siendo el resto metabolizado y transformado por las bacterias de la flora intestinal en ácidos grasos de cadena corta (AGCC). De hecho su ingesta apenas provoca liberación de insulina por el páncreas y de ahí su bajísimo índice glicémico: 7. La mitad por ejemplo de verduras como la lechuga y la col o de una nuez. Lo que es de suma importancia para la salud.

¿Y por qué? Pues porque si bien el origen de la diabetes 2 es muy discutido es bastante probable que uno de los mayores culpables del desarrollo de esta enfermedad –auténtica pandemia que afecta ya a todos los países del mundo- sea el alto consumo de azúcares y carbohidratos refinados; entre ellos la fructosa química derivada del maíz. El consumo de azúcar (apenas ingerida el azúcar se desdobla en glucosa que pasa directamente a la sangre) dispara la producción pancreática de insulina provocando que el plasma sanguíneo esté oscilando en cuestión de minutos entre picos alternantes de hiperglucemia seguidos de picos de hiperinsulemia (provocada por la inmediata reacción pancreática que produce abundante insulina para llevar esa glucosa al interior de las células) a lo que sigue un pico de hipoglucemia (provocado por las células del hígado que transforman el exceso de glucosa en reservas de glucógeno y lo almacenan disminuyendo el contenido de glucosa en la sangre). Vaivenes metabólicos que hacen que las membranas celulares se vuelvan poco sensibles a la insulina y empiecen a bloquear la entrada de glucosa en las células. Se trata de una condición denominadaresistencia a la insulina, situación totalmente anómala del metabolismo humano y contraria a la naturaleza de la fisiología animal.

Lo primero que tenemos que decir al respecto es que ese estado no solo es inusual e insólito para el organismo humano sino prácticamente para todos los animales. La única excepción es el ocasional festín que a veces se da un oso –y otros animales igualmente golosos- cuando se zampa un panal de miel, algo que suele acarrearle dolorosas consecuencias y disuadirle de repetir la experiencia una buena temporada.

El mecanismo básico de la nutrición celular es que la glucosa entra en las células para desempeñar el papel de “combustible”; es pues primordial para sus necesidades energéticas. Pues bien, se dice que hay resistencia a la insulina cuando las propias células bloquean el ingreso de glucosa en ellas. Una situación absurda, una especie de anorexia celular, un mecanismo perverso por el cual mientras las células se niegan a dejar entrar su alimento fundamental ésta se acumula en la sangre (glucemia o “azúcar alta”). ¿El resultado? Que las células no se nutren adecuadamente y no pueden cumplir bien sus funciones vitales; lo que tiene desastrosas consecuencias sobre los capilares sanguíneos agravando aún más la situación.

El resultado de tan aviesa ecuación es el llamado Síndrome Metabólico (hiperglucemia, hiperlipidemiae hipercolesterolemia), problema que al agudizarse puede llevar con el tiempo a padecer una diabetes tipo 2 con las temibles consecuencias ya conocidas: obesidad mórbida, enfermedades vasculares, hipertensión, problemas cardíacos, neuropatías, ceguera, amputaciones de miembros y muerte. De lo que se deduce la importancia de poder contar con un endulzante natural como el xilitol que prácticamente no afecta a la secreción de insulina debido a su bajo índice glucémicoy además solo se metaboliza en una tercera parte por lo que aporta muy pocas calorías.

EL XILITOL Y LA SALUD DENTAL

Todos sabemos que en los últimos años los dentistas han proliferado; pues bien, ese aumento coincide con la agregación de azúcar a miles de productos elaborados y a la apertura masiva de pastelerías y tiendas de “chuches”. En la España de los setenta del pasado siglo XX era raro encontrar más de dos o tres pastelerías en una ciudad media de 50.000 habitantes y en ellas los dentistas se contaban con los dedos de una mano. En 1975 había apenas 4.000 odontólogos en toda España, la mitad de ellos en Madrid y Barcelona. En cambio en el entorno rural no había prácticamente pastelerías… ni dentistas; para ambas cosas se acudía a la ciudad más cercana. Hoy es raro sin embargo encontrar un pueblo que carezca de dentista o pastelería. Lógico: de los 4.000 dentistas colegiados que había en España en 1975 se pasó a 17.500 en el 2000, a 24.500 en el 2005 y a 28.000 en la actualidad. Lo que representa un dentista por cada 1.700 habitantes, casi el doble de lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) que es de uno por cada 3.000 habitantes.

Respecto a las caries es ya famoso el estudio de J. L. Hardwick de 1960 en el que se indicaba que eran prácticamente desconocidas en Inglaterra hasta 1850 cuando el consumo medio de azúcar era de apenas 9 kilos por persona y año en tanto que hacia 1900 ya las sufría casi toda la población coincidiendo con un consumo de azúcar de 45 kilos por habitante y año (en esa misma época en España el consumo era de 10 kilos por habitante y año).

Por otro lado, la estadística de los países industrializados demuestra que el 75% de los adultos mayores de 35 años padece alguna enfermedad periodontal. También son numerosos los estudios que han demostrado que la ingesta de azúcar y carbohidratos refinados incrementa la acidez bucal -normalmente alcalina- y favorece el desarrollo de una flora local patógena. La mayoría de las 600 especies y subespecies de bacterias que pueblan la cavidad bucal son beneficiosas pero cuando se alteran los parámetros de acidez y se nutre en especial a las bacterias que se alimentan de glucosa o sacarosa en detrimento de las demás -que se alimentan de otras sustancias- es normal que se rompa el equilibrio bacteriano normal o sano. Pues bien, en relación a la salud bucal el xilitol podría considerarse la “pesadilla de los dentistas”. Así parece reconocerlo el Journal of the Amerian Dental Association basándose en centenares de estudios realizados en Finlandia, Canadá, Tailandia y otros países y dirigidos por los más prestigiosos profesionales en el tema.

En una de las experiencias finlandesas se demostró que los niños de entre 19 y 31 meses de edad cuyos dientes estaban colonizados por placas de Streptococcus mutans adquiridos a través de la saliva de las madres -los besos en la boca son un remedo de la pre-masticación de alimentos de las madres que todavía se practica en muchas culturas y es una rutina habitual de casi todos los animales, incluidos los humanos- tenían caries. Pues bien, cuando las madres mascaron chicles con xilitol tras comer el número de niños con caries fue un 70% menor.

Y el xilitol tiene otras propiedades. Un estudio publicado en Journal of the American Geriatrics Society explica que se dividió a 111 personas mayores de 60 años durante 12 meses en 3 grupos y a los miembros de uno de ellos se les pidió que no mascaran nada, a los del segundo que mascaran chicles con xilitol y a los del tercero chicles con xilitol y un antibiótico; dos veces al día durante 15 minutos. Bueno, pues en los dos grupos que consumieron xilitol fueron muy inferiores los casos de aftas bucales.

CÓMO ACTÚA EL XILITOL

¿La razón? Para comprenderlo analicemos cómo se comportan las bacterias bucales y por qué se generan las caries. En la boca tenemos unas 600 especies de microorganismos distintos -aerobios y anaerobios- que en condiciones normales y de salud se encuentran en equilibrio formando la placa dental o placa bacteriana, acumulación heterogénea rodeada de una matriz intercelular de polímeros de origen salival y microbiano que pueden adherirse o depositarse sobre las paredes de las piezas dentales. Placa en la que las bacterias beneficiosas controlan o dominan a las patógenas como ocurre en el resto de organismo cuando hay salud y el pH está equilibrado. Sin embargo entre esas especies hay una preocupante: la Streptococcus mutans. Porque como la mayoría de los gérmenes que pueblan nuestra cavidad bucal ésta metaboliza la glucosa, la sacarosa y la lactosa para alimentarse pero además transforma la sacarosa en una dextrosa especial que le permite adherirse al esmalte. La Streptococcus mutans es además muy hábil: cuando está fuera de la placa su metabolismo es aeróbico pero en cuanto coloniza la pared del diente se hace anaeróbico –vive sin necesidad oxígeno- pudiendo desarrollarse y reproducirse sin ser destruida por la saliva.

El caso es que el esmalte, aunque parezca ser muy sólido, queda inerme cuando la placa dental alcanza medio milímetro de espesor impidiendo la llegada de las enzimas con propiedades antibióticas de la saliva: la lisozima, la lactoferrina, la lactoperoxidasa, etc. Y es que en realidad el esmalte es frágilmente poroso al estar formado por un entramado de fibras de hidroxiapatito de 100 micras de largo por 0,05 micras de diámetro que dejan unos pequeños huecos o poros en los que pueden acomodarse las bacterias. Y en ellos se introduce precisamente la bacteria Streptococcus mutans ya que apenas mide una micrade diámetro. Además entre la unión del cuello del diente y la encía hay un espacio abierto de 1 a 4 milímetros de profundidad en el que pueden alojarse importantes colonias de la misma. En resumen, un impresionante caldo de cultivo bacteriano que hace que en una gota de placa dental pueda llegar a haber más bacterias Streptococcus mutans que seres humanos en el planeta.

Bien, pues debe saberse que la continua ingesta de sacarosa –azúcar blanco- y carbohidratos refinados tiene dos claros efectos perniciosos:

1) Nutre a la Streptococcus mutans con su alimento favorito, la sacarosa, lo que le permite transformarla en dextrosa, pegarse al esmalte y crear la placa dental donde prolifera y se desarrolla a salvo de los antibióticos naturales salivares; y

2) Desequilibra la flora bacteriana bucal al evitar que las bacterias benéficas controlen a las patógenas impidiendo su proliferación. Y es que una población excesiva de Streptococcus mutans hace que sus productos metabólicos de desecho -fundamentalmente acido láctico- acidifiquen el medio bucal impidiendo la acción remineralizante y alcalinizante de la saliva, rica en sales minerales (especialmente calcio y magnesio).

Bueno, pues todo eso lo impide el xilitol, una pentosa -molécula de 5 carbonos- que ninguna bacteria bucal puede utilizar como alimento, a diferencia de la glucosa y de la sacarosa que son hexosas, es decir, moléculas de 6 carbonos.

EXPERIENCIAS CON EL XILITOL

El lector debe saber que se han efectuado más de mil investigaciones sobre cómo el xilitol afecta a las bacterias, tanto in vitro como in vivo (es decir, en cobayas). Aunque lo más destacable es que hay cientos de ensayos clínicos con humanos -con y sin control- incluidos muchos a doble ciego. Realizados fundamentalmente con niños en edad escolar cuando el desarrollo de las caries es más universal y relevante. En algunos de los cuales se sustituyó totalmente el azúcar de la dieta por xilitol mientras en otros sólo se empleó como sustituto parcialmente o se dio simplemente como suplemento de la dieta habitual.

Uno de ellos es un estudio finlandés denominado Turku que fue dirigido por los doctores A. Scheinin y K. K. Makinen. Concluido y publicado en 1975 se trata del ensayo más completo y consistió en la sustitución total de cualquier tipo de azúcar -directo o incluido en otros alimentos- por xilitol. El caso es que tras tratar durante dos años a un grupo de adultos que ingirió una media de 50 gramos diarios de xilitol -el equivalente a cinco sobrecitos de azúcar- se constató que el número de casos de caries entre ellos fue mucho menor que entre quienes consumieron sacarosa o fructosa. Fotografiadas siete meses antes de comenzar el ensayo las piezas dentales de todos los participantes así como al transcurrir los dos años se comprobó que mientras las zonas de caries aumentaron entre quienes ingirieron sacarosa y fructosa las mismas disminuyeron entre quienes ingirieron xilitol. Asimismo aumentó la extensión o superficie de las zonas afectadas entre quienes tomaron azúcar disminuyendo entre los que ingirieron xilitol. La conclusión evidente del estudio fue que el xilitol no sólo evita la formación de caries sino que además favorece la remineralización de las caries antiguas.

Otros estudios especialmente realizados entre la población infantil han demostrado que el xilitol presenta tanto acción anticariogénica -impide el desarrollo de caries- como cariostática -elimina las caries ya formadas-. Ambas acciones se detectan tanto si los niños reemplazan totalmente los azúcares de la dieta por xilitol como si continúan ingiriendo azúcares pero mascan chicles con xilitol o comen caramelos con xilitol.

Hace tiempo hubo cierta controversia respecto a si se trataba del xilitol o del simple hecho de aumentar la salivación al mascar chicle. Se pensaba que tanto la acción anticariogénica como cariostática se debían a la mayor afluencia a la cavidad bucal de saliva alcalina rica en minerales pero se hicieron ensayos utilizando chicles con azúcar, chicles con xilitol y chicles sin azúcar ni xilitol comprobándose que la presencia de xilitol mejoraba marcadamente los resultados respecto a los chicles sin azúcar. A ese respecto -y como dato importante para nuestros mayores- cabe destacar que el xilitol tiene asimismo propiedades sialagogas, es decir, ayuda a aumentar la salivación en las personas que sufren de xerostomía como consecuencia de la vejez o del Síndrome de Sjögren.

Los doctores A. Maguire y A. J. Rugg-Gunn explicarían por su parte en el 2003 -en un artículo publicado en British Dental Journal– que el xilitol no puede ser metabolizado por muchas de las bacterias bucales. Y quela Streptococcus mutans en concretono puede fabricar su dextrosa adherente si no es a partir de la sacarosa y de ahí que no pueda construir placa dental ni atacar el esmalte.

Cabe además destacar que la bacteria Streptococcus mutans es peligrosa más allá de posibles problemas dentales. En un artículo publicado en 2006 en Journal Clinical Microbiology el Dr. K. Nakano y sus colaboradores explicarían que esa bacteria ha sido repetidamente detectada como predominante en el 68,6% de los tejidos donde ha habido que extraer válvulas cardiacas debido a fallos en su funcionamiento así como en el 74,1% de las placas de ateroma extraídas a pacientes con ateroesclerosis. Lo que parece confirmar un dato preocupante conocido desde hace tiempo: la aparente relación entre las enfermedades periodontales y los accidentes cardiovasculares.

Por lo que se refiere a la información que indica que el consumo de xilitol puede tener efectos intestinales indeseables en algunas personas debe destacarse que en los estudios hechos en Finlandia y Suiza con centenares de personas fueron excepcionales los casos de diarreas bajo consumos de 50 gramos diarios de xilitol. Además la mayoría de ellos normalizaron el tránsito intestinal al cabo de unos días (el xilitol es un prebiótico que puede alterar el equilibrio de la flora intestinal aunque siempre con efectos beneficiosos). Aunque obviamente no debe olvidarse que cada persona tiene un perfil inmunológico distinto, no sólo en relación a su propio genoma sino también en relación a los miles de genomas de las bacterias que conviven con su organismo (especialmente las de la flora intestinal). De ahí que mientras el sistema inmunitario de algunas personas reacciona ante la presencia de la Streptococcus mutansen otras no hay respuesta inmune y su organismo puede ser colonizado por la bacteria con desastrosas consecuencias tanto para su salud dental como para la general. De hecho todos conocemos a personas que jamás han tenido una caries a pesar de que su dieta de azúcares y carbohidratos refinados no se apartaba mucho de la media. Claro que la respuesta inmune está muy condicionada por la flora bacteriana.

El Dr. A. Ogawa publicó asimismo en 2011 -en Applied and Environmental Microbiology- los resultados de una investigación que demuestra que si la población de Streptococcus mutansen la bocaestá equilibrada con colonias de Streptococcus salivarius la placa no llega a formarse gracias a una enzima que segrega esta segunda bacteria.

En suma, el xilitol se comporta como un verdadero azúcar “antibiótico” que combate el Streptococcus mutansfacilitando la remineralización del esmalte.

ÚTIL TAMBIÉN EN LAS OTITIS

Actualmente las infecciones de oídos en bebés y niños -la gran mayoría de las otitis las causan tres bacterias: la Streptococcus pneumonie, la Pseudomonas aeruginosa y la Haemophilus influenzae-se tratan casi siempre con antibióticos; y sin embargo a menudo tal remedio es peor que la enfermedad. Llegándose en casos severos a tener que insertárseles un tubo de drenaje –a eso se llama practicar una miringotomía- para evitar la dolorosa acumulación de líquido en el oído medio. Pues bien, existe un grave problema que puede derivarse de ello y se debe al hecho de que los niños aprenden a hablar e incorporar conceptos a su lenguaje en los dos primeros años de vida y si en ese período las infecciones son frecuentes pueden generarse problemas en la construcción y desarrollo de los mecanismos mentales de comprensión que luego se reflejarán como problemas de aprendizaje. Se ha demostrado que aún bajo un tratamiento efectivo las infecciones recurrentes durante ese período tienen efectos en el retraso de las habilidades de lectura hasta los nueve años de edad. Otros estudios detectaron problemas significativos de aprendizaje y adaptación social que se extienden hasta los 18 años.

Pues bien, resulta que el xilitol actúa sobre esas tres bacterias de la misma manera que sobre la Streptococcus mutans:inhibiendo su capacidad de adherencia a las células de las mucosas y evitando la colonización del oído medio. En dos estudios recientes basados en el seguimiento de unos 1.000 niños se observó una disminución del 40% de las infecciones en el oído medio entre los que mascaban chicles con xilitol. Es más, impide la colonización de esas bacterias en toda la región nasofaríngea. Y basta para ello usarun espray de solución de xilitol en agua.

Asimismo se han hecho pruebas en casos de asma y alergias deduciéndose que el xilitol inhibe la señal del alérgeno sobre los receptores de los mastocitosliberadores de histamina del sistema inmunitario. El doctor A. H. Jones -médico que trabaja en Plainview (Texas, EEUU)- asegura haber constatado su eficacia para prevenir las infecciones de otitis y senos nasales.

El doctor M. Renko -de la Universidad de Oulu (Finlandia)- comprobó por su parte en el 2008 -en ratones- que el xilitol aumenta la actividad de los neutrófilos, células inmunitarias que se han mostrado eficaces incluso en casos de sepsis y Síndrome de Respuesta Inflamatoria Sistémica (SRIS). Lo que constituye una gran novedad ya que es la primera vez que se demuestra que el xilitol potencia también el sistema inmune.

EFICAZ EN CASO DE CANDIDIASIS

Aunque en el ya mencionado estudio Turku realizado en Finlandia se había observado que el xilitol disminuye la presencia de cándidas en la cavidad bucal una investigación posterior lo reafirmaría. El doctor K. H. Abu-Elteen expuso en el 2005 en Microbial Ecology in Health and Diseaselos resultados de sus investigaciones sobre la influencia de una dieta rica en carbohidratos en la proliferación de varias especies del género Candida en la cavidad bucal comprobando in vitro que mientras todos los azúcares –la sacarosa, la glucosa, la maltosa, la fructosa, etc.- favorecen la presencia y desarrollo de esos mohos -en particular de la Candida albicans– el xilitol impide que ésta se adhiera al epitelio bucal y, por tanto, su proliferación y desarrollo. Y puede inferirse que siendo ello así es posible que actúe sobre cualquier otro tejido del organismo colonizado por ese moho y la ingesta de xilitol permita combatir la candidiasis intestinal.

Cabe agregar que los doctores J. H. Meurman y J. Uittamo -de la Universidad de Helsinki (Finlandia)- publicaron un revelador artículo en 2008 en la revista Acta Odontologica Scandinavica en el que apuntan que las cándidas pueden provocar cáncer en la cavidad bucal al tener la propiedad metabólica de transformar los azúcares en acetaldehído, conocido agente cancerígeno y mutagénico. Pues bien, en ensayos realizados mezclando distintos azúcares con alcohol se observó que en presencia de xilitol la producción de acetaldehído por las cándidas disminuye un 84%.

¿ANTIBIÓTICO?

P. Naaber realizó asimismo -junto a su equipo de la Universidad de Tartu (Estonia)- varios estudios sobre la acción del xilitol en la capacidad de adherencia de la bacteria Clostridium difficile a la mucosa intestinal demostrando que la ingesta de xilitol diluido al 10% en agua la disminuye significativamente.

La verdad es que la inhibición de adhesión a un tejido que logra el xilitol es importante. N. Sharon -del Weizmann Institute of Sciences de Israel- destaca de hecho que la adhesión o pegado de los microorganismos patógenos a los tejidos del huésped es requisito indispensable para que éstos puedan ser infectados. Y de hecho la mayoría de las bacterias y mohos tienen unos apéndices o pilosidades glicoproteicas (lectinas) en sus membranas celulares que les permiten unirse o acoplarse a otros terminales característicos de las membranas de las células de los tejidos humanos (y de otros animales superiores). Bueno, pues hay algunos carbohidratos solubles capaces de bloquear esos apéndices e impedir la unión de los microorganismos con las células; y entre ellos se encuentra el xilitol que ha demostrado en numerosos ensayos su papel inhibidor de la conexión entre patógenos y tejidos epiteliales muy diversos. Entre otros casos en el de las peligrosas bacterias Staphylococcus aureus, Escherichia coli y Pseudomonas aeruginosa.

Y esto es de sumo interés porque como se sabe ésas y otras peligrosas bacterias han desarrollado hoy variantes muy resistentes a los antibióticos por lo que el xilitol -y otras sustancias similares- representa una nueva posibilidad de afrontar las patologías infecciosas. Sin destruir las bacterias patógenas como hacen los antibióticos sino impidiendo simplemente que se unan a los tejidos sanos. Acción mucho más inteligente y menos peligrosa que el actual concepto de antibiótico ya que la bacteria sigue viva pero inactiva y, por tanto, no se ve obligada a generar transformaciones genéticas laterales –mutar- para sobrevivir.

Un conocido ejemplo de esta acción la representa la D-manosa, azúcar presente en el arándano que tiene la propiedad de bloquear la adherencia de la bacteria Escherichia coli a las paredes de la vejiga evitando la cistitis. Lo singular es que el arándano también contiene xilitol; y de ahí la eficacia anti-infecciosa del zumo de arándanos.

…Y EN LA OSTEOPOROSIS

Terminamos añadiendo que estudios realizados en Finlandia en 2001 por el equipo del doctor P. Mattila –en un caso con ratonas a las que se había previamente extirpado los ovarios y en otro con machos- demostraron que la ingesta de xilitol no sólo mantiene la densidad ósea sino que la aumenta; incluso en ratones diabéticos.

Un año después se daría xilitol a un grupo de ratonas viejas –de 20 meses de vida- constatándose que su masa ósea disminuyó menos que las del grupo de control. ¿La causa? Que al parecer el xilitol es o actúa como un prebiótico alimentando a las bacterias intestinales beneficiosas y favoreciendo la asimilación del calcio.

En definitiva, el xilitol no sólo es un excelente sustitutivo del azúcar sino mucho más.

Juan Carlos Mirre

Este reportaje aparece en
149
Mayo 2012
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