Nueva campaña contra toda terapia no bendecida por la industria farmacéutica

El pasado 13 de febrero se puso en marcha en las redes sociales de España una nueva campaña contra todas las terapias no bendecidas por la industria farmacéutica calificándolas de “pseudociencias” con la intención de que el Ministerio de Sanidad, plagado de testaferros de la misma, “tome cartas en el asunto“. Incluyendo entre ellas disciplinas terapéuticas no ya avaladas sino promovidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Consejo de Europa entre otros organismos internacionales de prestigio. Se trata pues de un esperpento social, científico y jurídico que solo ignorantes indocumentados e incompetentes pueden promover. La iniciativa la han puesto en marcha bajo el hashtag #StopPseudociencias el Círculo Escéptico, la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico (ARP-SAPC) y la Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas (Apetp) –grupitos de pseudoescépticos que se arrogan el derecho a decidir qué es o no científico, qué es o no válido o aceptable, quién es o no creíble y quién debe ser considerado un profesional sensato o un farsante aun cuando la mayoría de ellos no tiene ni formación universitaria ni conocimientos científicos básicos- a los que se han unido el Grupo Español de Pacientes con Cáncer (Gepac) -otro grupito conocido por su defensa a ultranza de los ínutiles tratamientos quimioterápicos y radioterápicos que cada año llevan a la muerte en España a más 100.000 personas- y la Red de Prevención del Sectarismo y Abuso de la Debilidad (RedUNE) -de nuevo un grupito de amiguetes que dicen ir contra las “sectas coercitivas”-. Hablamos en suma de microorganizaciones con rimbombantes nombres no integradas por profesionales de la salud cuyos miembros deben caber en un par de autobuses pero a las que los medios de comunicación sumisos ante el poder de la industria farmacéutica dan cabida en una palpable demostración de su nula capacidad de crítica. Es más, piden al ministerio “herramientas para que los colegios profesionales puedan luchar tanto contra el intrusismo como contra la mala praxis“. Y ya se sabe que así consideran a toda terapia no farmacológica. De tales individuos ya habló nuestro compañero Jesús García Blanca en algunos artículos, entre ellos en el que con el título Fundamentalistas científicos contra el pensamiento crítico publicamos en el nº 135, texto en el que recordaba que tales personajes utilizan habitualmente un vocabulario bélico que bien podría denominarse de “Guerra Santa”; es decir, expresiones que mezclan la ética militarista con la paranoia salvífica propia de predicadores iluminados. Explicando que son de hecho frecuentes entre ellos expresiones descalificadoras como “enemigos de la razón”, “el enemigo” a secas, “ola de irracionalidad”, “ondas de histeria que inundan la geografía española” o “ejércitos del oscurantismo” para referirse a quienes ven como “enemigo a batir”; es decir, a todos los que no comulgan con sus dogmas de fe. Retórica de milenarismo cientificista a la que añaden la difamación y el ataque personal cuando no meras vejaciones. En fin, hablamos de grupos que no están integrados ni por profesionales de la salud, ni por científicos de alguna especialidad sanitaria. Ni siquiera por titulados universitarios en disciplinas como la Biología, la Química, la Física, la Farmacia, la Psicología, la Genómica, la Proteómica u otras. Los integran mayoritariamente personajes carentes de la más mínima formación en las disciplinas de las que se han erigido en acérrimos defensores. En fin, es lamentable que medios de comunicación presuntamente serios que deberían ser más cautos a la hora de decidir a quiénes dan cabida en ellos se hagan eco de tanta majadería. Calificar de pseudociencias a disciplinas, terapias y tratamientos avalados por los principales organismos internacionales de salud -con la Organización Mundial de la Salud (OMS) al frente- y llamar farsantes peligrosos a médicos universitarios colegiados y a otros profesionales de la salud con titulaciones regladas que las ejercen es sencillamente intolerable y delictivo. Máxime procediendo tales calumnias de individuos carentes de la más mínima formación académica. Lo que no entendemos es por qué los profesionales a los que agreden no les llevan de una vez a los tribunales. Va siendo hora.

 

Jose Antonio Campoy
Director