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| TUS
PIES TAMBIÉN SE MERECEN CUIDADOS |
Por
su complejidad y su capacidad para adaptarse
a los más diversos ambientes nuestros pies pueden
ser considerados una obra de arte de la bioingeniería
natural, una asombrosa herencia evolutiva que
continuamente nos está enviando señales sobre
su estado y sus necesidades. Sufridores y abnegados
como pocos, el dolor es por lo general lo único
que nos obliga a prestarles atención. Y, sin
embargo, también nuestros pies merecen atención
y cuidados diarios.
Todos utilizamos las mismas piezas biomecánicas
para caminar o correr; sin embargo, el cómo
lo hacemos difiere de una a otra persona. En
perfecta comunión con nuestro ordenador cerebral,
nuestros pies están diseñados de una forma extremadamente
compleja. Así, podemos trasladarnos de un lugar
a otro al mismo tiempo que realizamos otras
funciones conscientes como hablar o pensar.
Y casi siempre lo logramos sin caernos ni lesionarnos,
un milagro al que nos hemos acostumbrado y no
prestamos atención.
Cada individuo posee una "personalidad mecánica"
propia y singular que se manifiesta en su desplazamiento.
Hay quien camina con las puntas de los pies
hacia fuera o hacia dentro, quien arquea las
piernas y quien apoya el pie de una manera particular.
Y en todos los casos ahí están nuestros pies,
condicionados por los segmentos de las extremidades
y adaptándose a cualquier terreno y circunstancia;
en suma, auténticos supervivientes que pueden
terminar rindiéndose a nuestros continuos malos
tratos.
Porque al igual que ocurre con las manos, nuestros
pies revelan pulcritud y también nuestra edad
ya que no existe cirugía que pueda camuflarlos.
Será por eso que la mayoría de las reinas de
la belleza señalan sus pies como "su punto débil".
INFARTOS
DE PIEL
Tratándose de nuestros pies
es el dolor quien normalmente dispara los mecanismos
de alarma y nos señala que algo no funciona
correctamente. Pero el dolor no es la única
señal de aviso ya que existen otros signos que
delatan que nuestros apéndices inferiores están
sufriendo, como son las callosidades y durezas.
Técnicamente, las durezas y callos son infartos
de la piel provocados por roces o presiones
concentrados en determinados puntos que impiden
que la epidermis sea correctamente irrigada
por la corriente sanguínea. Pueden deberse a
un problema mecánico o tal vez su origen radique
en el uso de un calzado inadecuado pero, en
uno u otro caso, debemos dejar de participar
de la opinión extendida de que son algo normal
y localizar su posible causa para hallar soluciones.
La muerte de las células mal irrigadas por la
sangre produce el tiloma o dureza cuando la
zona afectada es extensa y el callo o heloma
si es más concéntrica y delimitada. La solución
no pasa únicamente por la extirpación o el uso
de cremas callicidas. Eliminarnos sin antes
averiguar su origen sirve de poco y si el proceso
se repite en el tiempo la consulta al experto
no debe hacerse esperar.
Además de la ocasional aparición de durezas,
las uñas de los pies también deben estar sometidas
a una cuidadosa observación. Cualquier cambio
que se produzca en ellas, como pérdida de transparencia
o grosor, puede indicarnos la presencia de una
enfermedad en nuestro organismo. Las patologías
vasculares, neuropáticas y metabólicas se reflejan
en nuestras uñas como en un espejo.
Ciertas personas, como los deportistas y diabéticos,
requieren una atención más minuciosa. En su
libro La salud y los pies el doctor Robert
Sheldon sostiene que un 70% de los atletas
profesionales presentan anormalidades en pies
y piernas. En cuanto a los diabéticos, la mala
circulación y la pérdida de sensibilidad en
las extremidades explica que sean más propensos
a infecciones originadas por la rozadura de
un zapato o una uña incrustada. Recientes estadísticas
en Estados Unidos revelan que un 20% de los
diabéticos ingresados en hospitales son víctimas
de alguna infección en el pie.
LA HIGIENE
DEL PIE
En la lista de recomendaciones
sobre la limpieza de los pies es importante
comenzar con una básica: lavarlos diariamente
con jabón neutro y suave. El baño no debe superar
los diez minutos para evitar que la capa córnea
se deteriore y el agua debe estar tibia. Es
importante, si nos cepillamos los pies, no utilizar
cepillos con cerdas demasiado fuertes porque
terminarían erosionándolos. El proceso de secado
es también esencial. La toalla empleada debe
ser suave y debemos aplicarnos especialmente
en el secado de las zonas entre los dedos, donde
la acumulación de humedad puede favorecer la
aparición de infecciones. Asimismo, utilizaremos
con frecuencia polvos de talco y exfoliantes
para eliminar las células muertas; y, al menos
una vez por semana -pero mejor si son más-,
una buena crema hidratante.
Como regla general nos abstendremos de manipular
por nuestra cuenta callosidades y durezas. Las
uñas deben cortarse no en forma semicircular
sino recta, limando los ángulos y sin apurar
demasiado el corte. Y resulta excelente untarlas
con cremas hidratantes para la cutícula específicas
para esta zona. Asimismo, hay que prevenir el
exceso de sudor en los pies utilizando un desodorante
antitranspirante que impida la proliferación
de bacterias, para lo que también es útil el
talco antimicótico.
LA IMPORTANCIA
DEL CALZADO
La Sociedad Española de Reumatología
afirma que un 70% de los españoles sufre algún
problema en los pies siendo uno de los factores
más implicado el calzado. Similares datos ha
proporcionado la empresa Scholl, fabricante
de productos para el cuidado de los pies, que
sostiene que un 85% de la población mundial
sufre en alguna ocasión en su vida molestias
en las extremidades inferiores.
Como norma, los expertos insisten en que debemos
utilizar calzado adecuado y ergonómico escogiendo
zapatos cuya parte delantera sea flexible y
evitando aquéllos que impidan una correcta transpiración
del pie. Para evitar opresiones y la aparición
de uñeros el calzado debe permitir que los extremos
de los dedos mantengan una adecuada distancia
con la punta del zapato, resultando conveniente
variar el tipo de calzado que utilizamos cada
día para evitar la formación de durezas. La
altura del tacón recomendada es de unos tres
centímetros y las puntas no deben ser demasiado
estrechas. Los modelos terminados en forma de
aguja o con tacones rotundos son el origen de
muchos juanetes, dedos de martillo, pie-clavo,
atrofia muscular y metatarsalgias.
Los expertos recomiendan cambiar el calzado
alternándolo cada día de la semana. Cuando el
calzado se adapta a la morfología de nuestros
pies así como a las actividades que vamos a
desarrollar hablamos de calzado fisiológico.
Muchos modelos presumen de serlo pero lo cierto
es que el mercado está literalmente inundado
de zapatos que no tienen en cuenta las necesidades
básicas del apéndice que deben proteger.
Incluso el calzado deportivo no está exento
de riesgos y, aunque suele venir apoyado por
estudios anatómicos contrastados, puede ocasionar
problemas en sus usuarios cuando éstos poseen
un pie o una forma de caminar que no se adapta
al estándar. Sin olvidar que el abuso de este
tipo de calzado provoca problemas de transpiración
y el acordonado puede causar roces y recalentamientos.
Muchos deportistas cometen el error de permanecer
con los mismos zapatos después de la rutina
deportiva en lugar de cambiarse de calzado y
proceder a una cuidadosa limpieza de las extremidades
para evitar infecciones producidas por hongos
como el "pie de atleta".
PRESTA
ATENCIÓN A LOS DETALLES
Realizar periódicamente un
buen masaje de pies proporciona excelentes resultados
para los pies cansados y doloridos. No es necesario
acudir a un experto para seguir una sencilla
rutina que puede incluir el estiramiento de
los dedos uno a uno, moviéndolos adelante y
atrás para desentumecerlos, y separarlos más
tarde con las manos como si el pie fuera un
abanico. Combine este sencillo ejercicio con
la rotación de todo el pie en círculos hacia
dentro y hacia fuera para mover todo lo posible
las articulaciones del tobillo.
Masajearlos con un aceite suave, por ejemplo
de almendras, aplicando movimientos rotatorios
desde los dedos hasta el tobillo puede ser una
forma eficaz de localizar zonas doloridas. Cuando
aparezca una de ellas insista en el masaje hasta
que el dolor comience a atenuarse. Y para quien
se sienta excesivamente agotado para seguir
esta rutina, la estimulación mediante rodillos
de madera resulta una estupenda opción.
Si le gusta cuidarse, la reflexología podal
puede también ayudarle, siempre en manos de
un experto. En nuestro cuerpo existen pequeños
canales conocidos como meridianos por los que
circula la energía y puede estancarse cuando
los canales están bloqueados. Presionar ciertas
partes del cuerpo, en particular de las manos
y los pies, ayuda a que la energía vital vuelva
a fluir.
Y no olvide que los pies deben mantenerse siempre
a una temperatura acorde con la estación del
año. En caso de precisar calcetines úselos preferentemente
de lana o algodón, evitando cualquier media
o calcetín que nos quede demasiado estrecha
u holgada ya que los pliegues podrían ocasionar
rozaduras. En situaciones de frío extremo no
aplique nunca calor directo sobre los pies porque
la ausencia de sensibilidad provoca fácilmente
quemaduras. Y siempre que estrene zapatos nuevos
utilícelos progresivamente, no más de treinta
minutos la primera vez que se los ponga.
Remedios Naturales para...
Tobillos
hinchados: aplique sobre ellos compresas
de perejil y mantenga las piernas en alto siempre
que sea posible.
Pies doloridos:
es eficaz un baño de pies de diez minutos
en un recipiente de agua no demasiado caliente
en el que debe diluir cuatro aspirinas.
Pies secos: masajee
la piel con un algodón empapado en aceite de
oliva y frote después medio limón sobre la superficie
del pie.
Durezas en los talones:
parta una cebolla por la mitad, haga un
hueco en su centro y rellénelo con sal. A continuación
moje con un pincel el líquido que desprende
la cebolla mezclada con la sal y aplíquelo en
la zona afectada.
Pedicura
casera
-Ponga los pies en agua tibia
con jabón neutro y enjuáguelos.
-Corte las uñas rectas, límelas cuidadosamente
y aplíqueles crema humectante.
-Masajee los pies con azúcar y crema hidratante
y vuelva a meterlos en agua tibia.
-Retire los pellejitos y durezas utilizando
una paleta o piedra pómez. En el mercado podrá
encontrar también instrumentos aptos para manipular
callos.
-Pase la lima por el talón para retirar células
muertas. Puede utilizar con este fin una crema
exfoliante.
-Seque cuidadosamente y aplique crema hidratante.
-Una o dos veces al mes aplique a sus pies una
mascarilla rejuvenecedora con extractos marinos
hidratantes.
Concha
Labarta
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