La toxina botulínica
es uno de los venenos más potentes y mortíferos
que existen en la naturaleza. Sin embargo,
empleada por manos expertas y administrada
en dosis infinitesimales puede convertirse
en una sustancia muy útil desde el punto
de vista terapéutico. De hecho, se emplea
desde hace décadas en Neurología para
el tratamiento de distonías y espasmos
faciales así como en Oftalmología para
tratar estrabismos. Y precisamente ese
uso permitió observar que la toxina botulínica
-en concreto, la del tipo A- relaja los
músculos causantes de las arrugas del
entrecejo y la frente eliminándolas temporalmente
al igual que ocurre con las llamadas patas
de gallo. De ahí que desde hace años se
utilice también en Dermatología y en el
ámbito de la estética aunque ese uso no
haya sido autorizado oficialmente en nuestro
país hasta febrero del presente año. Su
eficacia es tal que sólo en Estados Unidos
se trataron en el 2002 -año en que se
autorizó allí su empleo en estética- más
de un millón de personas. Hoy es la técnica
estética no quirúrgica más realizada en
todo el mundo.
REVOLUCIÓN
ESTÉTICA
Pero hagamos un poco de historia. Corría
el año 1978 cuando el doctor
Alan Scott
recibía la autorización de la
Food
and Drug Administration (FDA) -el
organismo estadounidense que se ocupa
del control de alimentos y medicamentos-
para probar la toxina botulínica tipo
A (una proteína natural purificada derivada
de la bacteria
Clostridium botulinum)
en pacientes voluntarios. Once años después
se autorizaría su uso en el tratamiento
del bleforoplasmo -un trastorno del movimiento
que afecta a los músculos que controlan
el movimiento de los párpados- y del estrabismo.
Posteriormente, en 1990, se autorizaría
para tratar distintas dolencias oculares
y del movimiento. A día de hoy la toxina
se emplea para el tratamiento de diversas
patologías en 70 países... si bien su
empleo en estética sólo está aún autorizado
en 26. Y a esa lista se acaba de incorporar
nuestro país ya que la Agencia Española
del Medicamento la ha autorizado -aunque
con restricciones (vea el recuadro adjunto)-
para tratar las arrugas del entrecejo
y la frente así como las llamadas patas
de gallo, arrugas que se deben a la excesiva
y continuada contracción de los principales
músculos que se encuentran en el tercio
superior de la cara: el músculo corrugado
-en la parte superior de las cejas- y
el músculo procero -situado en el puente
de la nariz.
"Lo que hace la toxina botulínica -nos
explica el doctor
Ángel Martín,
director médico del
Centro Clínico
Menorca (Madrid)-
es actuar sobre
la conexión entre el nervio y el músculo
inhibiendo la liberación de acetilcolina
que es el neurotransmisor que porta el
impulso nervioso hacia el músculo. De
esa forma los músculos donde se inyecta
la toxina dejan de recibir la orden cerebral
para contraerse. Por tanto, el Vistabel,
que es como se conoce comercialmente a
la toxina botulínica de uso en estética,
actúa inhibiendo la acción muscular que
produce las arrugas".
Es decir, que el principal efecto terapéutico
de la toxina botulínica tipo A es su acción
sobre la unión neuromuscular que causa
la relajación y la parálisis temporal
de los músculos en los que se inyecta
lo que impide su contracción y, por tanto,
la aparición de arrugas o la profundización
de las ya existentes. De ahí su utilidad
en estética.
"El Vistabel -continuaría diciéndonos
el doctor Martín-
es una auténtica
revolución estética porque es el mejor
método para conseguir la eliminación de
las arrugas del tercio superior de la
cara sin necesidad de recurrir a la cirugía.
Eso sí, hay que tener en cuenta que su
efecto es transitorio y dura sólo unos
seis meses. Transcurrido ese tiempo la
piel vuelve a su estado original y se
hace necesario repetir el tratamiento".
En este punto hay que aclarar que también
se han dado casos en los que la acción
paralizante de la toxina ha dejado de
hacer efecto aproximadamente a los cuatro
meses de su inyección. En esta situación
el paciente podría volver a reinyectarse
la toxina botulínica siempre y cuando
no lo haga más de dos veces en el mismo
año.
TÉCNICA
RÁPIDA Y SENCILLA
En cuanto a las características de la
técnica de inyectado de la toxina, el
doctor Martín la define como
"rápida
y sencilla". "Se limpia la zona
que va a ser tratada -explica-
y
se le indica al paciente que contraiga
la misma. El siguiente paso consiste en
inyectar, con una aguja muy fina y mediante
pinchazos apenas perceptibles, una pequeña
dosis de la toxina botulínica en el músculo
donde se encuentra la arruga o línea de
expresión que se pretende eliminar".
El tratamiento se realiza normalmente
en una sola sesión que dura apenas 20
minutos y de la que el paciente sale por
su propio pie y capacitado para volver
a su vida normal. No se aplica anestesia
-ni siquiera local- porque la intervención
es indolora. Como mucho, se aplica un
poco de hielo en la zona para el paciente
no perciba ni una mínima molestia. Los
efectos -una piel lisa y sin arrugas y
un aspecto relajado y tranquilo- empiezan
a ser evidentes a los 3 o 4 días y se
prolongarán hasta aproximadamente seis
meses después.
En cuanto a posibles efectos secundarios
son muy poco frecuentes y suelen limitarse
a cierta hinchazón o dolor leve que duran
apenas unas horas aunque también se han
dado casos de pacientes cuyo organismo
ha generado una antitoxina que anula el
efecto de la botulínica y que, por tanto,
hace inútil el tratamiento estético. La
única contraindicación absoluta es el
embarazo por lo que se recomienda que
la mujer embarazada que esté pensando
en someterse a este tratamiento estético
lo haga cuando haya dado a luz y tras
el periodo de lactancia.
"Lo cierto -concluye Ángel Martín-
es que el grado de satisfacción de
las personas que se someten al este tratamiento
es muy elevado porque dejan de verse con
ese aspecto enfadado que confieren las
arrugas del entrecejo. Rápidamente, sin
riesgos, sin abandonar las actividades
de su vida cotidiana, sin sentir dolor
y sin las incomodidades asociadas a una
cirugía o a un láser consiguen tener un
rostro más joven, sin arrugas y que el
espejo les devuelva la imagen de una persona
relajada y tranquila".
Laura
Jimeno
Indicaciones
de tratamiento
La toxina botulínica tipo A está indicada
para tratar arrugas faciales...
...que no puedan ser eliminadas mediante
cirugía.
...residuales tras una intervención de
cirugía plástica.
...en aquellos pacientes en los que están
contraindicadas otras técnicas como cirugía,
láser, etc.
Asimismo, el
Vistabel puede emplearse
como coadyuvante de cualquiera de las
técnicas estéticas encaminadas a eliminar
las arrugas del rostro.
Toxina
botulínica tipo A
Es la más utilizada actualmente en ensayos
terapéuticos en personas. Los resultados
de su empleo son tan satisfactorios -siempre
en dosis infinitesimales y diluidas para
evitar fatales consecuencias- que hoy
por hoy es el tratamiento de elección
en el blefaroplasmo (movimiento incontrolado
de los párpados), el espasmo hemifacial,
las distonías laríngea y cervical y la
espasticidad. Además, millones de personas
en todo el mundo recurren a esta toxina
para eliminar temporalmente de forma indolora,
rápida y segura las antiestéticas arrugas
del ceño, la frente y las patas de gallo.
Vistabel:
indoloro, rápido, eficaz y... asequible
Vistabel es el nombre comercial
que adoptará en nuestro país el tratamiento
estético con toxina botulínica tipo A.
Este tratamiento, probado y contrastado
durante años en distintos países aunque
solo ha sido autorizado hace poco -incluso
en Estados Unidos- resulta muy eficaz
para eliminar el ceño fruncido, alisar
la frente y borrar las patas de gallo.
Se realiza en una sola sesión que apenas
dura minutos. No se requiere anestesia
ni cuidados posteriores. Sus efectos son
perceptibles a los 3 o 4 días de la inyección
de la toxina y duran unos 6 meses, momento
en que se puede repetir el tratamiento.
En cuanto a su precio, ronda los 400 euros.
La
autorización de Sanidad
A mediados de febrero la Agencia Española
del Medicamento -dependiente del Ministerio
de Sanidad y Consumo- autorizaba en nuestro
país el uso de la toxina botulínica tipo
A con fines estéticos para el tratamiento
de ciertas arrugas faciales.
Eso sí, la autorización -que responde
a la petición que desde hace tiempo venían
haciendo distintas asociaciones relacionadas
con la medicina estética- viene acompañada
de una serie de restricciones. Por ejemplo,
Sanidad restringe la aplicación de la
toxina botulínica a hospitales y clínicas.
Se pretende así prohibir que se pueda
dispensar en centros y salones de belleza.
Además, el Ministerio establece que sólo
la podrán aplicar médicos titulados que
previamente hayan superado un curso de
formación.
Por otro lado, se restringe su uso a personas
con edades comprendidas entre los 20 y
65 años y se establece que para sus aplicaciones
estéticas esta sustancia reciba el nombre
comercial de
Vistabel mientras
que en otras aplicaciones médicas se podrá
seguir utilizando la denominación toxina
botulínica.