Sólo dos datos bastan para comprender
la importancia de la piel. Uno, que es el mayor órgano
del cuerpo ya que abarca más de dos metros. Y dos, que
es el que más pesa con sus casi 5 kilos. Si a esto le
sumamos que desarrolla actividades muy importantes y
específicas -protección, secreción y depuración, regulación
de la temperatura, sentido del tacto, actividad inmunitaria
y síntesis de la vitamina D- podremos comprender aún
mejor la trascendencia de mantenerla sana y atender
a su cuidado. Lo primordial es hidratarla, regenerarla,
reafirmarla y proporcionarle antioxidantes. Y aquí es
donde interviene la alimentación equilibrada y variada,
componente esencial para el cuidado óptimo de la piel.
En concreto, los alimentos más adecuados para ella son:
Las
frutas. Dado que favorecen la eliminación
de toxinas por vía renal descongestionan el trabajo
de la piel como órgano eliminador. Además son una buena
fuente de vitaminas y minerales.
Las
verduras. Aunque en general está muy
aconsejada su utilización hay determinadas verduras
como la lechuga o el apio que además están muy aconsejadas
en la psoriasis.
El
germen de trigo, los frutos secos y el aguacate.
Contienen vitamina E que, junto a la vitamina A, son
indispensables para la salud de la piel.
El
pepino. Contiene azufre, una sustancia
que actúa de forma sorprendentemente positiva en el
acné utilizado en zumos o por vía tópica.
La
soja. Contiene
ácidos grasos omega-3 con acción antiinflamatoria.
En cuanto a los alimentos más perjudiciales para la
piel destacan especialmente:
Los
azúcares. Se transforman en depósitos
de grasas que se acumulan y favorecen la aparición de
la celulitis. Cuando se tiene acné son peor tolerados
aún.
La
sal. Su consumo excesivo favorece la
dermatitis y la inflamación de las glándulas sebáceas
además de provocar la retención de líquidos.
Las
grasas saturadas. Son responsables del
agravamiento de muchas patologías de la piel además
de favorecer los procesos inflamatorios.
El
alcohol. Produce vasodilatación a nivel
dérmico lo que incrementa el picor, el enrojecimiento
y las molestias de la psoriasis, el acné, los eccemas
y otras muchas patologías que cursan con cuadros inflamatorios
de la piel.
El
café. El organismo necesita de
dos a tres días para eliminar las toxinas que contiene.
Obviamente, si por cualquier motivo su dieta no es la
adecuada no dude en consultar a un profesional qué complementos
dietéticos son los más adecuados para mantener la piel
cuidada y sana.
En los últimos años las estanterías
de los herbolarios -y de cada vez más farmacias- se
están poblando de suplementos alimenticios pensados
exclusivamente para el cuidado de la piel. Todos ellos
están compuestos por uno o varios de los elementos que
detallamos a continuación y que básicamente tratan de
nutrir la piel y de ayudarla a combatir los efectos
nocivos de los radicales libres, elementos reactivos
responsables de su deterioro y envejecimiento prematuro.
VITAMINAS
Vitamina
A. Es una vitamina liposoluble que podemos
encontrar en forma de retinol o en forma de carotenos
-de los que el más conocido es el betacaroteno-, sustancias
que se transforman en vitamina A mediante un proceso
que tiene lugar en el intestino y el hígado. Cuando
se une a las vitaminas C y E ayuda a eliminar el exceso
de radicales libres. Además estimula la regeneración
y oxigenación celular y la producción de colágeno por
lo que frena la aparición de arrugas y atenúa las ya
existentes. Asimismo combate la piel seca y le proporciona
una mayor elasticidad y firmeza. Se puede utilizar específicamente
en casos de acné y psoriasis.
Vitaminas
del grupo B. Intervienen en los procesos
de renovación celular y actúan sobre el estado de la
piel pero también del cabello y las mucosas. En concreto,
la B6 o piridoxina es muy efectiva en el tratamiento
del acné y la dermatitis seborréica así como en el de
las pieles secas y ásperas. Por otro lado, se ha observado
deficiencia de B9 o ácido fólico en pacientes con psoriasis.
Combinadas ambas ayudan a evitar la perdida de pigmentación
que se da en el vitíligo.
Vitaminas
C y E. Está demostrado que previenen
el envejecimiento de las mitocondrias de las células
y la acción de los radicales libres, protegen frente
a la acción de los rayos ultravioleta del sol, reafirman
los tejidos y aclaran las manchas de la piel reunificando
el tono de todo el cuerpo. De ahí que ambas formen parte
de la mayoría de productos antienvejecimiento que podemos
encontrar en el mercado. La vitamina C en concreto hace
que la piel parezca más fina al tacto e interviene de
forma decisiva en la producción de colágeno, sustancia
que hace más elástica la piel y ralentiza su deterioro.
En cuanto a la vitamina E es considerada la vitamina
antienvejecimiento por excelencia ya que su principal
función es actuar como antioxidante depurando los radicales
libres, protegiendo los ácidos grasos poliinsaturados
de la degradación oxidativa y eliminando del cuerpo
su exceso. Así mismo aumenta el flujo sanguíneo por
lo que mejora la elasticidad de la piel al tiempo que
la hidrata y la protege de la radiación solar.
MINERALES
Azufre.
Este mineral antioxidante es necesario para que
la piel se mantenga en condiciones óptimas. De ahí que
se pueda encontrar en la composición de muchos productos
indicados para una gran variedad de problemas dermatológicos.
Selenio.
Tomado junto con vitamina E protege las
membranas de las células frente a los daños producidos
por los radicales libres por lo que previenen -o retardan-
la oxidación de los tejidos y la aparición de los signos
cutáneos de envejecimiento. Además ayuda a mantener
la elasticidad de la piel. Se le relaciona asimismo
con un menor riesgo de aparición de ciertos tumores,
entre ellos el de piel.
Cobre.
Además de actuar como antioxidante este mineral participa
en la formación de enzimas, proteínas y neurotransmisores
cerebrales, y facilita la síntesis del colágeno y la
elastina necesarios para el buen estado de los vasos
sanguíneos, los cartílagos, los pulmones y la piel,
entre otras muchas e importantes funciones.
Zinc.
Este mineral es necesario para que la vitamina A
pueda actuar como antioxidante. Además, por sí mismo,
favorece la renovación celular mediante la formación
de nuevas proteínas, participa en la neutralización
de los radicales libres y en la síntesis de enzimas,
aumenta la supervivencia de las células ante las radiaciones
solares, interviene en el sistema inmune y favorece
la tonificación y elasticidad de la piel. Muchos trastornos
de la piel mejoran con su ingesta.
OTRAS SUSTANCIAS
Ácidos
grasos poliinsaturados. Como el ácido
oleico -presente en el aceite de oliva y el aguacate-,
el aceite de semillas de onagra o de borraja y el omega-3.
Aportan suavidad y elasticidad a la piel. Estos ácidos
intervienen en numerosos procesos metabólicos y previenen
el desecamiento cutáneo, en algunos casos mejorando
la hidratación y en otros facilitando los intercambios
entre las células y la epidermis. Por ejemplo, el aceite
de onagra puede encontrarse en cualquier herbolario,
bien solo bien en combinación con vitamina E y licopeno.
De sus semillas se obtienen dos valiosos y escasos ácidos
grasos esenciales: los ácidos linoleico y gammalinolénico
que no sólo son excelentes hidratantes para la piel
sino que además confieren a este aceite acciones emoliente,
antiagregante plaquetaria, antiinflamatoria y antioxidante
además de prevenir la aparición de arrugas y proporcionar
elasticidad a la piel. El aceite de borraja, por otro
lado, contiene menor cantidad de ácido linoleico que
el de onagra pero mayor de ácido gammalinolénico. También
ayuda a mantener el buen estado de la piel y a conservar
sus cualidades dermatológicas en valores adecuados.
En cuanto a los omega-3 tienen acción antiinflamatoria
y hay que tenerlos en cuenta para el tratamiento de
afecciones como psoriasis, eccema tópico y dermatitis.
Licopeno.
También tiene propiedades antioxidantes
este pigmento de la familia de los carotenoides que
es el responsable del característico color rojo de los
tomates. En el mercado se pueden encontrar suplementos
nutricionales de este elemento combinado con vitamina
E y aceite de onagra.
Coenzima
Q-10. Algunos expertos en nutrición la
denominan "la vitamina diez" ya que se trata de un nutriente
que el organismo necesita para alimentar las células
y poder operar en un nivel óptimo. Es un potente antioxidante
cuya principal característica es que es ubicuo ya que
existe en todos los seres vivos y en todas las células
del cuerpo humano. Es imprescindible si se quiere combatir
eficazmente la acción nociva de los radicales libres.
Además estimula la actividad celular y reduce la profundidad
de las arrugas.
Flavonoides.
Previenen la oxidación, activan las enzimas
glutation y catalasa y ayudan a mantener la elasticidad
de la piel.
Ginkgo
Biloba. Protege frente a la oxidación
de las membranas celulares, especialmente en el caso
de las neuronas. Sus flavonoides, muy activos frente
a los radicales libres, mejoran el suministro de sangre
y oxígeno a los tejidos y al cerebro.
Levadura
de cerveza. Se trata de un hongo que
se encuentra en la piel de determinadas frutas y en
el mosto de la cerveza. Es antioxidante y rica en vitamina
B5 -de la que es la mayor fuente natural-, sales minerales
y todos los aminoácidos esenciales (el 43% de la composición
de esta levadura son proteínas). Los expertos consideran
que su presencia en la dieta -a través de la ingesta
de frutas o de cápsulas o comprimidos- es interesante
para el cuidado de la piel por sus cualidades depurativa
y reconstituyente.
Bardana.
Su nombre popular es "hierba de los tiñosos".
Las investigaciones más recientes han constatado que
esta planta posee principios activos antibacterianos
y antisépticos que actúan sobre los microorganismos
de la piel por lo que se utiliza en el tratamiento de
afecciones como acné, erupciones, eccemas, úlceras varicosas,
etc.
-Cisteína. Es
un aminoácido no esencial importante para la producción
de enzimas que actúan contra los radicales libres como
la glutation peroxidasa. El hígado y nuestras defensas
lo utilizan para desintoxicar el cuerpo de sustancias
químicas y otros elementos nocivos. También tienen propiedades
antioxidantes otros aminoácidos como la metionina y
la L-glutamina.
Isoflavonas.
Estos compuestos flavonoideos tienen
propiedades nutritivas, hidratantes, regeneradoras,
protectoras y suavizantes para la epidermis, especialmente
los de la soja. Entre sus efectos más evidentes está
el de estimular la renovación celular y evitar la pérdida
de colágeno. Además actúan como estabilizadores de la
membrana celular protegiendo la estructura de las células
y evitando que los radicales libres ataquen la piel,
las mucosas y otros tejidos. Algunos expertos llegan
a afirmar que estos elementos vegetales neutralizan
los radicales libres con una eficacia diez veces superior
a la vitamina E aunque todavía se está investigando
esta cuestión
.
CUIDE SUS HÁBITOS
En el cuidado de la piel de nada le servirá alimentarse
correctamente, suplementar la dieta con los complementos
dietéticos más adecuados y utilizar los productos cosméticos
de mejor calidad si además no duerme las horas suficientes,
si fuma, si no limita la ingesta de alcohol, si se expone
al sol sin protección, si no bebe dos litros de agua
diarios y si no mantiene la piel limpia pero con jabones
que no alteren su pH. ¡Ah! Y no sustituya la ingesta
de pastillas y cápsulas por una alimentación sana y
variada. Estos productos complementan, no sustituyen.
Si hace caso de nuestros consejos en poco tiempo el
bienestar interior se reflejará en su piel ya que es
uno de los órganos donde primero -y de forma más evidente-
se manifiestan los cambios de todo tipo. Compruébelo.
Laura
Jimeno
La mayoría de los expertos afirma
que basta con una alimentación variada y equilibrada
que incluya a diario los distintos grupos de alimentos
para que el cuerpo esté correctamente nutrido. Sin embargo,
estos mismos expertos coinciden en señalar que hay situaciones
como el embarazo, la lactancia, el sobrepeso, la realización
de deportes, el estrés, la adicción al tabaco, etc.,
en las que sometemos al cuerpo a un sobreesfuerzo físico
o psíquico que pueden pasar una factura que normalmente
se manifiesta en la piel -en forma de piel seca o descamada,
prurito, sarpullido, eccemas, etc.- o en el cabello
-caída, pelo quebradizo, puntas abiertas, etc. En estos
casos, se considera conveniente complementar la alimentación
con algún suplemento de los que se encuentran en herbolarios
o farmacias. En el caso del tratamiento de la piel,
son innumerables los productos que pueden encontrarse
en el mercado.
Hierbas para la belleza de la
piel
Té.
Es antiinflamatorio, combate la irritación y es rico
en sustancias que previenen la oxidación. Destaca
especialmente el té blanco al que se conoce como "té
de la belleza" por su alto contenido en polifenoles
que le convierten en uno de los antioxidantes más
potentes que existen.
Menta.
Tiene propiedades astringentes, aromatizantes y desodorantes.
Lavanda.
Relaja, calma y promueve la regeneración celular.
Manzanilla.
Calmante natural que elimina las inflamaciones y estimula
la regeneración de la epidermis.
El agotamiento de la tierra
Una dieta equilibrada debería
ser suficiente para cubrir nuestras necesidades
diarias de micronutrientes. Sin embargo, el agotamiento
de la tierra, los procesos industriales de manipulación
y elaboración de los alimentos así como su preparación
-al freírla, cocerla o asarla- hace que muchas de
las vitaminas se pierdan y que lo que ingerimos
no tenga los elementos que teóricamente deberían
contener. Mal de la civilización moderna que ha
llevado a plantear a los expertos la necesidad de
tomar suplementos de vitaminas, minerales y oligoelementos
casi diariamente si queremos asegurar una óptima
nutrición.