Inventado por el experto sevillano
en Electrónica
Manuel Mayo -a quien nuestros
lectores ya conocen pues es el creador del
Neuralter,
un eficaz aparato para tratar el dolor del que ya
hablamos en el
nº 72 de la revista (puede consultarlo en
nuestra web)- el aparato que hace posible todo lo
comentado se llama
ThermaClinic y se trata
de un equipo de inducción térmica por radiofrecuencia
conducida que permite reafirmar los tejidos flácidos
y tratar las capas profundas de la piel sin dañar
las más superficiales. La experiencia acumulada
hasta la fecha indica que cerca del 70% de los pacientes
tratados con este sistema alcanzan una mejoría sensible
en poco tiempo. En otros casos, después de varias
aplicaciones los resultados se acercan mucho -por
lo que afirman algunos profesionales en Medicina
Estética consultados- a los logrados por la cirugía
pero con la ventaja de que la persona no tiene que
vivir la siempre desagradable experiencia de pasar
por un quirófano y puede volver a sus actividades
cotidianas inmediatamente después del tratamiento.
El
Thermaclinic es pues una alternativa eficaz
y práctica en la lucha contra el envejecimiento
de la piel. El aparato funciona por radiofrecuencia
conducida, un tipo de energía muy conocido en cirugía,
disciplina en la que se utiliza desde los años cuarenta.
La diferencia es que en el caso que nos ocupa no
se usa como herramienta ablativa, es decir, para
hacer cortes e incisiones sino para elevar la temperatura
interna de los tejidos.
"La radiofrecuencia -afirma
el doctor
Julián Bayón, director de la Unidad
de Medicina Anti-Aging de la
Clínica Planas de
Barcelona-
puede ser una herramienta muy útil
dentro de nuestro arsenal terapéutico combinándolo
con otras técnicas que sean también poco agresivas".
Él es, precisamente, uno de los profesionales que
están probando los efectos clínicos reales del nuevo
sistema propuesto por Mayo. Un sistema que permite
tratar selectivamente la dermis profunda y las capas
subdérmicas desde la superficie de la piel con la
ventaja de no producirle ninguna lesión. De hecho,
el propio aparato incorpora un sistema electrónico
de enfriamiento superficial que evita tener que
utilizar sprays y productos anestésicos y protege
a la epidermis durante el disparo de radiofrecuencias.
"Cuando aplicamos el equipo sobre la piel -explica
Manuel Mayo-
se produce una resistencia de nuestros
tejidos al paso de la radiofrecuencia. Esta resistencia
hace que se produzca una elevación interna de la
temperatura tisular. ¿La causa? Que el organismo
envía sangre a la zona produciendo una leve hipertermia.
Y como todo el mundo sabe la respuesta al calor
de un tejido es la vasodilatación, la apertura de
capilares, el aumento del flujo capilar, la mejora
del trofismo tisular, la reabsorción de los líquidos
intercelulares excesivos y el incremento de la circulación.
Este aumento circulatorio de la zona tratada con
el Thermaclinic hace que la sangre traiga consigo
una mayor cantidad de oxígeno y que arrastre y contribuya
a eliminar un mayor número de toxinas que están
afectando a los tejidos y, por supuesto, a la piel".
Elevación de temperatura interna que produce otros
efectos inmediatos:
"La hipertermia local -agregaría
Mayo-
produce la disminución de la viscosidad
de los líquidos y coloides orgánicos lo que facilita
los intercambios iónicos en el interior del organismo.
Otro efecto también inmediato del calor es la contracción
del colágeno lo que inicia la reparación y remodelación
del colágeno profundo. Esto acaba produciendo una
reafirmación de la piel y una reducción evidente
de las arrugas, descolgamientos y otros signos de
envejecimiento cutáneo, efectos que se parecen mucho
a los obtenidos con un lifting quirúrgico".
Pero sería el doctor Bayón quien nos explicara con
más detalle los efectos que se obtienen con esta
tecnología y la base de su utilidad terapéutica.
Según él, los efectos del
Thermaclinic pueden
deberse al cada vez más estudiado fenómeno de la
hormesis, una expresión de la relación entre
la dosis suministrada y la respuesta obtenida.
"Según
este fenómeno -afirma el doctor Bayón-
el
cuerpo va produciendo una respuesta adaptativa ante
la aparición de un estresor débil e intermitente
lo que origina una mejor capacidad para responder
posteriormente ante un mismo estresor más potente".
En este caso, ese estresor débil sería el aumento
de temperatura interna que se obtiene tras colocar
el aplicador del aparato sobre la zona de la piel
que se va a tratar. Este simple hecho hace que se
pongan en marcha los procesos descritos anteriormente
y otros que sigue enumerando el doctor:
"El organismo
responde a este estresor -es decir, al aumento de
temperatura- por medio de, entre otros elementos,
las proteínas de choque térmico que son unas proteínas,
en principio intracelulares, que la célula fabrica
para protegerse de ese estrés. A través de un complejo
sistema de señales tanto intra como extracelulares
esas proteínas forman una especie de escudo protector
de tal manera que cuando el mismo estresor vuelve
a actuar con más potencia sobre la célula ésta se
encuentra ya preparada y puede resistir con menos
daño a dicho estresor". El mismo experto afirma
que ésta sería la explicación de la evidente utilidad
de este sistema ya que, por un lado, el aumento
de temperatura que se consigue con él estimula a
las proteínas de choque térmico a lo que los fibroblastos
responden aumentando la producción de colágeno y,
por el otro, el propio campo electromagnético que
lleva asociado el aparato parece también estimular
dichas proteínas. Esta capacidad fisiológica sería
lo que le convertiría en un sistema único que incluso
aplicado en dosis muy bajas provoca respuestas interesantes
desde el punto de vista de su utilidad en el tratamiento
de diversos trastornos estéticos. Pero Manuel Mayo
amplia la explicación:
"La flacidez, las arrugas
y otros signos de envejecimiento -nos diría- aparecen
cuando el mecanismo de regulación metabólica pierde
su capacidad automática de equilibrio. El bloqueo
de dicho mecanismo se puede producir por múltiples
causas, una de las cuales es el envejecimiento.
Los efectos producidos por el paso de la señal de
radiofrecuencia favorecen de forma muy significativa
la homeostasis colaborando así al retorno al estado
de equilibrio, y consecuentemente, al rejuvenecimiento
de la zona tratada".
¿CÓMO FUNCIONA?
Para obtener estos efectos el
Thermaclinic
genera ondas de radiofrecuencia con una potencia
aproximada de cien vatios y una frecuencia de un
megahercio.
"El sistema que hemos ideado
-afirma Manuel Mayo-
es un equipo de alta frecuencia
conducida. Esto significa que el aparato es un procedimiento
de hipertermia por conversión de energía eléctrica
en calor interno que utiliza corrientes alternas
de frecuencia muy elevada por lo que está indicado
en los casos en que se requiera una hipertermia
enérgica y de efecto muy localizado". Continuaría
Mayo explicándonos que se utilizan altas frecuencias
porque a frecuencias bajas -incluso con potencias
muy reducidas- pueden producirse efectos de excitación
muscular o fibrilación cardiaca.
"Por esa razón
-proseguiría-,
como para producir la hipertermia
es precisa una intensidad alta lo idóneo es emplear
frecuencias elevadas. De ahí que seleccionáramos
la frecuencia de un megahercio para este aparato:
porque es suficientemente alta para no producir
los efectos no deseados nombrados anteriormente
y porque es suficientemente baja como para que no
se produzca una dispersión de la señal que pudiese
emigrar a zonas alejadas del sitio de tratamiento.
Además utilizamos una corriente alterna que, por
serlo, no manifiesta efectos electrolíticos, es
decir, no produce quemaduras electrolíticas".
Para poder valerse de esta corriente el aparato
lleva incorporado un aplicador de mano de unos 3
cm2 de superficie compuesto por dos electrodos.
Dispositivo que se coloca sobre un gel conductor
neutro que se recomienda poner sobre la piel.
"La
energía que se genera entre los electrodos -añade
Mayo-
penetra desde la superficie de la piel
sobre la que se aplica hasta entre 5 y 8 milímetros
de profundidad sin que el paciente perciba ninguna
molestia ocasionada por el calor ya que, como hemos
dicho, el equipo incorpora un sistema de enfriamiento
de la epidermis y además el calor no se produce
en el terminal de aplicación sino en los propios
tejidos del paciente al atravesarlos la corriente
eléctrica. Es decir, que se aumenta la temperatura
en profundidad sin quemar la superficie. Además
la frecuencia no se dispersa a otras zonas con lo
que evitamos su efecto no deseado sobre, por ejemplo,
infecciones, cuperosis, telangiectasias o varices
que no se encuentren en la zona que se va a tratar".
En suma, la propia forma de aplicación evita
estos riesgos y otros efectos secundarios adversos.
Así lo afirma el profesor
Juan Ramón Zaragoza,
catedrático de Radiología y Medicina Física de la
Universidad de Sevilla, tras examinar el
fundamento y funcionamiento de este sistema terapéutico:
"El hecho de actuar mediante dos electrodos situados
a ambos lados del aplicador limita el paso de radiofrecuencia
a la zona establecida sin posibilidad de que estas
ondas actúen, aún en pequeña potencia, sobre otras
zonas del organismo. El calentamiento producido
en la dermis profunda es totalmente soportable,
no produce efectos secundarios y permite continuar
la vida normal después de la sesión".
EFECTOS
DURADEROS
El efecto inmediato de esta aplicación -en algunos
casos con una rapidez espectacular- es la retracción
del colágeno. Lo que se puede comprobar por la simple
observación de, por ejemplo, el antes y el después
de una arruga tras una sola sesión. Sin embargo,
lo que se pretende conseguir gradualmente es la
reestructuración del colágeno profundo lo que incluye
que se formen fibras nuevas que sustituyan a las
envejecidas y hagan los tejidos más elásticos, se
favorezca la homeostasis y, en general, mejore el
estado de la piel eliminando de ella las huellas
del paso del tiempo. Este proceso es más lento y,
según los casos y dependiendo del estado inicial
en el que se encuentre el colágeno de la persona,
se produce entre los dos y cuatro meses posteriores
al tratamiento. De hecho se han realizado estudios
histológicos que demuestran cambios importantes
en la remodelación del colágeno a partir de la sexta
semana posterior a la aplicación de la radiofrecuencia.
"El efecto inmediato dura poco -confiesa
Mayo-
pero el de remodelación del colágeno empieza
a observarse transcurridas unas semanas y puede
durar el mismo tiempo que se tardó en llegar al
estado anterior a las aplicaciones del Thermaclinic.
Es decir, que estamos hablando de años y de resultados
consolidados. En todo caso, la mayoría de los médicos
que lo están aplicando sugieren una sesión de 'recuerdo'
a los seis meses del tratamiento. De esa forma en
unos casos se llega a la eliminación total y en
otros a la reducción significativa de las arrugas
y signos de envejecimiento pero en todos mejora
de forma evidente el estado de la piel".
En cuanto a la duración de las sesiones depende
del estado de la piel y de la superficie que se
vaya a tratar pero oscila entre los quince y cuarenta
minutos. Por lo que respecta al número de ellas
que se pueden necesitar estará en función del tratamiento
y de la situación particular de la persona.
A este respecto el propio Manuel Mayo aclara que
existen también contraindicaciones al uso de esta
tecnología:
"Verá -nos diría-, tanto el tipo
de energía generada como su frecuencia se viene
utilizando en aplicaciones médicas desde hace setenta
años sin ningún problema significativo. Nosotros
utilizamos la radiofrecuencia para tratamientos
dermoestéticos no ablativos lo que significa que
no se producen cortes ni agresiones sobre la piel
y, por consiguiente, la posibilidad de que se produzcan
efectos secundarios significativos resulta muy remota.
Eso sí, por precaución se recomienda no utilizar
este tipo de aparatología sobre embarazadas ni sobre
portadores de marcapasos. Por otro lado, hay que
estar prevenido porque muchos fabricantes de equipos
terapéuticos basados en corrientes sólo hablan de
las maravillas que producen sin mencionar que también
existen contraindicaciones".
Es el caso, por ejemplo, de las hemorragias. La
acción hiperemizante -es decir, estimulante de la
cantidad de sangre que llega a un tejido u órgano-
puede hacer que aumente el derrame o puede provocarlo
cuando existe predisposición para ello. También
constituyen una contraindicación los casos de procesos
infecciosos agudos, especialmente cuando pueden
dar lugar a supuración o cursan con fiebre. La única
contraindicación absoluta es, sin embargo, su uso
continuado ya que de esta forma se eliminarían adiposidades
lo que en algunos pacientes puede ser adecuado pero
en otros no.
"Por esto quien aplique la radiofrecuencia
-advierte Manuel Mayo-
debe hacerlo de forma
adecuada y en las dosis oportunas a fin de que se
produzcan los efectos pretendidos y no otros. Si
se hace así equipos como el Thermaclinic sólo pueden
reportar ventajas a sus usuarios".
Los médicos que lo utilizan reconocen que es un
sistema no invasivo que incluso les permite evitar
sprays y productos anestésicos, es apto para todo
tipo de piel -con independencia de su color o características
(lo que no ocurre, por ejemplo, con el láser)- y
se puede emplear para tratar arrugas, patas de gallo,
bolsas, flacidez, descolgamientos, acné y hasta
reafirmar los senos y combatir la celulitis.