Cada seis segundos muere una
persona por enfermedades relacionadas con el consumo
de tabaco según estimaciones de la
Organización
Mundial de la Salud (OMS). Eso supone más de
cinco millones de personas al año, 60.000 de las
cuales son españolas. Y es que se considera al tabaco
-más bien a sus miles de componentes tóxicos de
los que al menos 53 son cancerígenos- responsable
del 90% de los tumores pulmonares, del 80% de los
de labio, del 70% de los de laringe, del 50% de
los de esófago y cavidad bucal, del 30% de los infartos
de miocardio (el porcentaje se eleva hasta el 50%
entre las personas de menos de 40 años) y del 80%
de los casos de enfermedad pulmonar obstructiva
crónica (EPOC). Pero a estas preocupantes cifras
hay que añadir una más que, sin duda, nos debe llevar
al menos a la reflexión: nuestro
Comité Nacional
para la Prevención del Tabaquismo estima que
¡10 millones! de jóvenes españoles no llegarán a
cumplir los 50 años porque morirán de forma prematura
por enfermedades provocadas o agravadas por el tabaco
(vea los textos ya publicados sobre los efectos
del tabaco en www.dsalud.com)
Pues bien, con todos estos datos no es difícil suponer
que los daños digamos "menores" que provoca el tabaco
se pueden contar por cientos. Muchos de ellos se
reflejan en nuestra
piel y afectan de modo
extraordinario a nuestra belleza y a la imagen que
proyectamos a los demás. De hecho, los daños estéticos
son tan evidentes y severos que muchas personas
-especialmente mujeres- se deciden a abandonar el
tabaco más preocupadas por el envejecimiento prematuro
de su piel que por la posibilidad de padecer cáncer
de pulmón. Al menos eso es lo que reflejan varios
estudios estadísticos realizados en distintos países.
Sea cual sea el motivo último dejar de fumar es
siempre una buena decisión.
TABACO Y BELLEZA
Sin duda el mejor tratamiento de belleza es dejar
el tabaco y adoptar una forma de vida sana que incluya
una alimentación correcta y variada así como algo
de ejercicio. No en vano la piel es uno de los primeros
órganos-diana de los efectos negativos del humo
del tabaco que la afecta tanto directamente -por
el simple contacto con el humo ambiental- como de
forma indirecta por la llegada vía sanguínea de
las sustancias tóxicas que proceden del humo que
se inhala. Afectando a toda la piel pero especialmente
a la del rostro donde sus efectos se suman y se
agravan por la exposición a los rayos del sol. Y
da igual que la piel sea normal, mixta o grasa:
tabaco y sol -ya sea por separado o conjuntamente-
pueden dañarlas.
En concreto, la nicotina -responsable en gran parte
de la dependencia que genera el tabaco y que tiene
una capacidad adictiva 5 veces mayor que la heroína-
es uno de los principales enemigos del buen estado
de la piel ya que deteriora su calidad al producir
-junto con el cianuro de hidrógeno que contiene
el humo- la constricción de los vasos sanguíneos
que irrigan la dermis a la que deja de llegar el
oxígeno y los nutrientes necesarios para su salud.
De hecho se calcula que un solo cigarrillo produce
la contracción de los vasos cutáneos durante hora
y media por lo que una persona que fuma un paquete
diario mantiene su piel privada de oxígeno todo
el día. Esta hipoxia constante hace que las células
de la piel se deterioren y se empiecen a producir
en ellas cambios importantes que no se refieren
sólo a su color sino también a su textura y a su
capacidad para defendernos del exterior ya que -recordémoslo-
es una de las funciones principales de la piel.
Por ejemplo, al efecto de la nicotina se suma el
del propio humo del tabaco, causante de la deshidratación
del estrato córneo de la piel de la cara de los
fumadores que provoca un aspecto grisáceo, quebradizo
y áspero del rostro y la aparición de arrugas. Es
más, numerosas investigaciones establecen que los
fumadores de entre 40 y 50 años pueden tener a esa
edad las mismas arrugas que un no fumador de entre
70 y 80.
Cada bocanada del humo del tabaco contiene dos millones
de radicales libres que favorecen la aparición de
diferentes dolencias, envejecen la piel y alteran
la síntesis del colágeno. Además estos peligrosos
elementos químicos pueden llegar a mutar la información
genética de las células y en la piel producen lo
que se conoce como
"disfunción endotelial",
trastorno que compromete seriamente la irrigación
de la zona afectada.
Por otro lado el tabaco también inhibe el funcionamiento
de algunos sistemas enzimáticos. Así, hace que se
libere
elastasa -es decir, la enzima que
destruye la elastina- y, por tanto, que aumente
su actividad sobre la piel. Esto implica que se
rompan las fibras elásticas que le dan soporte y
resistencia apareciendo descolgamiento, flacidez
y arrugas, especialmente alrededor de los ojos y
de la boca (donde aparece el típico "código de barras"
del fumador). Además cuando los desechos de la elastina
se acumulan degeneran el colágeno existente, situación
que se agrava por el hecho de que el efecto contaminante
del tabaco hace que disminuya la síntesis de colágeno
nuevo.
En cuanto al monóxido de carbono contenido en el
humo se sabe que altera la función de las glándulas
sebáceas. Ello y el depósito sobre la piel de los
contaminantes del tabaco, de los atmosféricos, del
sebo, de los residuos de maquillajes y productos
cosméticos, etc., hacen que los poros se dilaten
y se ensucien, se saturen los sistemas detoxificantes
naturales de la piel, se asfixien las células dérmicas,
la piel se vuelva más tensa y delicada y se afee,
en suma, el aspecto de nuestra cara. También se
ha comprobado que este monóxido impide la regeneración
de las fibras elásticas y que es otro de los factores
que disminuye la capacidad de transporte de oxígeno
por parte del sistema vascular.
Además se ha contrastado que el tabaco hace disminuir
los niveles de vitamina A, B y C y esta deficiencia
acaba provocando atrofia dérmica, disminución de
fibroblastos, alteraciones del tejido conjuntivo
y propicia que los radicales libres generados por
el tabaco ataquen con mayor agresividad, entre otros
efectos.
Por lo que respecta a la
boca, las manchas
en los dientes, las caries, el mal aliento, la enfermedad
periodontal y la disminución de las sensaciones
del gusto y el olfato son muy habituales entre los
fumadores. Pero la circulación del humo entre la
boca y la nariz es una pequeña agresión continua
que también puede provocar cáncer de labio, de cavidad
bucal, de laringe, faringe, esófago y pulmón. Además
la nicotina afecta a las células periodontales haciéndolas
enfermar y provoca un descenso de la irrigación
de las encías y un aumento en la cantidad de placa
bacteriana. En cuanto al alquitrán que contiene
el humo se sabe que es muy irritante, que tiene
capacidad para disolverse en la saliva y que es
así como logra atravesar el esmalte y llegar incluso
a la dentina del diente desde donde empieza a extenderse
una mancha de un color amarillo oscuro. A medida
que van pasando los años de adicción los daños empiezan
a percibirse y las encías se retraen dejando expuestas
las raíces de los dientes a posibles infecciones
por acumulación de bacterias y de residuos. El paso
siguiente es la aparición de gingivitis y otras
enfermedades periodontales graves que pueden incluso
conllevar la pérdida de alguna pieza dental. A este
respecto científicos del
Centro de Prevención
y Control de Enfermedades de Estados Unidos
afirman que el tabaco es la causa principal del
50% de las enfermedades de encías que se diagnostican.
Pero los daños estéticos del tabaco no se limitan
a la piel o a la boca. Las
uñas de los fumadores
se tornan amarillentas, sus
párpados suelen
estar hinchados por la congestión de los senos nasales
que acompaña a la rinitis que produce el humo del
tabaco y el
cabello pierde luminosidad y
se vuelve quebradizo y poroso a causa del efecto
secante del monóxido de carbono.
En fin, a simple vista pueden apreciarse los cientos
de efectos indeseables que provoca el tabaco sobre
nuestro aspecto físico. Y, aunque quizá ése no sea
el más importante, es otro motivo más por el que
plantearse dejar de fumar.
SI QUIERE DEJAR EL TABACO...
...la clave para conseguirlo es convencerse de que
puede hacerlo. Y no se engañe: necesitará toda su
fuerza de voluntad pues a nadie se le oculta que
el "enemigo" es poderoso ya que la adicción a la
nicotina tiene un doble componente. Por un lado,
la propia adicción física y, por el otro, el hábito
de fumar que es más difícil de romper y para el
que se precisa, insistimos, voluntad.
Una vez convencidos y dispuestos se puede optar
por distintos métodos que faciliten la empresa
(consulte
los reportajes publicados al respecto en nuestra
web). Uno de ellos es la
Hipnosis que,
en sus diferentes técnicas, suele resultar muy efectiva.
Por ejemplo, el hipnólogo puede -entre otras opciones-
implantar en el cerebro la aversión por el tabaco
o llevar al fumador a identificar el cigarrillo
con sensaciones tan desagradables que incluso acaban
disuadiéndole del deseo de fumar. La mayor ventaja
de este método es que, aplicado por un buen terapeuta,
resuelve terapéuticamente las causas inconscientes
que llevan al individuo a depender el tabaco de
forma que es más que probable que no vuelva a probarlo.
También la
Acupuntura resulta eficaz y, de
hecho, algunos terapeutas aseguran que en una sola
sesión -que en ningún caso dura más de 45 minutos-
pueden eliminar la necesidad física de fumar y la
dependencia de la nicotina de un fumador. Es decir,
que su cuerpo se muestre indiferente hacia el tabaco.
La otra parte, la del hábito, seguirá dependiendo
de la fuerza de voluntad pero un buen acupuntor
puede facilitarle mucho las cosas si la decisión
es firme. Lo mismo ocurre con la Laserpuntura que
actualmente es el método más eficaz para dejar de
fumar. De hecho el porcentaje de éxito se sitúa
entre el 79 y el 85%. El sistema por el que se aplica
este método es el llamado
Action Laser que
utiliza el láser de diodo para estimular unos puntos
de acupuntura determinados e inhibir otros y conseguir
en 2 sesiones de media hora -más otra de refuerzo
si fuera necesario que sólo duraría 5 minutos- eliminar
la adicción física. Eso sí, como en cualquier método
para conseguir la deshabituación el paciente debe
poner de su parte pero se ha observado que con la
Laserpuntura el hábito empieza a desaparecer cuando
se elimina la dependencia física ya que, simplemente,
a la persona no le apetece fumar y no lo hace. Por
tanto es un método rápido e inocuo con el que se
está consiguiendo que hasta el 85% de las personas
que se someten a él dejen de fumar lo que contrasta
con el pobre 22% de los parches y chicles de nicotina
-que además tienen contraindicaciones absolutas
ya que según la
Universidad de Stanford (Estados
Unidos) pueden provocar cáncer y estrechamiento
de las arterias, al menos en ratones- o el 42% del
antidepresivo
Bupropion que se ha de tomar
durante meses bajo prescripción facultativa a pesar
de que provoca insomnio y náuseas en 3 de cada 10
personas que lo toman además de los efectos secundarios
propios de un fármaco de estas características.
En suma, si fuma y ha decidido dejar de hacerlo
asesórese con un profesional acerca del método que
más le conviene para ayudarse a conseguirlo y no
se deje engañar por el constante bombardeo de fórmulas
mágicas. No lo dude: la única fórmula realmente
efectiva para dejar de fumar es la decisión firme
de dejar un vicio que, simplemente, le está matando
lentamente.
Laura Jimeno
"Cara de fumador"
En 1985 el doctor
Douglas Model publicaba
en el
British Medical Journal un informe
que contenía una "descripción de la cara del fumador"
y en el que afirmaba que con sólo mirarles a la
cara podía identificar a un gran número de fumadores
con 10 o más años de hábito. Concluyendo que todos
presentan uno o más de los siguientes signos:
Aspecto
envejecido con arrugas muy marcadas en el rostro
y mayor profundidad de las líneas de expresión.

Semblante
demacrado con prominencia de los huesos.

Piel
de apariencia atrofiada, opaca o grisácea.

Manchas
cutáneas purpúreas.
Tras las descripción de Model diferentes autores
han ido añadiendo características del aspecto físico
del fumador hasta definir las siguientes:

Arrugas
prematuras por alteración de las fibras elásticas.

Piel
deshidratada y atrófica.

Cabello
reseco, sin brillo y quebradizo.

Olor
corporal a tabaco.

Dificultad
para la cicatrización de heridas.

Alteraciones
de la estética bucal.

Cáncer
de labio.

Agravamiento
de los melanomas.
Cuando se deja de fumar

Mejora
la salud en general.

Se
elimina uno de los principales causantes o coadyuvantes
de numerosas patologías.

Mejora
el aspecto físico porque...
...se frena la aparición prematura de arrugas.
...llega más oxígeno a las células de la piel.
...se evita el descolgamiento de los tejidos causado
por la alteración de las fibras de elastina y el
déficit de colágeno.
...los poros se limpian y dejan de estar en contacto
con la suciedad que genera el humo.
...la piel empieza a recuperar su color natural
a los tres meses.
...desaparece el color cetrino.
...la piel se muestra progresivamente más sana y
luminosa.
...se frena el proceso de envejecimiento prematuro
que aceleran los radicales libres producidos por
el humo del tabaco.
...se dejan de ensuciar los dientes.
...se sufren menos caries.
...mejora el aspecto del cabello a los pocos meses
al ser mejor el riego sanguíneo de todo el organismo.