| Hay
quien afirma que unas gotas de rosa mosqueta aplicadas a diario sobre la piel
son suficientes para devolverle la lozanía de su juventud. No en vano el aceite
que se obtiene de las semillas de esta planta está considerado el mejor regenerador
natural de la piel que se conoce. Además es antioxidante, hidratante, nutritivo,
reafirmante, reparador y repigmentante, entre otras propiedades. De ahí que se
utilice para cicatrizar heridas, borrar estrías, atenuar arrugas, eliminar manchas
cutáneas, recomponer la tersura de la piel en caso de quemaduras, etc. Sin efectos
secundarios ni contraindicaciones.
En la Cordillera de los Andes -especialmente
en Perú, Argentina y Chile- crece un arbusto silvestre de flores rosadas y fruto
rojizo originario de Europa que los científicos denominan Rosa Affinis Rubiginosa
y que los lugareños llevan siglos llamando Rosa Mosqueta. De sus semillas
se obtiene un aceite amarillento que es considerado como uno de los regeneradores
y rejuvenecedores dérmicos más poderosos que existen y que, además, no produce
efecto secundario indeseable alguno. Huelga decir que por estos motivos el
aceite de rosa mosqueta es uno de los productos que mayor interés ha despertado
en los últimos años en los campos de la Dermatología y la Cosmética pero también
cirujanos y otros profesionales de la Medicina lo han incorporado a su arsenal
terapéutico por sus más que contrastadas propiedades beneficiosas. Así, por ejemplo,
se ha comprobado que este aceite ayuda a prevenir el cáncer cutáneo provocado
por la sobreexposición al sol, que contribuye a una más rápida reparación de pieles
quemadas o expuestas a radiación, que atenúa o incluso borra cicatrices hipertróficas,
que previene y combate las antiestéticas estrías y que regenera más rápidamente
los tejidos tras una cirugía además de retardar la aparición de los signos de
envejecimiento cutáneos, entre otras posibilidades. ¿El secreto? Su extremadamente
rica composición en ácidos grasos poliinsaturados y en vitaminas que convierten
a este producto en una eficaz "goma de borrar imperfecciones" que nos ofrece
la Naturaleza.
ALIMENTO PARA LA PIEL Aunque
ya los indios patagónicos utilizaban rosa mosqueta para mantener la juventud de
la piel, cicatrizar heridas y tratar diversas dolencias las propiedades terapéuticas
de su aceite fueron oficialmente "descubiertas" hace sólo treinta años gracias
a un estudio realizado por la Facultad de Química y Farmacología de la Universidad
de Concepción en Chile cuyos resultados fueron asombrosos. Se observó que
la aplicación continuada del aceite de esta planta ayudaba de manera efectiva
a atenuar cicatrices y arrugas y a rejuvenecer la piel en casi 200 pacientes que
presentaban cicatrices debidas a cirugías, quemaduras y otras afecciones que provocaban
un envejecimiento prematuro. Y todo ello sin provocarles reacciones o efectos
secundarios adversos. Obviamente a este interesante trabajo le han seguido
muchos otros a lo largo de estas tres décadas que han logrado contrastar las pretendidas
propiedades de esta planta. Por no hacer la lista demasiado extensa mencionaremos
sólo algunas de las instituciones en las que se han llevado a cabo investigaciones
sobre el aceite de rosa mosqueta: el Departamento de Dermatología de la Universidad
de Munich (Alemania), la Universidad de Kingston (Reino Unido), la
Clínica Mayo (Estados Unidos), el hospital de la Universidad de Ginebra
(Suiza), la Universidad Central de Michigan (Estados Unidos), la Universidad
de Gales (Reino Unido), la Universidad de Milán (Italia), el hospital
de la Universidad de Helsinki (Finlandia) y el Instituto Nacional del
Cáncer de Estados Unidos, entre muchas otras en todo el mundo. Pues bien,
la conclusión a la que han llegado los investigadores es que las bondades terapéuticas
de este aceite residen en su más que interesante composición nutricional, muy
rica -como hemos mencionado- en ácidos grasos y vitaminas. Así, por ejemplo, presenta
un alto contenido en ácido linoleico (en torno a un 45% de su composición)
y en ácido linolénico (alrededor de un 30%), ácidos grasos esenciales poliinsaturados
que confieren permeabilidad y flexibilidad a las membranas de las células y que
están directamente relacionados con la síntesis de colágeno y elastina,
sustancias que otorgan firmeza y elasticidad a la piel. Además estos ácidos poliinsaturados
regulan los mecanismos de defensa y crecimiento celulares así como los procesos
biológicos que intervienen en la regeneración de los diversos tejidos. Pero, además,
el aceite de rosa mosqueta contiene ácido oleico y cantidades menores de
ácidos palmítico, esteárico y araquidónico que también contribuyen
a su reconocida capacidad regeneradora. Otro compuesto importante -responsable
en gran medida de las propiedades fisiobiológicas de este aceite sobre la piel
y los tejidos- es el ácido transretinoico o tretinoína que se encuentra
en él en concentraciones pequeñas (de entre el 0,01 y el 0,5%) pero suficientes
para conferirle a la rosa mosqueta la capacidad de reducir la tumorigenicidad
de las células y acelerar la epidermopoyesis y la regeneración de los tejidos,
de reducir el tamaño y mejorar el aspecto de cicatrices -incluso antiguas-, de
atenuar las estrías o eliminar las arrugas así como de prevenir la aparición de
signos de envejecimiento prematuro de la piel. Además tiene una marcada acción
antiinflamatoria tal y como descubrieron los científicos Pommer y Samecki
a quienes se atribuye el hallazgo de esta forma de la vitamina A. El aceite
de rosa mosqueta contiene también vitaminas C (en cantidad importante), E, B1
y B2 así como polifenoles, flavonoides y pectinas, entre otras sustancias. Todos
estos elementos nutren la piel, la proveen de las sustancias que precisa para
mantenerse sana o regenerarse tras una agresión de cualquier tipo y convierten
a la rosa mosqueta en una ayuda natural que cada vez recomiendan más profesionales
de la salud por sus excepcionales propiedades.
REGENERADOR,
HIDRATANTE, ANTIENVEJECIMIENTO,... Pero, ¿cuáles son esas tan laureadas
cualidades del aceite de rosa mosqueta? Pues a día de hoy -las investigaciones
sobre sus posibilidades terapéuticas prosiguen en diversas universidades y hospitales
de todo el mundo y probablemente hagan ampliar la lista- las propiedades contrastadas
por los expertos son las siguientes: -Regenera los
tejidos. Este aceite, rico como hemos mencionado en ácidos grasos,
acelera el ritmo de regeneración y reparación celulares. De hecho es el regenerador
de la piel más potente que se conoce. De ahí que cada vez más cirujanos lo empleen
para tratar la piel tras una cirugía o en casos de quemaduras, cicatrices, estrías,
úlceras por decúbito, arrugas y cualquier condición en que la piel necesite regenerarse.
Por ejemplo, se ha comprobado que ayuda a reparar las pieles dañadas por quemaduras
de primer y segundo grado, las provocadas por el sol e, incluso, las quemaduras
por radiación. Pero también es muy útil para recuperar la piel después del sol,
de la depilación, de un peeling, del afeitado, etc. -Estimula
la producción de colágeno y elastina. Pero sus efectos no se quedan
sólo en la epidermis sino que trascienden a capas más profundas de la piel donde
revigoriza los fibroblastos, células dérmicas que producen colágeno y
elastina responsables de la firmeza y elasticidad de la piel y del tejido
conjuntivo, y muy implicadas -como veremos- en la aparición de estrías. -Atenúa
las cicatrices de cualquier etiología. Aunque sean antiguas, hipertróficas,
queloides, producidas por acné o varicela, resultantes de un trasplante de piel,
de una operación quirúrgica o de un accidente. Todas mejoran notablemente su aspecto
y la piel se alisa además de recuperar su suavidad y tersura. Así al menos quedó
demostrado ya a raíz de aquel primer estudio realizado en la universidad chilena.
-Hidrata en profundidad. El aceite
de rosa mosqueta refuerza la barrera de ceramidas en el interior de las células
epidérmicas reduciendo así la pérdida de agua de la piel. Además, por su alto
nivel de penetración también incide en cambios dérmicos que favorecen la hidratación
profunda de la piel, especialmente de las zonas más proclives a la aparición de
arrugas o asperezas (manos, talones, codos, etc.) -Combate
el envejecimiento. Al nutrir e hidratar las células el aceite de
rosa mosqueta -usado a diario- ayuda a eliminar las arrugas no profundas, a retardar
la aparición de otras y a atenuar las líneas de expresión. Asimismo previene los
signos de fotoenvejecimiento mediante la autogeneración de melanina. La
piel recupera su frescura y lozanía y de ella se borran las antiestéticas bolsas
y ojeras que envejecen el aspecto de las personas que las sufren. -Redistribuye
la pigmentación de la piel. Por su capacidad de generar melanina
el aceite de rosa mosqueta ayuda a corregir los problemas cutáneos debidos a una
sobreexposición al sol, entre ellos las manchas solares. Además uniformiza el
tono de la piel de todo el cuerpo y elimina hiperpigmentaciones como melasmas,
cloasmas y léntigos. -Previene el cáncer cutáneo.
Y lo hace a través de varios mecanismos. Por ejemplo, activando la
autogeneración de melanina o minimizando los efectos negativos de la radiación
ultravioleta gracias a su reconocida capacidad antioxidante y neutralizadora de
radicales libres. -Mejora la circulación sanguínea.
El aceite de rosa mosqueta acelera y regula el ritmo de microvascularización,
es decir, mejora el flujo sanguíneo y la reposición de sustancias nutricionales
de las zonas en las que se aplica. -Tiene propiedades
antiinflamatorias. Se ha comprobado que reduce la inflamación y
congestión de los tejidos. -Es energetizante.
Proporciona a las células energía metabólica para que puedan llevar a cabo sus
importantes funciones. -Restaura y protege el cabello.
Actúa como reparador natural del cuero cabelludo y del cabello, especialmente
cuanto éste está seco, teñido o dañado por el sol, el cloro, el frío, etc. Basta
con aplicarlo en las raíces y dejarlo actuar durante un par de horas antes de
lavar el pelo con normalidad. Los resultados son inmediatos. Puede también
emplearse para uso interno. En este caso, tomado en infusiones, ayuda a mantener
fuerte el sistema inmune y a prevenir enfermedades, especialmente resfriados,
gripes y catarros intestinales; mejora los procesos enzimáticos; es un excelente
reconstituyente de los tejidos; es ligeramente diurético y laxante; se usa en
la disolución de cálculos biliares y renales y da muy buenos resultados en el
tratamiento de estados depresivos. Además, por su riqueza en ácidos grasos poliinsaturados,
es un regulador de las hormonas y del colesterol, y coadyuva en la protección
frente a las enfermedades cardiovasculares y la hipertensión arterial.
ROSA MOSQUETA Y ESTRÍAS Hacíamos antes mención de la capacidad del
aceite de rosa mosqueta para atenuar o incluso eliminar estrías. Queremos extendernos
un poco más en este punto ya que las estrías afectan -se calcula- a más de un
50% de embarazadas y a un número importante de mujeres adolescentes o en la época
de la menopausia. Pero, ¡ojo!, no se trata de una dolencia típicamente femenina.
Los hombres no están libres de padecerlas. Eso sí, mientras en el caso de las
féminas lo habitual es que las estrías se ubiquen en caderas, cara interna de
los muslos, mamas y zona periumbilical en los varones se presentan en la parte
baja de la espalda y en la cara interna de rodillas, muslos y brazos. Pero,
¿a qué se deben las estrías? ¿Por qué aparecen? Pues antes de nada debemos recordar
al lector que la piel está formada por distintas fibras en forma de malla y que
dispone de unas sustancias que la refuerzan como son la elastina -a la que se
debe la elasticidad de la piel- y el colágeno -que le otorga firmeza-. Los expertos
coinciden en señalar que si se produce un estiramiento muy brusco y rápido de
la piel o si existe deficiencia de estas sustancias se corre el riesgo de que
la piel sufra rupturas y aparezcan las estrías. En lo que ya no están tan de acuerdo
es en las posibles causas de la debilidad que conduce a esa ruptura. Así, se mantiene
que los motivos pueden ser cambios repentinos de peso, una situación de sobrepeso
mantenida en el tiempo, un desarrollo rápido de los músculos (como en el caso
de los culturistas), una predisposición genética que provoca una mayor susceptibilidad
a sufrirlas, la falta de hidratación o cambios hormonales fisiológicos -como lo
que se producen por la pubertad, el embarazo o la menopausia-, patológicos -por
distintas dolencias- o debidos a la administración de corticoides durante largos
periodos de tiempo. Hacer ejercicio físico moderado de forma regular (mantener
un buen tono muscular evita las distensiones de la piel), aplicarse cremas hidratantes
o humectantes después del baño o la ducha (si contienen aceite de rosa mosqueta
serán aún más efectivas), evitar los cambios bruscos de peso, beber abundante
agua y mantener una alimentación rica en vitaminas, minerales y aminoácidos ayuda
enormemente a prevenir su formación. Y si está embarazada lo más aconsejable es
que durante toda la gestación -pero especialmente en el último trimestre- se aplique
este aceite mediante suaves masajes diarios en la región subumbilical, los glúteos,
las mamas y los muslos. De esta forma es probable que no aparezcan estrías.
En todo caso, si no ha sabido o podido prevenirlas y ya las sufre el tratamiento
más adecuado será estimular la formación de fibras colágenas y elásticas nuevas
en las zonas afectadas (especialmente si las estrías se acaban de formar porque
es posible que en este punto las fibras cutáneas puedan repararse de forma rápida)
y, como hemos visto, ésta es precisamente una de las propiedades más valoradas
del aceite de rosa mosqueta. De ahí su utilidad en la prevención y tratamiento
de estos problemas dérmicos.
ADECUADO PARA MASAJES El
aceite de rosa mosqueta es muy ligero, no tiene olor y se absorbe rápidamente
por lo que es ideal su uso en masajes. Pero también puede enriquecerse cualquier
crema, mascarilla, champú o loción añadiéndole unas gotas del aceite. Así tal
producto adquirirá mayor capacidad hidratante o regeneradora. Lo más aconsejable
es usar la rosa mosqueta después de la ducha, del afeitado o de la depilación.
Asimismo se pueden añadir unas gotas al agua del baño. O usarla como base del
maquillaje. O aplicársela con la piel limpia antes de acostarse. En fin, las posibilidades
son innumerables. Y en todos los casos los resultados son los mismos: una
piel hidratada, nutrida, rejuvenecida, firme, elástica, tersa, lubricada... -en
definitiva, sana- de la que se han podido borrar cicatrices, arrugas, manchas,
estrías y otras imperfecciones. Para terminar añadiremos que no se conoce
toxicidad de la rosa mosqueta pero, por razones obvias, deberán abstenerse de
su uso las personas que tengan la piel muy grasa o estén padeciendo brotes de
acné.
Laura Jimeno
Propiedades terapéuticas del aceite de rosa mosqueta Este aceite es...
...antiarrugas. ...anticancerígeno. ...antienvejecimiento. ...antiinflamatorio.
...antioxidante. ...cardioprotector. ...cicatrizante. ...descongestivo.
...diurético. ...emoliente. ...hidratante. ...inmunoestimulador.
...laxante. ...nutritivo. ...preventivo de distintas dolencias. ...reafirmante.
...reconstituyente. ...reestructurante. ...refrescante. ...regeneradora.
...reparadora. ...repigmentante. ...tonificante. ...vigorizante.
Indicaciones El aceite de rosa mosqueta sirve para tratar o paliar:
-Arrugas y líneas de expresión. -Bolsas en los ojos. -Cicatrices hipertróficas
y retráctiles. -Cicatrices quirúrgicas. -Cloasmas. -Dermatitis atópica.
-Eczemas. -Estrías. -Hiperqueratosis. -Huellas de fotoenvejecimiento.
-Léntigos. -Llagas. -Manchas de la piel. -Melanomas. -Melasmas.
-Ojeras. -Pieles alipídicas (sin grasa alguna). -Psoriasis. -Queloides.
-Quemaduras. -Queratosis. -Sequedad de la piel. -Úlceras por decúbito.
-Verrugas. Además es útil en casos de: -Cálculos biliares y renales. -Catarros
intestinales. -Dolencias cardiovasculares. -Gripe. -Hipertensión arterial.
-Resfriados.
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