Antidepresivos: inútiles y peligrosos


Los antidepresivos "modernos" -los conocidos inhibidores de recaptación de la serotonina- de los que la fluoxetina -comercialmente más conocido como Prozac- es desde hace veinte años la estrella de los fármacos son tan eficaces para tratar la depresión… ¡como un placebo! Es decir, no sirven para nada. Y no lo decimos nosotros. Lo acaba de constatar un equipo de investigadores tras revisar los 47 estudios que la FDA recibió entre 1987 y 1999. Primero se dijo que eran útiles porque restauraban los niveles de serotonina a sus valores normales en casos de depresión. Y luego que por eso mismo eran útiles en los trastornos obsesivo-compulsivos y en la bulimia nerviosa. A partir de ahí, merced a una campaña de publicidad tan vergonzosa como manipuladora, el Prozac se vendió como la "pastilla de la felicidad" y decenas de miles de médicos de todo el mundo empezaron a recetarla para muchas otras dolencias en las que jamás había sido testada hasta que finalmente, en el colmo del delirio, se empezó a recetar a niños a pesar de que el propio prospecto advierte de que no debe darse a menores de 18 años. ¿Y por qué se prestaron los médicos -como los farmacéuticos- a tamaño dislate? Pues, casos de soborno aparte, por tres motivos: porque se les dijo que era prácticamente inocuo, porque los médicos carecen en realidad de productos que realmente sirvan para algo en la mayoría de las enfermedades y cualquier cosa les viene bien para aparentar que saben lo que hacen -durísima realidad que pocos reconocen- y porque la mayoría de ellos carece de sentido crítico y sus "fuentes de información" se limitan a los prospectos de los fármacos y a lo que aparece en las revistas científicas… que viven de la publicidad de la gran industria farmacéutica. Lo mismo que las autoridades sanitarias que les hacen el juego y permiten que hoy los tratamientos convencionales sean en su inmensa mayoría sólo paliativos. Por eso la Medicina farmacológica no sirve para ayudar casi nunca a los enfermos. Por eso no hay en las farmacias, excepción hecha de los antibióticos, nada que cure. Absolutamente nada. Aunque lo más grave es que tamañas mentiras se puedan mantener tanto tiempo. En el caso de los antidepresivos se hizo creer a la sociedad que tenían muchos menos efectos adversos que los anteriores y sólo eso ya justificaba su aparición. Hoy se sabe, en cambio, que además de numerosas contraindicaciones e interacciones -se recomienda precaución en casos de embarazo, diabetes mellitus, claustrofobia, enfermedades renales, hepáticas y Parkinson y no tomarlo si se ingieren bebidas alcohólicas- los "modernos antidepresivos" pueden provocar -entre otras- reacciones generalizadas -picor, erupción en la piel, urticaria, inflamación de los vasos sanguíneos, alergias cutáneas, dolor en las articulaciones, fiebre, indisposición, ganglios linfáticos agrandados, hinchazón de tejidos, escalofríos, sensación de calor, enrojecimiento facial, palpitaciones (síndrome serotoninérgico), sensibilidad a la luz del sol y descamación de la piel (necrolísis epidérmica tóxica o síndrome de Lyell)-, reacciones en el aparato digestivo -diarrea, náuseas, vómitos, digestión difícil, dificultad para tragar, alteración del sentido del gusto, sequedad de boca y hepatitis-, reacciones en el sistema nervioso -dolor de cabeza, sueños anormales, insomnio, mareos, anorexia, fatiga, somnolencia, sopor, euforia, espasmos musculares, inestabilidad, temblor, convulsiones, sensación de inquietud interior, acatisia (necesidad imperiosa de moverse), alucinaciones, reacciones maniacas, confusión, agitación, ansiedad, nerviosismo, dificultad para concentrarse, despersonalización, ataques de pánico y comportamientos y pensamientos suicidas- , reacciones del aparato respiratorio -faringitis, dificultad para respirar y alteraciones pulmonares-, reacciones en el aparato urogenital, trastornos del aparato reproductor -disfunciones sexuales (retraso o ausencia de la eyaculación y ausencia de orgasmos), erección prolongada y dolorosa, secreción de leche- y otras reacciones genéricas como pérdida de cabello, bostezos, vista borrosa, dilatación de las pupilas, sudores, vasodilatación, dolor en las articulaciones, dolor muscular, hipotensión al levantarse, hinchazón de los párpados, hemorragias ginecológicas, gastrointestinales y cutáneas, hiponatremia (nivel bajo de sodio en sangre)… Realmente inconcebible que tales fármacos sean legales. Bueno, pues la mayoría de los médicos -y no sólo los psiquiatras- llevan dos décadas recetando antidepresivos como el Prozac convencidos de que son "útiles y seguros". Y, hombre, aunque alguien se ofenda uno ya no tiene más remedio que preguntarse si los médicos saben al menos leer. Porque si saben es obvio que la mayoría no lo hace. Pues bien, vamos a explicar en la revista la verdad de los fármacos instituyendo una nueva sección que conciencie tanto a los profesionales como a los lectores. Porque los primeros van a tener que buscar justificaciones creíbles cuando empiecen a ser llevados por los segundos a los tribunales. Está empezando a pasar en todo el mundo. La impunidad para los médicos se ha acabado así que más vale que reaccionen rápidamente. A fin de cuentas también son víctimas de las mentiras y manipulaciones de la gran industria farmacéutica.


José Antonio Campoy