El VIH ¡no existe!


Estoy seguro de que a muchos de nuestros lectores la afirmación de que el VIH –presunto virus causante de una “enfermedad” llamada Síndrome de Inmunodeficiencia Humana o SIDA (AIDS por sus siglas en inglés)- no existe les parecerá demasiado contundente pero a estas alturas no pienso andarme con rodeos. Ya en el nº 102 de la revista publiqué un editorial en el que denuncié abiertamente el sibilino montaje que rodea a este gigantesco negocio donde casi todo el mundo ha dado por supuesto –sin la más mínima prueba- que existe un peligrosísimo y enormemente contagioso retrovirus contra el que el organismo no puede hacer prácticamente nada porque destruye inexorablemente el sistema inmune y deja al enfermo con las defensas tan bajas que hasta un simple resfriado o una gripe puede llevarle a la muerte de forma inevitable.Una convicción alentada con publicaciones y congresos “científicos” sufragados por las multinacionales farmacéuticas fabricantes de los “potentes antirretrovirales” con los que se supone se afronta con “bastante éxito” esa “enfermedad” –y que en realidad no sirven para otra cosa que para destrozar la salud de quienes los toman y llenar de dinero los bolsillos de quienes los venden- así como por los colegios de médicos, políticos y medios de comunicación acríticos que ni siquiera se molestan en exigir a quienes afirmaciones de tal magnitud y gravedad hacen a que demuestren lo que dicen. No les parece necesario. Todos ellos se acongojaron con Philadelphia, esa dramática película en la que el personaje de Antonio Banderas veía cómo su pareja homosexual -representada por Tom Hanks- pasaba a convertirse en un guiñapo deforme que terminaba muriendo de forma horrenda “por culpa del VIH”. Pura ciencia-ficción por supuesto para instalar en el inconsciente colectivo el miedo a esa “horrible” enfermedad causada por un virus letal que puede contagiar a cualquiera que no tome medidas. Y ese miedo orquestado por una campaña tan bien planteada como deleznable caló de tal forma que explicarle a alguien hoy que todo se trata de un montaje es prácticamente imposible. Y sin embargo es así. Lo hemos denunciado muchas veces. Y volvemos a hacerlo en este número con datos y argumentos y no con meras descalificaciones o insultos porque en ese terreno ya hay numerosos especialistas en el ámbito de lo considerado “científico”. Lo lamentable es que los años pasan y el negocio continúa. ¿Cuánta gente sabía por ejemplo que en el 2002 se creó el pomposamente llamado Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria –hoy sometido a investigación por “grave malversación de fondos” como explicamos en la sección de Noticias de este mismo número- y que en ese tiempo se ha gastado ya la friolera 21.700 millones de dólares (España contribuye a ese fondo con la insólita cantidad de ¡120 millones de euros!). En suma, otro gran negocio para la industria farmacéutica y algunos vividores que en realidad no sirve sanitariamente para nada porque ni los casos de malaria ni los de tuberculosis han disminuido en esos años y los del SIDA no pueden hacerlo porque esa “enfermedad” no existe más que en la imaginación de los que viven de ella. Nuestros lectores habituales recordarán que el propio Luc Montagnier confesó a esta revista en enero del 2008 –poco antes de recibir el Nobel por “descubrir el VIH”- que basta tener el sistema inmune en buenas condiciones para evitar enfermar por tan “peligrosísimo retrovirus”. Y que basta asimismo potenciar el sistema inmune –especialmente ingiriendo antioxidantes- para superar la enfermedad si uno se contagia siempre, obviamente, que el estado de salud previo sea aceptable y el organismo no esté deteriorado por causas anteriores. Un reconocimiento del presunto descubridor del VIH que desmitifica todo lo que desde hace años se ha dicho, manipulada e interesadamente, de él. Pero es que ya no se trata de que el virus no sea tan peligroso como decían y de que el SIDA que se supone provoca pueda superarse simplemente con una dieta adecuada y potenciando las defensas ni de que los test que se usan para detectar a quien se asegura sufre la enfermedad –el Elisa y el Western Blot- no tengan en realidad la más mínima fiabilidad (lea el reportaje que publicamos en este número sobre ello)… de lo que se trata es de que EL VIH NO EXISTE. Si existiera habría sido aislado, purificado y secuenciado. Y por tanto es imposible que se hayan obtenido proteínas y partículas que produzcan anticuerpos específicos; luego no puede detectarse con test alguno y de ahí que todas las personas a las que se les ha diagnosticado de seropositivas hayan sido engañadas. ¿Y entonces las “fotografías” de él que aparecen en Internet?, se preguntarán los lectores. Pues es sencillo: son micrografías de partículas celulares o sustancias procedentes de la fijación o tinción de la muestra cuando no simples dibujos, esquemas, aerografías, infografías, raytracings, recreaciones gráficas o animaciones en 3D realizadas mediante ordenador. La pura verdad es que no existe ninguna microfotografía del VIH sencillamente porque NO EXISTE. Retamos públicamente a quienes dicen investigarlo a que nos demuestren científicamente su existencia. 
 

José Antonio Campoy
Director