Las farmacéuticas son responsables de los efectos adversos de sus fármacos


Las compañías farmacéuticas son legalmente responsables de los efectos secundarios de sus medicamentos. El hecho de que estén aprobados por las correspondientes agencias reguladoras no las exime de esa responsabilidad como hasta ahora han estado alegando. ¿Y por qué aseguramos eso? Pues porque así lo ha determinado recientemente el Tribunal Supremo de Estados Unidos en una histórica sentencia que se decidió por seis votos contra tres que sin duda alguna va a terminar siendo asumida por los tribunales de las demás naciones. Lo singular es que esa decisión no ha sido fruto de una iniciativa jurídica de carácter general sino consecuencia de la demanda presentada contra la empresa Wyeth por una guitarrista estadounidense llamada Diana Levine a la que en diciembre del 2006 un jurado de Vermont (EEUU) indemnizó con siete millones de dólares (unos cinco millones y medio de euros) porque se le tuvo que amputar un brazo al habérsele inyectado de forma inapropiada Phenergan, fármaco fabricado por la farmacéutica mencionada que tomaba para evitar las náuseas que sufría. En cualquier caso las circunstancias concretas de lo acaecido con esa mujer no son -teniendo su importancia- lo fundamental. Lo es que la sentencia marca un antes y un después para las empresas farmacéuticas porque hasta ahora gozaban prácticamente de impunidad convencidas –lo mismo que muchos jueces- de que bastaba advertir de las interacciones, contraindicaciones y potenciales efectos adversos de sus fármacos en los prospectos y que las indicaciones y advertencias hubieran sido aprobadas por las agencias nacionales de cada país para que ya no tuvieran que responder legalmente de lo que les pudiese suceder a los enfermos que los consumiesen. Y eso es lo que se ha acabado con esta sentencia. Es de tal importancia que puede significar el principio del fin del negocio farmacéutico porque a partir de ahora es previsible tal cantidad de demandas en los tribunales –en los estadounidenses primero y en los demás después- que no van a tener dinero suficiente para pagar tantos abogados y hacer frente a tantas indemnizaciones. Es más, los no estadounidenses podremos optar en muchos casos por presentar las demandas contra ellas en los propios tribunales de Estados Unidos porque lo que allí determina la Corte Suprema no se discute y los jueces estarán desde hoy mucho más dispuestos a admitir y estudiar las denuncias que contra ellas se presenten. El fin pues de gran parte de los fármacos sintéticos -y por ello patentables- causantes de tantos problemas en quienes absurdamente los consumen para cualquier cosa -sin entender que el organismo los rechaza porque no pertenecen a la Naturaleza- está cercano. Mucho más cercano de lo que cabía prever hace apenas unas semanas. Así que si usted es de los que tiene acciones en esas empresas porque estaba convencido de que son una inversión segura más vale que se lo piense. En cuanto la gente sea realmente consciente de lo que esta sentencia implica las acciones de las compañías farmacéuticas van a bajar en picado. Al tiempo.


José Antonio Campoy