Majadahonda: una de las poblaciones más contaminadas electromagnéticamente del mundo


Las radiaciones electromagnéticas que generan los cables de alta tensión y las estaciones, subestaciones y centros de transformación eléctricas así como las microondas emitidas por las antenas de telefonía, radio y televisión, los teléfonos móviles, los radares y numerosos aparatos domésticos -como los ordenadores, los televisores y otros- interfieren en el funcionamiento del organismo pudiendo perjudicar gravemente la salud. Obviamente no todos en la misma proporción. Hay numerosos trabajos científicos que lo demuestran. Pueden provocar trastornos neurológicos (irritabilidad, cefalea, astenia, hipotonía, síndrome de hiperexcitabilidad, somnolencia, alteraciones sensoriales, temblores y mareos), mentales (alteraciones del humor y del carácter, depresiones y tendencias suicidas), cardiopulmonares (alteraciones de la frecuencia cardiaca, modificaciones de la tensión arterial y alteraciones vasculares periféricas), reproductivos (alteraciones del ciclo menstrual, abortos, infertilidad y disminución de la libido sexual), dermatológicos (dermatitis inespecíficas y alergias cutáneas), hormonales (alteraciones en el ritmo y niveles de la melatonina, substancias neurosecretoras y hormonas sexuales) e inmunológicos (alteraciones del sistema de inmunovigilancia antiinfecciosa y antitumoral) además de incrementar el riesgo de cáncer, especialmente leucemias agudas y tumores en el sistema nervioso central en niños. Tal es la conclusión -entre otros- del catedrático de Fisiología de la Universidad de Granada, Darío Acuña Castroviejo quien lo denunció recientemente en un valiente informe. Un simple teléfono móvil emite radiofrecuencias de baja intensidad pero puede a pesar de todo afectar al cerebro y al sistema endocrino al alterar la membrana celular y la transducción de señales fisico-químicas. De hecho su uso continuado puede provocar cáncer. Lo han denunciado ya cientos de científicos, entre ellos el profesor José Luis Bardasano, Presidente de la Fundación Europea de Bioelectromagnetismo y Ciencias de la Salud, quien asevera que la exposición a las ondas electromagnéticas están claramente relacionadas con "incrementos de patología tumoral así como con alteraciones cardiacas, neurológicas y reproductivas". Es verdad que los principales medios de comunicación no hablan de esto más que de pasada y parecen no darle importancia pero es que las empresas de electricidad y telefonía les proporcionan gran parte de sus ingresos publicitarios y no quieren perderlos. Es más, algunos no tienen pudor en promocionar en los informativos de televisión -muchos más bien publiinformativos- teléfonos móviles para niños con formas y diseños infantiles. ¿Serán conscientes de lo que están haciendo? Dicho esto debemos añadir que el impacto de las ondas electromagnéticas es acumulativo. Una antena de telefonía cerca de una vivienda es perjudicial para quienes viven en sus alrededores. Si son dos el riesgo es mayor. Y si son tres no digamos… Bueno, pues en la madrileña localidad de Majadahonda hay ¡varias decenas de antenas de telefonía y radio! en muy pocos kilómetros cuadrados a las que se unen las instaladas en el municipio de Las Rozas, prácticamente unido al primero. Y torres de alta tensión por todas partes. Y cables enterrados que siguen generando campos electromagnéticos porque no están convenientemente aislados con plomo. Y además de una subestación eléctrica tantos centros de transformación pegados a las viviendas de miles de vecinos que hasta el Ayuntamiento reconoce ignorar cuántos son. A pesar de que un trabajo israelí efectuado por Wolf y Wolf demostró que la incidencia de cáncer entre quienes viven o trabajan a menos de 350 metros de una antena de telefonía es notablemente mayor. Y de que otro estudio realizado en Alemania por Eger añade que el riesgo se multiplica por 3,29 entre quienes viven o trabajan a menos de 400 metros. ¿Cuál será entonces el efecto de decenas de antenas juntas rodeadas de cables de alta tensión y centros de transformación? Hay numerosos colegios llenos de niños en el entorno de esas antenas. ¿Cómo se permite tamaño disparate? ¿Cómo ha consentido el Alcalde de Majadahonda, Narciso de Foxá, una situación que algunos califican ya de criminal? ¿Y cómo tiene la desfachatez de decir que no sabe el número de centros de transformación y antenas de telefonía que hay en su municipio cuando es su Ayuntamiento quien debe conceder las licencias para su instalación? Lo que está ocurriendo en España en este ámbito da cada vez más asco.


José Antonio Campoy