A pesar de que está claro que el llamado Síndrome Tóxico no lo causa el aceite

Ahora dicen que quienes no enfermaron tras consumir aceite de colza tenían variantes proteínicas diferentes a los que sí enfermaron

Los lectores recordarán que más de 20.000 personas sufrieron en 1981 en España lo que vendría a denominarse Síndrome Tóxico, conjunto de síntomas -tos sin expectoración, fiebre, dolores musculares y de cabeza, condensación pulmonar e insuficiencia respiratoria- que identificaba un problema de intoxicación masiva que provocó en ellos numerosas patologías y llevó a centenares de españoles a la muerte. La ¿Justicia?, tras un prolongado y extenso juicio, dictaminaría que la causa fue una partida de aceite de colza adulterado que se vendió para consumo humano en algunos mercados. Y de esa manera se zanjó el asunto. Sólo que tal afirmación de los jueces no se ha sostenido nunca. De hecho, la posibilidad de que ese aceite fuera la causa del Síndrome Tóxico es nula. Por la sencilla razón de que muchos de quienes sufrieron aquellas pesadilla juraron –y siguen jurando- que jamás tomaron aceite de colza. Ni el “sospechoso” de causar el problema ni ningún otro. Luego es sencillamente imposible que el Síndrome Tóxico lo causara dicho aceite. Pero así se escribe la historia.
“¿Que usted no tomó el aceite de colza que la Justicia ha determinado como responsable del Síndrome Tóxico? Pues entonces usted padece otra cosa y no tiene derecho a la indemnización que va a darse a los afectados por el síndrome.  Así que usted verá: ¿acepta haber tomado el aceite y cobrar la indemnización o niega haberlo hecho y se queda sin ella buscando otra causa para su enfermedad?” ¿El lector qué hubiera hecho? ¿Enfrentarse en soledad al sistema o pasar por el aro? Pues eso…
Todo esto lo denunció valientemente un periodista español, Andreas Faber-Kaiser, en un libro impecable tituladoPacto de silencio. Como lo había denunciado antes el doctor Antonio Muro tras constatar que el síndrome lo provocó en realidad un pesticida de un conocido laboratorio alemán en una partida de tomates. Ambos murieron al poco tiempo. Andreas, denunciando en un artículo antes de morir su convicción de que había sido infectado con el sida a propósito.
Pues bien, el número de “interrogantes” que aquella sentencia abrió en el ámbito científico sigue dando que hablar. Así, un grupo de científicos del Instituto de Investigaciones Biomédicas de Barcelona (IDIBAPS) ha estado intentando resolver algunos de los enigmas planteados. Por ejemplo, el hecho de que hubiera familias donde todos sus miembros consumieron aceite de colza y enfermaran unos pero no otros (“enigma” que en realidad tiene una respuesta muy simple pero que no han contemplado: que no fue el aceite de colza el responsable). Así que según acaban de publicar en la revista Proteomics tal hecho “podría explicarlo” la presencia o no en los enfermos de algunas variantes proteínicas. A esa conclusión llegaron tras estudiar a 86 personas que reconocieron haber consumido el aceite de colza, parte de los cuales no desarrolló la enfermedad. Joaquín Abián -jefe del equipo de Espectrometría de Masas del mencionado instituto- explica que según los análisis «había proteínas que se expresaban de forma distinta en ambos grupos». Una de ellas la haptoglobina, macromolécula que se manifestaba en diferentes variantes «según si el paciente había desarrollado el síndrome o no». Según explicó, la haptoglobina se presenta en tres variedades denominadas 1f, 1s y 2. Y observaron que los intoxicados tenían la variante 1s lo que «podría ser un factor de riesgo a la hora de desarrollar el síndrome». Según Abián, el 60% de los consumidores que presentaban esta variante enfermaron; en cambio, enfermó menos del 25% de los que tenían la variante 1f . Eso sí, los científicos aclararon que su estudio es “parcial” y no supone una solución definitiva. De hecho, Emili Gelpí –director del instituto- reconoce que «sólo es una parte del complicado rompecabezas que explica las causas y los detalles de la intoxicación de aceite de colza”. Y agregó:«Todavía hay  interrogantes sin responder”.
Hasta aquí la noticia. Nosotros añadiremos que este estudio no demuestra en absoluto que el aceite de colza tuviera algo que ver con el Síndrome Tóxico. Ni la mayor presencia o no en el organismo de esas proteínas. Dicho lo cual, cabe preguntarse si esa presencia proteínica –en el caso de que realmente tenga algo que ver en este caso porque no se ha demostrado- es la que determinó la aparición o no de la enfermedad… o es el resultado de la ingesta de la intoxicación (fuera lo que fuera). Es decir, ¿quiénes consumieron el tóxico no enfermaron porque tenían esas variantes proteínicas o esas variantes aparecieron después en quienes no enfermaron?
Para nosotros el único enigma es por qué la gente acepta con tanta facilidad lo que dice la “autoridad”. Porque insistimos: no hace falta ser experto en nada para entender que si miles de los afectados del llamado Síndrome Tóxico no tomaron jamás el aceite de colza es imposible que éste fuera la causa. Aunque lo digan unos jueces que, en este caso al menos, demostraron una absoluta falta de sentido común.