Afirman que las personas obesas tienen un nivel inferior al normal de una hormona que regula el apetito

 

Investigadores del Imperial College y del Hospital Hammersmith de Londres afirman haber identificado -según explican en un artículo en New England Journal of Medicine- que las personas obesas tienen por término medio un nivel de la hormona PYY3-36 que equivale a un tercio del de las personas delgadas. Y en una prueba con voluntarios descubrieron que ingiriendo esa hormona las personas obesas sintieron menos apetito y consumieron menos calorías durante 24 horas que las personas delgadas o los voluntarios obesos que no la tomaron.
Steve Bloom, uno de los investigadores, afirma al respecto: "El descubrimiento de que las personas obesas tienen un menor nivel de esa hormona, factor importante a la hora de limitar el apetito, nos pone en el camino de un posible tratamiento para millones de obesos. Nuestras anteriores investigaciones ya habían demostrado que es posible reducir el consumo de calorías en los voluntarios delgados que tomaron PYY3-36 pero estos últimos estudios sugieren que un posible tratamiento de la obesidad, que ya es epidémica en nuestra sociedad, podría consistir en aumentar el nivel de esa hormona".
Por su parte, la doctora Rachel Batterham –también miembro del equipo- añadiría: "La PYY3-36 es una hormona que el cuerpo produce naturalmente y libera en el intestino cuando comemos para indicar al cerebro que el cuerpo ha recibido comida. La falta de la hormona que hemos observado en las personas obesas podría ser la razón de su obesidad. Vamos a seguir investigando para saber si, cambiando la dieta, aumenta el nivel de producción de la hormona".
Los investigadores hicieron un estudio con doce personas obesas y otras doce normales en una prueba a doble ciego con placebo. Tras haber pasado una noche sin comer los voluntarios fueron citados a las 8,30 de la mañana para recibir una infusión por vía intravenosa (goteo) de PYY3-36 o de un placebo… sin que los voluntarios supieran cuál de las dos soluciones se les inyectaba. A las dos horas de terminado el goteo pasaron a una sala donde podían comer todo lo que quisieran. Pues bien, dicen los investigadores que los voluntarios que recibían la hormona comían la tercera parte esos días que aquellos a los se que inyectaba el placebo.
De lo que no han informado es de si ese tratamiento tiene algún tipo de efectos secundarios.
Más información en: www.ic.ac.uk