Condenan a Johnson & Johnson a pagar 4.690 millones por la peligrosidad de su polvo de talco

La multinacional farmacéutica y de productos de higiene Johnson & Johnson ha sido condenada en Saint Louis (Missouri, EEUU) a pagar 4.690 millones de dólares por entender un jurado que el asbestos que contiene su polvo de talco causa cáncer; 4.140 millones como sanción y 550 millones para indemnizar a 22 mujeres -seis de las cuales han fallecido- que alegaban que les provocó cáncer de ovario. Obviamente la compañía lo niega y recurrirá el fallo porque se anuncian más de 5.000 demandas solo en Estados Unidos.

En 2018 un jurado de Los Ángeles (EEUU) condenó también a la compañía obligándola a indemnizar con 70 millones a otra denunciante con cáncer de ovarios –Eva Echeverria– imponiéndola además una multa de 347 millones pero el fallo fue apelado y revocado.

Pues bien, recordamos al igual que hicimos entonces al dar la noticia que la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC por sus siglas en inglés) -organismo perteneciente a la Organización Mundial de la Salud (OMS)– clasifica el talco como «posible cancerígeno para humanos» (riesgo IIB) y advierte de que su intoxicación  puede producirse por  inhalación, ingesta o vía intravenosa al inyectarse heroína. De hecho el talco se utiliza para pulir arroz, como aditivo coadyuvante en la obtención de aceite de oliva y orujo y como excipiente en muchos medicamentos pudiendo dar lugar su ingesta a cáncer de estómago.

Por otra parte una exposición aguda al talco puede hacer que al inhalarse aparezcan problemas respiratorios e irritación de la tráquea y en caso de exposición crónica dolor torácico, insuficiencia respiratoria y sibilancias. En cuanto al contacto directo con la piel puede producir sequedad, irritación, ampollas y amoratar labios, uñas y piel. Está asimismo constatado que el polvo de talco puede provocar diarrea, vómitos, somnolencia, fiebre, hipotensión, desmayos, convulsiones, disfunciones en la vejiga y los riñones, apatía y tics en los músculos faciales y las extremidades.

Las empresas de higiene alegan que ello se debía a la presencia natural en él de amianto -mineral demostradamente cancerígeno- pero que desde hace tiempo ya no se encuentra en sus productos.