Cuantas más vacunas, mayor es la mortalidad infantil

Las naciones que requieren un mayor número de dosis de vacunas para sus bebés tienden a tener una mayor tasa de mortalidad infantil”. Tal es la conclusión a la que han llegado los autores del estudio Se afirma que las vacunas salvan las vidas de los bebés, pero ¿es verdad? de Neil Z Miller y Gary S Goldman publicado en Journal of Human & Experimental Toxicology.
En ese trabajo los autores compararon las tasas de vacunación de los países con las tasas de mortalidad infantil (TMI) para confirmar si realmente existe relación entre el número de vacunas y las tasas de mortalidad entre los recién nacidos y los resultados no dejan lugar a dudas: cuántas más vacunas se ponen más bebés mueren.
Las conclusiones se extrajeron a partir de las tasas de mortalidad infantil de los 34 países más desarrollados del mundo -en términos de muertes por cada mil niños- durante el primer año de vida. Una vez excluidas cuatro naciones -Andorra, Liechtenstein, Mónaco y San Marino- por ser muy pequeñas y poder haber alterado el resultado global se analizaron los calendarios de vacunación para el primer año de vida en los 30 países restantes con cifras que oscilan entre las 12 dosis de Suecia, Japón, Islandia, Noruega y Dinamarca hasta las 26 de Estados Unidos. Después los países se organizaron en cinco grupos según las dosis (entre paréntesis las dosis):
Grupo 1: Suecia (12), Japón (12), Islandia (12), Noruega (12), Dinamarca (12) y Finlandia (13).
Grupo 2: Malta (15), Eslovenia (15), Corea del Sur (15), Singapur (17) y Nueva Zelanda (17).
Grupo 3: Alemania (18), Suiza (18), Israel (18), Italia (18), Francia (19), República Checa (19), Bélgica (19) y Reino Unido (19).
Grupo 4: España (20), Portugal (21), Luxemburgo (22), Cuba (22), Austria (23), Irlanda (23) y Grecia (23).
Grupo 5: Países Bajos (24), Canadá (24), Australia (24) y Estados Unidos (26).
Luego, una vez agrupados, el número de dosis de cada país se relacionó con la tasa de mortalidad infantil. Pues bien, los datos son claros y existen muy pocas posibilidades estadísticas -del 0,0009%- de que los resultados sean una casualidad. Y demuestran que cuantas más vacunas se ponen mayor es la tasa de mortalidad entre los niños menores de un año. La lista la encabeza Estados Unidos con una tasa de mortalidad infantil (TMI) de 6’22 y 26 dosis vacunales seguida de Cuba con 5’82 de TMI y 22 dosis anuales.
El calendario de vacunación infantil en Estados Unidos–se dice en las Conclusiones- exige 26 dosis de vacunas para los niños menores de 1 año, la mayor en el mundo, y sin embargo 33 países tienen mejores tasas de mortalidad infantil”.
Por el contrario, los países con menores tasas de mortalidad infantil en el primer año son los que menos dosis vacunales anuales exigen: Japón con 2’79 de TMI y 12 dosis y Suecia con 2’75 de TMI y 12 dosis. España, con 20 dosis y una tasa de mortalidad de 4’21, ocupa el puesto decimotercero entre los 30 países más desarrollados.
Los autores señalan que los requisitos más importantes para la salud de los bebés son en realidad "agua potable, nutrición adecuada, buenos servicios de saneamiento y un mejor acceso a la atención de la salud". Ante lo cual resulta incomprensible que países subdesarrollados pongan más empeño y dinero en las vacunas que en mejorar esos aspectosl. Gambia por ejemplo, con una cobertura entre la población del 91-97% y 22 dosis al año, tiene una tasa de mortalidad infantil de 68,8.
Los autores recuerdan además los daños que pueden causar las vacunas: “De los 34 países que han cruzado el umbral de desarrollo socioeconómico y son capaces de proporcionar las necesidades básicas para la supervivencia infantil -agua limpia, nutrición, niveles adecuados de saneamiento y atención a la salud- algunos exigen a sus lactantes ponerse un número relativamente elevado de dosis vacunales y a pesar de ello tienen tasas de mortalidad infantil relativamente altas. Esas naciones deberían prestar más atención a las tablas de mortalidad de sus bebés para determinar si algunas muertes están posiblemente relacionadas con las vacunas aunque se las reclasifique bajo otras causas. Porque a pesar de que el aumento de la mortalidad infantil parece asociarse a las vacunas los médicos que certifican esas muertes tienden a clasificar erróneamente la causa como neumonía”.
En el estudio no se han tenido en cuenta la composición de las distintas vacunas, las tasas nacionales de cobertura de vacunación, las variaciones en las tasas de mortalidad infantil entre las minorías raciales, los nacimientos prematuros o las diferencias en cómo algunas naciones informan de los nacimientos o muertes pero a pesar de ello sus conclusiones son contundentes: “Estos hallazgos demuestran una relación: las naciones que requieren de más dosis de vacunas tienden a tener una tasa mayor de mortalidad infantil. Los esfuerzos para reducir la relativamente alta tasa de mortalidad infantil de Estados Unidos no han servido. Encontrar formas de reducir el parto prematuro debería ser pues una prioridad alta. Sin embargo la prevención de los nacimientos prematuros es sólo una solución parcial para reducir las muertes infantiles. Es esencial una inspección más cercana de las correlaciones -toxicidad bioquímica o sinérgica- entre las dosis de vacunas y las tasas de mortalidad infantil. Todos los países -ricos y pobres- desarrollados y en desarrollo- tienen la obligación de determinar si sus programas de vacunación están logrando los objetivos deseados”.
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