Cuba: veneno de alacrán para el cáncer

 

El biólogo cubano Misael Bordier asegura que el veneno de los alacranes da buen resultado en el tratamiento del cáncer, afirmación sobre la que las autoridades de salud de su país no se pronuncian. Bordier, que efectuó inicialmente sus experimentos en ratas y perros con tumores cancerosos, afirma que el 85% de las ratas sobrevivió.
Pues bien, aquel hecho llegaría a oídos de los padres de Niurys Monzón, una niña de entonces 15 años -hoy tiene 28- a la que a los 11 se le había diagnosticado cáncer de páncreas y que, tras 3 operaciones, 2 años de quimioterapia y varias sesiones de radiación los médicos habían desahuciado. Nada debe extrañar, pues, que su padre, José Felipe Monzón, decidiera que su hija probara el producto de Bordier. Empezaría así a tomar Escozul –nombre del preparado- y se curó.
Ella y su padre cuentan que quedaron tan agradecidos que comenzaron a criar alacranes -hoy tienen tres mil- y, guiados por Bordier, empezaron a distribuir el veneno gratuitamente desde su casa. Y así, aún hoy distribuyen dos veces a la semana cientos de botellas con una poción hecha de agua destilada mezclada con unas gotas de veneno de alacrán azul. El problema es que no tienen suficientes alacranes para atender la creciente demanda. Según Bordier, en poco más de una década han utilizado el Escozul para combatir el cáncer más de 60.000 cubanos.
Tanto Bordier como los Monzón reconocen que no han reunido datos con rigor científico pero afirman que un 80% de los pacientes muestra una marcada mejoría en su calidad de vida prolongándose la misma notablemente respecto a las expectativas que habían recibido, si bien sólo entre un 25 y un 30% han visto desaparecer totalmente los tumores.
El Instituto Oncológico de Cuba se limita a comentar que se requiere mayor investigación científica para determinar si el Escozul funciona. Lo curioso es que el laboratorio más grande de Cuba, Labiofam, está ya experimentando con el veneno de escorpiones.