Curan el cáncer de piel con células clonadas del propio enfermo

 

Un equipo de científicos estadounidenses del Fred Hutchinson Center y de la Universidad de Washington -el trabajo se ha publicado The New England Journal of Medicine– ha logrado curar un melanoma utilizando linfocitos CD4 clonados de un varón de 52 años a pesar de que ya tenía metástasis y estaban afectados el pulmón y los nódulos linfáticos.
Los linfocitos o glóbulos blancos son las células que se encargan de la función inmunitaria del organismo y se desarrollan a partir de progenitores linfoides inmaduros. Cuando maduran en la médula ósea se les llama linfocitos B y cuando lo hacen en el timo linfocitos T. Los primeros se especializan en la producción de anticuerpos mientras los segundos son responsables de las respuestas mediadas por células así como de funciones de cooperación para que se desarrollen todas las formas de respuestas inmunes. Pues bien, las distintas subpoblaciones de linfocitos -existen más de 130- se diferencian por sus antígenos de diferenciación y se designan como CD por el acrónimo en inglés de la expresión Cluster of Differentiation (el término clúster hace referencia al grupo de anticuerpos monoclonales que los detectan). Bueno, pues los dos principales tipos de células T son las T4 o CD4 –que son las que dirigen el ataque ante una infección- y las T8 o CD8 –que son las células "supresoras", las que finalizan una respuesta inmunológica aunque también pueden ser "asesinas" y destruir tanto las células cancerosas como las infectadas por virus. En cuanto a los linfocitos CD4 –usados en este caso- hay que decir que sólo suele haber en la sangre periférica un 2% del total circulante mientras el resto se localiza fundamentalmente en los órganos linfoides: médula ósea, timo, ganglios linfáticos, tejido linfoide de las mucosas, bazo, etc.
El caso es que los investigadores estadounidenses extrajeron sangre al paciente, aislaron in vitro algunos de sus linfocitos CD4, los estimularon con fragmentos de ADN del antígeno NY-ESO-1 que suele encontrarse en la membrana de las células tumorales de los enfermos de cáncer, clonaron luego esas células hasta lograr 5.000 millones de copias y se las inyectaron al paciente. Dos meses después los tumores habían desaparecido por completo. Y no han vuelto a aparecer a pesar de que han trascurrido ya dos años.
Una vez más se demuestra que el mejor tratamiento para el cáncer es estimular las defensas del propio organismo. Aunque en esta ocasión haya sido con la ayuda de los nuevos conocimientos de la Genética.