Dicen que se suicidó pero la familia lo niega


Hallan muerto al Dr. Jeff Bradstreet, uno de los médicos que más luchó contra la  política de vacunaciones masivas

El pasado 19 de junio el conocido doctor estadounidense James Jeffrey Bradstreet -uno de los médicos que más ha luchado contra la actual política de vacunaciones masivas- fue  encontrado muerto en un río del condado de Rutherford (Carolina del Norte, EEUU) con un tiro en el pecho. La policía y las autoridades, nada más encontrarle y sin apenas investigar, manifestaron que probablemente se trató de "un suicidio", tesis que inmediatamente recogieron de forma acrítica los grandes medios de comunicación a pesar de que su familia rechazó de forma rotunda tal posibilidad. De hecho, ¿quién se suicida -y más siendo médico- de un tiro en el pecho en lugar de en la cabeza? La situación era pues sospechosa "per se" pero aún más sabiendo que funcionarios de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) registraron unos días antes su consulta sin que se hayan dado las razones de esa "investigación". Además Jeff Bradstreet -que vivía en Braselton y ejercía en Buford, condados ambos del estado de Georgia- no  solo era cristiano sino que fue predicador. El suicidio pues no cuadraba con su forma de pensar y además no había nada que justificara una acción de ese tipo.

Y por si el asunto no fuera ya mosqueante resulta que otros dos médicos defensores de las terapias naturales murieron igualmente en esos días. Son los casos del doctor  Bruce Hedendal al que se encontró muerto en su coche sin que se haya dado aun explicación alguna  y de la doctora Teresa Sievers, asesinada por un desconocido en un barrio de lujo con un bajísimo índice de delincuencia. ¿Casualidades?

El caso es  que Bradstreet tenía un hijo sano que tras ser vacunado a los 15 meses desarrolló autismo; y como médico experto,  tras investigar a fondo, no le cupo duda alguna de que la causa había sido la vacuna; en especial debido al mercurio que contienen. Por eso a partir de entonces se dedicó a alertar de tal posibilidad y a buscar cómo ayudar a los afectados. Y no fue una  investigación superficial: apareció publicada en Journal of American Physicians and Surgeons pero -¡oh, casualidad!- hoy no está indexada en PubMed.

Añadiremos que el Dr. Bradstreet llevaba unos años tratando a niños autistas con una sustancia natural que también intenta desprestigiarse: la  GcMAF. Llegando a publicar en 2012 en Autism Insights el artículo Observaciones iniciales sobre la elevada actividad de la alfa -N- acetilgalactosaminidasa en autistas y las reducciones observadas inyectando la proteína activadora de macrófagos Gc. Y es que Bradstreet había estudiado a fondo los trabajos del investigador japonés Nobuto Yamamoto según el cual en las enfermedades graves el organismo no produce suficiente cantidad de las proteínas Gc que se encargan de la producción de macrófagos debido a su desglicosilación por la enzima alfa-N-acetilgalactosaminidasa o nagalasa. Lo explicamos en detalle en un artículo que sobre el tema publicamos en este mismo número e invitamos a leer por su importancia a los lectores.

Terminamos dando nuestro más sentido pésame a la familia que además de la pérdida de su ser querido tendrá que ver ahora cómo se calumnia su memoria.