El cáncer es ya la segunda causa de muerte en España

 

Una de cada cuatro muertes en España se debió en 1996 al cáncer. Y es que desde 1950 hasta 1995 la mortalidad por esta causa se ha cuadriplicado en nuestro país aumentando especialmente su incidencia entre los hombres. Los tumores que más padecen los españoles son el de pulmón, el carcinoma colorrectal y el cáncer de mama. Los datos son de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC).
Por cierto, esta asociación estima que en el 2000 murieron de cáncer en el mundo diez millones de personas, cifra que prevén llegue a los veinte millones antes del 2020. A pesar de lo cual, los oncólogos y la industria farmacéutica pretenden hacer creer a la sociedad que se ha avanzado mucho en el tratamiento de esa enfermedad. ¿En qué, si proporcionalmente muere el mismo número de gente ahora que hace 50 años? Pues, por ejemplo –dicen-, en la mejora de la calidad de vida de los enfermos. Una broma macabra teniendo en cuenta que a estos se les somete hoy a agresivos tratamientos de quimioterapia y radioterapia que causan brutales efectos secundarios. Y en “cubrir mejor –añaden- las necesidades físicas, sociales y psicológicas tanto del enfermo como de sus familiares”. Vamos, en convencerles de  que deben aceptar como buenos chicos todo lo que se les viene encima “porque no hay alternativas científicas serias“. Una mentira más.
Según Europa Press, se estima que uno de cada tres europeos padecerá cáncer en algún momento de su vida de los que más de la mitad fallecerá a consecuencia de ello. En España la enfermedad ha alcanzado ya a 300 de cada 100.000 habitantes y en comunidades como Cataluña y Cantabria se sitúa ya en el primer lugar entre las causas de mortalidad.
La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), por su parte, “advierte” a los internautas de que dos tercios de las páginas web dedicadas a ayudar a los enfermos de cáncer contiene información “poco interesante cuando no falsa o peligrosa” y recomienda precaución ante ciertas informaciones. Claro que la OCU se ha alineado con la explicación oficial del cáncer y defiende los tratamientos más ortodoxos sin preguntarse la realidad que ocultan y su auténtica eficacia. ¡Qué diferencia entre la ecuanimidad y rigor que adornaba a esta organización en sus inicios y su postura actual en todos los ámbitos. Es obvio que también se ha sometido al sistema.