El déficit de serotonina en el cerebro es muy perjudicial 

La serotonina es un neurotransmisor que permite el intercambio de información entre las neuronas y se sabe que nuestro comportamiento está en buena medida condicionado por la cantidad que de esa sustancia hay en el cerebro pues de ello depende el estado de ánimo, el equilibrio emocional, el nivel de ansiedad, la facilidad o no para dormir y hasta la conducta sexual. De hecho de la serotonina dependen también la función cognitiva, la percepción sensorial, la actividad motora, la regulación de la temperatura, el apetito y la secreción de hormonas. Sin olvidar que interviene como reguladora de la función del músculo liso en los aparatos cardiovascular y digestivo así como en la regulación de la función plaquetaria. Y se sabe que cuando los niveles son bajos aumenta la agresividad y la impulsividad y se puede padecer ansiedad, depresión, dificultad para concentrarse, pérdida de memoria, insomnio e inapetencia sexual.
La serotonina es generada por el cuerpo pero para ello precisa triptófano, un aminoácido que el organismo no sintetiza y debe obtener con la comida -está presente, entre otros alimentos, en los plátanos, los higos, los dátiles, el pan integral, el pollo, el pavo oel chocolate- o bien ingiriendo suplementos. Y es habitual que una dieta inadecuada lleve a tener carencias. Es más, los niveles de serotonina empiezan a descender en cuanto se llevan 7 horas sin proporcionar triptófano al cuerpo (lo que explica, entre otras cosas, que haya personas que cuando llevan horas sin comer se muestren mucho más agresivas de lo habitual). Cabe agregar que la producción de serotonina es favorecida por el ejercicio físico, las tomas de sol y la vida al aire libre además de los hidratos de carbono no refinados, especialmente las frutas.
Bueno, pues una nueva investigación efectuada esta vez por científicos de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) recién publicada pretende demostrar ahora que el déficit de serotonina propicia en las personas que lo sufren el rechazo de las proposiciones injustas aunque ello les suponga perder algunas ventajas. Y con todos los respetos, nos parece una conclusión gratuita. Una persona alterada, impulsiva, ansiosa y agresiva no reacciona con mayor ética que una sosegada y relajada.