El nerviosismo cunde entre los oncólogos ante el descubrimiento de Antonio Brú

 

La Asociación Española contra el Cáncer (AECC) y la Sociedad Española de Oncología Médica han reaccionado con tal nerviosismo ante el descubrimiento de Antonio Brú que la lectura del comunicado conjunto que emitieron el pasado 25 de Junio resulta sencillamente patético. Ambas entidades explican en el primer párrafo del mismo que “el anuncio de curación de cáncer en un sólo paciente no pasa de ser un mero caso anecdótico sin validez científica” agregando que los resultados obtenidos “pueden deberse al azar” o a un caso de “remisión espontánea”. Sólo que la posibilidad de que la recuperación del paciente al que se administró ese producto se trate de un caso de remisión espontánea es matemáticamente insostenible. Es más, también se trató con éxito a un paciente con melanoma grado IV, como dimos a conocer en la revista del pasado número. ¿Otro caso de remisión espontánea? ¿Cómo es que le tocan todos a Brú? Es más, ¿quieren decirnos los representantes de ambas entidades cuántos casos de “remisión espontánea” están recogidos entre los ensayos científicamente aceptados como válidos? Ya está bien de demagogia.
A continuación el comunicado insinúa que Antonio Brú no está capacitado para una investigación oncológica porque no es médico y ésta “debe realizarse por personal médico especializado y altamente cualificado”. El comunicado oculta, sin embargo, que Brú es sólo la cabeza visible de un equipo médico integrado por varias personas de indudable solvencia. Por otra parte, ¿qué quiere decir con “altamente cualificado”? ¿Alguien a quien se le ha sometido al lavado de cerebro establecido por la industria? Porque no conocemos a ningún oncólogo español cuya aportación científica haya permitido avanzar en la curación del cáncer o cuyo descubrimiento haya dado lugar a la curación de un sólo enfermo. Incluido Mariano Barbacid -director del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO)– y su equipo cuyas aportaciones en la curación del cáncer han sido hasta la fecha absolutamente nulas a pesar de los millones de euros que llevan gastados. ¿En qué?
Agrega también el comunicado que el producto utilizado por Antonio Brú –el G-CSF (Factor estimulante de las Colonias de Granulocitos)- “se ha empleado en cientos de miles de pacientes de cáncer (para tratar la toxicidad medular que provocan algunas quimioterapias) y no tiene ninguna eficacia antitumoral”. Una verdad… a medias. O, lo que es lo mismo, una mentira intolerable. Porque no hay constancia de que ese producto se haya dadojamás a un paciente a las altas dosis y durante el largo tiempo que Antonio Brú propone. Luego ambas entidades carecen de información sobre los efectos que ello puede provocar y, por tanto, mienten . Como mienten –a sabiendas- quienes hacen estudios usando vitaminas en bajas dosis para así demostrar que no son eficaces cuando la verdad es que usadas en dosis terapéuticas –a dosis mucho mayores- sí son útiles.
También afirman en el comunicado que “la calidad científica de un estudio en Medicina (…) se mide por la calidad de la revista donde ha sido publicado” agregando que en el caso de Brú la publicación en la que éste ha dado a conocer su trabajo “tiene un escaso interés científico (no tiene ‘Factor Impacto’)” y “escasa difusión” como demuestra que “ni siquiera está referenciada en PUBMED (buscador electrónico de publicaciones científicas biomédicas)”. Otra mentira intolerable. Aparecer en una revista de “prestigio” lo que proporciona y garantiza es una mayor difusión, no que el trabajo sea de “alta calidad científica”. La cantidad de estupideces y chorradas que han aparecido en los últimos años en casi todas ellas lo demuestra. De hecho, las críticas contra los “criterios editoriales” de las mismas han sido en los últimos años muy duras habiendo arreciado últimamente. Entre otras cosas porque para subsistir dependen de la publicidad de las grandes multinacionales y por eso son tan “comprensivas” con ellas. Invitamos al lector a leer el artículo que en este mismo número publicamos sobre la corrompida industria farmacéutica y cómo controlan lo que se publica –y lo que no se publica- en muchas de esas “prestigiosas” revistas supuestamente “independientes”. Como le invitamos a leer otros que sobre este mismo tema ya hemos dado a conocer y que están a su disposición en nuestra web: www.dsalud.com
En cuanto a la afirmación hecha por Alfredo Carrato –nuevo presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica- de que la vía del “uso compasivo” no debe autorizarse en este caso porque se reserva para “cuando existe experiencia contrastada de que el fármaco es eficaz en esa indicación” roza ya lo grotesco y demuestra una ignorancia impropia de su cargo. La vía del “uso compasivo” se abrió precisamente para poder probar en casos terminales productos que no han demostrado todavía su eficacia.
Terminamos. Lo que la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) y la Sociedad Española de Oncología Médica deberían hacer es explicar a los españoles cómo es posible afirmar que los tratamientos convencionales que ofrecen curen el cáncer cuando no existe un solo producto quimioterápico en el mundo que haya demostrado en ensayo clínico fase IV curar el cáncer.NI UNO. Alguna persona ingenua o bienintencionada pensará que entonces lo logran con una combinación de productos pero eso no ha sido jamás demostrado en ningún ensayo clínico.
A ver, que saquen un comunicado explicándose.