El sinsentido de buscar el origen de todas las enfermedades en los genes

 

Quienes nos siguen desde el nacimiento de esta revista saben que hemos criticado dura y ampliamente la costumbre de muchos profesionales de la salud de achacar “a causas genéticas” toda dolencia cuya etiología –es decir, la causa- desconocen. Los genes se han convertido en los últimos años en el perfecto cajón de sastre sobre el que descargar –y, sobre todo, disimular- la ignorancia. Por eso nos ha sorprendido gratamente el texto que la periodista Ángela Boto publicó en Abril pasado en el diario El Mundo. Un artículo que comienza así: “Los factores genéticos responsables del desarrollo de una enfermedad parecen haberse convertido en el grial de la investigación científica pero los biocientíficos podrían estar dejando de lado aspectos fundamentales para resolver las incógnitas de la salud y la enfermedad. Cada vez existen evidencias más claras de que no todo se encuentra en los genes. La contribución del entorno, entendido en su más amplio sentido como el medio y las condiciones de vida, no siempre se tiene en cuenta a la hora de valorar los elementos que favorecen la aparición de una patología. Aunque aquellos que están más cerca del enfermo lo consideran fundamental. Y continúa diciendo: “El último revés a los adeptos al genocentrismo viene con los resultados de un trabajo publicado en el último número de ‘Science’que invalida los estudios que relacionaban el desarrollo de la esquizofrenia, una grave enfermedad psiquiátrica, con defectos en el cromosoma 1. Un equipo internacional rastreó las alteraciones de ese fragmento de ADN en más de 1.900 individuos que padecían esta patología y sus familias. Sus conclusiones son muy claras: ‘Con el número de individuos que hemos examinado habríamos detectado el defecto genético que causa la esquizofrenia. Si existe, su contribución a la aparición de la enfermedad debe de ser mínima’”. Instructivo, ¿no?
Ángela Boto comenta luego que “coincidiendo con la publicación de este estudio, la misma revista ofrece el punto de vista de algunos científicos que no están de acuerdo con la enorme relevancia que está cobrando la genómica y sus -ómicas derivadas (proteómica). Estos expertos proponen un futuro para la investigación que contemple todas las disciplinas disponibles. El objetivo debe de ser obtener una visión del ser humano lo más completa posible para comprender y prevenir el paso entre la salud y la enfermedad.“
El artículo comenta luego cómo los presuntos factores cancerígenos del cáncer son eso, presuntos, ya que diversos estudios apuntan que “el riesgo de heredar ciertos tipos de cáncer es sólo de un 30%” y que “la mayoría de los tumores son debidos al entorno”.
En suma, como hemos explicado tantas veces, que los factores genéticos predisponen pero no determinan. Influye mucho más el entorno, la alimentación, los hábitos de vida y el estado psíquico y emocional.
Baste el reconocimiento que hace al respecto Richard Strohman, biólogo molecular de la Universidad de California: ”Existe una intensa actividad de investigación sobre el genoma y el proteoma pero todavía tenemos un gran desconocimiento sobre cómo las condiciones de vida interactúan con la carga genética para que se desarrolle una patología”.
En suma, y como bien expresa Ángela Boto, “considerar que la evolución del organismo humano está exclusivamente determinada por la información descrita en el ADN es una aproximación muy reduccionista y conlleva el riesgo de disminuir las posibilidades de desarrollar modos de intervención que tienen un gran impacto en la prevención”.