El Tribunal Supremo rechaza derogar el decreto sobre los límites de emisión de la telefonía móvil 

 

El Tribunal Supremo -mediante sentencia dictada el 19 de abril pasado- ha rechazado el recurso contencioso administrativo que la Asociación de Estudios Geobiológicos (GEA) presentó en noviembre del 2001 en el que se pedía la nulidad de parte del Real Decreto en el que se fijan las condiciones de funcionamiento y los límites de emisión de las instalaciones de telefonía móvil. GEA argumentó en su recurso que el decreto no respetaba el Principio de Precaución y que los límites fijados en la actualidad son dañinos para la salud. Lo mismo que a día de hoy sostienen muchos otros colectivos e investigadores independientes ante el aluvión de casos de afectados por dolencias graves –entre ellas el cáncer y diversas patologías cardiovasculares- que en distintas zonas del país surgen cada día.
En respuesta a esta decisión GEA presentó el pasado 7 de junio recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional y según sus representantes están dispuestos a llegar hasta el Tribunal de Estrasburgo y ante el Comité de Justicia de Naciones Unidas en Ginebra. “El Tribunal Supremo –nos diría Teresa Huidobro, abogada de GEA- se empeña en demostrar en su sentencia que no hay violación de normas cuando no se trata de eso. Ya sabemos que no se violan las normas. Lo que se pide, sencillamente, es que por el bien de la salud de los ciudadanos se consideren inadecuadas las ya existentes”.
El Tribunal Supremo basa su resolución en que la normativa española respalda el Principio de Precaución porque se ajusta a la normativa internacional –que es precisamente la que distintos investigadores de todo el mundo discuten-, las resoluciones de la OMS –bajo sospecha de muchos investigadores de alinearse con los intereses de las compañías de telecomunicación- y distintos estudios nacionales e internacionales –ignorando sin embargo otros muchos que afirman lo contrario-. La sentencia es peligrosa porque puede alegarse para que se instalen otras treinta mil antenas en los tejados de nuestras casas.
A los responsables de esta sentencia parece importarles poco que exista cerca de un millar de estudios científicos que aportan pruebas o indicios de los impactos negativos que los campos electromagnéticos provocan en la salud, muchos de los cuales han sido citados en números anteriores de esta revista (puede verlos en nuestra web: www.dsalud.com). Como tampoco parece importarles que los límites máximos autorizados en Suiza o Rusia –países que de esto también saben- sean de 10 µVatios/cm², ni que la propuesta de Salzburgo cifre el umbral a partir del cual se producen daños para la salud en 0’1 µVatios/cm², ni que distintos ayuntamientos y comunidades autónomas, ante las evidencias recogidas, estén reduciendo los límites. Porque en España se admiten ¡hasta 400 µVatios/cm²! ¡Cuatro mil veces más! ¡Un auténtico disparate!
Y eso que la Agencia de Evaluación de Tecnología e Investigación Médica ya reconoció en un congreso de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria que el Principio de Precaución debería aplicarse a la utilización de los móviles precisamente porque está claro que existe sobre el tema una notable divergencia científica a nivel internacional. Principio de Precaución que señala que “cuando una actividad representa una amenaza o un daño para la salud humana o el medio ambiente hay que tomar medidas de precaución incluso cuando la relación causa-efecto no haya podido demostrarse científicamente de forma concluyente”. Emilia Sánchez, miembro de la citada agencia, explica por eso en un artículo titulado El principio de precaución y la salud pública lo siguiente: “Esta declaración implica actuar aún en presencia de incertidumbre (y qué mayor incertidumbre que la creada por la aparición constante de enfermos y estudios negativos), derivar la responsabilidad y la seguridad a quienes crean el riesgo (las compañías se frotan las manos gracias a esta sentencia del Supremo), analizar las alternativas posibles y utilizar métodos participativos para la toma de decisiones (a pesar de lo cual los vecinos son sistemáticamente ignorados)”.
En suma, en el caso de la telefonía móvil la responsabilidad y seguridad sigue sin trasladarse a las operadoras. Nunca se las ha exigido demostrar la inocuidad de las radiaciones electromagnéticas, incluidos estudios epidemiológicos adecuados. Y recordamos de nuevo lo que afirma Emilia Sánchez: “Puede decirse que con el conocimiento actual no hay evidencia científica de que la exposición a la radiofrecuencia de la telefonía móvil cause problemas de salud pero tampoco hay información suficiente para asegurar que no representa un riesgo. Es decir, la ausencia de evidencia no significa ausencia de riesgo”.
Y eso debería haberle bastado al Supremo. Al menos no debería haber ignorado que lo que es válido hoy se puede revelar como desastroso dentro de diez años. Y en temas como éste -o como en el de los “nuevos” tratamientos oncológicos- la Justicia debería estirarse bien la toga antes de fallar contra nadie o contra quien defiende posturas alejadas de las oficiales. Decir que no hay evidencias científicas de los daños de las radiaciones de las antenas es faltar a la verdad. No habrá las que convengan a algunos pero haberlas, haylas. Baste citar algunas de las más recientes:
-El informe REFLEX de la Unión Europea (2004). Estudio financiado por la Unión Europea, Suiza y Finlandia. Doce laboratorios experimentaron a doble ciego sobre el ADN de células humanas y animales expuestas a ELF (50 Hz) y a las radiofrecuencias de la telefonía móvil (1800 MHz- pulsadas o no en 217 Hz). Para la telefonía móvil las dosis utilizadas de energía (TAS) fueron de 0´3 a 1 W/Kg, inferiores pues al umbral de 2W /kg recomendado por la Comisión Internacional para la Protección contra las Radiaciones No Ionizantes. Bueno, pues quedó claro que los campos electromagnéticos generados por los teléfonos móviles provocan rupturas del ADN y aumentan las aberraciones cromosómicas en determinadas condiciones de energía y de duración de exposición.
-Estudio de Hardell y colaboradores(2003). En este estudio sueco realizado con 1.617 pacientes se evidenció un aumento significativo del riesgo de astrocitoma en los usuarios de teléfono analógico, digital y sin hilo ( Further aspects on cellular and cordless telephone and brain tumour. It. J. Oncology. 2003.22:399-407).
-Estudio de Lonn y colaboradores (2004). Estudio sueco hecho con 752 personas que informó del aumento del riesgo de tumor del nervio acústico (3´9 veces más) del lado de la cabeza donde se coloca el móvil y utilizando el teléfono un tiempo superior a 10 años (Mobile phone use and the risk of acoustic neuroma. Eepidemiology. 2004.15:653-659).
Estudio de J. Schüz y colaboradores (2006). Estudio alemán que subraya el aumento de gliomas (2´2 veces más) en los que sólo utilizan teléfonos portátiles después de 10 años de uso. (Cellular phones, cordless phones, and the risks of glioma and meningioma. Am. J. Epidemiol. 2006.Online ISSN 1476-6256)
-Estudio de Hardell y colaboradores(2006). Estudio de síntesis que muestra un aumento significativo del riesgo de tumor del nervio acústico para los usuarios de teléfonos celulares y sin hilo que los han utilizado durante más de 10 años. (Pooled analysis of two case-control studies on the use of cellular and cordless telephone and the risk for malignant brain tumours diagnosed in 1997-2003.Int. Arch.Occup.Environ. Health. 2006- PubMed. PMID/16541280)
Y sólo son una mínima muestra. Es más, el Tribunal Supremo lo hubiera tenido tan fácil como leer el trabajo póstumo del investigador francés recientemente fallecido Roger Santini, doctor en Ciencias y miembro emérito de la Bioelectromagnetics Society (Estados Unidos) titulado Argumentos científicos que justifican la aplicación del Principio de Precaución en contra de la Telefonía Móvil de abril de este mismo año. Porque en él repasa el papel de las antenas repetidoras de telefonía móvil y los riesgos de cáncer llegando a afirmar: “Diversas observaciones recientes manifiestan un lazo de unión entre la exposición de los habitantes próximos a antenas repetidoras de telefonía móvil y el aumento del riesgo de cánceres”. Afirmación que respalda citando numerosos estudios. Entre ellos:
-Una encuesta hecha en Saint Cyr l´Ecole (Francia) que dio lugar a un informe del Institut de Veille Sanitaire (IVS) en octubre del 2004 (Investigation du signalement d´un agrégat de pathologies diverses à Saint Cyr l´ Ecole –Département des Yvelines (78) – 2004. 67 pages. Pues bien, según ese informe “el número total de casos de cáncer infantil detectados es dos veces superior al de casos esperados”. Y también: “Se observa una proporción mayor de tumores del sistema nervioso central que en las poblaciones de referencia, con un SIR del orden de 4”.
-Una investigación realizada en Israel entre personas que vivían cerca de antenas repetidoras de telefonía detectó un número 9´3 veces más alto de casos de cáncer para una exposición máxima a radiofrecuencias de 10 V/m. (27 mW/cm2) (S. Aburuken et coll. A cancer cluster in Usfie (Israel).Preliminary notice. Janvier 2005).
-En la ciudad alemana de Naila se realizó un estudio con más de 900 personas de las que 302 vivían a menos de 400 metros de las antenas repetidoras. Pues bien, el número de cánceres entre ellos era el doble en comparación con el grupo de personas más alejadas (Electrosmog- Revue Raum et Zeit.2004. 132: 30-33).
-Otra investigación hecha en la ciudad israelí de Netanya -aparecida en el 2004 con el título D. Wolf et coll. Increased incidence of cancer near a cellphone transmitter station enInt. J, Cancer. Prevencion-evidenció que el riesgo de cáncer entre los vecinos que vivían a menos de 350 metros. de las antenas repetidoras de telefonía móvil era 4´5 veces superior al resto.
La verdad, es una lástima que en España la Justicia, además de ciega, empiece a ser sorda.