El vino no es la principal fuente de polifenoles

 

Hace apenas un mes los medios de comunicación “ilustraban” a todo el mundo –como cada año aprovechando las fiestas con motivo de la Navidad y el Año Nuevo- sobre las excelentes propiedades para la salud del vino gracias a su riqueza en polifenoles con la clara intención de promocionar su consumo. Dando la impresión –sin decirlo, obviamente- de que es el producto que más cantidad contiene. ¿Y es eso así? Por supuesto que no. La verdad es que los más elevados niveles de polifenoles –una de las centenares de sustancias que contiene, la mayoría de las cuales no han sido nunca estudiadas- se encuentran generalmente en la cáscara de las frutas y vegetales, especialmente de las uvas, las granadas y las bayas. Siendo asimismo muy ricos en polifenoles el té, el mate, la cerveza, el cacao –y, por tanto, el chocolate-, el aceite de oliva, las nueces y los cacahuetes.
El zumo de uva fermentado, por ejemplo, es un antioxidante tan potente que está demostrado que resulta beneficioso para quienes padecen enfermedades neurodegenerativas (alzheimer, parkinson, esclerosis múltiple, esclerosis lateral amiotrófica…), problemas cardiovasculares o cáncer.
El vino también es útil evidentemente –sepa por cierto que los tintos tienen más antioxidantes que los blancos- pero tienen un inconveniente: contiene alcohol. Y por tanto no debe tomarse nunca más de un vaso al día (sabiendo que a las mujeres les afecta negativamente mucho más que a los hombres). Además influye la añada: cuanto más viejo es el vino más polifenoles contiene.