Esclarecedor y contundente informe publicado en “The Lancet”


Cuestionan cómo las multinacionales farmacéuticas hacen los ensayos clínicos en Oncología 

“The Lancet” ha publicado recientemente el trabajo de un equipo de personas dirigido por Steven Joffe sobre los ensayos clínicos que se hacen en Oncología en el que se cuestiona abiertamente tanto la metodología  como los resultados que los laboratorios presentan. Y no sólo eso: cuestiona también que los ensayos ayuden realmente a los enfermos que se prestan a ellos. Una afirmación que hacen tras haber analizado los “puntos débiles” de 24 trabajos en los que se comparó la evolución de los pacientes enrolados en los ensayos clínicos con los que no fueron incluidos.
Joffe y su equipo afirman para empezar que la mejoría que se alega en los pacientes podría no deberse a los nuevos productos probados sino a otras razones. Y no solo eso: agregan que si realmente los efectos de los tratamientos experimentales fueran manifiestamente superiores a los ya existentes los ensayos clínicos ni siquiera se iniciarían o se interrumpirían en las primeras fases para poder extender esas ventajas a todos los enfermos y no sólo a los que forman parte de los ensayos. Es evidente que saber que hay pacientes que mejoran notablemente y continuar el ensayo dejando que no se beneficien del nuevo producto las personas del grupo placebo sería una imperdonable falta de ética.
Alegan además que en muchos casos la mejoría puede deberse a lo que denominan el “efecto de la participación”. Es decir, explican que las mejoras observadas en los pacientes no pueden atribuirse siempre a los fármacos sino al hecho de estar sometidos a una mayor vigilancia, al protocolo que se aplica, a las características de las personas que se incluyen en el grupo que va a tomar el fármaco (mayor apoyo psicológico y emocional, mejor higiene, alimentación y calidad de vida por un superior estatus socioeconómico o mejor educación, entre otras cuestiones)… todo lo cual  puede evidentemente favorecer un mejor pronóstico. Joffe y su equipo denuncian que ninguno de los estudios analizó esas posibles variables.
También dicen que la discriminación en la recogida de datos puede “inclinar la balanza a favor de los ensayos”. Es decir, se sabe que los estudios con resultados negativos se obvian, no se publican.
Y aún más: el equipo de Joffe llega a asegurar que los trabajos analizados carecen todos de la metodología adecuada. Entre otros aspectos se critica que sólo nueve de los estudios exigieron los mismos criterios de entrada a los participantes que a los no-participantes. Y que los niños (mayoría en el 33% de los trabajos) o los pacientes con enfermedades hematológicas (protagonistas en el 42% de ellos) estaban desproporcionadamente representados en los ensayos clínicos.
Una auténtica vergüenza consentida por los gobiernos. Mientras, el cáncer –pese a la propaganda oficial coreada por la mayor parte de los medios de comunicación- continúa creciendo y provocando cada año mayor número de muertos. Incluida España.