Estados Unidos se replantea el efecto de las radiofrecuencias en la salud

 

El National Research Council (NRC) –órgano de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos- acaba de dar a conocer un informe que le encargó la FDA según el cual es necesario investigar más a fondo los efectos en la salud de la exposición a las radiofrecuencias emitidas por las antenas de telefonía, los teléfonos móviles, las ondas de radio y televisión, los dispositivos wi-fi, los hornos microondas y otros muchos dispositivos usados hoy en la industria y la sanidad. Especialmente en los casos de exposición de larga duración y baja intensidad. Y sobre todo en niños, jóvenes y fetos de mujeres embarazadas. El informe recuerda precisamente que los niños son más susceptibles a las radiofrecuencias ya que sus cuerpos –especialmente los cerebros- se encuentran aún en fase de desarrollo y absorben por ello mayor cantidad de radiación.
Añade el informe que no basta con saber el efecto que tienen las radiaciones de los móviles en el cerebro sino también en otras partes del cuerpo. Y que es también necesario efectuar un estudio retrospectivo en un grupo humano sometido a exposiciones ocupacionales medias y altas, hacer estudios de laboratorio con personas y no animales para conocer los efectos de las radiofrecuencias en las redes neuronales y la actividad eléctrica del cerebro y así averiguar si producen o no cáncer, especialmente en el caso de niños y mujeres embarazadas (como si tales estudios no existieran ya).
La OMS sólo ha admitido hasta ahora que las radiofrecuencias tienen efecto térmico –es decir, que pueden producir un aumento de la temperatura corporal- en casos de una intensidad de campo muy elevada. Y dice que el hecho de que cada vez sea mayor el número de casos de cáncer en la cercanía de antenas de telefonía móvil se debe a la “casualidad” porque han proliferado de manera notable dudando que la causa sean ellas ya que –alega- se han hecho estudios que han examinado su efecto en las ondas cerebrales, las funciones intelectuales y el comportamiento tras exposiciones a niveles 1.000 veces superiores a la del público en general sin que se hayan detectado efectos adversos. Lo que no dice es cómo se hicieron esos estudios, ampliamente criticados por los expertos e investigadores independientes no controlados por la industria.