Exigen saber quién financia los estudios sobre los riesgos de los químicos y los transgénicos

Científicos de todo el mundo reunidos del 16 a 18 de mayo de 2012en la Universidad Politécnica de Madrid -en un acto organizado por la Agencia Europea de Medio Ambiente, la red de científicos independientes ENSSER y la Fundación Vivo Sano- acordaron pedir a todos los legisladores europeos que se explique a la sociedad quién financia los estudios de evaluación de riesgos en cuatro grandes áreas: sustancias químicas, contaminación electromagnética, nanotecnologías y transgénicos. Y ello porque según explicaría Hartmut Meyer -coordinador científico de ENSSER– "ante las evidencias científicas de la peligrosidad de una nueva sustancia suelen surgir siempre otros estudios que aseguran que no existe ese riesgo así que para tener una visión clara del asunto es fundamental saber quiénes financian los estudios y qué intereses hay detrás".
Asimismo piden que toda la legislación europea se base en el Principio de Precaución –que viene a decir que cuando hay dudas razonables y fundadas sobe la seguridad de una sustancia o producto éste no se debe autorizar-, que se asegure la transparencia a todos los niveles de los procesos aprobatorios y que el acceso a la información sea sencillo y total.
Por lo que se refiere a los productos químicos decidieron solicitar que se investiguen los efectos de sus combinaciones y no sólo de los de cada sustancia por separado. En cuanto a los cultivos transgénicos reclaman a las autoridades que se aseguren de que las investigaciones que se hacen son realmente independientes y de que la seguridad de la población importa más que la protección de la patente. Además consideran imprescindible que las empresas etiqueten sus productos detallando si lo que se está comprando es transgénico o no. "Está a punto de salir al mercado un nuevo maíz transgénico -puso como ejemplo Irina de la Flor, directora de la Organización para la Defensa de la Salud- que es mezcla de cuatro variedades, también transgénicas y ya aprobadas. Así que los productores se amparan en la legalidad de éstas sin contar con el potencial peligro de que salgan subespecies y más subespecies de cultivos transgénicos".
En relación a la Nanotecnología los científicos piden que se estudie la salud de las personas que trabajan en esta nueva industria y sea obligatorio que todo producto que contiene dispositivos nanotecnológicos lo diga claramente en la etiqueta. Especialmente cuando están presentes en los alimentos. "Es el caso -explica Irina de la Flor- de la sustancia que hace que la salsa ketchup resbale en los envases y no quede nada en el fondo; y la que hace que el chocolate tenga un aspecto brillante al fundirse. Porque aunque hacen la vida más cómoda las consecuencias para la salud a largo plazo son imprevisibles".
En cuanto a las radiaciones electromagnéticas solicitan que se fijen legalmente límites de contaminación mucho más bajos que los actuales, estandarizados a nivel internacional y acordados por comités independientes no sujetos a intereses económicos. Y que las investigaciones sobre su peligrosidad se desarrollen teniendo en cuenta la compleja biología del ser humano y no sólo la temperatura corporal como ahora.