Fallece Carmen Morán, portavoz de la Asociación de afectados del Bio-Bac

Carmen Morán, vicepresidenta y portavoz de la Asociación de Consumidores de Bio-Bac así como una de las personas que más trabajó para que el producto que hoy se comercializa como Renoven fuera legalizado y se le reconocieran sus propiedades terapéuticas falleció el pasado 26 de diciembre de 2012 a los 48 años debido a un derrame cerebral. Afectada desde los 16 años por un tumor cerebral luchó hasta el último día para que se pusiera punto final al proceso judicial contra el Bio-Bac  iniciado hace ya más de 10 años con la vergonzosa Operación Brujo que actualmente está aún pendiente de sentencia en la Audiencia Provincial de Madrid… ¡una vez exculpados judicialmente todos los médicos que en su día fueron detenidos siendo inocentes –salvo uno aun encausado pero ya fallecido- y sin que los responsables políticos, sanitarios y judiciales de tamaña tropelía hayan pedido disculpas ni se les haya procesado!
Lo singular es que Carmen Morán sobrevivió todos esos años al tumor ¡tomando sólo Bio-Bac! ¿Cuál fue la evolución? La hemos ido contando a lo largo de los años. Carmen tenía solo 15 años cuando se le manifestó una hemiparesia leve -es decir, una disminución de la fuerza muscular en la mitad del cuerpo, en su caso en el derecho-, razón por la que empezaría a cojear y a no tener control sobre su brazo diestro. Comenzaría entonces un auténtico vía crucis en busca de diagnóstico. “Un catedrático de Neurología le dijo a mi madre –nos contaría Carmen- que tenía una esclerosis múltiple avanzada  y que difícilmente superaría unos cuantos meses de vida pero al no cumplirse su predicción me fueron dando otros diagnósticos: desde aneurismas hasta malformaciones vasculares. Hasta que se instaló en España el procedimiento de diagnóstico por resonancia magnética y vieron entonces claramente que tenía un tumor que me afectaba al bulbo raquídeo y cuyo proceso de crecimiento era lento”. Carmen nos explicaría igualmente que con ese diagnóstico bajo el brazo visitaría a media docena de neurocirujanos de Madrid… sin conseguir una opinión unánime. Unos apostaban por la operación mientas otros la rechazaban. Aterrorizada y sin saber qué hacer encontraría en ese momento el apoyo de un buen amigo médico que trató de ayudarla a tomar de forma reflexiva las decisiones más cruciales de su vida. El informe médico del año 1995 decía textualmente: “Pensamos que esta paciente presenta un proceso expansivo del tercio inferior del clivus y agujero magno que engloba las arterias vertebrales y el tronco basilar. Es de gran tamaño y desplaza la estructura del tronco cerebral desde la protuberancia y bulbo hasta la unión bulbo-medular (…) Los tratamientos conservadores y la radiocirugía son de poca eficacia en este caso por el gran tamaño del proceso (…) En nuestra opinión este tumor debe de ser intervenido con cirugía de base craneal intentando una resección máxima del proceso y posteriormente tratar los restos tumorales que queden con radiocirugía. Es evidente que la cirugía que precisa este tumor es de alto riesgo”.  Así de mal estaban las cosas.
En suma, lo racional para todos los expertos era afrontar la operación. Así que Carmen consultaría con especialistas en el extranjero ya que según le confesaron los propios neurocirujanos españoles era fuera de nuestro país donde existían los mejores médicos y medios para una operación de esa envergadura. Sin embargo, su amigo -que se convirtió por su condición de médico en su principal apoyo- la ayudaría a tratar de analizar la situación sin la carga del miedo. “Carmen, me dijo, tú ahora mismo tienes una vida y puedes esperar. En el momento en que entres en el quirófano no sabes lo que va pasar. Puedes esperar, podemos esperar y ver lo que va sucediendo”.
“Normalmente –nos diría Carmen- tomamos decisiones decisivas para nuestra vida guiados por una sola opinión. Yo tuve a mi lado a alguien que me dio otro punto de vista y la confianza y seguridad que me trasladó fue para mí muy importante. Sobre todo, me ayudó a pensar. Yo tengo ahora, me dije, una vida que mejor o peor puedo manejar. Me dicen que si no me opero el tumor puede crecer y se hará inoperable pero si me meto en un quirófano tampoco saben lo que me va a suceder. Así que prefiero vivir como ahora a jugármelo todo en una operación en la que pueden suceder cuarenta mil cosas. En un abordaje de base craneal de esta envergadura corres el riesgo de que toquen sin querer cualquier cosa y …. Yo siempre he sido una persona muy dinámica, muy independiente y el hecho de que te dejen dependiendo de los demás o de que te pongan en una situación que no puedes manejar me aterraba. Me producía más miedo aún que entrar en un quirófano y no salir. Y vaya por delante que amo apasionadamente la vida, que quiero vivir y sacar de ella lo máximo. Pero, sobre todo, quiero sentirme libre. Así que decidí no someterme a la operación, buscar otras alternativas y si no las hallaba, entonces, cuando ya no tuviera más remedio, decidir si entraba o no en quirófano. Pero sería yo quién decidiría”.
Se iniciaría así un período de convivencia de cinco años con el tumor en los que Carmen no volvería a visitar a ninguno de los neurólogos que hasta ese momento habían formado parte de su vida. Sin embargo, a finales del año 2000 la situación se haría insostenible: “Mi estado se iba deteriorando progresivamente. Tenía que ir a clase con fotocopias porque no podía ni llevar los libros. No podía con nada, sentía una enorme presión en la garganta que me ahogaba y el dolor de cabeza era horrible. Tuve hasta que dejar de ir a la compra porque era incapaz de empujar el carrito. Ni siquiera podía ya regar las plantas. Era plenamente consciente de mi deterioro y me angustiaba pensar en lo que iba a pasar seis meses después”.
Entonces -año 2001- Carmen entraría en contacto con el Bio-Bac. Y tras consultar, decidió consumirlo bajo supervisión. A pesar de lo cual Carmen reconoce que tomó precauciones e hizo analizar el producto por un bioquímico amigo suyo que le confirmaría que era inocuo y podía consumirlo con tranquilidad. “Me parece un insulto a nuestra inteligencia –nos diría dolida cuando las autoridades retiraron el Bio-Bacque algunos digan que nos están engañando, que en una situación tan dramática es normal que te agarres a un clavo ardiendo. Yo no me he agarrado a ningún clavo ardiendo. Un clavo ardiendo hubiera sido el quirófano. Yo quiero recibir toda la información, todo lo que me puedan aportar mis médicos… pero luego decidir yo porque se trata de mi vida. Y exijo que se respete mi decisión. Es decir, si yo –o cualquiera- encuentro algo alternativo y decido optar por esa posibilidad… se me debe respetar. Y se me debe garantizar ese derecho. Además en mi caso yo no tenía ninguna otra alternativa y era lógico que le diera un margen de confianza al producto. Y debo decir además que a mí nadie me aseguró la curación. En todo momento me dijeron: ‘Carmen, este es un proceso lento. La remisión, la mejora va a llevar tiempo porque es un tumor de lento crecimiento’”. Agregando: “Lo que no es aceptable es que una parte importante de la clase médica nos trate con absoluta falta de respeto, como si fuéramos niños pequeños e inmaduros. No es admisible. Yo quiero controlar mi vida y mi salud. Exijo decidir”.
Tomada la decisión Carmen confiaría en exclusiva al Bio-Bac su mejoría renunciando a cualquier otra solución (quimioterapia, radioterapia o cirugía). Y a los siete meses se hizo una resonancia en la que ya podía apreciarse una ligera reducción del tumor. “En la resonancia –nos explicaría entonces- se apreciaría una disminución constatable del tumor. Además yo sentía que mi estado físico comenzaba a mejorar. La presión venosa se fue recuperando lentamente. Evidentemente aún no podía coger pesos grandes pero empecé a poder hacer muchas más cosas y mi estado de ánimo fue mejorando tras haber vivido épocas de total angustia e intranquilidad”. A los tres años y medio de tomar el Bio-Bac las dos terceras partes de aquel tumor de “gran tamaño” se habían necrosado y sólo la parte superior permanecía activa. El informe médico que presentaría en la Audiencia Provincial de Madrid para que los jueces tuvieran en cuenta las posibilidades del Bio-Bac decía -entre otras cosas- que“ la paciente no toma ninguna medicación y, por su propia iniciativa y responsabilidad, consume Bio-Bac (…)”
La respuesta obtenida sólo con el Bio-Bac -sin ningún otro tratamiento- fue en suma extraordinaria. Y ello y el hecho de ver el sufrimiento causado a otros enfermos de cáncer a los que arrebataron la posibilidad de tomar el producto fue lo que la llevó a convertirse en portavoz de la Asociación de afectados del Bio-Bac.
Evidentemente –nos diría en su día y así lo publicamos- no podemos afirmar que todo el mundo  falleciera porque no pudo tomar Bio-Bac ya que muchos habían llegado al producto con el proceso de la enfermedad muy avanzado y en ellos no debe haber podido actuar como probablemente lo hubiera hecho de empezar a tomarlo en un momento menos grave pero sí puedo afirmar que otros han fallecido porque no han tenido producto, porque se les había acabado, porque habían ido bajando las dosis para que les durara más y eso la gravedad de su patología no lo permitía”.
Carmen Morán lucharía durante diez años –sin duda más de lo que su salud aconsejaba- contra la postura inmovilista de periodistas, médicos, autoridades sanitarias y jueces. Al punto de que su presencia -física o telefónica- se volvió permanente en el juzgado de El Escorial que llevaba el caso, dispuesta a que no quedara relegado al olvido después de diez años. Los médicos le aconsejaron que evitara el estrés pero ella no dejó de batallar en todos los frentes ni un solo momento. Luchando por los demás pero, a la vez, contra ella misma dado su estado. El pasado año -2012- se quedó sin vacaciones porque le habían asegurado que la solución era ya inminente e iba a ser recibida en la Audiencia Provincial de Madrid… pero al final anularon la cita prometida. “Sintió una gran decepción, una amargura enorme –nos contaría en enero de 2013 Rafael Chacón recordando su labor-. Se sintió engañada una vez más. Por mi parte solo puedo decir que todos quienes vivimos su compromiso y su implicación le estaremos eternamente agradecidos. El trabajo que hizo durante todos estos años ha sido impagable. Estará siempre en nuestras mentes y en nuestros corazones”.
En suma, Carmen Morán nos dejó físicamente el 26 de diciembre de 2012 tras hacer el tránsito en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid pero a todos nos queda su ejemplo y, sobre todo, el corazón en un puño. Vaya desde aquí nuestro más sentido pésame a Manuel, su marido, con quien compartió tantas horas de sufrimiento y dolor pero, afortunadamente también, de alegrías. Era una gran mujer.