Fallece Loïc Le Ribault, impulsor del Silicio Orgánico de 5ª Generación

 

Loïc Le Ribault, insigne científico francés impulsor del Silicio Orgánico de 5ª generación (OS5) -a quien entrevistamos en el nº 74 de la revista- ha fallecido tras una penosa enfermedad a los 60 años. Científico de prestigio en Francia, cuando descubrió las posibilidades terapéuticas del silicio orgánico y quiso darlas a conocer fue perseguido, detenido y encarcelado durante meses -desde noviembre del 2003 a febrero del 2004- acusado de práctica ilegal médica y farmacológica. Su “delito” real, sin embargo, fue tratar de informar de las posibilidades terapéuticas de un producto con resultados clínicos incontestables en numerosas patologías, especialmente en problemas osteoarticulares, artritis y artrosis pero también en cáncer, problemas cardiovasculares, enfermedades autoinmunes y dolencias hepáticas.
Le Ribault llegó a ser considerado uno de los científicos forenses más prometedores de Francia. No en vano contaba en su haber con los títulos de Oceanografía, Ecología y Ciencias de la Tierra así como una licenciatura superior en Geomorfología –todos ellos obtenidos en la Universidad de París- además de tres doctorados: en Sedimentología, Ciencia y Naturopatía. Ya en 1971 descubriría que el microscopio electrónico (ME) le permitía averiguarlo todo sobre la historia de un simple grano de arena y ello le llevaría a colaborar estrechamente con el Ministerio del Interior francés en algunos de los casos más importantes de la criminología de su país alcanzando merced a ello gran popularidad. De hecho, entre 1982 y 1991 Le Ribault presentó pruebas en más de mil casos coadyuvando en la condena de 800 personas por asesinato y otros crímenes violentos. Una experiencia que le llevó a trabajar posteriormente como asesor forense para el FBI donde acabaría impartiendo clases a sus futuros especialistas.
Sin embargo su principal descubrimiento lo haría cuando un día, mientras trabajaba, removió una solución de silicio orgánico con su mano derecha en lugar de con un instrumento y a los pocos días se percató de que la psoriasis que padecía en ella había desaparecido. Introdujo entonces unos días después la otra mano y la psoriasis desapareció igualmente al poco tiempo. Entusiasmado ante tales posibilidades terapéuticas Le Ribaut dedicó los años siguientes a lograr un método de extracción del silicio orgánico. Tiempo durante el que probó además el producto en otros enfermos atendidos por médicos amigos y pudo constatar que manifestaban sentirse muy aliviados de sus dolores articulares. Incluso pacientes afectados de infecciones virales mostraban en sus analíticas sorprendentes mejorías. Como es obvio propuso a la Administración que se investigara el asunto pero su requerimiento fue ignorado.
Quienes lo conocían bien aseguran que Le Ribault nunca superó psicológicamente la injusticia de su encarcelamiento y salió muy tocado moral y físicamente. Al punto de que tuvo que aprender a andar de nuevo, no soportaba las aglomeraciones y estaba sumido en una semidepresión constante. Según su medico suizo y dos médicos franceses que lo trataron últimamente debido al trauma psicológico empezó a desarrollar un cáncer del que se estuvo tratando una temporada hasta que hace un año, por propia voluntad, decidió dejar de tratarse y volver a Francia, su país natal, tras 11 años de ausencia. Todo indica que había decidido hacer su último viaje en la tierra que le vio nacer.
Al entierro acudieron sólo 19 personas: Jean Paul Le Perlier –su editor y director de Ediciones Tredaniel, Fernand Cortés -político francés-, Laurent Martin Desmaretz de Maillebois –un aristócrata amigo-, Fabienne Mercier, Mme. Bouffard y Mme. Salmon -tres amigos íntimos-, Mme. Brassard -dueña del castillo de Miniac-Morvan-, John Roberts -jefe de la autoridad portuaria de la isla de Jersey- y su esposa Sue, Emilia Masson -famosa arqueóloga francesa conocida por sus trabajos sobre los hititas-, Chappuis -su agente suizo-, los señores Bogé y Laurent Buchs -anterior y actual presidente de la Asociación de Amigos de Loïc Le Ribault-, Juan Carlos Hierro y su esposa Esther –representantes de Le Ribault en España- y, por último cuatro huéspedes del hotel en el que pasaba unos días de descanso.
Era –nos diría Juan Carlos Hierro apenas unas horas después de su muerte- un científico visionario que siguió un difícil camino entre su feroz voluntad de libre expresión y el orden establecido. Nos deja la imagen de una personalidad compleja: inteligente y orgullosa, provocadora y valiente. Podríamos dedicarle la frase de André Gide: ‘El mundo, si puede ser salvado, lo será por insumisos’. Afortunadamente nos deja su impresionante trabajo sobre La exoscopia del cuarzo por microscopia electrónica de barridoy la creación y difusión del silicio orgánico G5.Hoy mi mujer y yo sólo tenemos un deseo: que este personaje excepcional encuentre en el mas allá la paz que nunca tuvo en la Tierra; y una voluntad: la de ver que su lucha, que también es la nuestra, encuentre su cumplimiento para beneficio de la humanidad”.