El GABA, eficaz en la depresión y las obsesiones

Tener en el cerebro altos niveles de ácido gama-amino-butírico (GABA) permite “controlar mejor los pensamientos negativos y depresivos” según el trabajo de un equipo de científicos de la Universidad de Cambridge que acaba de publicarse en Nature Communications. El GABA es un neurotransmisor inhibidor del sistema nervioso central que reduce la excitabilidad neuronal del que suele haber déficit en patologías como la depresión y la esquizofrenia, entre otras. Cabe agregar que estudios anteriores ya habían constatado que su déficit puede dar lugar a un aumento de los niveles de cortisol, exceso de preocupación, falta de concentración, insomnio, irritabilidad, inseguridad general, ansiedad, dificultad para respirar, dolor de espalda, estrés e incluso convulsiones y ataques de epilepsia. Algo que en general se debe a la ingesta de harinas y azúcares refinados, colas, refrescos y alimentos procesados y puede resolverse eliminándolos de la dieta e ingiriendo cítricos, plátanos, arroz, brócoli, patatas y espinacas.

Y, por supuesto, ingiriendo “psicobióticos” (lea en nuestra web –www.dsalud.com– el reportaje Cómo detener el deterioro cognitivo que apareció en el nº 208), término acuñado por el doctor T. G. Dinan -del University College Cork de Irlanda- para referirse a las bacterias del microbioma que poseen la capacidad de equilibrar y estabilizar el sistema nervioso y el complejo neuropsíquico. Hablamos pues de probióticos -conjunto de cepas bacterianas que permiten tener una flora intestinal sana- capaces de producir sustancias neuroactivas como el ácido gama-aminobutírico (GABA), la serotonina, la acetilcolina y otras catecolaminas, neurotransmisores que actúan directamente sobre los receptores de las células del epitelio intestinal enviando información al cerebro y modulando así respuestas nerviosas y cognitivas. De lo que se deduce que todo agente patógeno externo al microbioma que lo dañe -alimentos no adecuados y antibióticos incluidos- puede dar lugar a trastornos que alteren la homeostasis neuronal del sistema nervioso central y el cerebro. Así lo explica en el trabajo que publicó en 2014 en Advances in Experimental Medicine & Biology.

No se olvide por otra parte que un microbioma sano permite al sistema digestivo producir abundantes butiratos al metabolizar la fibra intestinal prebiótica potenciando así la secreción de factores neurotróficos derivados del cerebro (BDNF por sus siglas en inglés) que son los que básicamente potencian la renovación neuronal (algo por cierto para lo que se precisan -entre otros- dos nutrientes fundamentales: grasas omega 3 y colesterol). Es decir, su ingesta logra lo mismo que la fluoxetina (Prozac) con la diferencia de que el butirato es inocuo y el fármaco no.

Es más, en 2009 un equipo del National Institute of Mental Health de Bethesda (EEUU) coordinado por el Dr. H. J. Kim publicó en Journal of Neurochemistry un trabajo según el cual el butirato de sodio inhibe la histona desacetilasa (HDAC) estimulando la neurogénesis y potenciando la expresión de BDNF. Y un grupo de la Louisiana State University dirigido por el Dr. J. M. Hill un trabajo en 2014 en Frontiers in Neurology titulado El microbioma del tracto intestinal y su relación potencial con la enfermedad de alzheimer constatando que bacterias tan comunes y abundantes de los intestinos como los lactobacillus y las bifidobacterias son capaces de metabolizar los glutamatos -cuya ingesta muchos vinculan con depresión, ansiedad y alzheimer- y producir ácido gama-amino-butírico (GABA). Cabe añadir que los butiratos pueden alterar la expresión de varios genes del cerebro evitando la neurodegeneración y promoviendo la regeneración neuronal.