George Washington pudo morir por un exceso de sangrías médicas

 

El primer presidente de Estados Unidos, George Washington, pudo haber muerto en realidad a causa de las excesivas sangrías que le realizaron sus médicos y no a consecuencia de la enfermedad que padecía, una epiglotitis bacterial.
Esa es al menos la tesis que sostiene en el The New England Journal of Medicine el historiador y médico David Morens, miembro del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos, basándose en antecedentes de algunos profesionales que atendieron al padre de la nación norteamericana.
George Washington padecía epiglotitis bacterial, una infección que dificulta dolorosamente el paso de alimentos y saliva a través de la tráquea. Tres médicos atendieron al primer presidente en su enfermedad y decidieron realizarle una sangría, práctica bastante habitual en el siglo XVIII.
Washington fue sometido durante más de 12 horas a una de esas intervenciones -de más de 2.365 mililitros- en la esperanza de que así se redujera la inflamación que le impedía respirar.
Según Morens, uno de sus médicos -el Dr. Benjamin Rush– tuvo que enfrentarse a varias acusaciones de mala práctica médica por aplicar abusivamente sangrías a varios pacientes. Al final, su opinión prevaleció en este caso sobre la de otro médico que había sugerido hacerle al presidente una traqueotomía.