El glifosato es cancerígeno aunque se niegue

Que el glifosato es cancerígeno aunque se niegue es la principal conclusión del informe que vio la luz a mediados de julio con el aval de Pesticide Action Network (PAN), red de más de 600 organizaciones no gubernamentales, instituciones y personas de más de 60 países creada en 1982 que trabaja para eliminar la dependencia de los plaguicidas químicos y apoyar métodos seguros de control de plagas. Sus campañas son coordinadas desde sus centros en Reino Unido, Francia, España, Italia y Armenia reuniendo PAN Europa -su centro regional en el viejo continente- a 35 organizaciones del ámbito de la salud y el medio ambiente, consumidores, asociaciones de agricultores y sindicatos entre las que se halla la Fundación Alborada cuya presidenta, la Dra. Pilar Muñoz Calero, es miembro de nuestro Consejo Asesor.

Hablamos de un informe elaborado por el conocido investigador alemán Peter Clausing, miembro de la Juna Directiva de Pesticide Action Network (PAN), doctor en Agronomía y toxicólogo que ejerció su carrera entre 1994 y 1996 en el estadounidense Centro Nacional de Investigaciones Toxicológicas de la FDA y desde 1997 hasta su jubilación en 2010 en la industria farmacéutica. Autor de 54 artículos y cuatro capítulos de libros sobre toxicología ha escrito asimismo dos libros sobre los conflictos entre los actuales métodos agrícolas y la conservación de la naturaleza.

Pues bien, el título de su informe es “académico” –Carcinogenicidad del glifosato: fracaso en su evaluación- pero el subtítulo constituye ya una clara denuncia: Cómo se desarrolló la estrategia de la industria y los  reguladores coludidos para intentar evitar que se prohíba el herbicida más utilizado del mundo.

El informe de Clausing empieza recordando que hay tres instituciones según las cuales el glifosato no es carcinógeno -el Instituto Federal Alemán para la Evaluación de Riesgos (BfR), la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA)- a pesar de que el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (CIIC) de la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo tiene clasificado como “probablemente carcinógeno para los seres humanos“. Y ello porque hay “evidencia suficiente” de su efecto carcinógeno en animales de laboratorio, “evidencia sólida” de la existencia de dos mecanismos por los cuales puede provocar cáncer y “evidencia epidemiológica” limitada en seres humanos. Pues bien, el Dr. Peter Clausing estuvo como observador en las reuniones de la ECHA y según afirma sus miembros decidieron ignorar directamente las pruebas claras de su efecto carcinógeno no ajustándose su trabajo ni a las recomendaciones de la OCDE ni a las de la propia ECHA. Es más, les acusa de omitir y tergiversar los hechos siendo éstas las cinco faltas más graves cometidas:

  1. Negligencias y tergiversaciones en el análisis estadístico. Según Clausing existen dos tipos de métodos estadísticos -las denominadas “pruebas de tendencia” y las “comparaciones por pares“- que se emplean para comprobar si los tumores observados en animales de laboratorio se deben al principio activo objeto de un experimento. Y explica que independientemente del método con el que se trabaje siempre que se obtenga un resultado significativo desde el punto de vista estadístico éste ha de reconocerse. Asó lo determinan la guía nº 116 de la OCDE de 2012 y el documento de orientación de la propia ECHA de 2015. Pues bien, al principio, por no recurrir a una “prueba de tendencia“, el Instituto Federal Alemán para la Evaluación de Riesgos (BfR) ni siquiera reconoció una serie de efectos tumorales significativos. Se limitó a confiar en los resultados de las “comparaciones por pares” de los estudios realizados por la industria que solo reconocieron efecto carcinógeno del glifosato en un único estudio hecho sobre un solo tipo de tumor. Pues bien, tras la publicación en julio de 2015 de la monografía sobre el glifosato del Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (CIIC) de la OMS que reconocía que es “probablemente carcinógeno para los seres humanos” revisó su propia evaluación y encontraron incidencias significativas en 7 de 12 estudios pero pasaron por alto otros 8 efectos tumorales significativos. Algo que sin embargo ha identificado recientemente el catedrático y exdirector del Centro Nacional de Salud Ambiental de Estados Unidos (NCEH) Christopher Portier tras analizar los datos de los estudios de la industria que, sin su intervención, se habrían mantenido en secreto.

En un intento de salvar la cara las autoridades restaron importancia a lo descubierto alegando que los resultados del método de “comparación por pares” no eran significativos y aunque lo determinasen las “pruebas de tendencia” las consideraban insuficientes. Es decir, decidieron negarlo a pesar de que las propias  normas de la Guía n.º 116 de la OCDE determinan que basta con que una de ella de positivo para rebatir la hipótesis de que el resultado se deba al azar. Puro cinismo.

  1. Supuestos “efectos por dosis elevadas”. Intentando atenuar el impacto de la decisión del Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (CIIC) de la OMS que reconoce que el glisofato es “probablemente carcinógeno para los seres humanos” el BfR y la EFSA afirmaron que a los animales de laboratorio se les podía administrar diariamente 1.000 mg de glisofato por kilo de peso sin que hubiera efectos carcinógenos y que éstos aparecían solo a dosis mucho más altas. Según Clausing la revisión de los ensayos demuestra que todos los animales consumieron una misma cantidad en función de su peso. De hecho ello no influyó en el período de vida de los animales y, a excepción de los propios tumores, no hubo ningún otro diagnóstico patológico en los órganos afectados por éstos.
  2. Supuesta falta de relación dosis-efecto. Cuando un efecto aumenta al incrementar la dosis de un principio activo se habla de “relación dosis-respuesta”. Y en los experimentos hechos con el glifosato solo se constaron 4 casos de relación dosis-respuesta. El BfR, la EFSA y la ECHA obviaron citar este hecho demostrando que querían ocultar el efecto carcinógeno del glifosato.
  3. Empleo indebido y distorsionado de los “controles históricos”. Los “controles históricos” son los datos resumidos de los animales de control de estudios previos a los que no se les había administrado el herbicida y pueden ayudar a interpretar mejor los resultados pero solo si se dan ciertas condiciones. Y en los estudios sobre cáncer de lo que se trata es de clasificar los tumores que aparecen “de forma espontánea”. Algo que se sabe condicionan el estrés, la alimentación y la predisposición genética. Por eso las guías afirman que a la hora de evaluar resultados lo más importante es comparar los animales a los que se les ha administrado el herbicida con el grupo de control. Debiendo recurrirse a los “controles históricos” solo en caso de dudas fundadas sobre los resultados de los experimentos y aplicando una serie de normas muy estrictas: la comparación debe realizarse entre animales del mismo filo taxonómico en el mismo laboratorio y con una antigüedad máxima de cinco años. Pues bien, según Clausing en el caso del glifosato las autoridades no solo se saltaron de forma flagrante todas esas restricciones sino que tergiversaron una serie de hechos hasta el punto de que ya no podían reconocerse. Descartando incluso los estudios para los que había disponibles controles históricos adecuados que confirmaban el efecto tumoral. Utilizando sin embargo datos de controles históricos cuando no debían serlo con la exclusiva finalidad de negar los efectos carcinógenos. En pocas palabras; incumplieron otra vez las normas.
  4. Selección arbitraria de los estudios. Uno de los efectos especialmente claros del glifosato es la aparición de linfomas malignos. Se constató claramente con tres ensayos murinos pero según Clausing las autoridades manipularon descaradamente su interpretación, algo que explica detalladamente en su informe.

Conclusión final: para Clausing está probado que las autoridades de la Unión Europea disponían de 12 estudios murinos de los que al menos 7 han constatado que el glisofato hace aumentar significativamente los tumores y lo que hicieron fue ponerlos en duda con argumentos que contradicen la propia normativa vigente. De ahí que inste a que se aplique de inmediato el Principio de Precaución porque está  en juego la salud de 500 millones de europeos.