Inesperada crítica a la Medicina convencional en The Lancet

 

Con mucho esfuerzo -incluso puede que con cierto remordimiento- las grandes publicaciones científicas comienzan a dar cabida en sus páginas a quienes cuestionan algunos de los fundamentos de la medicina convencional así como el trato despectivo que reciben las medicinas complementarias o alternativas.
Es el caso del artículoLa magia del placebo publicado hace unos meses en The Lancet por Jeremy Laurance -periodista poco sospechoso de veleidades alternativas ya que es editor de la sección de Salud del diario Independent, trabajó anteriormente como especialista en The Times y recibió el Premio al periodista del año de la Asociación Médica Británica- cuya importancia radica, además de por el lugar de publicación, por la crítica que hace del actual paradigma médico y por la prepotencia mostrada por la medicina ortodoxa a la hora de negar cualquier tipo de financiación a las denominadas medicinas alternativas. Y es que reconoce que la afirmación de que la medicina ortodoxa está avalada por el “método científico” es una falacia como en esta revista hemos repetido hasta la saciedad. “Mucho de lo que ofrece la medicina ortodoxa –afirma Laurance- no está basado en la evidencia. Muchos antibióticos no han sido probados en ensayos controlados aleatorios. La medicina ortodoxa es a menudo presentada como modelo de cómo funcionan las cosas pero en realidad está lejos de ser una ciencia perfecta. John Bell, profesor de Medicina de la Universidad de Oxford en el Reino Unido, observó hace ya más de una década que muchos medicamentos se descubrieron por accidente y no fueron fruto del diseño así como que muchos tratamientos están basados en gran parte en pruebas anecdóticas y no en revisiones sistemáticas. El papel de los factores sociales y psicológicos permanece poco entendido. Ya dijo Bell que ‘necesitamos saber qué tipo de paciente tiene una enfermedad en lugar de qué tipo de enfermedad tiene el paciente’”. E insistimos en que esto lo dice alguien que no apoya un tipo de Medicina distinta a la convencional; de hecho la única concesión real que se permite con ellas es alabar el grado de atención que sus practicantes dedican a sus pacientes. “La medicina complementaria –escribe- ha hecho a la medicina ortodoxa un servicio recordando a los médicos de Facultad la importancia de una adecuada atención. Las consultas son extensas, detalladas y personales. Y lo que les importa a los pacientes son los resultados y no las explicaciones científicas. La ‘magia’ es para ellos aceptable si cumple lo prometido”. Argumento que le permite plantearse la importancia de un elemento terapéutico hasta ahora despreciado, el efecto placebo, que a su juicio podría explicar gran parte del éxito de los profesionales de la medicina alternativa. “El efecto placebo –concluye diciendo su artículo- puede ser una de las armas más infrautilizadas en el arsenal médico. Debemos encontrar maneras de explotarla”.
Y para quienes se empeñan en decir que destinar fondos a la medicina alternativa es una pérdida de recursos Laurance tiene una respuesta simple: “(…) El cuidado ortodoxo proporcionado por los médicos de familia no siempre es costo-efectivo. En cuanto a absorber dinero de tratamientos probados, ¿debemos pagar tratamientos de fertilidad si no podemos pagar a los pacientes medicamentos para el cáncer? Mi instinto es ponerme del lado de los racionalistas pero al mismo tiempo me resisto a su reduccionismo". En suma, comienzan a hacerse visibles las profundas grietas que hay en el monolítico edificio del “racionalismo médico”.