Instan al Gobierno a prohibir en colegios y centros de salud y deportivos los productos con aceite de palma

La Comisión de Sanidad del Congreso de los Diputados aprobó a primeros de abril una proposición no de ley de ERC -apoyada por todos los grupos parlamentarios menos el PP- que insta al Gobierno a prohibir en colegios y centros de salud y deportivos los productos con aceite de palma y cualquier otra grasa saturada que como las “trans” pueda suponer un riesgo para la salud, presentes hoy en multitud de productos alimentarios ya que su ingesta abusiva aumenta el riesgo de obesidad e infartos. Asimismo se pide que la Unión Europea modifique su normativa a fin de que los fabricantes, productores, distribuidores e importadores de alimentos que contengan aceite o grasa de palma deban informar específicamente de ello “de manera legible y visual”. Es más, se pide que se proteja a los menores de la publicidad de alimentos y bebidas que contengan grasas saturadas, grasas “trans”, sal, sodio y azúcares.

Hablamos pues de la inmensa mayoría de los productos alimentarios industriales: productos de bollería, galletas, patatas fritas, pizzas, chocolates, aperitivos, pasteles, tartas, bombones, helados, precocinados, conservas…

Se trata de una inesperada decisión que demuestra que la información que han ofrecido durante años entidades y medios de comunicación como el nuestro -no el de la mayoría- ha terminado calando. La industria, atónita, alega que ello va a ser casi imposible y confía en que la propuesta sea de alguna forma frenada por el Gobierno. Aunque esté ampliamente demostrado que la mayor parte de los problemas de salud de la sociedad se deben -iatrogénicos fármacos aparte- a los plaguicidas y aditivos alimentarios -conservantes, colorantes, aromatizantes, saborizantes, emulsionantes, espesantes y gelificantes entre los que destacan los sulfitos y el glutamato monosódico- así como a las sustancias cuyo adicción masiva debería no ya restringirse sino prohibirse: azúcares, sal, fosfatos, gluten, grasas saturadas y “trans”.

Una situación que llevamos denunciando en la revista desde hace 19 años.