Intentan desprestigiar al médico que vinculó las vacunas con el autismo

 

Andrew Wakefield, el médico británico que advirtió a la sociedad y a sus colegas -mediante un trabajo que publicó en 1998 en The Lancet- de que vacunar a los niños con la vacuna triple vírica -que se supone protege del sarampión, las paperas y la rubeola- puede provocar autismo no podrá volver a ejercer en su país. La decisión la tomó el pasado mes de junio el Consejo General Médico británico tras una investigación que concluyó en enero según la cual Wakefield pagó 5 libras a los niños con los que trabajó para así poder hacerles los análisis de sangre que necesitaba para su investigación (lo que hizo durante una fiesta de cumpleaños de su hijo). Y eso según los guardianes de la ortodoxia del sistema supone que actuó "deshonesta e irresponsablemente", "mostró un cruel desprecio" por el sufrimiento de niños y jóvenes al someterles a pruebas innecesarias, "abusó de su posición de confianza" y provocó “el descrédito de la profesión médica” porque además su estudio se basó en sólo doce casos de niños autistas. Sus juzgadores aseguran que ese trabajo es el “pilar fundamental” del movimiento antivacunas y la causa del descenso de inmunizaciones en Reino Unido y Estados Unidos con el consiguiente aumento de los casos de sarampión, paperas y rubéola. Recuerda asimismo que ha habido luego numerosos trabajos posteriores que desmienten sus conclusiones. Wakefield, que hoy tiene 53 años y desde el año 2004 vive en Texas (EEUU), niega haber actuado deshonestamente.
Hasta aquí la noticia. Por nuestra parte añadiremos que cuando tuvimos conocimiento de esa decisión no pudimos evitar una carcajada –sin olvidar y lamentar la injustificable humillación que suponía esa decisión para Wakefield- y apostamos a que en breve la OMS iba a proponer nuevas vacunaciones masivas para alguna o algunas de esas tres enfermedades (sarampión, paperas o rubeola). Solo unos días después –léase la noticia adjunta- la OMS proponía vacunar urgentemente de sarampión a todo el planeta.
Se trata, es suma, de un nuevo montaje. La verdad, la industria farmacéutica y quienes rigen los destinos de la OMS y de los colegios médicos nos producen cada vez más asco.