Intentan valorar científicamente los beneficios de la salsa de tomate

Además de azúcares simples, vitaminas A (retinol), B1, B2, B5, B9 y C y minerales -potasio, sodio, magnesio, calcio, hierro y fósforo- el tomate es interesante por su alto contenido en carotenoides -entre los que es mayoritario el licopeno, pigmento antioxidante que le da su color rojo característico, aunque también tiene otros como la luteína y la zeaxantina- así como fitoesteroles y ácido gamma-aminobutírico (GABA). Posee asimismo un antibiótico natural, la tomatina, de propiedades antibacterianas, antifúngicas y antiinflamatorias. De ahí que se asegure que es antioxidante, anticancerígeno, antihipertensivo, antiteratogénico, regulador de los mecanismos inmunológicos y reductor del colesterol además de favorecer la cicatrización.
Pues bien, un equipo del Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBEROBN) en colaboración con el Grupo de Antioxidantes de la Universidad de Barcelona, el grupo Epigem-Nutrigenio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valencia y un grupo de investigación del Servicio de Medicina Interna del Hospital Clínic de Barcelona va a valorar si el consumo regular de salsa de tomate –donde los ingredientes están más concentrados- ayuda o no a controlar la hipertensión y a prevenir las patologías cardiovasculares. “Vamos a estudiar el efecto de diferentes dosis para saber cuál es la que permite disminuir la presión arterial y prevenir enfermedades cardiovasculares”, manifestaría la Dra. Rosa M. Lamuela, responsable del grupo de la Universidad de Barcelona. La Dra. Dolores Corella, del equipo de la Universidad de Valencia, dirigirá por su parte una investigación pionera que va a intentar identificar sobre qué genes concretos actúa el tomate al ser consumido; tanto si se toma de forma puntual como prolongada en el tiempo. El estudio lo financia la empresa Gallina Blanca que además aportará la salsa de tomate que va a estudiarse.